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miércoles, 6 de septiembre de 2017

I’m dreamer… Sylvia Teresa Manriquez

Columna “Voltear la hoja”
Por Sylvia Teresa Manríquez

I’m dreamer…

La encontré en la línea que divide los dos países, su rostro joven mostraba el  desencanto, preocupación y coraje que estaba sintiendo.
Yo no estoy aquí porque quiero… No… - me dijo – me trajeron desde muy niña, yo ni idea tenía de lo que pasaba…
Sabía de las deportaciones pero nunca creí que me tocaría. Como ya estoy estudiando el “college” y trabajando, no creí que a mí me tocaría... No sé qué haré… A mi mamá la deportaron antes, no sé qué vamos a hacer…
Me dicen dreamer pero ¿quién no es dreamer? ¿Quién no tiene sueños?
No quiero imaginarme que tendré que vivir en un país donde ya nadie sueña…

Este fragmento de cuento me hace voltear hacia las y los jóvenes llamados “dreamers”, muchos se están viendo forzados a cambiar su vida, quizá por segunda o tercera ocasión.
Tienen que regresar a la tierra de origen donde ya no son reconocidos como hijos e hijas, sin hablar correctamente su lengua materna ni compartir costumbres.
Sin ser comprendidos pero sí criticados, señalados.
Hace unos días escuché a un periodista en televisión. En apenas un centenar de palabras hizo un análisis con el que desacuerdo.
Entre otras cosas se aventuró a decir que los dreamers deportados vendrán a ocupar campos en las universidades que deberían ser para las y los jóvenes que han vivido siempre en México.
Creo que el periodismo debe practicarse con responsabilidad para no desinformar.
Cierto es que México tiene un serio problema con los llamados ninis,  jóvenes que  no encuentran trabajo ni cupo de primer ingreso en escuelas de educación media y superior, porque faltan más y mejores oportunidades para ellos.
Cierto es también que las y los dreamers no vendrán a quitarles esas oportunidades. Ellas y ellos ya están estudiando, requieren la revalidación de estudios y continuar con una carrera iniciada en otro país, cosa que se advierte difícil pero no injusta, o quizá injusta para ellos mismos que obligadamente cambian su vida.
La situación que nos toca vivir requiere sensatez para ser interpretada y compartida en los medios.  No se vale crear más espacios para la separación y la desinformación.
Lo sabemos las y los ciudadanos que hemos sido testigos de conflictos que dejan a las comunidades dolidas y separadas.
Los dreamers fueron llamados así por el congreso estadounidense en alusión a un proyecto de ley que brindaba alternativas a pesar de su estatus como ilegales. Niñas, niños y jóvenes indocumentados que han pasado casi toda su vida en los Estados Unidos, trabajando, estudiando, aunque por esto mismo se identifican  más como estadounidenses.
Además, sus remesas sostienen  una parte importante de la economía mexicana, algo de lo que se habla poco, y curiosamente las y los dreamers también aportan al país que los margina, lo que me hace pensar en la migración como el fenómeno humano que es.
Porque ¿Cómo se imaginan la vida de una niña que tiene que vivir en la incertidumbre y el miedo al mismo tiempo que se tramita la vida, la sobreviviencia?
Pienso que debemos cambiar el discurso, los dreamers son sobrevivientes, no enemigos ni extranjeros y están ya tocando de retorno a nuestra puerta.
¿Los dejaremos entrar o haremos que entren a la fuerza?

Postdata: Agradezco al maestro Rafael Amor que desde España nos deja un mensaje empático sobre la problemática mundial de ser expulsados de la patria, algo que él mismo conoce bien. El agradecimiento para el autor de “No me llames extranjero” por legar a la humanidad canciones que son himnos.


@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com

viernes, 25 de agosto de 2017

Rosario Sansores Prén

Cuando tú te hayas ido (Fragmento)
Y en la penumbra vaga de la pequeña alcoba
donde una tibia tarde me acariciabas toda,
te buscarán mis brazos, te buscará mi boca,
y aspiraré en el aire aquel olor a rosas...

Rosario Sansores Prén (Mérida, Yucatán; 25 de agosto de 1889  Ciudad de México; 7 de enero de 1972). Fue una poeta mexicana, conocida por obras como Cuando tú te hayas ido, poema que sirvió de base al pasillo Sombrasmusicalizado por el compositor ecuatoriano Carlos Brito BenaVIDES.

Fue hija de Juan Ignacio Sansores Escalante y Laura Prén Cámara. A los catorce años de edad se casó con el cubano Antonio Sanjenís, con quien se fue a radicar a La Habana. En 1918, cuando Rosario Sansores tenía 29 años, falleció su esposo. Volvió a México, y específicamente a la capital, en donde fue columnista de la sección de sociales en los periódicosHoy y Novedades. Publicó obras de poesía como Mientras se va la vida (1925) y Rutas de emoción (1954). Sansores se declaraba contraria a las tendencias modernas de la poesía (de mediados del siglo XX), y se declaraba cursi:
Sí, sí, la gente dice que soy cursi. Imagínate si no voy a saberlo. Pero no me preocupa. Al contrario, me halaga. La gente que sabe que soy cursi demuestra que me ha leído, y eso el lo único que importa.
A pesar de que sus poemas sirvieron de base para la creación de numerosas canciones en América del Sur —especialmente en Ecuador y Colombia—, Rosario Sansores visitó en muy pocas ocasiones aquellas tierras. De hecho, en Ecuador sólo estuvo una vez, en 1967, cuando el ayuntamiento de Guayaquil le concedió un premio literario.
Fuente wikipedia.

Para quienes vienen después.

 Columna “Voltear la hoja”
Por Sylvia Teresa Manríquez

Para quienes vienen después.
Ana atisba nerviosa desde la banqueta de su casa hacia la calle por donde verá llegar a su hija. Le preocupa el retraso porque anticipa el regaño enérgico de su pareja y padre de la joven, como sucede cada vez que ella llega tarde.
Efectivamente la joven tuvo que aguantar violencia verbal por parte de su propio padre, a pesar de que explicó que no había podido comunicarse ya que su novio le quitó el celular asegurando que ella solo lo usa para coquetear con otros hombres.
Ana y su hija forman parte del 66% de mujeres que  enfrentan violencia en este país, según la ENDIREH 2016 (Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares).
Si bien leer encuestas es tedioso, son importantes porque nos dicen quienes somos y en el caso de la ENDIREH, lo que sucede en nuestros hogares, en cuanto a violencia padecida por mujeres.
La ENDIREH 2016 habla sobre las relaciones de las mujeres con las personas que forman sus hogares, centros de trabajo, escuelas y  comunidad, para detectar que tipo de violencia padecen.
Generalmente se destacan las cifras globales, como el 66% que se menciona al inicio de este texto. Sin embargo, el trabajo realizado en este estudio es amplio, hay algunas cifras puntuales que  vale la pena mencionar.
En el apartado de Violencia en mujeres de 60 años y más, se nos informa que apenas el 15% de las mexicanas tiene 60 años o más. En los últimos doce meses el 17% sufrió algún tipo de violencia, física, económica, patrimonial o emocional.
La mayoría de ellas, el 70%, depende económicamente de otras personas, y cuidan a sus nietos, nietas, sobrinos y sobrinas. El resto, 30%, ayudan o mantienen económicamente a por lo menos una persona más.  El 17% tiene una enfermedad o discapacidad que no les permite desplazarse solas.
Significa que de nuestras mujeres adultas mayores sólo la tercera parte son autosuficientes y cuidan a otros integrantes de su familia.
Ser mujer en este país es un factor  de riesgo para padecer violencia, más cuando se tienen muchos años de vida y no se pueden valer por sí mismas.
La encuesta incluyó preguntas sobre los sobre los roles que socialmente se espera ejerzan hombres y mujeres.
La mitad de las mujeres que trabajan opinan que  descuidan a sus hijas e hijos, aunque la encuesta no aclara a que se debe ese descuido.
También indica que la mayoría opina que son igual de responsables que los hombres de llevar dinero al hogar.
Lo más importante es como los resultados de la encuesta reflejan la presencia de violencia en todos los ámbitos de nuestra vida, principalmente las mujeres y como la estamos visibilizando.
Por ejemplo, el 90% de las encuestadas no están de acuerdo en que las mujeres casadas deben tener relaciones sexuales con su esposo siempre que él quiera.
Poco más de la mitad está de acuerdo en que las mujeres deben tener derecho a salir solas por la noche a divertirse y poco más de la tercera parte coincide en que no deben usar escotes para evitar que las molesten los hombres.
Ana y su hija forman parte del 10% de mujeres  que son víctimas de actos violentos por parte de algún integrante de su familia y del 44% sujetas a violencia de pareja.
La violencia se ha generalizado en nuestro país, por eso es importante  entender cifras que nos alertan de cómo y en donde se ejerce.
Leer tanto dato duro resulta cansado, si logró continuar con la lectura hasta este punto estoy segura que le preocupa como hemos ido normalizando las situaciones violentas en todos los ámbitos del quehacer humano, escolar, laboral, comunitaria, familiar, de pareja y contra las mujeres.
La ENDIREH aporta información que vale la pena entender, para tener la oportunidad de tramitar espacios de vida sin violencia para nosotros y para quienes vienen después de nosotros.
@SylviaT    sylvia283@hotmail.com

miércoles, 12 de julio de 2017

Aquí el link para leer directamente en la página del Diario La Verdad https://view.publitas.com/p222-4948/edicion-12-de-julio-2017-hermosillo/page/12-13
Dar click o copiar y pegar en la barra de direcciones de su computadora.

Columna “Voltear la hoja”
Por Sylvia Teresa Manríquez

A la vuelta de cualquier esquina

Me llegará lentamente
y me hallará distraído
probablemente dormido
sobre un colchón de laureles… 
Con unas hebras de plata
me pintará los cabellos
y alguna línea en el cuello
que tapará la corbata.
Aumentará mi codicia,
mis mañas y mis antojos
y me dará un par de anteojos
para sufrir las noticias…
A lo mejor, más que viejo
seré un anciano honorable,
tranquilo y lo más probable,
gran decidor de consejos
o a lo peor, por celosa
me apartará de la gente
y cortará lentamente
mis pobres, últimas rosas.
Fragmento del poema La vejez de Alberto Cortez

Dice mi amigo Esteban que la vejez nos toma desprevenidos, porque ahorita es el momento en que los adultos de cuarenta años y más deberíamos tener ya, una casa propia, una pensión decente, un carro propio, y previsto qué haremos para los cuidados de salud que seguramente requeriremos cuando los años nos alcancen.
Propone crear comunidades o colonias donde, en la etapa de la vejez podamos vivir entre amigos, asegurarnos entre nosotros mismos las condiciones necesarias para sobrevivir con dignidad, y ser además, autosuficientes.
Piensa en departamentos adaptados a la vida de las personas adultas, lavandería, biblioteca, área médica, espacios de esparcimiento, como los centros que existen en otros países; en un ambiente de respeto, solidaridad y ayuda mutua.
Él cree que al vivir en grupo seremos capaces, protegernos, ayudarnos, hacernos compañía y asegurar que las necesidades básicas sean cubiertas, así se podrán resolver los problemas fácilmente y no se dependerá de hijos e hijas que puedan o quieran cuidarnos.
En las cifras brindadas por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en la Encuesta Intercensal 2015, dice que en México hay 12.4 millones habitantes; las personas de 60 y más años, representan poco más del 10% de la población total.
En Sonora no es diferente la estadística pues de los pocos más de 2 millones 850 mil habitantes que vivimos en este estado, 300 mil tienen más de 60 años, o sea casi el 11%.
Las cifras son engorrosas, cansadas, pero necesarias, porque nos ayudan a entender como somos y proyectar como seremos.
Por ejemplo, números del INEGI también indican que el 11% de las personas mayores viven solas. Según datos de 2014, más de la mitad los ingresos a los hospitales por hipertensión arterial fueron personas adultas mayores. Además, mueren más mujeres que hombres mayores de 70 años por este padecimiento.
La encuesta también señala que a inicios del 2016 solo el 30% de las personas de 60 años y más tenía trabajo. Además, casi el 30% de las personas en ese sector de población tiene algún tipo de discapacidad.
Cuando llegue el momento, quiero ser una persona que ya no tiene  trabajo porque estaré disfrutando de una merecida jubilación; quiero acudir a los centros médicos para confirmar la buena salud; quiero que  los encuentros con hijos e hijas sean para convivir y celebrar la vida y no alrededor de una cama de hospital.
Sin embargo, sé que en este momento en este país, no todas las personas adultas mayores gozan de las condiciones que les aseguren una vida en condiciones dignas. La falta de trabajo hace imposible la obtención de jubilación o pensión; no hay medios suficientes para asegurar, por lo menos, alimentación, vestido y techo. Además, el cansancio de quienes deberían ver la tarea de cuidar a sus mayores con entusiasmo se convierte en frustración e impotencia. Vale mencionar que las políticas públicas existentes no garantizan vida digna a quienes más la necesitan.
Por eso me gusta la idea de mi amigo Esteban, comunidades en las que vivir la última etapa de la vida sea algo digno y de merecido gozo.
Porque para todos la vejez está a la vuelta de cualquier esquina.
       
@SylviaT    sylvia283@hotmail.com



Plegaria

Ave María

Cuida al alma en su andar/

aleja la incertidumbre omnipresente/

bendice la sangre sin derramar/

fortalece al guardián,/

que la vida no cese/

la fe no desfallezca/

y la justicia no se extinga,/

del presente amordazado/

y la esperanza mutilada/

Santa Madre ampáranos./

Amén./



STM