martes, 13 de noviembre de 2007

Hoy se presenta el libro de Josefa Isabel Rojas

Un pelo como crin



Tengo encima un don o una mala carga. Desde que era niña, muchas personas consideran que quieren darme y contarme su vida, costumbres, obra y milagritos. Así, me he enterado de algunas historias chuscas, ridículas, grotescas, terribles, tristes o espantosas. Relatos que involucran a personas que desconozco y desconoceré por siempre, historias de muertos a quienes nunca vi., anécdotas de ausentes que no volverán. Tal vez nadie lo crea, pero caminando alguien que no sé quién es me ha detenido y me ha dicho que quiere platicar conmigo, contarme algunas cosas, problemas, alegrías, platicar. Personas que me dicen que saben que yo sé escuchar, que lo presienten. Sé que es difícil de creer, parece invento. Algunos de los hechos que me han narrado son, de verdad, inconfesables y no entiendo cómo es que una mujer, o un hombre pueden, de pronto, como si se abrieran el cofre del pecho dar ese regalo, vaciar ese golpe a una desconocida que tendrá que cargar Con él para siempre. Lo peor es cuando los personajes de esos argumentos tan espontáneamente desperdigados son personas conocidas y lo que me han contado de ellos es denigrante, o penoso, o divertido. No puedo verlos a la cara sin preguntarme si será cierto, si se orina en la Cama, tan grandote, si habla sola, si llora cuando hay luna llena, si se viste de rana, si no se baña, si no toca a su esposa, si es virgen, si le apesta horrible la boca, si tiene hongos en los pies, si nunca lee, si tiene un pelo como crin en la espalda, si tiene las rodillas verdes, si es impotente, si es frígida, si nunca duerme... También hay quien obsequia maravillas, ciudades hermosas, animales fantásticos, emociones gloriosas. Algún día tal vez me atreva a escribir tantas verdades. Algún día me atreveré a escribirlas como mentiras. Algún día encontraré la llave para abrir el cajón donde he guardado tanta vida ajena.

Asi inicia "Casi un cuento" , el mas reciente libro de la poeta y narradora canense Josefa Isabel Rojas, editado por Oasis, La cábula y el H. Ayuntamiento de Cananea.
la presentación se llevara a cabo este martes 13 de noviembre en restaurante La mancha, Yañez y Morelia, a las 8 de la noche.



La reconocida poetisa tendrá como presentadores a los escritores Raúl Acevedo Savín y Carlos Sánchez.
Casi un cuento es una compilación de relatos que abordan la cotidianeidad, haciéndola trascender. Es la magia en la palabra. En cada uno de los textos, Josefa saca de la chistera esa nostalgia de vivir observándose en el recuerdo, el pasado, el presente.


Josefa Isabel Rojas es egresada de la carrera de Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora, cuenta en su haber las publicaciones Para que escampe, Detenerte tanto, entre otros.
Josefa es considerada como una de las poetas más importantes que ha dado Sonora, tanto por su calidad literaria como por su labor de promoción y difusión de la lectura.
Actualmente trabaja en la Biblioteca Pública Mexicana de Cananea, en su ciudad natal, y coordinadora de Universidad Pedagógica Nacional (subsede Cananea).

viernes, 9 de noviembre de 2007

aportacion de Marco Antonio Gonzales, de Nuevo León


(El Nobel del 27: Vicente Aleixandre)

CANCIÓN A UNA MUCHACHA MUERTA

Dime, dime el secreto de tu corazón virgen, dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra, quiero saber por qué ahora eres un agua, esas orillas frescas donde unos pies desnudos se bañan con espuma.

Dime por qué sobre tu pelo suelto, sobre tu dulce hierba acariciada, cae, resbala, acaricia, se va un sol ardiente o reposado que te toca como un viento que lleva sólo un pájaro o mano.

Dime por qué tu corazón como una selva diminuta espera bajo tierra los imposibles pájaros, esa canción total que por encima de los ojos hacen los sueños cuando pasan sin ruido.

Oh tú, canción que a un cuerpo muerto o vivo, que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme, cantas color de piedra, color de beso o labio, cantas como si el nácar durmiera o respirara.

Esa cintura, ese débil volumen de un pecho triste, ese rizo voluble que ignora el viento, esos ojos por donde sólo boga el silencio, esos dientes que son de marfil resguardado, ese aire que no mueve unas hojas no verdes.

¡Oh tú, cielo riente, que pasas como nube; oh pájaro feliz, que sobre un hombro ríes; fuente que, chorro fresco, te enredas con la luna; césped blando que pisan unos pies adorados!


VICENTE ALEIXANDRE


Nos separamos
Y ahora me quedo solo
A la sombra del árbol

Masaoka Shiki

lunes, 5 de noviembre de 2007

LA COMIDA




Mi comadre Linda y la comadre Ceci.







En el orden acostumbrado:


Arriba: Lupita García. Rosario Paez, Leonardo Félix, Sylvia Manriquez,


Abajo: Elsa Nuñez, Blanca Cañedo y Gpe Gálvez.

jueves, 1 de noviembre de 2007

¡¡¡ FELIZ CUMPLEAÑOS MI AMOR !!!

¿Lo conocen? Es el Ing. Gpe. Gálvez y el 02 de Noviembre cumple años. Mi compañero en este camino que es la vida.
¡Brindo por tí, mi amor!

martes, 30 de octubre de 2007

MI CORAZÓN SE SIENTE SATISFECHO, José Angel Buesa

MI CORAZÓN SE SIENTE SATISFECHO

Mi corazón se siente satisfecho
de haberte amado y nunca poseído:
así tu amor se salva del olvido
igual que mi ternura del despecho.
Jamás te vi desnuda sobre el lecho,
ni oí tu voz muriéndose en mi oído:
así ese bien fugaz no ha convertido
un ancho amor en un placer estrecho.
Cuanto el deleite suma a lo vivido
acrecentado se lo resta el pecho,
pues la ilusión se va por el sentido.
Y, en ese hacer y deshacer lo hecho,
sólo un amor se salva del olvido,
y es el amor que queda insatisfecho.

José Angel Buesa



José Angel Buesa nació el 2 de septiembre de 1910 en Cruces, provincia de Las Villas, Cuba. Era un poeta romántico con un claro tono de melancolía a través de toda su obra poética, que es primordialmente elegíaca. Se le ha llamado el "poeta enamorado", fue posiblemente el más popular de los poetas en Cuba en su época. Su popularidad se debía en gran parte a la claridad y profunda sensibilidad de su obra. Muchos de sus poemas han sido traducidos al inglés, portugués, ruso, polaco, japonés y chino. Otros muchos han sido musicalizados o recitados en unos 40 discos de larga duración. Fue también novelista y escritor de libretos para la radio y la televisión cubanas, también fue director de célebres programas radiales en las estaciones RHC-Cadena Azul y CMQ.
Comienza a escribir a los 7 años de edad, trasladándose posteriormente a
Cienfuegos para estudiar en el colegio de los Hermanos Maristas. El ambiente de ésta localidad ejercerá su influjo en su obra posterior. Aún joven, se traslada a La Habana a trabajar, consiguiendo tiempo para tomar parte de los grupos literarios de su época.
En los últimos años de su vida, vivió como exilado fuera de Cuba y se dedicó a la enseñanza, ejerciendo como catedrático de
literatura en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña en la República Dominicana. Murió allí el 14 de agosto de 1982.

FUENTE de la Biografía: Wikipedia

lunes, 29 de octubre de 2007

LUNAS DE OCTUBRE

SE PUBLICÓ EN EL PERIODICO ZETA DE BAJA CALIFORNIA



Las exitosas Lunas de Octubre
El Encuentro de Escritores de La Paz se perfila como uno de los sucesos literarios más importantes del Noroeste. “Por su calidad y calidez”, aspira al de Hermosillo, dijo Elsa de la Paz, directora del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. “Ya nadie lo para”, resaltó el orquestador del evento, Edmundo Lizardi.
Por Enrique Mendoza Hernández

La Paz, BCS.- En un ambiente informal y desenfadado tuvieron lugar presentaciones de libros, lecturas de poetas y narradores durante las Lunas de Octubre Californiada 2007, efectuadas del 18 al 20 de octubre, tanto en La Paz como en Cabo San Lucas. El evento literario auspiciado por el liderazgo del escritor Edmundo Lizardi, definitivamente le sigue los pasos muy de cerca al Encuentro Hipanoamericano de Escritores organizado por Raúl Acevedo Savín en Hermosillo, Sonora.
Savín anuncia su próxima novela

El responsable del formato dinámico y flexible de Horas de Junio, el cual es bien emulado por Lunas de Octubre, anunció su próxima novela, titulada “Isla de Cedros sin Adriana”, misma que será publicada a principios de 2008 y editada por alguna universidad del norte aún por decidir. Raúl Acevedo Savín deleitó a los presentes con un extracto de su obra; las risas gozosas abundaban.
PARA LEER COMPLETO ESTE CAPITULO DE LA NOVELA DE JEFF DURANGO DA CLICK EN EL SIGUEINET LINK
De la cárcel
En una de las mesas, Carlos Sánchez leyó un texto de una reclusa de Hermosillo, Sonora. Se trata de Silvia Arvizu, una sentenciada a 20 años de prisión:“Si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red / tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca y tu lunes de hastío / o tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento / y te deja abrazada una duda en mi cama de la calle desnuda”. ("A la orilla de la chimenea" Joaquín Sabina)
Arvizu no deja de escribir ni leer, y confiesa desde la cárcel hermosillense: “Escribir desde la prisión no ha significado una diferencia de cuando lo hacía fuera, recuerdo de alguien que decía que escribir era como respirar, nunca me han gustado los fanatismos, ni los excesos, siento que escribir es como caminar, lo hago cuando tengo ganas o cuando lo necesito. Cuando escribo, no lo hago pensando que siempre habrá alguien que lea, a veces lo hago sólo para mí, a veces para nadie, no siempre espero una reacción... al igual que cuando camino, a veces lo hago sólo por hacerlo, sin pensar en llegar algún lado”.

Concurso de Calaveras


CLARA LUZ MONTOYA NOS HACE LLEGAR ESTA INVITACION:


La Coordinación Estatal de Bibliotecas y Salas de Lectura adscrita al Instituto Sonorense de Cultura les invita a visitar el altar de muertos instalado en honor de Don Gilberto Escobosa Gámez el cual se inaugurará el próximo día lunes 29 a las 11 de la mañana en las instalaciones de Biblioteca Central, ubicada en Guerrero s/n y Gastón Madrid, asimismo aprovechamos para invitarle a:

1.- CONCURSO DE CALAVERAS, Gánate una cena para dos personas escribiendo calaveras inspiradas este año en Don Gilberto Escobosa, para lo cual el Hotel Colonial patrocinador del evento, ofrece una cena para dos personas como premio a la mejor calavera seleccionada por el jurado calificador, interesados enviar sus calaveras al fax 212-34-17 y 2170691 o al correo electrónico
claramontoyal@hotmail.com (El cierre de la convocatoria es el miércoles 31 de octubre a las 3 de la tarde).

2.- PREMIACIÓN del Certamen de Investigación sobre el día de muertos y la premiación de la Mejor Calavera a Don Gilberto Escobosa este jueves 1 de noviembre a las 11:30 de la mañana.

domingo, 28 de octubre de 2007

Algo de MIGUEL ANGEL AVILES CASTRO


Cuento Publicado en el libro "Ingratos Ojos mios" Obra ganadora del concurso del libro sonorense 2003, en el género crónica.

Don Guillermo

"Te vas, ángel mío,
ya vas a partir,
dejando mi alma herida
y un corazón a sufrir.
Te vas y me dejas
con inmenso dolor, recuerdo inolvidable
de aquel lado de tu amor"...
Cantan: Los Alegres de Terán


Los codos en el mostrador, la vista puesta en la banqueta, don Guillermo, adentro, esperaba el mediodía para vendemos el olor y el misterio.
Don Guillermo, venido de Cachanía y hacedor de pan del bueno, casóse alguna vez con doña Chacha y, para fortuna nuestra, harán los años, hará la desmemoria, escogió el frente de la Escuela Primaria Benito Juárez para instalar su changarro y sus tesoros.
Con el pelo ya haciendo maletas, bigote ralo bordeando la nariz, guayabera blanca bienmeacuerdo, don Guillermo fue el tendero elegido por todas las generaciones de escolapios, el más próximo a la campana del recreo, a la hora de la salida o después del encargo de tareas.
Hacíamos la roncha y en lugar de tres tostadas con chile nos comíamos una. Desairábamos las tortas de carne deshebra­da que cocinaba en la cooperativa la mamá del Martín García, no comprábamos bolis, le pedíamos fiado el ceviche al maistro que lo vendía por entre el cerco de la escuela y, con las bolsas de los pantalones llenas de veintes de cobre y seis libros aga­rrados como mazo de elotes, diariamente, a las doce y media para ser exacto, le caíamos puntuales a don Guillermo para es­perar la salida del pan recién horneado, acompañado con una soda chiquita y conocer las últimas aventuras de los héroes que malabareaban sobre un tendedero que cruzaba todo lo ancho de la tienda, por encima de los botes de Mayonesa grandes lle­nos de gomitas y dulces "Tomy", por debajo de las latas polvo­sas de sardina colocadas en tembeleques pedazos de madera incrustados en la pared.
Con desesperación, al tropiezo y al empuje, todos llegá­bamos en bola exigiendo la sodita, exigiendo nuestro pan. Don Guillermo escuchaba la tropelada, le daba un golpe leve al mostrador y se metía sonriendo hasta el fondo de la casa, supervisaba el horno de arcilla construido con sus manos, echaba el último vistazo a las charolas y, tomando dos toallas como guantes, volvía con nosotros, trayendo las conchitas que horas antes había amasado con huevo, levadura, canela y azú­car glass.
Así como llegaban, se iban. Un pelear de manos sobrevo­laba la charola y don Guillermo, regocijado por el éxito de su repostería, se daba tiempo para la provocación: "Grítenle cara de tortilla a la Chacha y les regalo un pan", retaba al puñado de chamacos y, expectante, paraba oreja deseoso de escuchar a algún valiente.
Las conchitas de don Guillermo nos regresaban a la vida y nos humeaban el estómago. Paladeábamos la quemante masa y, como apagón, nos empujábamos la pepsi helada en un disfrute que se reflejaba en los ojos vidriosos a punto de la lágrima.
Todos con la concha en mano ya mordida, la soda chi­quita en la otra, los libros tirados en el piso rústico, y el esó­fago de cada uno dándole el paso a una masa convertida pa­ra entonces en engrudo oscuro, nos disponíamos a dar el re­mate, para ello tirábamos la zorra al tendedero de don Gui­llermo y, con la mano empuñando la conchita, le apuntába­mos al ejemplar elegido, la aventura que había quedado inconclusa o el misterio que ese día, inútilmente, queríamos despejar.
Prendidos con ganchos para la ropa, encajados sobre un pedazo de ixtle que le servía de tendedero, estaban todos los cuentos que don Guillermo, semana tras semana, traía desde la Librería Ramírez para deleite del montón.
Nutrida era la lista: Red Rider, Hoopalong Cassit{y, Gene Au­trey, Los tres Vil/alobos, El Payo, y todo el repertorio de Walt Dis­ney en su serie Avestruz, Águila y Colibrí eran el cortejo de quien comandaba la lista y, sin duda, era la preferencia de los permanentes lectores: Kalimán. Kalimán contra Humannon, Kalimán contra Karma, Kalimán contra la Bruja Blanca, Kalimán en color sepia, Kalimán olien­do a tinta, Kalimán metido en ese traje impecable que no pa­recía de su talla, acompañado de So/ín en su eterna juventud y siempre fiel como el Papa, invencibles los dos, bajaban del tendedero de don Guillermo quien, en una más de sus estra­tegias comerciales, daba la oportunidad de adquirir o de ren­tar el ejemplar en turno, cada semana, todos los días, senta­dos en la alta banqueta de cemento y debajo de aquel árbol que cobijaba más de diez cabezas zambullidas en el enésimo riesgo que corría Kalimán, el hombre increíble, el que llegaron a transmitir hasta por la radio, donde una voz lenta, venida como de ultratumba, daba los créditos del reparto: "En el pa­pel de Solín, Luis de Alba... y, en el papel de Kalimán... el pro­pio Kalimán".
Don Guillermo estaba dispuesto a servimos, pero no que­ría traiciones, por eso, una vez hecho el trato, esperaba unos minutos y, traspasando el mostrador, celoso salía hasta la banqueta para corroborar que quien le había rentado el Kalimán fuera el mismo que lo estuviera leyendo o cuando menos lo tu­viera en sus manos.
La tienda de don Guillermo fue un salón más de la Escue­la Benito Juárez. A don Guillermo, junto con la profesora Egri­selda, la profesora Socorro, el profesor Humberto, la profesora Norma, el profesor Murrieta, el profesor Rubén, también le de­bemos una parte de la enseñanza y la entendedera, porque es­tar ahí era clase y recreo al mismo tiempo.
Al lado del libro de Español, del libro de Matemáticas, del libro de Ciencias Naturales, del libro de Ciencias Socia­les, se estiba el Kalimán y sus páginas de angustia y de zozo­bra delirante.
A don Guillermo se le debe la resaca sabrosa de la añoran­za. A don Guillermo se le deben los regaños que nos pegó en sus delirios y altas temperaturas que anunciaban el final.
Cerrados los ojos, postrado en la cama, cuentan que don Guillermo en el ocaso hablaba solo y nos ofrecía conchas y sodas chiquitas. Nos rentaba el Kalimán y salíamos a leerlo afuera.
Don Guillermo no era invencible como los comics que col­gaban de su tendedero. Don Guillermo se fue: murió solamen­te una vez, y nada más.



viernes, 26 de octubre de 2007

Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007




Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007
“Nuestra historia deja ínfimo espacio para la utopía”
Edmundo Bracho


Doris Lessing dice que parte de su rutina diaria es dar de comer a los pájaros de su vecindario, temprano en la mañana. Muy temprano. Cuando son las 6 am ya ha regresado de su encuentro aviar y comienza a preparar su desayuno, para iniciar su trance redaccional lo más próximo posible a las nueve de la mañana. Lo hace de modo sistemático, y lo ha venido realizando durante los últimos 26 años desde un austero escritorio, en su modesta casa en el norte de Londres, no muy distante del estadio del mítico club de fútbol Tottenham Hotspur y del famoso cementerio que alberga los huesos de Karl Marx.
Sin esa disciplina que raya en mandato, Lessing jamás hubiera escrito las cincuenta novelas y relatos que, a sus 88 años de edad, la convierten según muchos en “la escritora (y el escritor) viviente más relevante de Gran Bretaña”. Casi la totalidad de sus novelas se ambientan en lo que hoy en día es Zimbabwe, ahí donde Lessing se crió y experimentó “la soledad infernal como modo de vida”. Incluso sus relatos que podrían ser tildados de ciencia ficción presentan un intenso barniz de esa íntima catástrofe que conoció desde niña en su entorno de colonos explotadores.

PARA LEER MAS VISITA LETRALIA: http://www.letralia.com/174/especial01.htm

Lo mas reciente de Jose Fá

jueves, octubre 25

(Desamparo epistolar: Crónicas)
Traducción
Ay, me duelen estos dedos (los otros también, aquéllos) pero nunca como el frío sentido en el camión (a bordo del) ¡qué bruto! Mira, como me di cuenta de que te estaba dando mucha lata, mejor ya no te llamé. Darío estuvo un rato con nosotras y luego ya se fue; a las diez y cuarto me vendieron los boletos, Luci aun tenía habre (hambre: dedos torpes y congelados, o torpes por congelados o congelados por torpes, o etc, a quién le importa, ni a los dedos) y decidimos ir a cenar ¿pero a dónde?.. después de mucho regatear con el taxista carero y de recomendaciones del ídem (era tarde), llegamos, nos llevó el requeteìdem al Calinda (como los asesinos, je, yo regresando al lugar del crimen, je), comimos algo (era más tarde) y decidí volver a molestarte, hablar contigo, te llamé de allí superenchinga y tu voz “marcaste el etcétera” y mi lengua a punto de soltarlo y decirte (no a ti, que por eso no) que cae más pronto un hablador que un cojo, que te diría un poema, que abrieras bien tu lengua para recibirlo, que tal vez dolería un poco, sobre todo al principio, que después te garantizaba que placerías, que ya nos íbamos, que un beso, que dos, que si seguía nos dejaba el camión, y por eso a fin de cuentas no te dije nada, no le dije nada al que dice “marcaste el tal y tal y etcétera”. Tú sabes. Nos regresamos a la central camionera y llegamos barriditas al camión pero sin hambre. Asientos 15 y 16 y ufff, qué bien, salimos de Hermosillo y Luci empezóme a contar de una ocasión en un viaje a Matamoros, de noche, y el camión casi vacío, una pareja haciendo el amor (follando, dirían los traductores españoles de Erica J.) en los asientos de atrás, yo intrigadísima por el procedimiento, si la chava iba para el pasillo y él para la ventanilla; ya después de resolver tan peliagudo dilema (si te digo que a inocente, ingenua y cándida no hay quién me gane), intenté dormir y he ahí cuando descubro el FRÍO, ¡qué cabrón! Parece que traían abiertas no sé qué rejillas o qué, la calefacción no servía. Como yo para la ventanilla, me di cuenta que había una grieta en el cristal por donde se colaba TODO el frío, sentía que ya se me caía al suelo, congelado el ojo derecho, la rodilla ídem, el pezón y todos los aditamentos derechos, mientras el lado izquierdo (qué absurdo, no podemos tener lados, ni que fuéramos triángulos… aunque hay cada figura geométrica respirando que…) paulatinamente se me convertía en ajeno. Mucho antes de Benjamín Hill, Luci metióse un pantalón, rápidamente se quitó su vestido ¡con crinolina! Y púsose un suéter… yo, ni podía hablar… en Santa Ana que se me prende el foco (apenas) y acuérdome de otro pantalón en mi maleta, sácolo y métomelo (sí, muy feo se oye) encima del otro (más feo) una camiseta más o menos cubridora, mi capa y qué me hace el frío, pensaste, pues pensaste mal, pinche frío, hasta un arete perdí en las acurrucadas que me daba intentando resguardarme, pero así ni la virtud se puede… con ese frío nadie, nunca, nada. Llegamos a Canapas a las cuatro de la mañanita (nochezota aún) y todos los cristales de todos los carros estaban escarchados, hielo tenían, imagínate al bajarnos. Otro taxi, este cananense, llevonos al hogar, caliente hogar. Me acosté y al ratito, en la radio escucho la voz del locutor que dice que la temperatura está a dos grados, protéjase del frío, las cinco de la mañana y me dormí. A las nueve no me quedó otra más que despertarme aunque me levanté más tarde. Y tú ¿qué cuentas? Si todo esto lo hubiera hablado, no hubiera podido respirar (así lo escribí ¿se nota?)

Publicado por jose fá en http://quemevanahablardeamor.blogspot.com/

Los cronistas en Radio Sonora


Rafael Aguirre Fernandez, Cronista de Hermosillo, Armando Moreno Gil y yo en uno de los jardines de la radio.




Al fondo el Ing. Isidro Bobadilla y Ariel Adame.

Radio Sonora haciendo escuela.

Entrada destacada

 Poesía Palabras para descifrar el laberinto del silencio.  Sylvia Manríquez