jueves, 17 de septiembre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Sin las palabras no habría mundo - Javier Sicilia
Por Sylvia Teresa Manríquez
"La palabra es la
casa del ser.
En su morada habita el
hombre.
Los pensantes y los poetas
son
los vigilantes de esa
morada"
Martin Heidegger
Martin Heidegger
Las palabras son mi herramienta, para entender
el mundo, a mi mismo, para entender y acercarme a los otros; para entender a
Dios o por lo menos acercarme a él.
Es Javier Sicilia: poeta, narrador y ensayista de tradición
religiosa, para quien la palabra es herencia, que viene de su padre, también
poeta.
Lo
que hace la palabra es sacar a las cosas a su existencia activa. Por eso en la
Biblia en el principio era la oscuridad. Cuando Dios empieza a nombrar es
cuando el mundo se ordena; allí está pero solo la palabra es la que hace que el
orden sea. Por eso las palabras son las herramientas de mi oficio y también de
mi ser.
Es el
Javier que hoy ha renunciado a la poesía, y se ha comprometido con la paz y la
justicia, junto a cientos de mexicanos que exigimos freno a las pérdidas de
seres queridos, en medio de una guerra arbitraria e injusta.
El
Javier de poco antes de que le arrebataran la vida de su hijo, que en
entrevista afectuosa declaraba que Somos
seres de palabra. Sin la palabra y su base fundamental que es la lengua, no
habría mundo humano, no habría ni siquiera mundo.
Un
mundo que ya no gozará de la creación poética de este pacifista. El mismo que
anunció dolorosamente que el mundo ya no es digno de la palabra.
Días
antes, en entrevista exclusiva, Sicilia, nos hablaba de esa misma palabra, como
punto de encuentro de religión, espiritualidad y mística.
Palabra
y espiritualidad van juntas, Soy católico y la fe está en la encarnación. El
misterio de esa encarnación es la palabra, el verbo que se hace carne. La
palabra es la casa del ser, diría Heidegger, y en ese sentido palabra y
espiritualidad van juntas. Santo Tomás decía: Nada de lo que sabemos existe en
sí, existe porque pasa a través de nuestra carne y nuestra palabra. Lo que no
tiene nombre no existe. Sólo existe lo que nombramos. Sólo lo que nombramos es
lo que tiene presencia, cuerpo, relacionalidad, vínculo. A través de nuestros
vínculos aquí nos relacionamos con nuestros vínculos allá, con el Dios.
¿Hay
alguna diferencia entre religión y espiritualidad?
No
debería, religión viene de religare-unir y la espiritualidad es el principio de
la unión. En otras ocasiones he hablado de la 'conspiratio', este beso en los
labios de la primera liturgia cristiana donde se hace la comunión, el
'religare'. La verdad es que la religión está teñida de interpretación del
misterio espiritual, y la religión es ideológica, por eso es parcial,
excluyente; niega a veces la presencia
de lo espiritual de Dios. Dios no es excluyente, Dios es la comunión el
'religare', el fundamento de esto es el amor. En la tradición griega, Platón
decía “Cuidado con la palabra porque la palabra mal empleada hace mal a las
almas”. El libro de los proverbios dice “la muerte están en poder de la lengua,
del uso que de ella hagas tal será el fruto”. Y es que la palabra puede matar,
si no físicamente, si puede destruir la existencia de un ser, su estima, su
presencia. O puede ser tremendamente liberadora; una hermosa palabra de
amor, una palabra de cariño, de afecto,
de alegría, ante el encuentro del otro, produce comunión. Y luego sucede que la
lingüística moderna y social dice que la palabra es arbitraria y no, la palabra
es el ser de las cosas, nos vincula, nos hace permitirnos tocar el amor.
En
este marco, estamos formando el vínculo con quienes están leyendo para hablar
de poesía y mística.
Ese es
mi tema, y mi comprensión del universo poético.
Y esto
nos lleva a hablar de los santos-poetas o poetas- santos.
Si,
son una rara mezcla que pocas veces se da. Cómo San Juan de la Cruz, uno de los
grandes poetas de la lengua española y uno de los más altos místicos, o la gran Santa Teresa. En
tradiciones orientales hay una mística muy inquietante, como la que estuvo muy
de moda con el Siddha Yoga, la poeta hindú Gurumayi que tiene poemas realmente
hermosos, su libro “Cenizas a los pies de mi guru” donde el guru es de alguna forma la presencia
del Dios, contiene una eroticidad muy fina, y espero no equivocarme al decir
que ella es una presencia como la de San Juan, de santidad en la tradición de
la India. Hay varios místicos-poetas, aunque no todo poeta es místico ni todo
místico es poeta, pero cuando se da esa simbiosis es realmente encantador,
porque no sólo es presencia del Dios en los actos de un hombre sino presencia
del Dios y la palabra y de su poesía.
Bueno,
nos damos cuenta que una de sus pasiones es esta poesía y lo estamos
compartiendo con nuestros lectores, varios de ellos tal vez estén cayendo en
cuenta que ya han leído a algún poeta-místico. Hacía ya algunos años que no
visitaba Hermosillo, ¿Cómo encuentra hoy la ciudad?
Hermosísima,
como siempre, venía viendo esos atardeceres que tienen ustedes, que son una
belleza. Recuerdo que la primera vez que visité Hermosillo llegué cuando estaba
amaneciendo y me sorprendió mucho ese amanecer del desierto que no logramos ver
en el sur, donde también son hermosos, pero los de acá tienen una
particularidad: como que vibra el misterio de Dios a través de la belleza de
sus horizontes.
Yo
diría que es un de los privilegios de vivir en una zona tan seca...
Curiosamente
los místicos florecen en el desierto, allí es la cuna de la mística.
Y
bueno, no puedo desaprovechar esta oportunidad para preguntarle su opinión
sobre literatura y periodismo, y esa línea endeble que hay entre ambos, de
hecho en muchos casos se cruza.
Yo
pienso que si se cruza y de hecho hay grandes escritores-periodistas y grandes
periodistas-escritores. Tenemos el caso concreto, que se mueve claramente entre
esas dos líneas y que ha hecho y vinculado puentes, de Vicente Leñero, un gran
literato en el periodismo, un gran narrador en el periodismo y un gran
periodista en la producción literaria. Y bueno, hay casos, como la entrevista,
que es un género literario absolutamente. Una buena crónica es un género
literario, tenemos a Monsivais, que hizo de la crónica periodística un gran
género literario. Hay puentes profundos entre uno y otro, por ejemplo, la
novela de folletón del siglo XIX era periodismo, o “Balzac” de Víctor Hugo
escrita en los periódicos por entregas; yo mismo hago periodismo. Y quizá el
estilo periodístico sea la literatura que más se lee, el que más llega a la
gente.
Probablemente
se esta volviendo un lugar común preguntarle sobre el riesgo que hay para
escribir en el periodismo sobre ciertos temas, como seguridad y distintas
situaciones arriesgadas que nos toca vivir en esta época; ¿En la poesía también
se viven riesgos?
Pues lo tuvo en los espacios
totalitarios, lo que pasa es que nadie lee poesía, entonces deja de ser riesgo ¿no? (Javier deja escapar unas
risitas) La poesía porque trata de realidades de la sustancia de las cosas y
del ser del hombre es muy riesgosa, por eso Stalin mató poetas como moscas, y
el hitlerismo también. El poeta es un riesgo, desordena porque habla de los
trascendentales, desordena los mundos totalitarios, los mundos tremendamente
normados, porque habla del ser de las cosas, de la trascendencia del ser de las
cosas que nunca puede ser aprisionado por ningún sistema, ni filosófico, ni
político, ni científico. En ese sentido (los poetas) son peligrosos para la
vida de los totalitarismos.
¿Escribir
es un riesgo en México?
Pues no es un riesgo, es un problema
porque nadie te pela (Javier vuelve a reír), es decir, no hay lectores. No es
un riesgo, digo, los periodistas que están tocando, como usted bien dice,
puntos neurálgicos de la situación tan terrible que está viviendo el país, pues
son aquellos que corren más riesgo que los poetas. Y es triste saber que los
poetas ya no ponen en riesgo las partes negativas de la vida política. Pero
bueno, (los poetas) ahí están vibrando a pesar de todo.
Se
dice que en México se lee poco, que Sonora está en los lugares más bajos en la
estadística de lectura, ¿Cuál es su apreciación, se lee poco en este país?
Pues según las estadísticas sí, cerca
de medio libro al año, o sea nada, lo que es una pena. Yo creo que el desprecio
que últimamente los gobiernos han tenido para con la cultura y la educación,
nos va a hacer un pueblo mucho más imbecil. Si tenemos esta corrupción, la
presencia del narcotráfico, la presencia de hampones dentro de la política,
ladrones de cuello blanco, es precisamente porque hemos despreciado la cultura
y la dimensión de la lectura, y la educación; y creo que si seguimos así y no
ponemos énfasis, sobre todo en la lectura, en la comprensión de la lectura,
-porque no se tarta nomás de leer sino de comprender, de hacer amar la memoria
y los espacios que hay que rescatan la literatura-, pues tendremos un pueblo de
bárbaros y de imbéciles. Creo que lo que estamos viviendo es lo que merece
nuestra incultura.
¿Qué
hace falta para cambiar esto?
Fomentar. Preparar mejor a los
maestros. Darle el mismo rango a la lengua y a la literatura que se les da a
las matemáticas y a la ciencia. Mientras no haya eso seguiremos cultivando
bárbaros o gente muy ignorante.
¿Cómo
queda el problema de la distribución (de libros) en este panorama?
¡Uy! Esa es otra… Si hubiera voluntad
política para hacer crecer la lectura, la distribución se daría también. Se
incentivaría esa industria que está muy caída. Si tenemos lectores va a haber
distribución. Si hay voluntad política para darle vida al libro, pues va a haber distribución y va a haber lectores,
pero dígale a estos bárbaros, a estos imbéciles que se llaman nuestra clase
política que eso es importante, habrá que oír a los diputados equivocándose
cuando hablaron de Vargas Llosa, atribuyéndole libros que no le pertenecían.
Esa es nuestra clase política que va a fomentar la lectura, pues no, son unas
bestias pues…
Y
bueno, también tenemos que aprender a leer con el corazón, en familia, recordando
la enseñanza de aquellos maestros de antes, que nos infundieron amor por los libros.
¡Exactamente! En los
libros están las palabras y como dije al principio, las palabras son herramientas, para entender el mundo, a uno
mismo, para entendernos y acercarnos a los otros; para entender a Dios o por lo
menos acercarnos a él.
Te irás de noche
Sylvia Teresa Manríquez
-
Si
te digo que te quiero, ¿volverás?
-
Pero
si no me he ido
-
Con
la noche te irás
-
No
lo haré
-
Lo
harás, antes que yo…
Salió temprano al trabajo. Una agencia
publicitaria, su negocio. Iba preocupado. Dos noches atrás entraron con
violencia a su hogar, entre el desorden solo detectó la ausencia de la
computadora personal.
Recordó su viaje a la capital el día
anterior. Meditó. ¿Cuándo irán a cambiar las cosas en este país?
Un trozo de papel que escapó de la
bolsa del pantalón al sacar el dinero para el limpiavidrios, limitó sus cavilaciones. Un dibujo: el sol, el
perro, la mamá, el papá y el niño, “Te quiero papi”. Sonríe.
Por primera vez participó en una
contienda electoral, en un distrito que se sabía difícil para el partido que lo
nominó. La votación le favoreció. Sin embargo, no se sentía feliz.
En un eco le vienen las palabras, que como se
dice una bendición, su esposa le repite cada vez que sale de su hogar:
-
Si
te digo que te quiero, ¿volverás?
-
Pero
si no me he ido
-
Con
la noche te irás
-
No
lo haré, además no es de noche…
La oficina es inquietud. Saludos solidarios
por el triunfo, timbre de teléfono constante, propuestas, peticiones,
sugerencias, exigencias, una amenaza. Le preocupa la computadora hurtada.
Juntas,
preparativos, conflictos. La tierra, el agua, los indios, las leyes, la
autoridad, la injusticia, la división. Otro día de vértigo.
Su partido lo convoca, hay problemas. No
cederán. Está listo. Se sabe acompañado.
Después, la comida. Dos hombres de la capital
en la mesa, presionan, amenazan, no logran persuadirlo. Firme en su decisión,
lo mismo que un día antes en la capital, no defraudará sus convicciones.
-
Si te
digo que te quiero, ¿volverás?
-
Pero
si no me he ido
-
Con
la noche te irás, lo presiento
Termina la comida con enojo, desaliento,
frustración, impotencia. El triunfo en la urna se vuelve garganta de lobo. Lo
llaman de la oficina, el representante indígena lo espera.
¿Quién tendrá su computadora? Teme las
consecuencias del hurto.
La tarde cede. Encuentra el dibujo que
escapó de su bolsillo por la mañana. Deja todo y atiende la urgencia de volver
a su casa.
Cierra los oídos Apaga el celular.
Urge llegar.
Un carro averiado en la calle de su casa.
Intenta pasar sin detenerse pero en la cochera un hombre le pide ayuda. Debe
bajar para auxiliar.
-
Si
te digo que te quiero, ¿volverás?
Tres
disparos como respuesta.
Con la sangre se escurre la vida. En
vano ella intenta desesperada sostener
el cuerpo tendido en la calle.
-
¡Te
quiero, vuelve!.
martes, 25 de agosto de 2015
chikunguña, con minúscula y con eñe
Chikunguña, con ñ, es una adaptación adecuada para la palabra chikungunya, que designa a un virus que provoca la fiebre o enfermedad del mismo nombre.
La adaptación del término original chikungunya a chikunguña es apropiada porque la ny se pronuncia en este caso con un sonido similar al de la ñ del español. Aunque la grafía chicunguña, con c, no puede considerarse incorrecta, se recomienda mantener la k, que, como señala la Ortografía de la lengua española, está presente en numerosos préstamos de muy diverso origen (bikini, kiwi, ukelele, kamikaze…).
secuencia
En
los medios informativos se aprecia vacilación respecto a la grafía
de esta enfermedad: “Sanidad vigila el Chikungunya tras el primer caso
de contagio dentro de España”, «El transmisor del chicungunya es el
mismo que el del dengue» o «¿Cómo reconocer los síntomas de la fiebre
chikungunya?».
La palabra procede, al parecer, del idioma makonde,
hablado en el sureste de Tanzania y en el norte de Mozambique,
significa ‘hombre que se dobla’ y se aplica a esta enfermedad debido
a que esta se caracteriza por fuertes dolores en las articulaciones.
Se recuerda además que se trata de un nombre común, tanto cuando se utiliza aisladamente (chikunguña) como cuando forma parte del nombre de la fiebre o la enfermedad (fiebre/enfermedad del chikunguña), por lo que lo adecuado es escribirlo en minúscula.
Así,
en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir “Sanidad
vigila el chikunguña tras el primer caso de contagio dentro de
España”, «El transmisor del chikunguña es el mismo que el del dengue» y
«¿Cómo reconocer los síntomas de la fiebre chikunguña?».
En algunos medios se emplea asimismo el acortamiento chik, que puede considerarse válido y que conviene escribir en minúscula.
jueves, 30 de abril de 2015
Infancia en Espera
Por Sylvia Teresa Manriquez
de fiesta, juegos, regalos y comida. Un hogar temporal festejaba el día
del niño. En el sonido local se alternaba la música con cápsulas
alusivas a la celebración.
- ¿Oiste? La locutora está hablando de nosotros, los niños de la calle.
- ¡No! ¡No somos niños de la calle!
- Sí, la locutora dijo “niños de la calle”
- Pues yo no soy niño de la calle, ¡Tú sí, pero yo no! ¿Verdad que no somos?
- ¡No! ¡No somos niños de la calle!
- Sí, la locutora dijo “niños de la calle”
- Pues yo no soy niño de la calle, ¡Tú sí, pero yo no! ¿Verdad que no somos?
Este poema es uno de mis favoritos, es de Alfonso Reyes
SOL DE MONTERREY
No cabe duda: de niño,
a mí me seguía el sol.
Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
Saltaba de patio en patio,
se revolcaba en mi alcoba.
Aun creo que algunas veces
lo espantaban con la escoba.
Y a la mañana siguiente,
ya estaba otra vez conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
(El fuego de mayo
me armó caballero:
yo era el niño andante,
y el sol, mi escudero.)
Todo el cielo era de añil;
Toda la casa, de oro.
¡Cuánto sol se me metía
por los ojos!
Mar adentro de la frente,
a donde quiera que voy,
aunque haya nubes cerradas,
¡oh cuánto me pesa el sol!
¡Oh cuánto me duele, adentro,
esa cisterna de sol
que viaja conmigo!
Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.-
Cada ventana era sol,
cada cuarto era ventanas.
Los corredores tendían
arcos de luz por la casa.
En los árboles ardían
las ascuas de las naranjas,
y la huerta en lumbre viva
se doraba.
Los pavos reales eran
parientes del sol. La garza
empezaba a llamear
a cada paso que daba.
Y a mí el sol me desvestía,
para pegarse conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
Cuando salí de mi casa
con mi bastón y mi hato,
le dije a mi corazón:
-¡Ya llevas sol para rato!-
Es tesoro – y no se acaba:
no se acaba – y lo gasto.
Traigo tanto sol adentro
Que ya tanto sol me cansa.-
Yo no conocí en mi infancia
Sombra, sino resolana.
No cabe duda: de niño,
a mí me seguía el sol.
Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
Saltaba de patio en patio,
se revolcaba en mi alcoba.
Aun creo que algunas veces
lo espantaban con la escoba.
Y a la mañana siguiente,
ya estaba otra vez conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
(El fuego de mayo
me armó caballero:
yo era el niño andante,
y el sol, mi escudero.)
Todo el cielo era de añil;
Toda la casa, de oro.
¡Cuánto sol se me metía
por los ojos!
Mar adentro de la frente,
a donde quiera que voy,
aunque haya nubes cerradas,
¡oh cuánto me pesa el sol!
¡Oh cuánto me duele, adentro,
esa cisterna de sol
que viaja conmigo!
Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.-
Cada ventana era sol,
cada cuarto era ventanas.
Los corredores tendían
arcos de luz por la casa.
En los árboles ardían
las ascuas de las naranjas,
y la huerta en lumbre viva
se doraba.
Los pavos reales eran
parientes del sol. La garza
empezaba a llamear
a cada paso que daba.
Y a mí el sol me desvestía,
para pegarse conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
Cuando salí de mi casa
con mi bastón y mi hato,
le dije a mi corazón:
-¡Ya llevas sol para rato!-
Es tesoro – y no se acaba:
no se acaba – y lo gasto.
Traigo tanto sol adentro
Que ya tanto sol me cansa.-
Yo no conocí en mi infancia
Sombra, sino resolana.
sábado, 11 de abril de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
EL RETO (Sylvia Teresa Manriquez)
- ¿Qué es "empoderamiento"? – me preguntó la pequeña de diez años de edad.
- Que tú puedas decir tus ideas y ejercer tus derechos – respondí.
Después de pensar durante un momento continuó:
- Entonces a mi amiga se la llevaron sus papás por culpa del empoderamiento. -
- ¿Por qué dices eso? –
- Porque creo que por el
empoderamiento ella acusó a los que venden drogas en la escuela y le
pegaron. Ya no va a la escuela, sus papás se la llevaron. -
Se habla mucho y se entiende poco. El empoderamiento ella acusó a los que venden drogas en la escuela y le
pegaron. Ya no va a la escuela, sus papás se la llevaron. -
diccionario de acción humanitaria y cooperación al desarrollo define al
empoderamiento como el proceso por el cual las personas fortalecen sus
capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social, para
lograr cambios positivos de las situaciones que viven.
Se aplica a cualquier grupo vulnerable y marginado, aunque su utilización se da mayormente en los análisis de género.
El 25 de marzo de 1911 jóvenes mujeres
trabajadoras de una fábrica de camisas exigió jornada y pagos justos,
quedando encerradas durante la protesta en la maquiladora. No se sabe a
bien si el incendio, que cobró la vida de la mayoría de ellas, fue
provocado o producto un accidente debido a una colilla de cigarro en un
cubo de deshechos de tela.
Ellas, sin manejar el término
empoderamiento, se apropiaron de su derecho a exigir mejor trato, aunque
fueron reprimidas con la práctica común que tenían los responsables de
las fábricas en aquella época, de cerrar todas las salidas para evitar y
frenar movimientos obreros.
Después de más de cien años pesan las
caídas en este camino tortuoso que lleva a la igualdad y equidad. El
empoderamiento se nos presenta más como una recompensa lejana que un
derecho, y, como en el caso de la niña con que inicia este texto, un
derecho que muchas mujeres dudan en exigir ante el temor de la coerción y
la represión que las vuelve víctimas en muchos países del mundo.
En este marco ¿cómo explicar el concepto de empoderamiento sin que parezca una hazaña en la que se arriesga la vida?
Cómo explicar a una niña que pregunta,
que empoderarse no significa sufrir violencia y hasta peligro de muerte,
en un país en el que según la Organización de las Naciones Unidas
mueren cinco mujeres diariamente víctimas de violencia de género.
Cada feminicidio nos señala que vivimos en una sociedad que minimiza la violencia, la acepta y la normaliza.
Entonces el reto es acompañar a más mujeres para que logren empoderarse de su propia vida y cotidianidad.
Entendiendo que una vida libre de
violencia no es una concesión sino un derecho que tramitamos las mujeres
día a día, luchando codo a codo.
Cada vez que conmemoramos el Día de la
Mujer hacemos un homenaje a todas las mujeres que lucharon antes que
nosotras, que se empoderaron de su presente para que hoy podamos
disfrutar de condiciones que nos permiten estudiar, trabajar y decidir
cómo queremos vivir.
Gracias a ellas, hoy las mujeres de este
país podemos votar y ser votadas en puestos de elección popular; eso
significa que tenemos voz y voto para fortalecer, cambiar y crear
políticas públicas que mejoren la vida de niñas, mujeres y su entorno.
Significa también que desde el lugar
dónde nos encontremos, nuestro hogar, escuela, trabajo o comunidad,
podemos y debemos empoderarnos sin temores, porque la lucha y el
esfuerzo de las mujeres que nos anteceden y de las que están a nuestro
alrededor nos cobija y nos impulsa.
Juntas somos capaces de defender nuestras
conquistas y reconocer desafíos para seguir pugnando por una vida de
igualdad y libre de violencia.
Y así hacer posible la propuesta de ONU Mujeres: si empoderamos a las mujeres, empoderamos a la Humanidad.
miércoles, 25 de febrero de 2015
Botella al mar para el dios de las palabras. Gabriel García Marquez.
A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, ademas, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.
No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber como se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aun no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: ``Parece un faro''. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que
Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejo escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa.
En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. Y que de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años. (Declaraciones de García Márquez para La Jornada, México, 8 de abril de 1997)
lunes, 23 de febrero de 2015
Hace 560 años Gutenberg imprimió su primer libro, "La Biblia". 23 de Febrero de 1455.
23 de Febrero de 1455: Gutenberg imprimió su primer libro, "La Biblia"
La invención de la imprenta con caracteres móviles, obra del alemán Johannes Gutenberg, es uno de los grandes hitos de la historia de la cultura.
La Biblia de Gutenberg o de 42 líneas, llamada por ser éste el número más frecuente de líneas por columna en cada una de sus 1.280 páginas, fue concebida para que se asemejara lo más posible a un manuscrito, el códice de aquella época: no llevaba números de página, ni páginas de títulos u otros rasgos característicos de los libros modernos.
Sobre su contenido, se trata de una versión latina de las Escrituras de san Jerónimo
y, para su impresión, fue preciso fundir casi cinco millones de tipos,
editándose 120 ejemplares en papel y 20 en pergamino, de los que se
conservan unos 45. Las ilustraciones de cada ejemplar de esta Biblia fueron pintadas a mano y los tomos se embellecieron cada uno de forma diferente.
Debemos aclarar que Johannes Gutenberg (c1400-1468, Maguncia,
Alemania) no fue el inventor de la imprenta puesto que, a comienzos del
siglo XV, ya se imprimían naipes y estampas con motivos religiosos.
Estas impresiones se realizaban mediante la aplicación de una plancha de
madera grabada y embadurnada con tinta grasa, sobre el papel o el
pergamino. Tampoco fue mérito suyo la composición de textos con
caracteres móviles, es decir, la fabricación de letras o símbolos
individuales.
El verdadero logro de Gutenberg fue el perfeccionar estas técnicas
hasta conseguir un procedimiento tipográfico que ha permanecido sin
apenas cambios hasta principios del siglo XX. De esta forma, para la
elaboración de sus libros impresos, sustituyó la madera por metal,
fabricando moldes de fundición capaces de reproducir tipos metálicos
regulares que permitieran la composición de textos. Fue esta invención,
la impresión tipográfica con tipos móviles metálicos, la que dio origen
al verdadero libro moderno.
Fue gracias a la posibilidad de realizar tiradas de múltiples
ejemplares de libros, que un mayor número de personas en todo el mundo
pudo acceder al saber escrito, lo que dio lugar a inestimables
transformaciones, no sólo en el campo de la cultura, sino también en el
de la política, la religión y las artes.Fuente: http://www.documentalistaenredado.net/140/la-biblia-de-gutenberg/
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Entrada destacada
Poesía Palabras para descifrar el laberinto del silencio. Sylvia Manríquez
-
¿Cómo murió Laurita? El corrido dice como murió Emilio Guerra. ¿Y Laurita? Insisto: ¿Qué necesidad de matarse ella también?






