jueves, 2 de julio de 2009

Un cuento, un deslinde y una convocatoria

El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)

Arturo Soto Munguía
chaposoto67@hotmail.com

Cuenta la leyenda que en un pueblito escondido, allá en lo alto de la sierra -que dirían Los Invasores-, había un comisario cuya vida transcurría en un bucólico coser y cantar, pues nada trastocaba la tranquilidad del paisaje.
Hasta que un día, llegaron unos hombres buscando al susodicho representante de la ley. Una ley, habría que decirlo, por encima de la cual no había nada ni nadie, excepción hecha de los amigos, cómplices, compadres y socios.
El señor autoridad, dicho sea de paso, nunca tuvo fama de valiente y diríase sin faltar a la verdad, que aunque era un sonorense bien nacido (cualquier cosa que eso signifique), y le gustaban los coricos y las coyotas, su perfil se acercaba más al del tipo que por acá coloquialmente se le conoce como culón.
Habrán de perdonar el término, pero los sonorenses hablamos así, golpeado y de frente (excepción hecha de aquellas ocasiones en que no tenemos ni fuero ni dinero para pagar un desplegado de apoyo).
Pues ahí tienen que aquellos hombres tocaron a la puerta de la comisaría, para informarle que a cerca de ahí se había perpetrado un asesinato, y requerían de su presencia para iniciar las investigaciones y deslindar responsabilidades, así como para dar con el paradero del o los asesinos, llevando el caso hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, faltaba más.
El comisario, aunque más sonorense que Héctor Aguilar Camín, no brillaba precisamente por su valor y arrojo, así que trató de excusarse:
-“La verdad sí me gustaría mucho ir, pero fíjense que mi caballo enfermó, y no tengo en qué hacer el viaje…”, se excusó, titubeante.
-“No se preocupe, comisario, sabíamos que su caballo andaba malito, así que le trajimos este, pa’que vaya pa’llá”, le respondieron los hombres, que como todo sonorense bien nacido, eran valientes, echados pa’delante y de hablar golpeado, excepción hecha de aquellas ocasiones en que había un muertito de por medio.
-“Ah, muchas gracias… pero fíjense que no han liberado los recursos de la partida 34 del Programa de Subsidio a la Seguridad en los Municipios, y no tengo pistola… Así no sirve de nada que vaya hasta allá”, intentó de nuevo el señor autoridad.
-“No se preocupe, comisario, vaya, yo le presto la mía”, le dijo uno de los hombres, que como todo sonorense franco, solidario y que le gustan las semitas y el café de talega, no vaciló en proporcionarle su arma con tal de que se cumpliera la ley caiga quien caiga y sin inventar culpables.
Pero el representante de la ley, que ya tenía conocimiento de que por aquellos parajes merodeaba una gavilla de facinerosos muy mal encachados y culeros, seguramente guachos, porque no les gustaba el béisbol ni las botas picudas, preguntó:
-¿Y cómo dicen que mataron a ese hombre?
-“Con un hacha… le partieron la cabeza con un hacha”.
-¡Ahhhhh, pues ahí está!, contestó el comisario en un largo suspiro de alivio. ¡Eso no es competencia mía!…
-“Pero si usted es el comisario”, alcanzaron a refunfuñar los informantes.
-Pues sí -dijo la autoridad-, pero a ver, ¿con qué dicen que lo mataron?
-“Con un hacha”.
-¿Ya ven?, ¡Ahí está la chingadera! Eso no está en el ámbito de mi competencia, ¡eso le corresponde a la Forestal!, dijo, y se metió en chinga a su oficina.
Hasta ahí el cuento; ahora sigue el deslinde.
Chistoretes aparte, el federalismo mexicano sólo ha servido para que cada nivel de gobierno asuma a medias, o de plano evada las responsabilidades que le corresponden.
El abordaje que se le dio a la tragedia en la guardería ABC, de Hermosillo es un ejemplo típico, con el agregado de que el discurso oficial estatal está infestado de una xenofobia bananera que el gorila Micheletti ya quisiera para partirle su madre a todos los países de la OEA juntos, un domingo en Honduras.
Si los globalifílicos de rancho suponen que la aldea global se acaba en el casco viejo de su hacienda, y que de Villa de Seris (o Estación Don) hacia el sur todos son ‘guachos come-ranas’, pues es muy su modo de interpretar la realidad.
Lamentable, sin embargo, viniendo de quienes tienen la responsabilidad de gobernar en estos tiempos de integración, tolerancia, diversidad, inclusión y no sé cuantas cosas tan difundidas como ‘valores’.
Pero convertir ese regionalismo ramplón en el eje que cruza todo el ejercicio de gobierno, puede resultar muy peligroso.
El gobernador Eduardo Bours y su grupo compacto se han pintado la cara de guerra en una ridícula cruzada contra los ‘guachos’, para fundamentar la defensa de las fronteras, y salvaguardar el imaginario Castillo de la Pureza habitado por puros sonorenses ‘bien nacidos, honestos, valientes, trabajadores, echados pa’delante’ y demás sandeces.
Si así piensan, muy su modo y muy su tono.
Pero utilizar los medios de Estado, particularmente la radio y la televisión para adoctrinar a la población con su xenofobia bizarra, puede inocular el virus de una nueva tragedia.
Una cosa es que alguien siga creyendo en la superioridad de raza y otra, muy otra, es que ese alguien tenga a la mano el dinero público y el poder de los medios de comunicación, para arengar a la gente del modo en que se está haciendo.
No quisiera estar aquí el día en que un niño, ‘sonorense bien nacido él’, le machaque la cabeza a un compañerito de escuela -como ya sucedió alguna vez-, tan sólo porque tiene un tono diferente al hablar.
Yo paso.
Sobre todo porque entre quienes han hecho suya la xenofobia boursista, varios hay que deberían limpiarse bien la boca cuando hablan de ‘valores’.
Hasta aquí el deslinde. Sigue la convocatoria.
Mañana, la sociedad civil hermosillense realizará la quinta marcha por la justicia. En Hermosillo, el punto de partida serán las instalaciones de la guardería ABC, en la colonia Y Griega, hasta la plaza Emiliana de Zubeldía, en la Universidad de Sonora.
En algunos municipios del estado también habrá movilizaciones, así como en el Distrito Federal.
Para que la impunidad no campee; para que la justicia no se haga sólo en los bueyes de mi compadre; para que no se vuelvan a repetir tragedias como la muerte de todos esos niños de la guardería ABC, hay que estar ahí, puntuales.

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