jueves, 12 de mayo de 2011

Se iguala el tiempo de lectura en pantalla y papel

Gartner asegura que la sustitución de los medios impresos por los digitales se ha exagerado

J. M. - Barcelona - 10/05/2011

El 52% de los dueños de una tableta encuentra que es más fácil leer en pantalla que en papel, aunque un 42% no aprecia diferencias. No ocurre lo mismo con los propietarios de un portátil, ya que la mayoría (47%) prefiere el papel y a un 33% le da igual. Son algunas de las conclusiones de un estudio realizado por Gartner sobre el comportamiento de los lectores de seis países.

"Hay una preocupación de que los medios digitales canibalizan los impresos, basados en el crecimiento de unos y la caída de ventas de otros, pero la evidencia de nuestra investigación es que los consumidores no ven lo digital como un sustituto del texto impreso", explica Nick Ingelbrecht, director de investigación de Gartner. "Algo más complicado que la simple sustitución de un tecnología por otra está ocurriendo".

"Tratar de vender el mismo contenido básico al mismo consumidor en diferentes formatos corre el riesgo de alienar al consumidor, que no pagará dos veces por lo mismo," dice Ingelbrecht. "Los resultados del estudio confirman que la distribución multicanal de contenidos es esencial para conseguir audiencias que están consumiendo casi de forma igualitaria textos en pantallas que textos en papel". Ingelbrecht apuesta por las sinergia de los productos multicanal, pero no por la venta separada del mismo producto en distintos formatos.

Según Gartner, el consumo de textos impresos y en pantalla está igualado actualmente. Los menos de 40 años prefieren la pantalla y los mayores lo impreso. El hombre es más proclive que la mujer hacia el texto digitalizado, aunque se reconoce, sin distinción de sexos, que cansa más leer en la pantalla que enpapel.

Pero cada tipo de lectura tiene su canal preferido. No hay problema para leer en la pantalla del móvil un mensaje o los mapas, pero para textos largos el papel mantiene la ventaja. Garner advierte que para seguir ganando adeptos, los aparatos digitales deberán mejorar ergonomía, peso, diseño, resolución de la pantalla, resistencia a los golpes y a los líquidos, y así poder ser utilizados al aire libre y en las situaciones de ocio donde se acostumbra a leer más.


Tomado de


Miss Bala y Miss Valentía

Por: Pablo Ordaz
Laura Guerrero no existe. Es el nombre de la guapa protagonista de Miss Bala, una película mexicana que estos días se presenta en el festival de Cannes. Marisol Valles sí existe. Es el nombre de una muchacha de 20 años que a finales de octubre de 2010 nos conquistó al aceptar un cargo para el que ningún hombre de su pueblo había tenido suficientes arrestos: jefa de policía de Práxedis G. Guerrero, un municipio de 3.400 habitantes situado junto a Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, sin duda uno de los lugares más peligrosos del mundo. Ambas tenían pequeños sueños. La ficticia Laura Guerrero quería ser la mujer más guapa de Baja California, apenas unos minutos de gloria local y unos cuantos pesos para comprarse ropa en San Diego. La real Marisol Valles solo quería ser jefa de policía de su pueblo, patrullar sin armas por la mañana, cuidar a su bebé por la tarde, terminar sus estudios de Criminología y, si acaso, lanzar el mensaje de que, en México, aún existe un rincón para la gente valiente. Miss Bala y Miss Valentía. No pudo ser.

El martes por la tarde, el productor Pablo Cruz y el director Gerardo Naranjo –a punto de abordar un avión hacia Francia-- me invitaron a ver Miss Bala. No estaría bien que les desvelara aquí la película, tampoco que les dijera si me pareció buena o mala, que doctores tiene la iglesia. Sí les puedo decir que, durante casi dos horas, reviví a través de las peripecias de Laura Guerrero lo que, desde hace ya casi tres años, llevo observando cada vez que viajo a Ciudad Juárez o a Tijuana o a cualquier otro lugar de los 3.000 kilómetros de frontera con Estados Unidos: ciudadanos que se esfuerzan en vivir su vida en medio de un cóctel muy explosivo elaborado a base de sanguinarios cárteles de la droga en pugna por el territorio, cuerpos de Policía infiltrados hasta la médula, nerviosos soldados que primero disparan y luego preguntan, jueces ineficaces –más del 90% de impunidad--, políticos corruptos, desesperación y silencio ante el discurso inapelable de las armas de alto poder. Aún andaba digiriendo el triste destino de Miss Bala cuando, el miércoles por la tarde, me enteré de que Marisol Valles había reaparecido.

No sé si se acordaran de que, a finales de octubre de 2010, este periódico publicó una crónica en la que saludaba el arrojo de Marisol Valles, la mujer más valiente de México. Y que, a principios de marzo de 2011, no tuvimos más remedio que contarles que la jefa de Policía había desaperecido y que todo apuntaba a que, agobiada por las amenazas, había solicitado refugio en Estados Unidos. Pues bien, el miércoles esa sospecha se confirmó. La cadena de televisión estadounidense ABC localizó en El Paso, la ciudad fronteriza con Ciudad Juárez, a Marisol Valles, le hizo una entrevista y logró que la muchacha confesara que sí, que recibió mensajes del crimen organizado, que la amenazaron con asesinarla --a ella, a su bebé, a su familia--. Que no podía vivir pensando en cuándo aparecerían los sicarios, que tuvo miedo, que huyó…

En la película Miss Bala y en el reportaje de la cadena ABC sobre Mis Valentía aparecen los dos lados de la frontera. Tijuana y Ciudad Juárez, del lado mexicano, y San Diego y El Paso, del lado estadounidense. La guerra y la paz separadas por unos cuantos metros de alambrada. En la zona de paz se venden pacíficamente las armas que en la zona de guerra ya han causado la muerte de 40.000 personas desde 2007. En la zona de paz se consume tranquilamente la droga por la que, en la zona de guerra, los cárteles luchan encarnizadamente. En la zona de paz, todo sueño es posible --de hecho, es la marca de la casa--. En la zona de guerra, los sueños más modestos --reina local de la belleza, jefa local de policía— se convierten en cuestión de vida o muerte.

El martes por la tarde, salí del cine contento de que Laura Guerrero solo fuera un personaje de ficción. El miércoles, me alegré de que Marisol Valles siguiera viva, en el exilio y con lágrimas en los ojos, pero viva al fin y al cabo. Miss Bala y Miss Valentía. El sueño mexicano. No pudo ser.

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