jueves, 31 de julio de 2008

Recuerdos


Parece que Pina anduvo en el baúl de los recuerdos y envió estas fotos, de Noviembre del 2007, en "La Mancha" donde se presentó "Casi un cuento" de Josefa Isabel Rojas.

¡Gracias Pina!

Adiós a Víctor Hugo Rascón Banda

El dramaturgo mexicano y presidente de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) falleció la madrugada de este jueves, 31 de julio de 2008, a los 59 años en el Hospital Inglés de la ciudad de mëxico, donde había ingresado unas horas antes por problemas de respiración.

Fue asesor del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), tesorero de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, presidente de la Federación de Sociedades Autorales y vicepresidente de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores. Rascón Banda constituye una de las voces más representativas de la dramaturgia mexicana contemporánea.

Recientemente recibió la medalla Xavier Villaurrutia, premio otorgado por la comunidad artística del país, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes para reconocer su trayectoria.
Rascón Banda padecía leucemia desde hace 15 años y problemas en el corazón, nació en 1948 en Uruáchic, en la sierra de Chihuahua. En 1979 escribió Voces en el umbral su primera obra de teatro, aunque fue la pieza Los ilegales con la que debutó en el escenario.
El dramaturgo recibió los premios Ramón López Velarde en 1979, por La maestra Teresa; Teatro Nuestra América 1981, por su obra Tina Modotti; Juan Ruiz de Alarcón y Rodolfo Usigli, ambos en 1993, así como el premio Juan Rulfo en 1991 por su novela Contrabando.
Entre sus obras se encuentran: Máscara vs. Cabellera, Manos arriba, Cierren las puertas, Luces de Thermidor, El criminal de Tacuba, La casa del español -nueva versión de Voces en el Umbral-, Fugitivos, La mujer que cayó del cielo, Sazón de mujer, Apaches, Armas blancas, Los ejecutivos y La banca, entre otras.
Escribió también guiones de cine como: Días difíciles, Morir en el Golfo, Playa azul, Jóvenes delincuentes, La muerte del Padre Pro y Rosa de California.
DESCANSE EN PAZ

Falleció Alejandro Aura

Nació en la ciudad de México en 1944. Discípulo de Juan José Arreola en su primera etapa, destacado actor, director y autor teatral, y poeta. Dirigó sus obras de teatro Las visitas (1979) y Salón calavera (1982), y de otros autores: la pastorela anónima Luzbel (1979), María la voz de Juan de la Cabada, Cómo han de ser los amigos de Tirso de Molina, El tabarro de Puccini (1983) y la puesta en escena de la ópera La Güera de Carlos Jiménez Mabarak (1983).
Sus primeros poemas, Cinco veces la flor, aparecieron en 1967 en la antología Poesía joven de México. Más tarde publicó Alianza para vivir (1969), Varios desnudos y dos docenas de naturalezas muertas y Volver a casa (1971), Tambor interno (1974) y Hemisferio sur (1982).
Parte de su obra ha sido incluida en las antologías El cuento erótico mexicano (1975), Poesía erótica mexicana, 1889-1980 y República de poetas (1985).
En los poemas de Aura destacan el gozo de vivir con sencillez y discreción, y el amor a lo verdaderamente humano. Recibió el Premio Latinoamericano de Cuento (1972) y el Premio Nacional de Poesía (1973). Falleció el 30 de Julio de 2008, en Madrid, España. Entre las últimas actividades de Alejandro Aura destacan sus viajes México-España. Editaba libros y trabajaba con la gobernadora Amalia García, en Zacatecas, llevando proyectos culturales de esa entidad a Madrid. En 2007 vino al Encuentro de Poetas y viajó por Morelia, San Luis Potosí, Zacatecas y Aguascalientes.¨

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LA SIGUIENTE INFORMACION TOMADA DEL BLOG DE ALEJANDRO AURA

Hoy (30 de Julio de 2008) a las cuatro y media de la tarde, de Madrid, Alejandro se fue y en este blog que le hizo seguir adelante cada día nos dejó sus palabras para siempre.

Vuelvo a publicar su poema de DESPEDIDA
DESPEDIDA
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas´
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

DESCANSE EN PAZ

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