jueves, 3 de mayo de 2012

Adele - Rolling in the deep - IN STUDIO

Milagros

La letra desobediente. Braulio Peralta

Dejé de creer en milagros cuando fui a la iglesia a pedir por mi abuelo porque estaba en fase terminal. La figura de yeso, un Cristo en éxtasis, ni se inmutó; salí del templo sin respuesta. Adolescente, dejé la religión: la creencia era una, y la realidad, otra. Mi abuelo murió. Ni la ciencia ni la milagrería pudieron con un cáncer.

No critico a quien crea en milagros: entiendo que pueden ser fenómenos donde coinciden astros y sucesos, y pasa que alguien se cura con rezos, pero admitamos que la ciencia no funciona de esa manera. Tiene la fuerza para sanar gente, pero no hace milagros, simplemente cura porque una sustancia, con la intervención médica, logra sus objetivos. Allí el milagro es científico.
Pensaba en esto cuando Josefina Vázquez Mota invocó la palabra al decir “los milagros sí existen”. Bueno, ella lo sabrá. Puede ser un milagro de la política que ella sea candidata a la Presidencia por su partido porque Ernesto Cordero no prendió como el elegido por Felipe Calderón, o el milagro es que los astros estén del lado de las mujeres, que finalmente importan en cuestiones político-electorales.
Los milagros tienen mucho de infantil, como creer en las hadas o en sapos convertidos en príncipes; maravillosa literatura que nos cubre las almas de sueños. Al crecer, aquello forma parte de nuestra imaginería, nos ayuda a cruzar por la realidad con esperanza. Ignoro qué leyó Vázquez Mota pero su libro publicado, Dios mío, hazme viuda por favor, me indica que no fue asidua lectora. Uno puede escribir si leyó suficiente, pero su imaginería se quedó en milagrería: aniñada, sin carácter.
Más que nada por eso le va tan mal en las encuestas. Hizo bien el PAN en ganar a la izquierda y al PRI la elección de una mujer para la presidencia; histórico, de avanzada, con todo y el resultado negativo. Pero Vázquez Mota no entendió que necesita escuchar, atender a un equipo que le urge dejar los milagros en paz para lograr una campaña de propuestas, no de sonrisas y aun enseñar las piernas: podría vestirse más práctica.
Los mexicanos y mexicanas no quieren una mujer tradicional. Existen muchas en sus casas que callan y obedecen, o que se van con Enrique Peña Nieto por bonito; sobran mujeres así (y hombres, obvio). Vázquez Mota tendría que demostrar que puede gobernar con faldas sin necesidad de aparentar usar pantalones. ¿Un milagro quizá?

 

"Cada vez que me amenazaban me enojaba, pero no dejé de escribir"

La periodista mexicana Rosa Isela Pérez vive en España desde 2010 debido a la persecución que sufrió por informar sobre feminicidios en Ciudad Juárez

Alejandra Agudo, Madrid

Rosa Isela Pérez, periodista mexicana, ya no puede vivir en su Ciudad Juárez natal. El motivo: las constantes amenazas de muerte que recibía por informar sobre los asesinatos masivos de mujeres. Su familia le ha acompañado en un viaje que empezó en 1999 cuando denunció los primeros casos de feminicidios y terminó con el exilio. Desde septiembre de 2010 vive en España como asilada política.
Pérez perdió su trabajo y temía por su vida y la de su familia. Madre de tres hijos, se emociona cuando habla de ellos. Sin embargo, mantiene un tono pausado y calmado cuando se refiere a la persecución de la que fue objeto. Ahora, como muchos colegas de profesión, solo quiere salir adelante y encontrar trabajo, aunque reconoce que será difícil olvidar lo que le ha sucedido.
En su currículo constan algunos premios internacionales por su trabajo. El último el que le concedió el Consejo General de la Abogacía Española en diciembre de 2010. En 2003 ya había sido galardonada por la organización Isis Internacional por su reportaje Mujeres desaparecidas; el drama de nuestras familias. Un año antes la Asociación de Periodistas de Chihuahua le otorgó el premio de periodismo José Vasconcelos.
Pregunta. ¿Cómo empezó a contar las historias de mujeres asesinadas?
Respuesta. Lo primero que escribí sobre este tema en 1999 fue sobre una manifestación muy grande que hubo en Ciudad Juárez en la que participaban familiares, vecinos y amigos de las víctimas para exigir justicia, un alto de la violencia contra las mujeres. Nunca antes había cubierto ese tema.
P. Y siguió
R. Mi asignación diaria, a partir de ese día, fue la cobertura de las historias de las familias, su versión, su sufrimiento. Para ellas era una verdadera tortura, hacían solas las búsquedas de sus desaparecidas e incluso abrían sus propias líneas de investigación ante la falta de respuesta de las autoridades.

P. ¿Cuándo llegaron las amenazas?
R. En el año 2000. La primera fue cuando una persona me estaba esperando fuera del periódico, me pareció que ya la había visto en la Fiscalía especial de crímenes contra mujeres. Creo que mi compañero se asustó más que yo y me dijo que tenía que informar al director por escrito. Yo pensé que no me iba a hacer caso y fue lo que pasó. Así que pensé que solo me querían asustar y decidí que no me iba a centrar en ello porque sería peor para mí.
P. Pero las amenazas continuaron
R. Después llegaron mensajes a través del correo electrónico más fuertes, con insultos. En 2001 informé sobre el asesinato de ocho jovencitas en Ciudad Juárez. Las intimidaciones se recrudecieron y generalizaron. Los primeros amenazados fueron los abogados de las personas a las que detuvieron, que eran inocentes y les habían torturado. Fue un hostigamiento espantoso. Cada vez que me amenazaban me enojaba más pero no dejé de escribir del tema, continué.
P. ¿Por qué lo dejó finalmente?
R. Me despidieron en 2005. Les pregunté por qué y la persona que me despidió me dijo que no lo sabía, solamente le habían ordenado que lo hiciera. Me acaban de dar un reconocimiento internacional y me despidieron.
P. Si ya no trabajaba, ¿por qué tuvo que marcharse?
R. Después de que me despidieran se acabaron las amenazas pero me pidieron que testificara en el caso del asesinato de ocho jóvenes, conocido como el caso del Campo Algodonero, ante la Corte Interamericana de Derechos. Pensé que no iba a tener problemas, pero cuando la Corte ordenó al gobierno de Méjico que me diera protección, empezaron de nuevo las amenazas. Me preguntaba por qué no me dejaban en paz. Ya no estaba escribiendo, y no me daban trabajo en ningún periódico, ni siquiera en la Universidad porque, según me dijeron, el rector no quería a alguien que hubiera manchado la imagen de la ciudad. Y de todas maneras no me dejaban.
P. ¿Cómo eran las amenazas?
R. Primero eran insultos, después me decían que me estaban observando y me amenazaban de muerte. Todo escrito en inglés. Al principio pensaba que estaban locos y que no se iban a atrever.
P. ¿Alguna vez sospechó quién le amenazaba?
R. Pienso que era la Procuraduría (encargada de las investigaciones de crímenes federales) porque la primera amenaza vino de ellos, aunque en algunos mensajes ponían “aquí los asesinos en serie”.
P. ¿Su familia cómo lo vivió?
R. Mis niños al principio no sabían nada. A mi esposo le costaba, igual que a mi, creer que me pudieran hacer algo más. Hasta que presté testimonio en la Corte Interamericana sobre el caso del Campo Algodonero. Después de eso, una noche nos siguieron a mis niños y a mí en un vehículo. Creo que cuando pasó todo eso y se recrudeció la violencia nos dimos cuenta de lo que pasaba. Cuando vives con ese ambiente de violencia desde siempre, llega un momento en el que te acostumbras y no reaccionas hasta que te llega muy cerca.
P. Su marido también era periodista
R. Él estaba en otro periódico, uno de los periódicos que me negó el empleo porque el dueño decía que yo había dicho mentiras, que los crímenes no eran ciertos, que no existía el feminicidio en la ciudad.
P. Eso suena a negar la realidad
R. Sí. El silencio es peor a veces. Hay que poner tanta atención a lo que se dice como a los silencios que hay.
P. ¿Por qué no interesa que se cuenten estos casos?
R. Porque hablar de esos casos es hablar de irregularidades, corrupción gubernamental, violencia contra las familias. Es hablar de injusticia social, de un problema que el Estado no ha resuelto.
P. ¿Cuándo decide que se tiene que ir?
R. Fue una decisión muy difícil porque tienes que dejar todo. Lo más valioso es la vida, lo demás es material, pero tuvimos que dejar cosas por las que habíamos trabajado mucho. Pero cuando el gobierno rechazó por segunda vez otorgarme las medidas de protección que había ordenado la Corte Interamericana, pensé que no podía darme el lujo de quedarme allí a ver si no pasaba nada, por mis hijos, porque eran mi responsabilidad.
P. ¿Comprendían lo que pasaba?
R. Ahora tienen 15, 14 y 5 años. Al principio no les dije nada de lo que pasaba, aunque la abogada me decía que tenían que saberlo para que estuvieran alerta. Cuando decidimos marcharnos uno de mis hijos me pregunto: “¿Qué cosa tan mala hiciste para que nos tengamos que ir?” Aquello me estremeció. En algunos momentos me he sentido culpable y me he preguntado si cometí algún error.
P. ¿Alguna vez se ha arrepentido de investigar esos casos?
R. Me hubiera arrepentido si no lo hubiera hecho. Hubiera tenido cargo de conciencia, después de lo que vi, tantas señoras llorando y tantos funerales. Lo peor es que no se resuelve. Me indigna que esto no se aborde como debe ser. Es un problema muy serio y evidencia un problema estructural del Estado.
P. Por el que ha tenido que dejar su tierra
R. Fue muy difícil para nosotros salir, pero afortunadamente nos dieron asilo. Diversas organizaciones, como Reporteros sin Fronteras, nos apoyaron y llegamos aquí. Ahora tratamos salir adelante. Primero vivimos once meses en un centro de acogida para refugiados. Después ingresamos en un programa del Fondo Europeo para los Refugiados y me concedieron una beca para estudiar un master. Por todo esto creo que somos muy afortunados, aunque haya dificultades para encontrar trabajo e integrarnos laboralmente.
P. ¿En qué le gustaría trabajar?
R. Me interesa mucho el tema de la inmigración, es un tema que manejé allá en la frontera.
P. ¿Espera volver a Méjico?
R. Mientras estén las condiciones así, no.
P. ¿En España le han llegado amenazas?
R. Hubo dos incidentes. Cuando ya estaba en España, me escribieron para invitarme a participar en un periódico independiente y acepté hacer alguna colaboración aunque estaba lejos. A los pocos días nos enviaron una nota que decía “para que no anden con sus reuniones políticas”. Después de eso ya no se hizo el periódico. Hubo otro incidente cuando el ejército fue a casa de mi hermana, supuestamente a buscar armas. Ella estaba sola, se asustó mucho y llamó a una vecina. También registraron su casa. No sabemos a qué atribuir eso.
P. ¿Cómo puede ser que haya gente que quiera ser periodista en países como Méjico?
R. Creo que son las ganas de cambiar, transformar y contribuir a que las cosas mejoren. Vemos un país que tiene muchos recursos y mira en qué condiciones está.
P. ¿Cuál fue su contribución?
R. Creo que ayudé a visibilizar algo que se intentaba tapar. Eso es algo que me llena de satisfacción. Pero más que eso, las familias de las víctimas me cambiaron a mí. Aprendí mucho de ellas, admiro el gran amor que le tienen a la vida y a sus hijos. Creo que han evidenciado muchas cosas: que Méjico es una sociedad clasista que desprecia a las mujeres, en la que vales en función de la posición económica y política, y eso es algo que se tiene que cambiar.
P. Y se coarta la libertad de expresión
R. La imagen a nivel internacional llega como un país democrático, defensor de los derechos humanos pero la realidad es otra. La comunidad internacional ha tardo mucho en darse cuenta. Qué triste pero qué bueno que se diga la verdad. No como en Ciudad Juárez que se indignaban cuando se decía la verdad. La verdad es para que se resuelvan los problemas, no para manchar nada, esa es la función social de los periodistas.



 

«Nuevas voces: la libertad de los medios de comunicación ayuda a transformar las sociedades» ONU

«La libertad de expresión es uno de nuestros más valiosos derechos. Constituye la base de todas las demás libertades y es el fundamento de la dignidad humana. La existencia de medios de comunicación libres, pluralistas e independientes es esencial para poder ejercer ese derecho.» Ban Ki-moon

El Día Mundial de la Libertad de Prensa se celebra cada año el 3 de mayo en todo el mundo. Es una oportunidad para:
  • Celebrar los principios fundamentales de la libertad de prensa;
  • Evaluar la libertad de prensa;
  • Defender los medios de comunicación de los atentados contra la independencia y
  • Rendir homenaje a los periodistas que han perdido sus vidas en el cumplimiento de su deber.
El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos declara :

«Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

Las recientes revueltas en algunos países árabes han recalcado el poder que tienen los medios de comunicación, la búsqueda de la libertad de expresión por parte del ser humano y la confluencia de la libertad de prensa y la libertad de expresión, por medio de varios medios tradicionales y nuevos.

Esto dio origen a un nivel inédito de libertad mediática. Los nuevos medios han permitido a la sociedad civil, gente joven y comunidades llevar a cabo transformaciones sociales y políticas masivas a través de la autoorganización y la participación de toda la juventud en la lucha por expresarse libremente y ser portavoces de las aspiraciones de sus vastas comunidades.

Con todo, la libertad de medios de comunicación es frágil y aún no está al alcance de todos. Si bien el entorno favorable para una verdadera libertad de medios de comunicación está mejorando, este contrasta con la cruda realidad de que muchas personas en este mundo no tienen acceso a las tecnologías básicas de comunicación. Más aún, la cantidad de noticias transmitidas en línea crece al mismo ritmo que el número de periodistas amordazados, agredidos y hasta asesinados por su trabajo, incluidos los blogueros.

Mujeres periodistas, más vulnerables a violencia

En México, desde 2005 se han registrado al menos nueve asesinatos y una desaparición entre las comunicadoras

CIUDAD DE MÉXICO | Jueves 03 de mayo de 2012  
EFE | 

Las mujeres periodistas son víctimas cada vez más de la violencia asociada con la delincuencia organizada y la corrupción en México, misma que desde 2005 ha dejado al menos nueve asesinatos y una desaparición entre las comunicadoras.
"Son las mujeres las que ahora están empezando a ser víctimas de las matanzas también, y las desapariciones" , denunció hoy, Día Mundial de la Libertad de Prensa, la periodista mexicana Elvira García.
En entrevista, la también autora del libro "Ellas, tecleando su historia"  (Grijalbo, 2012) , es firme al señalar que las mujeres son actualmente "quienes están haciendo el mejor periodismo en México" .
"Parece una afirmación temeraria pero yo la sostengo" , agrega García (Ciudad de México, 1952) , una periodista con 40 años de trayectoria.
En su libro presenta entrevistas y los perfiles de 14 mujeres que son a la vez "ciudadanas y periodistas" , capaces de conciliar la vida profesional con la personal y de hacer un periodismo de calidad.
"No usan el periodismo para que su cara o su voz, o su nombre, sean famosos. Lo utilizan como una herramienta para develar la verdad y la corrupción" , apunta.
A diferencia de sus colegas varones, que "viven más como periodistas ejerciendo el poder desde el 'cuarto poder'" , ellas "usan el poder del periodismo para denunciar" casos de gran relevancia, como la corrupción en Petróleos Mexicanos (Pemex) y el sufrimiento de las familias de víctimas sin nombre de la delincuencia, entre otros.
Marcela Turati, Anabel Hernández, Blanche Petrich, Dolia Estévez y la argentina Stella Calloni son profesionales que "en algún momento han vivido un acoso" , sea de tipo político, judicial, sexual, o un intento de frenar su ejercicio de la libertad de expresión.
Son mujeres dedicadas a "tratar de abrir las cajas de Pandora" y, cuando lo consiguen, "encontramos un montonal de cosas mal manejadas" , señala.
Para García, el papel de las mujeres que ejercen el periodismo es "tan relevante" en México que ahora "están en todas las fuentes, también en las que tradicionalmente estaban ocupadas por hombres, como las de policía" , que considera la "más peligrosa" en este momento.
Recuerda que la primera desaparición de una comunicadora ocurrió el 19 de noviembre de 2009 en Zamora, en el occidental estado de Michoacán. Se trata de María Esther Aguilar Cansimbe, quien sigue en paradero desconocido "por estar revelando los actos de corrupción entre autoridades municipales y narcotraficantes" .
La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) , organismo con funciones de Defensor del Pueblo, tiene registrados 77 asesinatos de comunicadores y trabajadores de medios de 2000 a la fecha, lo que convierte a este país en uno de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.
Entre ellas están las indígenas Teresa Bautista y Felícitas Martínez, asesinadas en Oaxaca el 7 de abril de 2008, María Elvira Hernández Galeana, el 28 de junio de 2010, y Yolanda Ordaz de la Cruz, el 26 de julio de 2011.
El caso más reciente ocurrió el 29 de abril pasado, cuando la reportera del semanario Proceso Regina Martínez fue hallada asesinada en Xalapa, estado de Veracruz, recordó Elvira García, quien se pronunció a favor de que periodistas presionen para que su muerte "no quede impune" .
Guionista, productora y presentadora radiofónica, así como colaboradora en revistas como Este País, Elvira García también es autora de biografías como la de Francisco Gabilondo Soler, más conocido como "Cri Cri" , y de la poetisa Pita Amor.


Dos siglos de libertad de imprenta en México ¿SERA CIERTO? Digo... con tantas muertes de periodistas y mordazas... ya no sabe uno que pensar...

La Constitución de Cádiz marcó el primer paso para declarar este derecho cuya defensa se mantiene vigente.
Miércoles 02 de mayo de 2012  
Abida Ventura | El Universal
abida.ventura@eluniversal.com.mx


La libertad de imprenta en México dio sus primeros pasos hace 200 años con la promulgación de la Constitución de Cádiz, el 19 de marzo de 1812. En su artículo 371, La Pepa, como popularmente se le conoce, suprimió toda clase de censura hacia la libertad de imprenta, que por casi tres siglos había permanecido bajo las disposiciones de la Iglesia y la monarquía. A pesar de que su efectividad se logró hasta 1820, ya que Fernando VII la derogó en mayo de 1814, con la Constitución de Cádiz se abrió paso a un largo camino hacia la libertad de prensa.
En la Nueva España, respetar las disposiciones de este documento no fue nada fácil para unas autoridades que veían amenazados sus intereses. En este territorio, la Carta Magna estuvo en vigor del 30 de septiembre de 1812 al 17 de septiembre de 1814, pero en ese lapso fue suspendida por el virrey Francisco Javier Venegas.
Ya desde 1810, las Cortes Generales y Extraordinarias de España e Indias, que se reunieron en la ciudad de Cádiz, aprobaron decretos como el de la libertad de imprenta, que permitía la libre expresión de opiniones políticas a través de publicaciones. Aunque estos decretos eran válidos para todo el territorio español, incluyendo los virreinatos, en la Nueva España, el virrey Francisco Javier Venegas hizo caso omiso de las disposiciones porque temía que la libertad de expresión favoreciera a los insurgentes.

Sería hasta 1812 que la libertad de prensa se comienza a hacer evidente en Nueva España. Periodistas como Fernández de Lizardi y Carlos María de Bustamante comenzaron a valerse de esta norma para divulgar sus ideas políticas e impulsar la participación en los procesos electorales que se avecinaban. La influencia de sus textos fue tal que el virrey suprimió la libertad de prensa y emprendió una persecución en contra de Lizardi y Bustamante.

“Aunque exista libertad de imprenta en Cádiz y sea ordenada por el gobierno peninsular, aquí en la Nueva España no se va llevar a la práctica. El virrey argumenta que no es posible dada la existencia de la insurgencia y que no hay condiciones para decretar la libertad de expresión”, explica la historiadora y profesora de la Facultad de Filosofías y Letras, de la UNAM Cristina Gómez Álvarez.

Los beneficios de “La Pepa”
Una de las aportaciones de esta Carta Magna española es que puso fin a casi 300 años de torturas y censuras aplicadas por el Tribunal del Santo Oficio, que tenía entre sus funciones controlar la producción y circulación de libros y toda clase de escritos.
Desde el siglo XVI y hasta el XIX cientos de escritos fueron vetados por rígidas medidas de control. Los lectores y autores de las obras prohibidas eran amenazados con el castigo de la ex comunión y penas monetarias.

Gómez Álvarez explica que en los tres siglos en que predominó el Tribunal del Santo Oficio la censura hacia las publicaciones se dio de dos formas: la censura previa, es decir que para publicar un impreso se necesitaba la licencia de la autoridad correspondiente, y la censura represiva, la prohibición de libros y textos considerados por la Inquisición como peligrosos por su contenido o temáticas opuestas a los ideales monárquicos y religiosos.
El historiador José Abel Ramos Soriano, autor de Los delincuentes de papel. Inquisición y libros en la Nueva España (1571-1820) (FCE/ INAH), en el que documenta el control que la Inquisición ejerció en la producción y circulación de los impresos, coincide con Gómez Álvarez al asegurar que la censura, que ya había tenido una época enérgica en la Contrarreforma en el siglo XVI, se incrementó más durante la Revolución francesa en el siglo XVIII, época de la Ilustración.

“A partir del siglo XVIII, los edictos promulgados por el Santo Oficio se convierten en largas listas de obras que no deben ser leídas. Es la época de la Ilustración, los filósofos franceses están produciendo a grandes cantidades. La actividad de la Inquisición por reprimir la lectura de libros aumenta de manera muy notoria. Aumentan también las denuncias de que libros de este tipo andan circulando en la Nueva España”, asegura el investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, cuya investigación se basa en los documentos inquisitoriales que resguarda el Archivo General de la Nación (AGN).
Gómez Álvarez, autora de Navegar con libros. El comercio de libros entre España y Nueva España (1750-1820) (Trama/UNAM), donde indica que a pesar de las medidas de censura, España encontró en Nueva España un buen mercado para la venta de libros, comenta: “En los 300 años va cambiando el tipo de censura que ejerce la Inquisición. Van modificándose las lecturas que se consideran peligrosas para los intereses de la monarquía. En el siglo XVIII Lutero ya no tiene importancia, son otros los libros prohibidos; se comienza a prohibir todo aquello que genera la Revolución Francesa, que exige luchar por una sociedad con privilegios, igualdades y libertades”.

Por su parte, Camilo Ayala Ochoa, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, comenta que aunque en los libros había un control muy fuerte, poco a poco fue cediendo. “Tan es así que la figura de Carlos de Sigüenza y Góngora, en el siglo XVI, no la podríamos entender sin cierta tolerancia”, dice. En el periodismo, añade, hubo mayor libertad: “Había hojas sueltas desde principios del siglo XVI donde hay poemas, picaresca e incluso, en el siglo XVIII, crítica social, como es el caso de El Negrito Poeta”.

Un nuevo panorama
La influencia de La Pepa fue tal que influyó en las propuestas de los insurgentes como José María Morelos y Pavón, y los diputados del Congreso de Anáhuac, que retomaron algunas de las ideas plasmadas en sus páginas al redactar los Sentimientos de la Nación y la Constitución de Apatzingán, entre otras la libertad de expresión. Para 1821 el panorama había cambiado, las imprentas de Puebla, Veracruz, Oaxaca, Mérida, Guadalajara ya comenzaban a publicar opiniones políticas.
“Con la Independencia muchas cosas cambian y una de las banderas de los movimientos independentistas es precisamente la libertad de expresión”, comenta Ramos Soriano.
Poco a poco, los intelectuales comienzan a defender sus derechos de libertad de expresión. Uno de ellos, destaca la investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, María Teresa Camarillo Carbajal, es Pablo de Villavicencio González, mejor conocido como El Payo del Rosario, que en 1923 se enfrentó al gobernante de la época porque prohibió el voceo de periódicos. “Se inconforma contra la medida gubernamental, dice que eso es un atropello a los papeleros y a la ‘libertad de palabra’, y hace una defensa lúcida, oportuna y hasta picaresca: argumenta que si en la ciudad de México el amanecer es un concierto de gritos, por el que vende tamales, el que vende pájaros, por qué los periódicos no se venderían de igual manera”, comenta.
Poco a poco, la libertad de imprenta promulgada por la Constitución de Cádiz se abría paso entre una avalancha de medidas restrictivas, algunas más severas que otras. Primero con la Constitución Federal de 1824, que protegió la libertad política de imprenta; luego la consignación en su artículo 6to de la Constitución de 1857 de la libertad de expresión, hasta que en la Ley de Imprenta de 1917 de Venustiano Carranza, se sientan las bases jurídicas de la libertad de imprenta.
Pese a que las bases jurídicas de la libertad de imprenta están plasmadas en la Constitución vigente, su aplicación sigue siendo arbitraria, comentan los historiadores:
“Ahora se supone que hay libertad de expresión y que la gozamos completamente, pero vemos que la censura se sigue ejerciendo de una manera u otra. Una característica fundamental es que durante la Colonia la limitante para escribir, para trasmitir las ideas, está establecida, hay una institución, un tribunal dedicado a eso, con reglas claras. Después se habla de libertad de expresión, pero sigue la censura, sigue ahora y viene desde tiempos antiguos, por parte de gobiernos autoritarios”, opina Ramos Soriano.
“Aunque la ley establece que hay libertad de expresión, hay muchas maneras de acallar. En este último sexenio vemos cómo han sido silenciado y cómo han sido asesinados diversos periodistas, rebasan los 20, son ya casi 30. Y esa es otra manera de reprimir”, advierte Camarillo Carbajal.

jueves 12 de abril de 2012 México, segundo país con más violaciones a los Derechos Humanos en América Latina

CIMAC

Ante la ineficacia del Estado mexicano para proteger la vida e integridad de las y los activistas durante 2011, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó seis medidas cautelares a favor de dos organizaciones civiles y 35 personas.


El informe anual 2011 que la CIDH presentó ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) el pasado lunes, revela que Chihuahua, Guerrero, Tamaulipas y Chiapas -entidades donde se otorgaron las medidas de protección- se mantienen como focos rojos para las y los defensores de Derechos Humanos (DDHH).

Los datos proporcionados por la CIDH indican que por tercer año consecutivo México es el segundo país de América Latina con más denuncias por violaciones a los DDHH sólo detrás de Colombia, toda vez que en 2009 se presentaron 232 casos, 267 en 2010, y en 2011 la cifra llegó a 273 demandas contra el Estado mexicano.

El 19 de mayo de 2011 la CIDH otorgó medidas cautelares a favor de las y los activistas Patricia Galarza Gándara, Francisca Galván, Oscar Enríquez y Javier Ávila, todos de Chihuahua y quienes son representantes legales de la familia de Rocío Irene Alvarado Reyes, Nitza Paola Alvarado Espinoza y José Ángel Alvarado Herrera, desaparecidos desde diciembre de 2009.

Varios familiares y uno de sus representantes ya eran beneficiarios de medidas provisionales dictadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), sin embargo ante los constantes actos intimidatorios las y los luchadores sociales decidieron solicitar medidas cautelares a la CIDH.

A su vez, el organismo internacional pidió al Estado mexicano adoptar las medidas necesarias para garantizar la vida y la integridad de los cuatro activistas y acordar las medidas que se adoptarán con los beneficiarios y sus representantes.

El 19 de mayo de 2011 la CIDH también otorgó medidas cautelares a Rosa Díaz Gómez y otros 18 integrantes del ejido Jotolá, en Chiapas, quienes han sido agredidos y amenazados por defender su derecho a la propiedad de la tierra.

En el caso de Guerrero, la CIDH brindó medidas cautelares para Javier Torres Cruz, asesinado el 18 de abril de 2011 cerca de la comunidad La Morena, en el municipio de Petatlán, presuntamente por defender el medio ambiente.
Con estas medidas se tiene como objetivo proteger a la familia de Torres Cruz que, de acuerdo con información recibida por el organismo, continúa en una situación de riesgo pues se han percatado que vehículos desconocidos vigilan su casa.

También se ordenaron acciones cautelares para el activista Víctor Ayala Tapia, quien desapareció el 14 de septiembre de 2010 en Tecpan de Galeana, Guerrero.

En el estado de Tamaulipas, la CIDH pidió a las autoridades mexicanas garantizar la vida y la integridad de los miembros de la Casa del Migrante Nazareth y del Centro de Derechos Humanos de Nuevo Laredo. Además otorgó medidas cautelares a 10 personas desparecidas en la entidad, con el fin de que las autoridades hagan todo lo posible por localizarlas.

En el reporte también se precisa que durante 2011 la CIDH admitió a nivel regional 67 informes, 11 los declaró inadmisibles, aprobó ocho de solución amistosa, archivó 54, publicó 25 informes de fondo y cinco sobre el fondo, además envió 23 casos a la CoIDH.

Cabe mencionar que el año pasado la CIDH admitió tres casos contra México que tienen que ver con la falta de protección judicial, de éstos destaca el de tortura sexual de 11 mujeres detenidas en los operativos policiacos de 2006 en San Salvador Atenco y Texcoco, Estado de México.

Ese caso actualmente es revisado por la Comisión, y eventualmente decidirá si pasa a la CoIDH para que determine las responsabilidades del Estado mexicano.

Ernesto Cardenal, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

El poeta nicaragüense, enfrentado desde hace años con la cúpula sandinista, es una de las figuras clave de la lírica hispánica

 

Día 03/05/2012

Si el descomunal Walt Whitman hubiera sido granadino, de la Granada nicaragüense, se habría llamado Ernesto Cardenal. Pocos poetas como este sacerdote de la liberación y en tiempos ministro y convencido sandinista han puesto en verso las peripecias del hombre y sus circunstancias en las últimas décadas.
Cardenal ha sido galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, una de las más altas distinciones de las letras hispánicas. Además, con este fallo, el jurado ha roto una tradición no oficial pero tácita, según la cual el premio va cada año a una orilla distinta del Atlántico. El galardón está dotado con 42.100 euros y reconoce «el conjunto de la obra poética de un autor vivo».
El jurado que ha fallado el premio, que se ha dado a conocer en el Palacio Real, estuvo formado, entre otros, por José Manuel Blecua, Antonio Lobo Antunes, Soledad Puértolas, José Manuel Caballero Bonald, Luis Antonio de Villena, Jaime Siles y Luis Alberto de Cuenca.
En la pasada edición la triunfadora fue la cubana Fina García Marruz, por lo que en principio debería «tocar» un poeta español. Pero no ha sido así.
Sin embargo, solo cabe felicitarse ante esta distinción obtenida por el poeta nicaragüense, que durante casi seis décadas nunca ha dejado de sorprender al planeta literario con su poesía siempre arriesgada, sobrecogedoramente humana, atenta a los problemas sociales, a los pobres, a los desposeídos, a los desarraigados. Poeta a pie de calle, a pie de obra. Poeta siempre de guardia.
Pero poesía con gran altura de miras filosófica, que sitúa al hombre en el centro de su discurso pero que no deja de mirar a las estrellas, a los planetas, a las fuerzas de la Naturaleza, como recogió en ese nerudiano y whitmaniano libro que fue «Canto cósmico», una de las obras trascendentales de la poesía hispánica contemporánea, en la línea del «Canto general» del Nobel chileno y el «Canto a mí mismo» del autor de «Hojas de hierba».
Hombre capaz de escribir poemas a bordo un avión, de retirarse a un monasterio norteamericano para resarcirse de algunas derrotas políticas, de crear una comunidad católica ascética y de estrictísimas y austeras normas de convivencia como la que levantó en la isla de Solentiname, en el lago de Lago Cocibolca, episodio que luego plasmaría en el hermosísimo libro «El Evangelio de Solentiname», nadie puede olvidar la reprimenda que le infligió el Papa Juan Pablo II en el aeropuerto de Managua, ni nadie puede olvidar tampoco que fue de los primeros prohombres de la cúpula sandinista en discrepar con los hermanos Ortega, y abandonar finalmente el partido. Experiencia ideológicamente traumática que reflejó en uno de sus libros de memorias, «La revolución perdida».
Ernesto Cardenal, amurallado tras sus barbas y sus canas whitmanianas, cubierto por su boina a lo Che Guevara, granadino de la Granada nicaragüense, bien podría ser homenajeado con aquellos versos de otro poeta por él admirado, Octavio Paz en su memorable «Piedra de Sol», porque también como el mexicano ha sabido con sus palabras poner los signos en rotación, los signos del hombre y los signos del Universo. «Amar es combatir, es abrir puertas, dejar de ser fantasma con un número...». 

FUENTE: ABC.ES

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