miércoles, 12 de diciembre de 2012

Muere a los 92 años Ravi Shankar, el maestro que enseñó la cítara a los Beatles

Ravi Shankar, el músico
El músico Ravi Shankar en un concierto en febrero de 2012. (EFE)

  • El veterano maestro falleció en San Diego, (Estados Unidos), aquejado de dificultades respiratorias.
  • Posiblemente el instrumentista hindú más reconocido, popularizó en occidente la música hindú clásica.
  • Esto fue posible en gran medida, gracias a su asociación con los Beatles por medio de George Harrison, con quien compartía el interés por el instrumento indio del sitar.
  • Shankar también es famoso por ser el padre de la cantante Norah Jones y de la trambién instrumentista Anoushka Shankar.
20MINUTOS.ES. 12.12.2012 - 05.28h El célebre instrumentista indio Ravi Shankar, mundialmente famoso por haber colaborado con los Beatles, ha muerto a los 92 años, según informan la cadena norteamericana ABC y la agencia  AFP.
El veterano maestro de la cítara  falleció en San Diego, (Estados Unidos), aquejado de dificultades respiratorias.
Shankar también es famoso por ser el padre de la cantante Norah Jones y de la trambién instrumentista Anoushka Shankar.
Posiblemente el instrumentista hindú más reconocido, popularizó en occidente la música hindú clásica, en gran medida gracias a su asociación con los Beatles por medio de George Harrison, con quien compartía el interés por el instrumento indio del sitar. No en vano tocó en los festivales de Woodstock y en de Monterrey, en 1967.
Este reconocimiento perduró hasta nuestros días, ya que el legendario músico estaba nominado, junto con su hija Anoushka, al premio Grammy 2013 en la categoría de Músicas del Mundo.
Solo su hija Anoushka, que lleva su apellido, entrenó sus dotes musicales con Shankar. Norah Jones,  joven artista con más de diez Grammys a sus espaldas, es fruto de un idilio pasajero con una productora de Nueva York.
Las dos hermanas no se conocieron hasta su adolescencia.


¿Será por eso?

La voz femenina provoca agotamiento en el cerebro masculino. Según el profesor Michael Hunter, de la Universidad de Sheffield (Gran Bretaña), el tono de la voz femenina posee sonidos más complejos que la masculina, por eso toma toda el área auditiva del cerebro masculino, mientras que la voz del hombre sólo ocupa el área subtalámica. De aquí que en muchas ocasiones las mujeres se quejen de que los hombres no las escuchan, ya que lo que hacen es “desconectar” por una razón puramente fisiológica.

(Podemos discutirlo)

martes, 11 de diciembre de 2012

Tomás Eloy Martinez

“El único patrimonio del periodista es 
su buen nombre. 
Cada vez que se firma 
un texto insuficiente o infiel 
a la propia conciencia, 
se pierde parte de ese patrimonio, 
o todo".

Un hombre sin suerte

La escritora argentina Samanta Schweblin acaba de ganar el premio Juan Rulfo por su relato Un hombre sin suerte. El premio, que se le entregó a la autora en la Casa de América Latina en París y que este año celebra su 30° edición, es organizado por Radio Francia Internacional (RFI) y el Instituto Cultural de México en París. El texto fue elegido entre los 33 cuentos finalistas por un jurado compuesto por Alan Pauls, Grecia Cáceres, Julio Villanueva Chang, Eduardo Ramos Izquierdo, Aline Schulman y Elmer Mendoza. Es un honor para la Fundación TEM compartir con nuestros lectores el relato ganador. Samanta Schweblin brindará durante octubre de 2013 un taller intensivo sobre cuentos en la sede de la Fundación.
SAMANTA SCHWEBLIN / Foto: Archivo autora
 *Samanta Schweblin nació en Buenos Aires, en 1978, donde estudió cine y televisión. Su primer libro “El núcleo del disturbio” del 2002, obtuvo los premios del Fondo Nacional de las Artes y el Concurso Haroldo Conti. Su segundo libro, “Pájaros en la boca” del 2009, obtuvo el premio Casa de las Américas y ha sido traducido a trece idiomas. Becada por distintas instituciones vivió temporalmente en Oaxaca (México), Umbria y Toscana (Italia) y Berlín (Alemania), donde reside actualmente. Fue recientemente seleccionada por la prestigiosa revista GRANTA como una de los “mejores jóvenes narradores en Español” y acaba de obtener la última edición del premio Juan Rulfo de Francia.


El día que cumplí ocho años, mi hermana -que no soportaba que dejaran de mirarla un solo segundo-, se tomó de un saque una taza entera de lavandina. Abi tenía tres años. Primero sonrió, quizá por el mismo asco, después arrugó la cara en un asustado gesto de dolor. Cuando mamá vio la taza vacía colgando de la mano de Abi se puso más blanca todavía que Abi.
-Abi-mi-dios –eso fue todo lo que dijo mamá- Abi-mi-dios –y todavía tardó unos segundos más en ponerse en movimiento.
La sacudió por los hombros, pero Abi no respondió. Le gritó, pero Abi tampoco respondió. Corrió hasta el teléfono y llamó a papá, y cuando volvió corriendo Abi todavía seguía de pie, con la taza colgándole de la mano. Mamá le sacó la taza y la tiró en la pileta. Abrió la heladera, sacó la leche y la sirvió en un vaso. Se quedó mirando el vaso, luego a Abi, luego el vaso, y finalmente tiró también el vaso a la pileta. Papá, que trabajaba muy cerca de casa, llegó casi de inmediato, pero todavía le dio tiempo a mamá a hacer todo el show del vaso de leche una vez más, antes de que él empezara a tocar la bocina y a gritar.
Cuando me asomé al living vi que la puerta de entrada, la reja y las puertas del coche ya estaban abiertas. Papá volvió a tocar bocina y mamá pasó como un rayo cargando a Abi contra su pecho. Sonaron más bocinas y mamá, que ya estaba sentada en el auto, empezó a llorar. Papá tuvo que gritarme dos veces para que yo entendiera que era a mí a quien le tocaba cerrar.
Hicimos las diez primeras cuadras en menos tiempo de lo que me llevó cerrar la puerta del coche y ponerme el cinturón. Pero cuando llegamos a la avenida el tráfico estaba prácticamente parado. Papá tocaba bocina y gritaba ¡Voy al hospital! ¡Voy al hospital! Los coches que nos rodeaban maniobraban un rato y milagrosamente lograban dejarnos pasar, pero entonces, un par de autos más adelante, todo empezaba de nuevo. Papá frenó detrás de otro coche, dejó de tocar bocina y se golpeó la cabeza contra el volante. Nunca lo vi hacer una cosa así. Hubo un momento de silencio y entonces se incorporó y me miró por el espejo retrovisor. Se dio vuelta y me dijo:
-Sacate la bombacha.
Tenía puesto mi Jumper del colegio. Todas mis bombachas eran blancas pero eso era algo en lo que yo no estaba pensando en ese momento y no podía entender el pedido de papá. Apoyé las manos sobre el asiento para sostenerme mejor. Miré a mamá y entonces ella gritó:
-¡Sacate la puta bombacha!
Y yo me la saqué. Papá me la quitó de las manos. Bajó la ventanilla, volvió a tocar bocina y sacó afuera mi bombacha. La levantó bien alto mientras gritaba y tocaba bocina, y toda la avenida se dio vuelta para mirarla. La bombacha era chica, pero también era muy blanca. Una cuadra más atrás una ambulancia encendió las sirenas, nos alcanzó rápidamente y nos escoltó, pero papá siguió sacudiendo la bombacha hasta que llegamos al hospital.
Dejaron el coche junto a las ambulancias y se bajaron de inmediato. Sin mirar atrás mamá corrió con Abi y entró en el hospital. Yo dudaba si debía o no bajarme: estaba sin bombacha y quería ver dónde la había dejado papá, pero no la encontré ni en los asientos delanteros ni en su mano, que ya cerraba ahora de afuera su puerta.
-Vamos, vamos –dijo papá.
Abrió mi puerta y me ayudó a bajar. Cerró el coche. Me dio unas palmadas en el hombro cuando entramos al hall central. Mamá salió de una habitación del fondo y nos hizo una seña. Me alivió ver que volvía hablar, daba explicaciones a las enfermeras.
-Quedate acá –me dijo papá, y me señaló unas sillas naranjas al otro lado del pasillo.
Me senté. Papá entró al consultorio con mamá y yo esperé un buen rato. No sé cuanto, pero fue un buen rato. Junté las rodillas, bien pegadas, y pensé en todo lo que había pasado en tan pocos minutos, y en la posibilidad de que alguno de los chicos del colegio hubiera visto el espectáculo de mi bombacha. Cuando me puse derecha el jumper se estiró y mi cola tocó parte del plástico de la silla. A veces la enfermera entraba o salía del consultorio y se escuchaba a mis padres discutir y, una vez que me estiré un poquito, llegué a ver a Abi moverse inquieta en una de las camillas, y supe que al menos ese día no iba a morirse. Y todavía esperé un rato más. Entonces un hombre vino y se sentó al lado mío. No sé de dónde salió, no lo había visto antes.
-¿Qué tal? –preguntó.
Pensé en decir muy bien, que es lo que siempre contesta mamá si alguien le pregunta, aunque acabe de decir que la estamos volviendo loca.
-Bien –dije.
-¿Estás esperando a alguien?
Lo pensé. Y me di cuenta de que no estaba esperando a nadie, o al menos, que no es lo que quería estar haciendo en ese momento. Así que negué y él dijo:
-¿Y porqué estás sentada en la sala de espera?
No sabía que estaba sentada en una sala de espera y me di cuenta de que era una gran contradicción. Él abrió un pequeño bolso que tenía sobre las rodillas. Revolvió un poco, sin apuro. Después sacó de una billetera un papelito rosado.
-Acá está –dijo-, sabía que lo tenía en algún lado.
El papelito tenía el número 92.
-Vale por un helado, yo te invito –dijo.
Dije que no. No hay que aceptar cosas de extraños.
-Pero es gratis –dijo él-, me lo gané.
-No.
Miré al frente y nos quedamos en silencio.
-Como quieras –dijo él al final, sin enojarse.
Sacó del bolso una revista y se puso a llenar un crucigrama. La puerta del consultorio volvió a abrirse y escuché a papá decir “no voy acceder a semejante estupidez”. Me acuerdo porque ese es el punto final de papá para casi cualquier discusión, pero el hombre no pareció escucharlos.
-Es mi cumpleaños –dije.
“Es mi cumpleaños” repetí para mí misma, “¿qué debería hacer?”. Él dejó el lápiz marcando un casillero y me miró con sorpresa. Asentí sin mirarlo, conciente de tener otra vez su atención.
-Pero… -dijo y cerró la revista-, es que a veces me cuesta mucho entender a las mujeres. Si es tu cumpleaños, ¿por qué estás en una sala de espera?
Era un hombre observador. Me enderecé otra vez en mi asiento y vi qué, aún así, apenas le llegaba a los hombros. Él sonrió y yo me acomodé el pelo. Y entonces dije:
-No tengo bombacha.
No sé porqué lo dije. Es que era mi cumpleaños y yo estaba sin bombacha, y era algo en lo que no podía dejar de pensar. Él todavía estaba mirándome. Quizá se había asustado, u ofendido, y me di cuenta que, aunque no era mi intención, había algo grosero en lo que acababa de decir.
-Pero es tu cumpleaños –dijo él.
Asentí.
-No es justo. Uno no puede andar sin bombacha el día de su cumpleaños.
-Ya sé –dije, y lo dije con mucha seguridad, porque acababa de descubrir la injusticia a la que todo el show de Abi me había llevado.
Él se quedó un momento sin decir nada. Luego miró hacia los ventanales que daban al estacionamiento.
-Yo sé donde conseguir una bombacha –dijo.
-¿Dónde?
-Problema solucionado –guardó sus cosas y se incorporó.
Dudé en levantarme. Justamente por no tener bombacha, pero también porque no sabía si él estaba diciendo la verdad. Miró hacia la mesa de entrada y saludó con una mano a las asistentes.
-Ya mismo volvemos –dijo, y me señaló- es su cumpleaños –y yo pensé “por dios y la virgen María, que no diga nada de la bombacha”, pero no lo dijo: abrió la puerta, me guiñó un ojo, y yo supe que podía confiar en él.
Salimos al estacionamiento. De pie yo apenas pasaba su cintura. El coche de papá seguía junto a las ambulancias, un policía le daba vueltas alrededor, molesto. Me quedé mirándolo y él nos vio alejarnos. El aire me envolvió las piernas y subió acampanando mi Jumper, tuve que caminar sosteniendolo, con las piernas bien juntas.
-Mi dios y la virgen María –dijo él cuando se volvió para ver si lo seguía y me vio luchando con mi uniforme-, es mejor que vayamos rodeando la pared.
-No digas “mi dios y la virgen María” –dije, porque eso era algo de mamá, y no me gustó cómo lo dijo él.
-Ok, darling –dijo.
-Quiero saber a dónde vamos.
-Te estás poniendo muy quisquillosa.
Y no dijimos nada más. Cruzamos la avenida y entramos a un shopping. Era un shopping bastante feo, no creo que mamá lo conociera. Caminamos hasta el fondo, hacia una gran tienda de ropa, una realmente gigante que tampoco creo que mamá conociera. Antes de entrar él dijo “no te pierdas” y me dio la mano, que era fría pero muy suave. Saludó a las cajeras con el mismo gesto que hizo a las asistentes a la salida del hospital, pero no vi que nadie le respondiera. Avanzamos entre los pasillos de ropa. Además de vestidos, pantalones y remeras había también ropa de trabajo. Cascos, jardineros amarillos como los de los basureros, guardapolvos de señoras de limpieza, botas de plástico, y hasta algunas herramientas. Me pregunté si él compraría su ropa acá y si usaría alguna de esas cosas y entonces también me pregunté cómo se llamaría.
-Es acá –dijo.
Estábamos rodeados de mesadas de ropa interior masculina y femenina. Si estiraba la mano podía tocar un gran contenedor de bombachas gigantes, más grandes de las que yo podría haber visto alguna vez, y a solo tres pesos cada una. Con una de esas bombachas podían hacerse tres para alguien de mi tamaño.
-Esas no –dijo él-, acá –y me llevó un poco más allá, a una sección de bombachas más pequeñas-. Mira todas las bombachas que hay… ¿Cuál será la elegida my lady?
Miré un poco. Casi todas eran rosas o blancas. Señalé una blanca, una de las pocas que había sin moño.
-Ésta –dije-. Pero no tengo dinero.
Se acercó un poco y me dijo al oído:
-Eso no hace falta.
-¿Sos el dueño de la tienda?
-No. Es tu cumpleaños.
Sonreí.
-Pero hay que buscar mejor. Estar seguros.
-Ok Darling –dije.
-No digas “Ok Darling” –dijo él- que me pongo quisquilloso –y me imitó sosteniéndome la pollera en la playa de estacionamiento.
Me hizo reír. Y cuando terminó de hacerse el gracioso dejó frente a mí sus dos puños cerrados y así se quedó hasta que entendí y toqué el derecho. Lo abrió y estaba vacío.
-Todavía podés elegir el otro.
Toqué el otro. Tardé en entender que era una bombacha porque nunca había visto una negra. Y era para chicas, porque tenía corazones blancos, tan chiquitos que parecían lunares, y la cara de Kitty al frente, en donde suele estar ese moño que ni a mamá ni a mí nos gusta.
-Hay que probarla –dijo.
Apoyé la bombacha en mi pecho. Él me dio otra vez la mano y fuimos hasta los probadores femeninos, que parecían estar vacíos. Nos asomamos. Él dijo que no sabía si podría entrar. Que tendría que hacerlo sola. Me di cuenta de que era lógico porque, a no ser que sea alguien muy conocido, no está bien que te vean en bombacha. Pero me daba miedo entrar sola al probador, entrar sola o algo peor: salir y no encontrar a nadie.
-¿Cómo te llamás? –pregunté.
-Eso no puedo decírtelo.
-¿Porqué?
Él se agachó. Así quedaba casi a mi altura, quizá yo unos centímetros más alta.
-Porque estoy ojeado.
-¿Ojeado? ¿Qué es estar ojeado?
-Una mujer que me odia dijo que la próxima vez que yo diga mi nombre me voy a morir.
Pensé que podía ser otra broma, pero lo dijo todo muy serio.
-Podrías escribírmelo.
-¿Escribirlo?
-Si lo escribieras no sería decirlo, sería escribirlo. Y si sé tu nombre puedo llamarte y no me daría tanto miedo entrar sola al probador.
-Pero no estamos seguros. ¿Y si para esa mujer escribir es también decir? ¿Si con decir ella se refirió a dar a entender, a informar mi nombre del modo que sea?
-¿Y cómo se enteraría?
-La gente no confía en mí y soy el hombre con menos suerte del mundo.
-Eso no es verdad, eso no hay manera de saberlo.
-Yo sé lo que te digo.
Miramos juntos la bombacha, en mis manos. Pensé en que mis padres podrían estar terminando.
-Pero es mi cumpleaños –dije.
Y quizá si lo hice a propósito, pero así lo sentí en ese momento: los ojos se me llenaron de lágrimas. Entonces él me abrazó, fue un movimiento muy rápido, cruzó sus brazos a mis espaldas y me apretó tan fuerte que mi cara quedó un momento hundida en su pecho. Después me soltó, sacó su revista y su lápiz, escribió algo en el margen derecho de la tapa, lo arrancó y lo dobló tres veces antes de dármelo.
-No lo leas –dijo, se incorporó y me empujó suavemente hacia los cambiadores.
Dejé pasar cuatro vestidores vacíos, siguiendo el pasillo, y antes de juntar valor y meterme en el quinto guardé el papel en el bolsillo de mi jumper, me volví para verlo  y nos sonreímos.
Me probé la bombacha. Era perfecta. Me levanté el jumper para ver bien cómo me quedaba. Era tan pero tan perfecta. Me quedaba increíblemente bien, papá nunca me la pediría para revolearla detrás de las ambulancias e incluso si lo hiciera, no me daría tanta vergüenza que mis compañeros la vieran. Mirá que bombacha tiene esta piba, pensarían, qué bombacha tan perfecta. Me dí cuenta de que ya no podía sacármela. Y me di cuenta de algo más, y es que la prenda no tenía alarma. Tenía una pequeña marquita en el lugar donde suelen ir las alarmas, pero no tenía ninguna alarma. Me quedé un momento más mirándome al espejo, y después no aguanté más y saqué el papelito, lo abrí y lo leí.
Cuando salí del probador él no estaba donde nos habíamos despedido, pero sí un poco más allá, junto a los trajes de baño. Me miró, y cuando vio que no tenía la bombacha a la vista me guiñó un ojo y fui yo la que lo tomé de la mano. Esta vez me sostuvo más fuerte, a mí me pareció bien y caminamos hacia la salida. Confiaba en que él sabía lo que hacía. En que un hombre ojeado y con la peor suerte del mundo sabía cómo hacer esas cosas. Cruzamos la línea de cajas por la entrada principal. Uno de los guardias de seguridad nos miró acomodándose el cinto. Para él mi hombre sin nombre sería papá, y me sentí orgullosa. Pasamos los censores de la salida, hacia el Shopping, y seguimos avanzando en silencio, todo el pasillo, hasta la avenida. Entonces vi a Abi, sola, en medio del estacionamiento. Y vi a mamá más cerca, de este lado de la avenida, mirando hacia todos lados. Papá también venía hacia acá desde el estacionamiento. Seguía a paso rápido al policía que antes miraba su coche y en cambio ahora señalaba hacia nosotros. Pasó todo muy rápido. Cuando papá nos vio gritó mi nombre y unos segundos después el policía y dos más que no sé de dónde salieron ya estaban sobre nosotros. Él me soltó pero dejé unos segundos mi mano suspendida hacia él. Lo rodearon y lo empujaron de mala manera. Le preguntaron qué estaba haciendo, le preguntaron su nombre, pero él no respondió. Mamá me abrazó y me revisó de arriba abajo. Tenía mi bombacha blanca enganchada en la mano derecha. Entonces, quizá tanteándome, se dio cuenta de que llevaba otra bombacha. Me levantó el Jumper en un solo movimiento: fue algo tan brusco y grosero, delante de todos, que yo tuve que dar unos pasos hacia atrás para no caerme. Él me miro, yo lo miré. Cuando mamá vio la bombacha negra gritó “hijo de puta, hijo de puta”, y papá se tiró sobre él y trató de golpearlo. Mientras los guardias los separaban yo busqué el papel en mi Jumper, me lo puse en la boca y, mientras me lo tragaba, repetí en silencio su nombre, varias veces, para no olvidármelo nunca.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Google festeja a Ada Lovelace

 El buscador celebra el 197 aniversario del nacimiento de la primera programadora del mundo; su trabajo sentó las bases para desarrollar las computadoras como actualmente se conocen. 

Publicado: Lunes, 10 de diciembre de 2012 a las 10:35

 
 CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) — Google celebra este lunes el 197 aniversario del nacimiento de la primera programadora del mundo, Ada Lovelace.
El doodle muestra como el trabajo de Lovelace sentó las bases para desarrollar otras máquinas hasta llegar a las computadoras actuales.
Lovelace nació el 10 de diciembre de 1815 en Londres, fue hija del famoso poeta Lord Byron y de Anne Isabelle Milbanke, pero nunca llegó a conocer a su padre, ya que él se separó de su madre meses antes de que ella naciera.
Anne Isabelle deseaba que su hija no fuera poeta como su padre, por lo que Lovelace recibió clases particulares de matemáticas y música.
Desde temprana edad mostró su talento para las matemáticas y en 1828 diseñó una máquina voladora.
En 1833, cuando tenía 17 años, conoció al científico Charles Babbage, quien en ese tiempo desarrollaba una máquina para calcular, la cual operaba por el método de las diferencias finitas.
Desde entonces, Ada y Babbage se escribían cartas sobre matemáticas, lógica, y otros temas científicos.
En 1843, ambos lograron descifrar el funcionamiento de la máquina analítica de Babbage y escribieron un proyecto con instrucciones para hacer cálculos, lo que sentó las bases para las computadoras actuales.
Al principio, su trabajo no fue reconocido, ya que se le consideraba sólo como la traductora del trabajo de Babbage, sin embargo, años más tarde sus aportaciones fueron retomadas para crear el ordenador.
La matemática murió de cáncer en 1852, a la edad de 37 años, y su cuerpo fue enterrado al lado del de su padre que nunca conoció.

jueves, 22 de noviembre de 2012

ONU prevé el final del sida

Acceso a mejores medicamentos es benéfico para infectados, dice informe

Miércoles 21 de noviembre de 2012 
El Universal











GINEBRA. El director ejecutivo de ONUSIDA, Michel Sidibé, al presenta el informe de VIH/Sida, en una rueda de prensa realizada ayer. (Foto: SALVATORE DI NOLFIEFE ) 


LONDRES (Agencias).— Un informe de Naciones Unidas (ONU) indicó ayer que la erradicación del virus de la inmunodeficiencia humana o VIH estaba cerca, gracias a un mejor acceso a medicamentos que pueden tratar y prevenir el sida , que causa la enfermedad y hasta hoy es considerado incurable.
El progreso llevado a cabo a lo largo de la última década ha provocado una disminución de la tasa de muertes y ayudó a estabilizar el número de personas infectadas con el VIH, dijo ONUSIDA en su informe anual.
El éxito en la lucha contra la enfermedad en la última década permitió que “se establecieran los fundamentos para una eventual eliminación del sida”, al recortar la cantidad de víctimas mortales y ayudar a estabilizar al número de personas infectadas por la pandemia, señaló el informe de ONUSIDA.
Según las cifras contenidas en el texto difundido, en 2011 se infectaron 2.5 millones de personas con el VIH, un 20% menos que en 2001. En los países al sur del Sahara se contagiaron un 25% menos que en 2001.
En todo el mundo viven unos 34 millones de seropositivos, según ONUSIDA.
Desde 1995, los tratamientos farmacológicos contra el sida, conocidos como terapia antirretroviral, salvaron 14 millones de años de vida en los países más pobres, incluyendo 9 millones en África subsahariana, dijo el informe divulgado ayer. Unos 8 millones de personas estaban recibiendo tratamientos con medicamentos contra el sida al final del 2011, 20 veces más que la cifra del 2003. La ONU estableció una meta para elevar esa cifra a 15 millones de personas para el 2015.
Sin embargo, el director de la oficina de ONUSIDA para América Latina, César Núñez, declaró que Latinoamérica debe optimizar el uso de los recursos disponibles y reforzar la prevención para continuar su avance en la lucha contra el VIH.
De acuerdo al organismo internaciona, 25% de las 530 mil personas infectadas por el VIH en Brasil desconoce que tienen el virus.
La red pública de salud atiende en Brasil a 217 mil pacientes y el ministerio, según el titular de la cartera, intensificará las campañas de prevención, pues el 30% de los infectados que buscan atención médica llegan con un estado avanzado de la enfermedad. Entretanto, un panel de expertos estadounidenses recomendó realizar pruebas rutinarias para la detección temprana del VIH.

martes, 20 de noviembre de 2012

Nadie dijo que era fácil…

"Pero hay que estar allí, echándole ganas porque siempre llegan cosas buenas.” Alí Soto Macias.

Por Sylvia Teresa Manríquez

Alí Soto Macías, Arturo Soto, Rosy Macías
Foto: Oscar Castro

Con la mirada en el futuro y la sonrisa derramándose en el presente, Alí Soto Macías comparte su impresión después de recibir la medalla que lo acredita como el mejor deportista sonorense en el 2012.
Alí respondió así a la pregunta de qué ha sucedido desde aquella plática que sostuvimos, en mayo de 2011, poco antes de que partiera a la Olimpiada Nacional, previa a el Panamericano de Luchas Asociadas:
Han pasado muchas cosas, que me han llevado a ser nombrado el deportista del año, estoy muy contento, me emociona, me motiva para seguir adelante. Han pasado muchas cosas en los entrenamientos, competencias, todo… buenos momentos, malos algunos, pero siempre sigo allí.

¿Qué obtienes de los malos momentos?
- Experiencia, que debo hacer y que no debo hacer para las próximas competencias.

La entrega de la medalla significa un compromiso, el de no detenerte
- Si, compromiso conmigo mismo, para seguirle echando ganas y seguir destacando.

¿Le dedicas la medalla a alguien?
- A mis padres. Estoy muy agradecido con ellos, son las dos personas que siempre han estado conmigo; desde que me inicié, hasta que yo me salga (me retire), siempre van a estar. Los quiero.

A los jóvenes que a veces se les hace difícil continuar, ¿qué les dices?
- Nadie dijo que era fácil, primero. Todos tienen sus topes (obstáculos), los hemos tenido, pero hay que estar allí echándole ganas porque siempre llegan cosas buenas.

En tu discurso te dirigiste al gobernador, ¿qué le dijiste?
- Le pedí apoyos para todos los atletas de Sonora, para poder seguir echándole ganas, porque sin competencias no hay resultados. Es lo que veo que hace falta.

La respuesta del gobernador Guillermo Padrés llegó rápidamente, en el discurso que pronunció en la misma ceremonia, informando que el 2013 para Sonora será el año del deporte y se trabajará para fortalecer y cumplir la petición que el joven luchador ha solicitado.

Así, con esta sencillez, Alí toma su lugar como campeón en el deporte sonorense. Así se expresa y comparte su sentir al ser reconocido oficialmente como el Deportista Sonorense del año 2012.

Tras sus palabras hay profundo esfuerzo, momentos difíciles sorteados con persistencia, voluntad y el apoyo sabido de familia y amigos.
Alí Soto Macías, joven luchador de grecorromana, consciente de su papel en el panorama deportivo del estado. Sencillo y propositivo, juntando puntos medalla tras medalla, llenándose de experiencia que le permitirá acortar el camino hacia las próximas olimpiadas en Río de Janeiro.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Andropausia, la masculinidad no se acaba*

Mario Alberto Reyes
Infografía documento relacionado: Carlos Fernández Moreno
México DF, noviembre 14 de 2012.
Este trastorno hormonal ha alcanzado la categoría de mito, tanto entre hombres como entre mujeres. Sin embargo, la andropausia no se manifiesta de forma tan severa ni tampoco es tan frecuente como la menopausia en las mujeres, además de que sus consecuencias no son en modo alguno equiparables.
 
En el mítico filme Luces de la ciudad, Charles Chaplin dio vida a un vagabundo llamado Charlot, en tanto que en la premiada cinta El loco del pelo rojo, el actor Anthony Quinn personificó al pintor Paul Gauguin. El intenso brillo que ambos actores alcanzaron en la industria del cine no fue lo único que los caracterizó; en su vida personal también se distinguieron por ser padres, Chaplin a los 78 y Quinn a los 81 años de edad.
 
A diferencia de la mujer, a quien le es imposible engendrar cuando alcanza el climaterio o menopausia, el hombre puede hacerlo hasta edades avanzadas siempre y cuando mantenga niveles óptimos de producción de testosterona, un andrógeno generado por los testículos y necesario para el desarrollo óptimo de los espermatozoides.
 
Cuando la producción de testosterona disminuye, generalmente a partir de los 40 años, aparece una sintomatología conocida como andropausia, término que en opinión de Eusebio Rubio, director de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual (Amssac), es "desafortunado" para denominar a una condición clínica que afecta a algunos varones.
 
"Si bien es algo que sucede con frecuencia, no ocurre en todos los hombres, ni siquiera en la mayoría. Se trata de cambios hormonales denominados con una palabra similar a la menopausia que explica el fin de las menstruaciones; si traducimos textualmente, andropausia quiere decir 'cese de la masculinidad', situación que obviamente no pasa".
 
En charla con Letra S, el experto define a la testosterona como una hormona muy importante para el mantenimiento de funciones metabólicas generales y de las relacionadas con el apetito sexual y la facilidad para excitarse y tener orgasmos.
 
Agrega que en el ámbito científico los niveles óptimos de esta hormona por decilitro de sangre se calculan entre 300 y mil nanogramos, por lo que cuando están por debajo de esta medida aparecen síntomas no sólo de índole sexual, sino otros que tienen que ver con la claridad de pensamiento y el nivel de energía de la persona.
 
Tratamiento, riesgos y mitos
 
Rubio Aurioles, quien también ha sido presidente de la Asociación Mundial para la Salud Sexual, apunta que los expertos para atender adecuadamente este padecimiento son los endocrinólogos, especialistas en salud sexual, urólogos y andrólogos. Sobre el momento en que los pacientes llegan a solicitar ayuda, agrega que ocurre cuando "las mujeres les reclaman su deficiente desempeño sexual o los mandan a volar".
 
Aunque los varones afectados por el Síndrome de Testosterona Baja –nombre propuesto por el especialista para nombrar a esta condición–, pueden vivir muchos años puesto que "no están en cama ni desahuciados", lo más recomendable es solicitar ayuda, de lo contrario, su calidad de vida disminuye –sobre todo la sexual debido a la dificultad para mantener erecciones de calidad–, y son más propensos a enfermarse y morir.
 
Cuando baja la testosterona y se manifiesta la sintomatología, lo más recomendable es sustituirla artificialmente para recuperar los niveles fisiológicos adecuados.
 
El director de la Amssac hace énfasis en la importancia de que sea un experto quien realice el tratamiento, pues el exceso de testosterona sintética, si bien aumenta el rendimiento, masa y fuerza muscular, resistencia ósea y mejora el apetito sexual y la distribución del peso corporal, también puede alterar la concentración de glóbulos rojos en la sangre volviéndola mucho más espesa y poniendo en riesgo a la persona, sobre todo si tiene hipertensión o arterioesclerosis.
 
El tratamiento dura varios años, no quita la causa del problema y si se deja de administrar, los niveles de testosterona descienden nuevamente. En cambio, reduce los riesgos cardiovasculares, de enfermedad prostática y de fracturas en personas mayores.
 
Anteriormente se pensaba que la testosterona producía cáncer, ahora la ciencia ha descubierto que existen células cancerosas susceptibles de crecer más en presencia de testosterona o menos cuando no la hay. Incluso algunos tratamientos consideran la "castración química" (supresión de la testosterona para eliminarla del cuerpo) con el objetivo de que el cáncer "sufra y muera" más fácilmente.
 
Por último, Eusebio Rubio subraya la necesidad de poner atención a los cambios del cuerpo y atenderlo "para que no se siga descomponiendo", pero sobre todo, entender que a pesar de los malestares en esta etapa de la vida, la masculinidad no se acaba.
 
*Publicado en el número 196 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el jueves 1 de noviembre de 2012
 

Con cadena perpetua tipifican feminicidio en Argentina

  • Modifican artículo 80 del Código Penal de ese país
  • La orientación sexual e identidad de género se incorporan como agravantes
  •  
    Redacción NotieSe
     México DF, noviembre 15 de 2012.
     
    La Cámara de Diputados de Argentina aprobó ayer el proyecto de ley que incorpora la figura del feminicidio en el Código Penal de ese país como un tipo de homicidio agravado e incluye la “orientación sexual, identidad de género o su expresión” como razones para contemplar ante estos homicidios.
     
    El proyecto, aprobado por mayoría de votos en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales y de la Banca de la Mujer en el recinto legislativo, modificó el artículo 80 del Código Penal, el cual reglamenta que “se impondrá reclusión perpetua o prisión perpetua, pudiendo aplicarse lo dispuesto en el artículo 52, al que matare: “A su ascendiente, descendiente, cónyuge, ex cónyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia”.
     
    La nueva ley también dispone castigo a quien cometa un crimen “por placer, codicia, odio racial, religioso, de género o a la orientación sexual, identidad de género o su expresión”.
     
    Se incluye el artículo 80 Bis, el cual dicta que “se impondrá prisión perpetua al hombre que matare a una mujer o a una persona que se autoperciba con identidad de género femenino y mediare violencia de género”.
     
    Al respeto, el presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), Esteban Paulón, expresó que la inclusión de la figura del feminicidio al Código Penal es un “enorme avance, sobre todo porque incorpora la perspectiva de la diversidad sexual”, hecho que consideró importante pues permite comenzar a trabajar en la erradicación de la violencia y los crímenes de odio contra las personas no heterosexuales.
     
    Por su parte, la vicepresidenta de dicha organización, Claudia Castrosín, dijo que de haberse aprobado antes esta ley, el caso de Pepa Gaitán, lesbiana de 27 años que fue fusilada por el padre de su pareja en marzo de 2010.
     
    Aseguró que la justicia hubiera podido aplicar las penas que correspondían en un “claro crimen de odio” basado en la orientación sexual e identidad de género de la víctima.
     
    Aunque “hablar de violencias hacia las mujeres, violencias de género y feminicidio es un aporte teórico, político e histórico de los movimientos de mujeres y feministas, no debemos perder de vista que por cada hombre condenado, ya ha muerto violentamente por lo menos una mujer”, escribió la activista feminista Alejandra Martín, en un artículo publicado hoy en el periódico La Voz de Argentina.
     
    “La ley, por más amplia y progresista que sea, no podrá revertir, por sí misma, la tolerancia hacia la violencia y el reforzamiento de conductas misóginas. Es por ello que resulta fundamental que el Estado –en todas sus jurisdicciones y a través de todas sus instituciones- se comprometa y garantice la aplicación –sostenida en el tiempo- de políticas preventivas tan complejas y profundas como la problemática que pretendemos erradicar”, escribió Alejandra Martín, quien es investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba.
     
    Para consultar la resolución completa de la Cámara de Diputados:


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