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miércoles, 25 de febrero de 2015

Botella al mar para el dios de las palabras. Gabriel García Marquez.


       A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, ademas, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras. 

Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.
      No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber como se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

      La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aun no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: ``Parece un faro''. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que
 

Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejo escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?
      Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa. 
      En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. Y que de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
 

      Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años. (Declaraciones de García Márquez para La Jornada, México, 8 de abril de 1997)

martes, 19 de agosto de 2014

Romance de la luna. Federico García Lorca.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

lunes, 21 de abril de 2014

Muere Emmanuel Carballo, escritor y crítico literario

El escritor de Guadalajara, Jalisco, fundó junto con Carlos Fuentes la 'Revista mexicana de literatura'
Domingo, 20 de abril de 2014

(CNNMéxico) — El escritor y crítico literario Emmanuel Carballo murió este domingo por la tarde en la Ciudad de México a los 84 años, confirmó en un comunicado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).
En su página oficial emmanuelcarballo.com, refiere que el crítico  nació en Guadalajara, Jalisco, el 2 de julio de 1929.
En su juventud frecuentó la poesía y la prosa narrativa; a partir de la madurez se dedicó a la historia y la crítica literaria.
Carballo realizó estudios de derecho en la Universidad de Guadalajara, en cuyo Departamento de Letras fue profesor, investigador de tiempo completo y maestro emérito.
En Guadalajara fundó las revistas Ariel y Odiseo; en la ciudad de México, en compañía de Carlos Fuentes creó la Revista mexicana de literatura. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores y de El Colegio de México.
Como editor fundó la Editorial Diógenes y fue director literario de Empresas Editoriales. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores y antes del Sistema Nacional de Investigadores y formó parte del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México.
Algunas de sus obras son El cuento mexicano del siglo XX (1964), Diccionario crítico de las letras mexicanas en el siglo XIX (2001), los dos primeros tomos de sus memorias: Ya nada es igual (2004), Diario público 1966-1968 (2005) y  Protagonistas de la literatura mexicana (1965) reeditada en varias ocasiones.
Entre los reconocimientos que recibió Carballo, además del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, se encuentran la Medalla de Oro de Bellas Artes en 2009 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez y el Premio Mazatlán de Literatura, estos tres últimos en 2006, así como la Orden de Isabel la Católica, en grado de Encomienda, concedida en 2010 por el Rey de España, Juan Carlos de Borbón, la cual fue recibida en noviembre de 2012, según información de Conaculta.
“Soy una figura molesta pero necesaria. Mi papel se presta más a la censura que al elogio. Y es natural, el crítico es el aguafiestas, el villano de película del Oeste, el resentido, el amargado, el ogro y la bruja de los cuentos de niños, el viejo sucio que viola a la chica indefensa, el maniático, el doctor Jekyll y mister Hyde: en pocas palabras, el que exige a los demás que se arriesguen mientras él mira los toros desde la barrera”, cita la página electrónica a Carballo.


lunes, 31 de marzo de 2014

Minificciones, lo que Edmundo Valadés promovió

viernes, 9 de agosto de 2013

LA CULTURA: EL CAMINO A LA LIBERTAD. LUIS GIRARTE

Por Sylvia Teresa Manríquez*


Todo era en el sur
Cuando los hombres
no sabían
de una patria y otra,
cuando solo era la tierra.
Patria tierra
patria solar
patria familia
patria sombra.
Todo era en el sur,
el cantar y la luna
la siembra y el ganado
…el venado y los ojos de la lluvia.
Todo era en el sur.

 
Este es un fragmento del poema “Baladas campesinas” del libro “Oraciones prescritas” de Luis Girarte Martínez, poeta michoacano ganador del XI Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal, otorgado por el H. Ayuntamiento de la ciudad de Hermosillo, Sonora.

“Obras prescritas”, así como una prescripción médica, se adentra en el dolor de las fronteras, de los hombres y mujeres que dejan el lugar de su origen para lazarse tras la esperanza de sobrevivir y no sólo existir. Es la primera vez que, según el propio Girarte, aborda el sufrimiento de la gente del campo, la desesperación y las carencias.

Maestro Girarte, se le ha reconocido a usted con un premio que enorgullece a la gente de Sonora, pues se honra la incansable y prolífica labor de Alonso Vidal en el campo de la cultura, ¿Cuál es su sentir al venir a Sonora a recibir este premio? 

Me llena de emoción venir a contribuir al homenaje que un pueblo le hace a uno de sus hombres (Alonso Vidal), que se distinguió por su trabajo en la promoción de la cultura. Para mí significa venir a contribuir aunque sea con una palabra o con una voz al engrandecimiento de un pueblo de seres humanos con capacidades de sentir, de apreciar la belleza de saber que no todo es práctica, que no todo es materia, sino que tenemos algo dentro, que nos permite disfrutar de una bella canción, de una extraordinaria cultura, de una lectura significativa y de una palabra escrita con el corazón.
Además, esta es la primera vez que el público puede estar presente durante la premiación del concurso “Alonso Vidal” y a mí me da mucho gusto estar presente y poder decir que el pueblo de Hermosillo viene a ver de que se trata este premio en honor a los poetas de México.
Y es que los municipios no solamente son calles y pavimento, también son cultura; todos podemos ser libres mediante la cultura, porque la cultura es lo que nos hace ser humanos, nos distingue de todo lo demás.

Señor de los arados y el barbecho
del tronco de caballos y las ancas
concédeme el privilegio de tocar las barbas
de la espiga, de probar en el grano maduro
a la fécula del trigo y de cargar al sol
como a un amigo en las espaldas
de la desventura
cuando la tarde incita a regresar
sobre costras de polvo
a la edad de los sabores infinitos.

Fragmento del poemario “Oraciones prescritas” de Luis Girarte.


¿Es en realidad la palabra una herramienta para llegar a la libertad?

Si, la palabra usada con propiedad establece puentes, de amistad, afecto, armonía, negocios, satisfacción y gusto. La palabra es la herramienta que nos puede llevar a vivir mejor. Y mediante la cultura conseguimos ser libres, es lo que nos hace ser humanos y nos distingue de los demás.

Sin duda usted le apuesta a la poesía ¿Por qué? Todos tenemos alguna ambición, algún gusto. A mí me gustó leer desde pequeño y después de leer me gustó escribir, y además este gusto me permite ir a muchos lugares bonitos. La escritura es un acto íntimo, la persona trata de expresar lo que trae adentro, no es simple gusto, satisfacción o necesidad, sino que es parte de la angustia que nos causa el mundo en el que estamos viviendo. ¿Qué nos comenta sobre el premio “Alonso Vidal” con el que se le reconoció recientemente?

El premio “Alonso Vidal” tiene una dimensión mayor estando en el lugar donde se origina, principalmente por el hecho de que una ciudad como Hermosillo ponga a perpetuidad el nombre de uno de sus escritores; y que yo contribuya en este marco tan maravilloso, engrandece mi percepción del premio, a dimensiones que no puedo medir. Además, se permitió la asistencia de público que vino a escuchar lo que se tenía para decir. Yo espero que se siga perpetuando la imagen, figura y nombre de Alonso Vidal, porque sin duda dejó raíces importantes.

Maestro Girarte, la palabra nos sigue hermanando, pues nos encontramos físicamente en un callejón hermoso de la capital sonorense, que luce la poesía de Alonso Vidal en sus paredes, sin duda el mejor marco para entregarle el premio que rinde homenaje este importante poeta sonorense.

Así es, y espero que Hermosillo siga hermanándonos con el abrazo de la amistad y la palabra. Que se conserve este certamen como algo significativo, con el que la administración pública le apuesta al fomento de la poesía mediante el reconocimiento a un gran promotor cultural, como lo fue Alonso Vidal.

*Comunicadora.

Ermunio

CARLOS SÁNCHEZ


Caminar es su adicción. El sudor le empapa la camisa. Trepar a un carro le significa una blasfemia, un pecado. Se comunica con la naturaleza, más que con personas. Vive en constantes monólogos, y en ocasiones dialoga con sus familiares difuntos, los que habitan en su casa.
Una noche de junio, me dispongo para llegar a la cita con Rafael. Acordamos antes que me permitiría dormir en su casa, cenar a su lado, tal vez embriagarme de su voz incesante, con sus historias constantes.
Cananea lo vio jugar desde niño, trepando montañas. Conoce de esta ciudad sus virtudes y tragedias, sus triunfos y derrotas. Rafael lleva en las plantas de sus pies la voluntad del conocimiento de esta tierra que entrañablemente pende en su mirada; en su silencio la describe como un regalo de la vida.
Al encontrarlo lleva en sus manos una mochila verde, Para que compartamos el peso de tu maleta, dice. Unos cuantos libros repartidos entre él y yo y así el inicio de la caminata. Le comento a Rafael que estoy cansado, que tomemos un taxi. Nos vamos caminando, yo no me subo a los carros, responde.
Con la maleta en mi espalda, y él con la suya, descendemos hacia un arroyo, de facto la oscuridad me baña la mirada, y el cuerpo todo se enfría de temor. El presentimiento de una caminata difícil me llena de intuición el corazón. Enciendo la grabadora con porque tengo la costumbre, desde adolescente, de grabarlo todo,  y porque uno ya como inquieto que va por la vida tomando nota de esto y de aquello.
Al descender caemos sobre la arena del arroyo. Árboles, ramas, ruidos de animales, y la ausencia de la luna. Estoy a la expectativa. ¿Cuándo me va atacar un animal, cuándo me va a encajar un cuchillo algún cabrón?, me pregunto sin decirlo. Mi única opción como defensa para domar el camino, la oscuridad, es seguir a Rafael. Sus instrucciones son la lupa si quiero encontrar las veredas y llegar a la meta que es su casa y está en la colonia del Cobre, rumbo a Agua Prieta.
Entre el movimiento de ramas, ruido de animales, Rafael acompaña sus pasos con palabras, y me lleva de la mano, porque no hay fuerza para que la voz construya mis palabras. No puedo y me dispongo a escucharlo:
Últimamente según yo me voy a sentar a escribir, a estudiar, y en un ratito me quedo dormido, porque ando muy cansado, la diabetes que traigo me roba la energía, o mejor dicho, no me deja sacar energía de la azúcar, no la digiere por falta de insulina, la diabetes es muy cabrona. ¿Ves bien tú?
Ante la pregunta hago un esfuerzo para responder, y vacilo no sé cuánto tiempo, me trabo en el silencio, intento decir algo pero la oscuridad me tiene atrapado del cuello. Al final no sé cómo pero una frase llena ese túnel que es el arroyo: Sí, veo al chingazo.
Yo no veo, son cosas de la vejez, te vas quedando ciego, sordo, paralítico mamá mía (grita y le sucede una sonrisa que me llena de escalofrío). Hay una palabra que encontré en el diccionario accidentalmente, y que me gusta: Ermunio, libre de impuestos. No tengo papeles ni de mexicano, ni papeles de gringo, no percibo salarios, vivo de lo que quedó de mi familia, no tengo seguro social ni me interesa tener, ermunio: libre de cargos.
Ermunio, me repito con insistencia para mí solo. El ruido que emiten los animales se intensifica. Rafael dice conocer el arroyo a la perfección, pero en este tramo que hemos recorrido ha estado a punto de caerse en un par de ocasiones al tropezar con arbustos. Ermunio, me repito mientras me pregunto qué hago caminando a estas horas de la noche y bajo un cielo sin luna. En eso ando, en la cavilación, cuando su voz de nuevo:
Pues así vivo, de lo que me dejó mi familia, de esa suma de dinero. Mi madre, mi padre también un poquito, pero recuerdo a mi madre que la oí decir: Toma mijito, yo sé que te va a hacer falta. Eran los dólares que ella guardó, porque era ciudadana americana, entonces eso me está ahora salvando del hambre. Cuando llegas a una edad como la mía, y todavía con esas pretensiones de que si yo no hago lo mío, leer y estudiar, mejor que termine mi vida, y estoy en eso, porque a mi edad ¿sabes de qué chamba consigues?, de velador, no tengo nada en contra de ese oficio, pero yo quiero hacer lo que me gusta, no quiero terminar mi vida cuidándole los robos a un ladrón, porque la gente termina velando las empresas de los ladrones.
¿Cuánto tiempo te durará lo que tienes?, pregunto con una facilidad que me sorprende, mientras sostengo de un brazo a Rafael, que está a punto de resbalar.
Un año, dos, tal vez tres. Me conformo si llega a ese límite, y si ya no puedo vivir porque no tengo un salario, pienso de qué manera me gustaría morir, y para mí lo ideal sería incinerado, yo lo único que pido al gran mago del universo, no a Dios, al que se encarga de las magias (acotación: Rafael pierde la vereda, me pide que lo siga, encuentra el rumbo y continúa), he pensado que si me agarra mucho la diabetes, si ya no puedo moverme, me dejaré morir de hambre, no quiero que empiece por lástima la gente a llevarme el platito, ya sabes cómo, los vecinos, ni modo que termine así, no me interesa ese término de vida, o estar ahí vegetando, yo soy muy activo físicamente. (Cuidado porque por aquí es la cosa, cuidado porque aquí ya hay drenaje. Sabes qué hicieron las autoridades últimamente aquí, dizque iban a hacer un parque muy bonito y nada más hicieron una carne asada para visitantes políticos. Sígueme: aquí está el drenaje, aquí está medio seco ahora y aquí hay ramas, cuidado, está medio inclinado el terreno, resbaloso, la pasada está por allá).
Yo creo que es lógico y natural, si ya no puedes te dejas morir, ¿de qué te dejas morir? Yo prefiero de hambre, porque me he andado muriendo de hambre y sé aguantar, y me he andado muriendo de sed allá en las montañas en California, es terrible. El hambre la sientes como aquí, y sientes como una sonsera en el cerebro, pero con la sed cada célula de tu cuerpo te está gritando: agua, agua, agua, es terrible.
Cuando me eché ese viaje en California, un mes más o menos en la sierra, pero llegando a pueblitos, sentía mucha soledad. Tres cosas superé en ese viaje: el miedo, oía rugir a los osos adentro del bosque, y si te agarra la noche en la sierra no hay otra más que parar, pero antes de que te agarre la noche, si andas caminando solo, como aquí, imagínate, tienes que buscar el lugar donde acamparás, pero eso tienes que hacerlo durante el día. Al principio me daba trabajo porque buscaba un lugar bonito, muy intelectualizadamente, y no me dio resultado, y luego, ante la misma presión de las circunstancias es cuando trabaja el alma, a través de los espíritus. En esta parte del camino el clima se siente bien, pero está difícil  porque hay piedras y podemos tropezar. Eso me enseñó a confiar más en el alma a través de los instintos, de cómo se siente el lugar, cómo se sienten las vibras, aquí me quedo, me decía, cuando ya estaba escogido el lugar.
Rafael está a punto de rasgarse la cara con un alambre de púas no obstante conocer el camino, evito con un empellón que continúe avanzando y tropiece con un cerco sostenido por leños de mezquite. Continuamos. Habla.
Cuando ya pusiste tu casita ahí tienes la bolsa de dormir, lumbradas no hacía, yo nomás comía y estaba harto, granola con leche de polvo, eso es lo que podía llevar en la espalda. Ya tienes tu casita, tu comida lista, todavía es temprano, tienes miedo. Ahora lo que resta del día es para que hagas lo que te de tu chingada gana, yo me iba a dar la vueltecita por ahí, me siento a gusto viendo el terreno donde estoy durmiendo. Perdí el miedo. Casi no veo el terreno que estoy pisando, ¿tú sí lo ves? Oquei, aquí está el camino, quiere decir que no estoy tan cegatón.
Varias veces me he perdido porque hay cercas como esas que tienen un alambre hasta abajo y es de púas, y si te encajas una de esa, puta madre, que irá. Mira, ves esa luz allí arribita, por ahí va el camino, yo no camino por las calles. Ahora no hay luna, eso nos desfavorece, con luna verás qué bien se ve. Pero tú eres diurno, tú vas a caminar de día por aquí.
No, yo caminaré por la calle, le digo.
¿Por el pavimento, lo prefieres a la cañada?, nomás por eso me vine por aquí, por ti. Si aquí hay camino, hasta los carros pasan por aquí.
Por aquí podemos subir, allá veo una luz, le sugiero a Rafael cuando ya el ruido de animales, la insistencia de los alambres y el temor nos (me) acechan constantes. Por aquí podemos subir, allá hay luz. Rafael no responde, sólo camina y yo lo sigo. No sé cuántos metros recorremos más. Por fin Rafael habla de nuevo.
A la gente que vivía allá donde era el pueblo minero de antes, cerca de la mina, nosotros les decíamos los del pueblo, pero el barrio tenía nombre: Buenavista. A este barrio de acá le llaman Nuevo Buenavista, porque los desalojaron, los sacó la mina, empezó a hacer sus hoyos allá donde vivían y los pusieron aquí.
—   ¿Cuántos años tienes viviendo aquí?
—   ¿Oíste esa canción?
— Sí.
— Me gusta. Últimamente, ahora que llegué, veinticuatro más o menos, porque yo andaba allá, vagando, fíjate que yo fui a absorber a Estados Unidos, no a absorberlo como lo absorbe la gente de allí, que absorbe la comida chatarra. Yo absorbí costumbres, conviví con ellos, sufrí pobrezas también con ellos, tienen muy mala fama, muy infame entre nosotros, conviví con ellos y es la gente más honesta que me he encontrado en toda mi vida, más natural, más gente, y no son drogadictos, pero allí uno que otro como yo que siempre me ha dado por la mariguanita, ahí conseguíamos, pero no para ellos, para mí, me decían: Rafael, a ti te gusta, te regalo este gallito, son tan honestos y tranquilos que yo que soy bastante lujurioso con mis detalles sexuales, convivíamos desnudos completamente y nos bañábamos en las mismas tinas, sin ningún problema. Ahí por donde vamos a subir esa lomita, me di cuenta que ya echaron agua de drenaje, se está convirtiendo esto en un pueblo muy cochino.
Los lugares son como las personas, te las encuentras y unas te caen bien y otras no, así los lugares, yo recuerdo que llegué de Magdalena, no recuerdo detalles pero recuerdo precisiones. Miras el cerro ese, de niño me tenían prohibido vagar y por ahí me iba con un niño mayor que yo. Antes había cerros muy bonitos, pero se los han ido acabando, los explotan, les sacan las tripas sólo para beneficiar a compañías extranjeras, esto ha sido desde que se tecnificó Cananea, por allá de mil novecientos, y han venido un montón de gringos, esto ha sido un emporio gringo, industrializado a la gringa con extranjeros de Nueva York donde todo ese cobre ha servido al capitalismo. Me acuerdo de niño, cuando viví cerca de la casa de los Green, cómo veía a la viejita, la esposa de Green, por allá, ya en silla de ruedas, por atrás de esa casa nos íbamos a caminar porque todo aquello era un bosque y había un lago donde nos íbamos a pescar siboris, tenía en mi casa un bote con agua, y mi mamá me decía con mucho asco, hay niñito se te van a  morir.
Rafael abre brecha. Debajo de las ramas de un pino se encuentra su casa. Para ingresar hay que hacer a un lado la maleza. Avanzamos y en el interior un silencio se llena con el rechinido de la puerta. No miento si digo que hay en ese espacio una alfombra de polvo, varios cuartos con puertas cerradas, ropa amontonada en la habitación contigua a donde él duerme.
Allí era el cuarto de mi hermano, murió hace ya algunos años.
Frente al cuarto de su hermano está el cuarto de su madre: Este cuarto nunca se abre, aquí sigue mi madre, esas son sus cenizas.
Las cenizas de la madre de Rafael están encima de la cama, dentro de una caja de madera. Un silencio infinito envuelve el entorno, silencio que describe la parsimonia en los pasos que un día diera la señora dentro de ese hogar. A un lado de la cama hay un teléfono viejo, al otro costado un peinador y enseguida un clóset. El silencio como constante vigencia para la reflexión. Dentro de la casa sólo se escucha la voz de Rafael, y una risa desde su estómago que rebota entre las paredes y se cuela por las ventanas hasta caer como lluvia sobre las otras casas del barrio.
Con la mirada me convoca hacia la cocina, el cansancio, el hambre, me devastan, quiero una silla, si es preciso, mejor sería un colchón. Una mesa sostiene una lámpara de pie, un montón de libros, sobres manila donde Rafael escribe: Porque no tengo dinero para comprar cuadernos, entonces un amigo me regaló como veinte mil sobres, en ellos escribo, estoy seguro que me durarán para lo que me queda de vida.
Rafael escribe en esos papeles sepia, de textura frágil, algunas oraciones en inglés, otras en español.
Antes de que me indique dónde y cómo puedo tomar agua, Rafael me aclara que en su casa los baños no funcionan, porque el agua es escasa, por lo tanto debo ir a orinar al corral. Me dirijo a orinar antes de que me venza el cansancio, en eso estoy cuando una telaraña se me unta en el rostro y un animal se me impacta en la frente. Corto el chorrillo y de un salto me instalo en la puerta de la cocina. Allí lo escucho incesante, lo miro inquieto, gesticula, abre la alacena, extrae un frasco de aceite de olivo, echa un poco a un sartén que tiene algunas horas bajo el fuego del piloto: Me gusta el maíz cocido a fuego lento, una vez que está blandito le pongo calabacitas, un poco de queso, es riquísimo.
Habla mientras cocina, pica tomates para una ensalada fresca, echa unos cuántos dientes de ajo ya molidos, un poco de orégano, lo revuelve y ofrece, acompañados de tortillas de harina integral. Gesticula mientras me observa haciéndole fotos, toma del lavaplatos un poco de agua con una taza: De aquí es donde puedes tomar, porque en la llave no sale, cómo le cambia a uno la vida la falta de agua.
Para ilustrar me invita a su baño, espontáneo introduce sus manos en la taza: Aquí hay agua solo para lavarse las manos, yo no uso este baño para defecar ni orinar, ya sabes, si se te ofrece en la noche debes salir al corral. El baño es amplio y guarda también un silencio que me eriza la piel.
Al volver a la cocina la música de Los Cadetes de Linares suena en una grabadora vieja. Rafael hace como que canta, a mí ya el sueño me provoca un parpadeo constante. Después de enterarme de las partes que componen el cuerpo, y que el alma es un punto en plena frente a decir del anfitrión, quien estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México, le sugiero me indique dónde dormiré esta noche. Rafael me pide que lo siga, al final de un pasillo una puerta de madera se dificulta para abrir. Aquí te quedas, dormirás en la cama donde una vez estuvo Ever, un amiguito del cual hace muchos tiempo no he sabido nada de él. Las sábanas deben tener polvo, pero las sacudes y ya. Descansa y buenas noches, si quieres orinar ya sabes, el corral te espera.
Apenas apago la luz, me acuesto, cierro los ojos y un escalofrío me hace vibrar. En los pies unas manos me acarician, intento abrir los ojos, quitar la sábana de encima de mi cuerpo, pero estoy paralizado. Sudo. La pugna es un ring inevitable, impostergable, me subo a él y me digo que nada es cierto, que nadie me toca, que es mi mente la que me lleva a los temas de muertos que Rafael me ha presentado hace unos minutos. Dormiré tranquilo, me digo con apenas el aire en el umbral de mis narices, sin poder llevarlo a los pulmones. Y ahí estoy, inerme, inamovible, sintiendo la presencia de esas manos y de otras presencias que no son cuerpos, ni vidas, presencias indescriptibles que me acorralan y sin voz, en una acción tácita, me piden abandone la casa. Intento dormir, aprieto los ojos, el sudor me baña la cara, emerge como un río desde el cráneo y resbala hasta mis pies que siguen con la caricia de esas manos. De pronto entro en un trance que me lleva a escuchar voces, desde afuera golpean las paredes, me gritan textualmente: Sal de ahí, se está quemando la casa, sal de ahí. Veo las llamas, de pronto una Catarina con alas de abeja me toca con su mirada y me hace reaccionar. Levanto la sábana, salto de la cama, enciendo la luz, intento abrir la puerta, no abre, está trabada, golpeo, Rafael, exclamo, éste se acerca, intenta abrir, no puede, va a alguna parte, regresa y me dice: Esta chapa está trabada, la abriré con un cuchillo. El escalofrío me perfora los sentidos, continúo en el sudor, escucho cómo un metal se incrusta entre la puerta y el bastidor, la chapa cede y me encuentro con los ojos de Rafael quien me pregunta qué me pasa. Estoy inquieto, le digo. Y responde con una risa más que irónica, macabra: Son los muertos de esta casa, son los muertos de esta casa.
Mientras camina hacia la cocina, lo sigo, se sienta y me siento. Le explico que no puedo dormir, que alguien me acecha, que necesito pedir un taxi, que me ayude. Al escucharme se transforma, iracundo en sus pupilas está el odio que se inventa en un segundo. Me describe como un hombre débil, me compara con las capacidades de una mujercita, me dice que no pedirá un taxi, me revienta de insultos los oídos. Como puedo me levanto, avanzo hacia el cuarto donde intenté dormir y en donde está mi maleta, siento que Rafael me persigue, que en cualesquier momento hundirá el cuchillo en mi espalda, en un charco de sangre quedaré encima de la cama.
Recojo la cartera, el celular, dos plumas con tinta roja, la cámara fotográfica, el cinto, me pongo los zapatos, tomo la maleta, salgo de la habitación, Rafael no está, de pronto aparece y me increpa de nuevo, me maldice, yo detengo un buche de terror en la garganta, Rafael me acosa, me hostiga, se me atraviesa y le pido me acompañe a la puerta, me grita que no, que salga de allí como pueda. Antes de salir la puerta de acceso al andén se estrella contra su rostro, porque no puedo sostenerla, porque mis manos están paralizadas. Rafael se molesta, me reclama que le azoté la puerta, yo siento que el aire entra en mis pulmones, estoy fuera ya de ese techo donde los muertos me solicitaron, no sin ser cordiales, que desalojara ese cuarto, que me largara, incluso por mi bien. Libro la puerta de metal del cerco, miro hacia mis costados intentando encontrar un camino que me indique hacia adónde debo ir. Pasadas las dos de la mañana ni los ruidos de los perros se escuchan. Resucitar es lo que me hace sentir el aire que me golpea las pestañas. Atrás la voz de Rafael golpea mi memoria, mi espalda, con su sonrisa irónica, colérico me increpa: Son los muertos de esta casa, son los muertos de esta casa. Hacia el oriente una luz me dibujaba la esperanza de un lugar donde reposar. Camino con la maleta en el hombro, la calle de pronto termina, en mis ojos un baldío me argumenta que no tengo más opción que caminar encima de él. Avanzo, dos perros me sorprenden con sus reclamos, las alarmas de los autos suenan, sigo caminando y me dispongo a dar explicaciones si es que los dueños de los carros que suenan salen de sus casas, tendré que decirles que no soy un ladrón, que simplemente pasaba por allí. Camino y a lo lejos descubro un anuncio luminoso, el aliento retorna, las letras desgastadas sugieren la existencia de un hotel que por nombre lleva El Mezón. Llego y el recepcionista duerme, al tocar la ventanilla se asusta, reacciona, camina con torpeza, con su mirada me pide que no lo agreda, que está solo, su temor lo despide en sus palabras, tartamudea, yo le digo que sólo necesito una habitación, responde que no hay, que todo está ocupado, que los policías federales son muchos en el pueblo y que desde que llegaron no hay habitación desocupada. Lo que puedo hacer es pedirle un taxi, dice con su pelo en desparpajo y las piernas en temblor. Acepto, la unidad llega de facto, al trepar el chofer me pregunta hacia dónde me dirijo, le digo que al Safari, ese hotel que está junto a la terminal de autobuses. Afortunadamente, Víctor, el recepcionista del Safari, me ha guardado una habitación, porque intuía mi retorno. El cuarto veintiséis se abre para mí. Tiro la maleta en la cama, enciendo la televisión y encuentro una película sobre un pueblo minero. Las luces del cuarto permanecen encendidas, todas, casi amanece, al salir el sol mis ojos se llenan de oscuridad.

miércoles, 3 de abril de 2013

Misa Negra

José Juan Tablada 
 
¡Noche de sábado! Callada
está la tierra y negro el cielo;
late en mi pecho una balada
de doloroso ritornelo

El corazón desangra herido
bajo el cilicio de las penas
y corre el plomo derretido
de la neurosis en mis venas

¡Amada ven!…¡Dale a mi frente
el edredón de tu regazo
y a mi locura dulcemente,

lleva a la cárcel de tu abrazo!

¡Noche de sábado! En tu alcoba
hay perfume de incensario,
el oro brilla y la caoba
tiene penumbras de sagrario.

Y allá en el lecho do reposa
tu cuerpo blanco, reverbera
como custodia esplendorosa
tu desatada cabellera.

Toma el aspecto triste y frío
de la enlutada religiosa
y con el traje más sombrío
viste tu carne voluptuosa.

Con el murmullo de los rezos
quiero la voz de tu ternura,
y con el óleo de mis besos
ungir de diosa tu hermosura.

Quiero cambiar el grito ardiente
de mis estrofas de otros días,
por la salmodia reverente
de las unciosas letanías;

quiero en las gradas de tu lecho
doblar temblando la rodilla
y hacer del ara de tu lecho
y de tu alcoba la capilla…

Y celebrar ferviente y mudo,
sobre tu cuerpo seductor,
lleno de esencias y desnudo
¡la Misa Negra de mi amor!

martes, 2 de abril de 2013

"Eres lo único que tengo, niña..." Milan Kundera

Extracto de "La insoportable levedad del ser"

 - El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive una sola vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores...El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación...Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.
- "Quiero que seas débil. Quiero que seas tan débil como yo".
- ...el conflicto, el drama, la tragedia, no significan absolutamente nada, no representan valor alguno, nada que merezca respeto o admiración.
- En cuanto hay alguien que observa nuestra actuación, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran.
- Y es que las preguntas verdaderamente serias son aquéllas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse.

...


- La gente, en su mayoría, huye de sus penas hacia el futuro. Se imaginan, en el correr del tiempo, una línea más allá de la cual sus penas actuales dejarán de existir
- ¡Qué indefenso está el hombre ante los elogios!...Pero no sólo por vanidad, más que nada por falta de experiencia
- Nunca seremos capaces de establecer con seguridad en qué medida nuestras relaciones con los demás son producto de nuestros sentimientos, de nuestro amor, de nuestro desamor, bondad o maldad, y hasta qué punto son el resultado de la relación de fuerzas existentes entre ellos y nosotros. La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna...en su relación con aquellos que están a su merced: los animales
- ¿me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en vez de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia
- El tiempo humano no da vueltas en redondo sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir. Sí, la felicidad es el deseo de repetir
- ¡Ay, qué terrible, en realidad, soñamos por adelantado con la muerte de aquellos a quienes amamos!

viernes, 1 de febrero de 2013

Rubén Bonifaz Nuño

PORQUE YO ESTUVE solo
quiero pensar que tú estuviste sola.
Que no te fuiste, que dormías.
Que me dejaste sin dejarme,
y me necesitabas
para poder estar contenta.

De cualquier modo, he recobrado
mi lugar en el mundo: regresaste,
te volviste accesible.

Me devuelves el tiempo,
el dolor, los caminos, la alegría,
la voz, el cuerpo, el alma,
y la vida y la muerte, y lo que vive
más allá de la muerte.

Me lo devuelves todo
encarcelado en la apariencia
de una mujer, tú misma, a la que amo.

Volviste poco a poco, despertaste,
y no te sorprendiste
de encontrarme contigo.

Y casi pude ver el último
peldaño del secreto que subías
al dormir, pues abriste
—muy despacio, muy plácidos— tus ojos
adentro de mis ojos que velaban.

El manto y la corona,
1958

jueves, 27 de septiembre de 2012

Muere el escritor veracruzano Miguel Capistrán

El escritor, editor, investigador y académico, murió ayer a las 19:30 horas, víctima de un infarto, confirmó su hermana Julia

Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de septiembre.- Miguel Capistrán (1939-2012), uno de los más importantes historiadores de la literatura mexicana, quien fue asistente de Salvador Novo de 1965 a 1973, murió ayer a las siete y media de la noche, víctima de un infarto, en el Instituto Nacional de Nutrición “Salvador Zubirán”, confirmó su hermana Julia.
Sus familiares comentaron que fue una muerte sorpresiva, pues el escritor, editor, investigador y académico veracruzano se encontraba bien de salud. Su sobrina Michel María, quien junto con su familia le hacían anoche compañía en el hospital, explicó que hoy serán velados sus restos mortales “probablemente” en la funeraria García López de Miguel Ángel de Quevedo, pero que apenas estaban planeando todo.
El especialista en la obra de Los Contemporáneos, afirmó Pavel Granados, murió en un momento en el que más se le estaba reconociendo su trayectoria. “El 9 de octubre iba ingresar a la Academia Mexicana de la Lengua. Iba a hablar en su discurso de los anteriores historiadores de la literatura mexicana, como Francisco A. de Icaza. Jaime Labastida iba a responder el discurso”.
Capistrán, quien convenció a Jorge Luis Borges de que visitara México por primera vez del 3 al 6 de diciembre de 1973, y por segunda en 1978, “tenía 50 años de dedicarse a la historia de la literatura. Trabajaba con una brillantez privilegiada, lo que le valió el reconocimiento del mismo Novo, de Jaime Torres Bodet, Gabriel Zaid, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Inés Arredondo y Carlos Monsiváis, entre otros”, añade Granados.
El también investigador dice que vio a quien fue elegido miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua el 27 de octubre de 2011 para ocupar la silla VI abordar “con erudición” muchos temas: la amistad entre Federico García Lorca y Alfonso Reyes, la vida de Jorge Cuesta, Gilberto Owen y Jorge Cuesta.
“Era considerado por muchos como el catálogo mayor de la hemerografía nacional. Él ayudó al poeta Octavio Paz a hacer los programas que transmitía Televisa”, destaca.
Capistrán, quien fue colaborador de Excélsior, realizó sus estudios profesionales de Arquitectura y Letras Españolas en la UNAM, y de Lingüística y Literatura en El Colegio de México.
El autor de “México se escribe con J. Una historia de la cultura gay” vivió en agosto pasado una de sus últimas polémicas, cuando un libro compilado por él, "Borges y México", en el que se incluyó una entrevista que Poniatowska le hizo al escritor argentino, disgustó a su viuda María Kodama, ya que aparecieron unos versos que no eran de su autoría y la editorial Random House tuvo que reeditar el volumen sin el texto de Poniatowska.
“Kodama hizo un berrinche innecesario y sacaron el mejor texto del libro”, refiere Pavel Granados, quien adelanta que tiene un libro inédito de Capistrán.

Tomado de http://www.excelsior.com.mx/

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Juan Villoro gana el premio José Donoso 2012

El escritor mexicano fue reconocido por su extensa y versátil obra, donde figuran géneros como novela, cuento, crónica, reportaje y ensayo
El autor se confes� sorprendido y Reacción. El autor se confesó sorprendido y "agradecido" de recibir el galardón.. (Foto: Archivo )
Santiago, Chile | Miércoles 05 de septiembre de 2012 EFE | El Universal

El escritor mexicano Juan Villoro fue galardonado hoy, por su extensa y "versátil obra", con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2012, que entrega desde 2001 la Universidad de Talca en memoria del autor chileno que le da nombre.
Villoro fue designado por "unanimidad" de los seis miembros del jurado, quienes destacaron la diversidad de géneros que ha cosechado durante su trayectoria literaria que el autor de El testigo aporta a la literatura iberoamericana, y por su "diestro manejo lingüístico" en las materias que abordan sus creaciones.
Autor de novelas como Materia dispuesta o Arrecife; de literatura infantil como El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica o El libro salvaje, y de ensayos y crónicas deportivas, cinematográficas y musicales, Villoro (México 1956) se confesó sorprendido y "agradecido" de recibir el premio.
"Dicen que el que no acepta un premio es porque quiere dos. Estoy muy agradecido. Se trata de un estímulo y creo que la mejor manera de entenderlo es saber que los premios no escriben por ti, no son certificados de inmortalidad, pero son estímulos para que sigas arriesgando", agradeció hoy el premiado al ser contactado telefónicamente por el jurado, reunido en Santiago.
Asimismo, se mostró "orgulloso" de sentirse asociado con la figura del escritor chileno José Donoso (1924-1996), al que conoció en México antes de su muerte, y de quien destacó su sentido del humor, así como su aportación como novelista en el "boom" de la literatura latinoamericana entre los años 60 y 70.
"Con Carlos Fuentes, quien murió recientemente, solíamos acordarnos mucho de Donoso, ya que es una figura muy significativa para mí y también desde el punto de vista personal y amistoso", reveló el autor del ensayo futbolístico Dios es redondo.
Villoro confesó además su conexión personal y literaria con Chile, en donde vivió en primera persona el terremoto del 27 de febrero de 2010 que azoto ese país y que de cuya vivencia escribió el libro 8.8: El miedo en el espejo.
"Las experiencias de supervivencia son extraordinarias siempre y cuando las puedas contar. No hay nada más valioso que el miedo transcendido en la satisfacción de estar vivo", explicó el premiado.
Razones
Por su parte el presidente del jurado, Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de las Letras, destacó hoy, durante el fallo del galardón, "el lenguaje ingenioso y agudo" de la obra de Villoro, así como su "tratamiento novedoso" para describir la historia e identidad mexicana.
"Fuera de tópicos y exotismos, con un lenguaje ingenioso y agudo, describe un universo poblado de personajes cargados de incertidumbre y soledad", subrayó Barcia.
En tanto, Anthony Stanton, crítico literario inglés del Colegio de México y miembro del jurado, enfatizó la facilidad de Villoro en amoldarse a cualquier género, calidad que lo convierte en un escritor "con inquietud propia", aseguró.
"Yo hablaría de alguien que necesita varios espacios para explayarse. Lo distintivo de Juan Villoro es que es un escritor que necesita muchos géneros, muchas formas expresivas para desarrollar su talento (...) tiene cuento, tiene novela, tiene ensayo, tiene esa producción impresionante en crónica y reportaje", apuntó Stanton.
El jurado del XII Premio José Donoso lo completan la doctora en literatura para la Universidad de Alicante (España) Carmen Alemany Bay, las profesoras Medtchild Albert y Genèvie Fabry, de la Universidad alemana de Bonn y de la Universidad belga de Lovaina respectivamente, y el coordinador del premio, Javier Pinedo, profesor de literatura de la Universidad de Talca.
Con este reconocimiento Villoro se suma a la nómina de escritores hispanoamericanos como el también mexicano Jorge Volpi, la chilena Isabel Allende y el español Javier Marías, que obtuvieron el galardón José Donoso en ediciones anteriores.
La ceremonia de entrega del premio, que incluye una medalla, un diploma y 30 mil dólares, se realizará durante la Feria Internacional del Libro de Santiago, a celebrarse entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre en la capital chilena.
sc

martes, 8 de mayo de 2012

El poeta es sólo otro


entrevista con Jeremías Marquines
Ricardo Venegas
–Naciste en un año crucial de la vida política, económica y social de México, 1968, ¿qué significa esto para ti?
–Derrumbe y expectativa, son dos palabras que me llegan a la mente cuando se menciona el ʼ68. Pero más que nacer en una fecha tan simbólica, soy producto de sus consecuencias, de sus crisis y ésas son las que me marcaron. Los años posteriores son de corrupción, abusos y una profunda desconfianza social. La infancia la viví entre los gobiernos sinvergüenzas de Echeverría y López Portillo, así que aprendí desde pequeño a ser desconfiado y pesimista, y por supuesto son conceptos que están presentes en mi obra.
–Acabas de ganar el premio más prestigiado de poesía de este país, el Aguascalientes, ¿cómo recibiste la noticia?
–La noticia no la recibí yo, sino mi esposa Citlali y mis hijas Zoe y Zyanya; yo lo supe después porque no practico el uso del teléfono celular; ellas me dijeron primero y estaban más contentas que yo. Sin embargo, sí mantenía la expectativa y la duda; confiaba en que el libro que había enviado tenía la fuerza suficiente como para defenderse solo, y pensaba en que si había un buen jurado imparcial, como así sucedió, el libro tenía amplias posibilidades de ganar. En realidad, estoy más feliz porque, de algún modo, el premio recupera parte de la credibilidad que había perdido y que tantas polémicas generó en el pasado.
–Perteneces a una generación de poetas mexicanos valiosos y destacados: María Baranda, Mario Bojórquez, Jorge Fernández Granados y Raquel Huerta-Nava, entre otros, ¿cómo te sientes con tu generación?
–Pienso que la idea de generación literaria donde se mete a todos por igual no me gusta mucho; me agrada más la idea de coincidencias y aproximaciones poéticas, en ese sentido me siento más cómodo, quizá más colindante con las poéticas de Jorge Fernández, Armando Alanís, Ernesto Lumbreras, Francisco Magaña, Mario Bojórquez, Juan Carlos Bautista y, aunque no son de “mi generación”, pero me llegan por su aproximación, las obras de Coral Bracho y Tedi López Mills. Considero que hay en las obras de estos poetas que menciono, “el sentimiento de ser todo y, a la vez, la evidencia de ser nada”. Hay incertidumbre y expectativa, pesimismo y desconfianza, y esas ambivalencias son las que me atraen.
–Vivimos una era de violencia e impunidad agudizadas, ¿el mundo necesita al poeta o viceversa?
–El mundo no necesita a los poetas, sólo necesita a mejores seres humanos. Incluso el mundo no nos necesita como especie, con los animales le basta para estar bien. El poeta es sólo otro individuo más, demasiado herido, demasiado enfermo, demasiado bárbaro como para que encima el mundo necesite de nosotros. Lo indicado sería entonces que el poeta necesite del mundo y a veces eso nos disgusta, porque, al igual que los peces, lo que nos hastía es que todo ocurre en la misma pecera. La violencia es hija de la impunidad agudizada; todos somos responsables de esa violencia que hoy nos sitia. La complacencia, las complicidades y la indolencia de una sociedad cínica le dio forma al terror criminal y como siempre, tratamos de culpar a otros de lo que hemos hecho. Hay que aprender a vivir también con lo detestable.
–Dices en un poema: “Como la catástrofe/ La ilusión siempre necesita dos: el abismo y la intuición.” ¿Le falta arriesgar más a la poesía mexicana?
–Lo que entiendo es que la poesía mexicana nunca ha arriesgado nada. Es una poesía comodina que se conforma con glosar su propia tradición, o a veces haciendo buenas glosas de otras tradiciones, como decía Cuesta. En México casi nunca se premia la experimentación, el riesgo, la diferencia; por el contrario, se premia y se celebra la tradición y la cursilería; por eso lo que tenemos es una poesía endogámica, con múltiples achaques que la hacen cada vez más aletargada, sin sorpresas y alejada de los lectores. Y sí, la poesía necesita de dos: la catástrofe y la ilusión.
–¿Cuál es tu diagnóstico de la poesía mexicana actual?
–Pienso que la poesía mexicana actual está muy alejada de las necesidades de sus lectores; no ha logrado encontrar su lugar en la realidad actual y una consecuencia de este errar es la proliferación de textos vacíos que tratan de llenar recurriendo a las exploraciones temáticas de hospital. Es una poesía de temas más que de esplendores.

ENTREGAN PREMIO BELLAS ARTES DE POESÍA AGUASCALIENTES 2012 A JEREMÍAS MARQUINES


México, D.F., 8 de mayo de 2012
Bol. Núm. 423




  • La ceremonia se desarrolló en el Teatro Morelos
  • Se anunció un incremento al doble del premio para la siguiente edición


El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) informa que este lunes 7 de mayo se entregó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2012 al escritor Jeremías Marquines Castillo por su poemario Acapulco Golden, en ceremonia realizada en el Teatro Morelos, en la ciudad de Aguascalientes.

Los poetas Jorge Boccanera, Orlando González Esteva y Ernesto Lumbreras, miembros del jurado, seleccionaron esta obra por unanimidad “… por tratarse de una propuesta orgánica resuelta, conteniendo varios registros expresivos con imágenes de gran intensidad” y porque “a lo largo del volumen, desvarío y lucidez dan a la composición del libro una diversidad de climas y una trama”, según se asienta en el acta respectiva.

Acapulco Golden --explicó Jeremías Marquines en entrevista--, es producto de un año de trabajo y la consecución de una obra previa: Duros pensamientos zarpan al anochecer en barcos de hierro.

Además, se anunció el aumento del monto, al doble, para el próximo año, del premio más importante del país en el quehacer poético.

Jeremías Marquines Castillo (Villahermosa, Tabasco, 1968). Es poeta y periodista. Estudió Filosofía y Letras Hispanoamericanas. Ha trabajado como periodista en diversas publicaciones, entre las cuales destaca Tierra Adentro. Sus textos han sido publicados en más de veinte periódicos y revistas de México y Centroamérica. Fue editor del diario La Jornada y El Sur, y columnista del diario Novedades de Acapulco. Actualmente publica la columna “Apuntes de un viejo lépero” en distintos portales de internet y en su blog jeremarki.blogspot.com/. Tiene en su haber nueve libros de poesía y algunos más de ensayo.

Algunos de los galardones que ha recibido son el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta
1996 (Tampico, Tamaulipas), el Premio de Poesía de Palizada 1996 (Campeche), el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 1998 (CONACULTA-Chiapas), el Premio Nacional de Poesía de Calkiní 1999 (Campeche) y el Premio de Poesía José Carlos Becerra 2000.

Su obra incluye los siguientes títulos: El ojo es una alcándara de luz en los espejos (1996), La décima intención del petirrojo (1997), De más antes miraba los todos muertos (1999), Las formas del petirrojo (2001), Las formas de ser gris adentro (2001), Duros pensamientos zarpan al anochecer en barcos de hierro (2002), Varias especies de animales extraños cubiertos de piel jugando en una cueva con un pico mientras Richard Dadd observa desde un calabozo de Behtlan (2007) y Bordes trashumantes (2009).

***Con información del Instituto Cultural de Aguascalientes


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jueves, 3 de mayo de 2012

Ernesto Cardenal, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

El poeta nicaragüense, enfrentado desde hace años con la cúpula sandinista, es una de las figuras clave de la lírica hispánica

 

Día 03/05/2012

Si el descomunal Walt Whitman hubiera sido granadino, de la Granada nicaragüense, se habría llamado Ernesto Cardenal. Pocos poetas como este sacerdote de la liberación y en tiempos ministro y convencido sandinista han puesto en verso las peripecias del hombre y sus circunstancias en las últimas décadas.
Cardenal ha sido galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, una de las más altas distinciones de las letras hispánicas. Además, con este fallo, el jurado ha roto una tradición no oficial pero tácita, según la cual el premio va cada año a una orilla distinta del Atlántico. El galardón está dotado con 42.100 euros y reconoce «el conjunto de la obra poética de un autor vivo».
El jurado que ha fallado el premio, que se ha dado a conocer en el Palacio Real, estuvo formado, entre otros, por José Manuel Blecua, Antonio Lobo Antunes, Soledad Puértolas, José Manuel Caballero Bonald, Luis Antonio de Villena, Jaime Siles y Luis Alberto de Cuenca.
En la pasada edición la triunfadora fue la cubana Fina García Marruz, por lo que en principio debería «tocar» un poeta español. Pero no ha sido así.
Sin embargo, solo cabe felicitarse ante esta distinción obtenida por el poeta nicaragüense, que durante casi seis décadas nunca ha dejado de sorprender al planeta literario con su poesía siempre arriesgada, sobrecogedoramente humana, atenta a los problemas sociales, a los pobres, a los desposeídos, a los desarraigados. Poeta a pie de calle, a pie de obra. Poeta siempre de guardia.
Pero poesía con gran altura de miras filosófica, que sitúa al hombre en el centro de su discurso pero que no deja de mirar a las estrellas, a los planetas, a las fuerzas de la Naturaleza, como recogió en ese nerudiano y whitmaniano libro que fue «Canto cósmico», una de las obras trascendentales de la poesía hispánica contemporánea, en la línea del «Canto general» del Nobel chileno y el «Canto a mí mismo» del autor de «Hojas de hierba».
Hombre capaz de escribir poemas a bordo un avión, de retirarse a un monasterio norteamericano para resarcirse de algunas derrotas políticas, de crear una comunidad católica ascética y de estrictísimas y austeras normas de convivencia como la que levantó en la isla de Solentiname, en el lago de Lago Cocibolca, episodio que luego plasmaría en el hermosísimo libro «El Evangelio de Solentiname», nadie puede olvidar la reprimenda que le infligió el Papa Juan Pablo II en el aeropuerto de Managua, ni nadie puede olvidar tampoco que fue de los primeros prohombres de la cúpula sandinista en discrepar con los hermanos Ortega, y abandonar finalmente el partido. Experiencia ideológicamente traumática que reflejó en uno de sus libros de memorias, «La revolución perdida».
Ernesto Cardenal, amurallado tras sus barbas y sus canas whitmanianas, cubierto por su boina a lo Che Guevara, granadino de la Granada nicaragüense, bien podría ser homenajeado con aquellos versos de otro poeta por él admirado, Octavio Paz en su memorable «Piedra de Sol», porque también como el mexicano ha sabido con sus palabras poner los signos en rotación, los signos del hombre y los signos del Universo. «Amar es combatir, es abrir puertas, dejar de ser fantasma con un número...». 

FUENTE: ABC.ES

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