Sylvia
Manriquez
Contaba la abuela que las niñas y los niños de su familia
tenían que ir por agua al río porque no había agua entubada en su pueblo, recordaba que su papá le hizo unos baldes de
madera pequeños para que ella pudiera cargarlos acomodados en los extremos de
una vara que se colocaba en los hombros.
Con el tiempo, hubo que ir más lejos por el agua porque
los ríos se iban secando o estaban contaminados. Lo recuerda cada vez que se le
termina el agua de garrafón –así le dice- o le ofrecen agua en botellitas.
Como en la espalda de la abuela, a las mujeres se les carga
la transmisión de las tradiciones, son educadoras de las generaciones nuevas,
quienes transmiten el cuidado de la casa y del entorno. Desde la cocina ellas han
educado para el cuidado del medio ambiente, enseñan a reciclar, reutilizar, cuidar
el agua, las plantas, el entorno y a los demás miembros de la familia y la
comunidad.
A decir de Inés Martínez de Castro, de GEMAS (Género
Medio Ambiente y Salud), el ecofeminismo postula que esas responsabilidades son
de dos: mujer y hombre. Junto con el cuidado de menores, personas enfermas y
ancianas; de la misma forma en que las mujeres han estado saliendo a trabajar y
a colaborar en el sostenimiento de casa y familia.
Cuando hay un desequilibrio en el medioambiente se afecta
principalmente a las mujeres porque son las responsables de la salud de la
familia. Cuando ocurren fenómenos como sequías, inundaciones, ciclones
devastadores y otros que tienen que ver con el calentamiento global, las más
afectadas son las mujeres, porque son las cuidadoras del bienestar y la salud
de la familia.
Dice Inés que si algo le pasa a los niñas y niños, al tío,
a la abuela, pues las mujeres llevan la responsabilidad tanto del cuidado como
de la enfermedad. Por eso hay una relación íntima entre dos esferas: la de la
salud y la del medio ambiente.
Reflexiono en las muchas poblaciones del mundo sin agua,
donde las mujeres aun recorren grandes distancias para abastecerse, muchas
veces en zonas sin protección. La falta de condiciones sanitarias apropiadas y
seguras expone a mujeres y niñas a situaciones de violencia. Además de que les
toma el tiempo que pueden dedicar a estudiar o trabajar.
Coincido con Parker Liautaud, un explorador polar que
lucha contra el cambio climático, quien en su artículo “La discriminación de
género del calentamiento global” dice que los efectos del calentamiento global
son severos con las personas pobres, la mayoría de las personas en pobreza son
mujeres.
Los roles de género tradicionales no les permiten tomar
decisiones, ni proponerlas, aunque son ellas quienes padecen la carencia de
políticas públicas que las protejan o las que han sido mal implementadas.
A pesar de que este tema no es nuevo siguen sin aplicarse
medidas efectivas para evitar esta desigualdad.
En 1995 durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la
Mujer realizada en Beijing, se observaron 12 esferas de especial preocupación,
La mujer y el medio ambiente es una de ellas. En la Declaración y Plataforma de
Acción de Beijing se señalan tres objetivos estratégicos de los gobiernos en
relación con el medio ambiente: participación activa de las mujeres en las
decisiones sobre el medioambiente; integración de sus preocupaciones y perspectivas
en políticas públicas; además, establecimiento de métodos de evaluación de la
repercusión en la vida de las propias mujeres.
Es cierto que a más de 20 años se ha avanzado, pero falta
mucho por hacer. No se puede hablar de progreso mientras muchas mujeres
mexicanas y sonorenses sigan siendo las responsables de cuidar el ambiente sin
poder intervenir en las políticas públicas más que como observadoras.
Hoy la abuela diría: las mujeres tenemos la espalda
dolida de cargar además de cubetas con
agua, la responsabilidad del cuidado de la familia y el planeta, sin poder
hacer algo para cambiar tan devastadora realidad.
@SylviaT
sylvia283@hotmail.com