martes, 26 de mayo de 2009

A Sylvia, con cariño.


Amiga, esta bicicleta viene desde el sur de tu infancia para aquellos días del verano cuando esperabas la añorada y no llegaba. Y sonreías ante la promesa de tu padre de traértela el próximo verano cuando por fin llegaría. Entonces guardabas tus anhelos en una caja abajo de la almohada y te dormías tranquila, anhelando el próximo verano. Soñabas con esa bicicleta pony con rayos de aluminio yendo con ella en la calle, rodando la bicicleta que alternativamente era azul, roja, de pronto rosa y circulabas entre los naranjos y las calles con el olor de azahar, a alta velocidad mientras dejabas que tu cabello volara dejando a un lado los días de escuela y te internabas en la alegría de las vacaciones con las ruedas de la ilusión que te perseguía cada año en la promesa de la espera, y tu camino se hacia largo en las banquetas. ¡Mírala! llega por fin para darte luces nuevas que te hagan olvidar la espesura de los días para esa niña que sigue aguardando la promesa que no se concreto porque la bicicleta paso tan lenta por la velocidad de tu corazón que no te permitió llegar a esa alegría. La bicicleta es la vida sobre dos ruedas, es tu vida que transcurre cuando estas en movimiento y sigues sin caer, impávida avanzando, esa vida amiga que siempre te ha pertenecido y esta bicicleta que ahora te pertenece para siempre.


Gab Martinez

Presagios


La letra desobediente
Braulio Peralta

2009-05-25•Tendencias


Al Gato Culto

El libro es el músculo con el que se mide la inteligencia. En las crisis que ha vivido la humanidad el libro ha sido el espacio para el encuentro con la ciencia social o exacta, para aceptar la realidad aunque parezca de ficción, para entender nuestro mundo interior. Los libros no desaparecerán de nuestra vida porque los seres humanos estamos atados a la cultura. Un libro es una toma de conciencia.

Hoy es un buen día para presagios en medio de la política cero: el libro no desaparecerá porque es la voz viva, el grito que nos llama a la libertad. El libro es el lugar donde el mundo encuentra su propia vergüenza. Pensemos cómo lentamente pero con fuerza las nuevas tecnologías están desapareciendo a la televisión convencional; en cambio el libro, digital, electrónico o en papel sigue latente, pese a vaticinios. El editor convencional podrá desaparecer; el autor, nunca.

Un proverbio hindú dice: “un libro abierto es un cerebro que habla. Un libro cerrado es un amigo que espera. Un libro olvidado es un alma que perdona. Un libro destruido es un corazón que llora”. La lección es simple: un libro, sabio, nos arroja a la esperanza, a la aceptación de la alegría y la tristeza de vivir.

El que atiende las palabras escritas en un libro inicia el proceso de transformación que agiliza la mente, aquieta el espíritu y despierta la curiosidad. Los libros son aventuras permanentes, rebeldes. Los libros nos conservan jóvenes y maduros; la mente no envejece.

Hay que admitir que por todas las razones anteriores existen los enemigos de los libros: los que los censuran, los que los queman, los que los esconden, los que los usan de ornato, los que son incapaces de reconocer que el hombre nació para entenderse a sí mismo, porque sólo así podrá comprender a sus semejantes. Un libro sirve para aprender, como Juárez, que “el respeto al derecho ajeno es la paz.”

Dime qué libros lees y te diré quién eres. Cada quien su libro según su cultura. Un libro es una elección personal. Y cuando un libro se hace colectivo todos debemos estar felices de que crezcan los lectores en un país. Un libro no se juzga, se acepta. Con un libro se discrepa como la única forma de crecer socialmente.

Lo único que podemos desear es que México se convierta en una nación donde proliferen los libros populares que nos lleven al reconocimiento de nosotros mismos como entidad.

braulio.peralta@milenio.com

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