miércoles, 6 de abril de 2011

¿Y la poesía?

La letra desobediente

Braulio Peralta

2011-04-04

No sé si usted ya lo pensó don Felipe, pero a los poetas les sirvieron cadáveres exquisitos para meditar la muerte de esos jóvenes en Cuernavaca, donde perdió la vida Juan Francisco, hijo del poeta Javier Sicilia. Muchos creadores por fin se reúnen a discutir formas de organización para demandarle a usted, don Felipe, un alto a la violencia.

Una compañera me sorprendió con que no existe la palabra, el término lingüístico para nombrar lo que significa la pérdida de un hijo. Viuda y huérfano los conocemos, pero la desaparición física de un hijo, ¿cuál podría ser, don Felipe? ¿Cómo se deletrea la muerte de los jóvenes en Cuernavaca que abandonaron esta vida y dejaron a familiares y amigos, para siempre?

A Socorro Ortega, la madre de Juan Francisco —donde quiera que esté— le mando un abrazo con la fuerza de la naturaleza. Todo se ha dirigido hacia su padre, premio de poesía Aguascalientes 2009, Javier Sicilia, el mismo que decidió escribir, dijo, su último poema: “como te/ desgarraron los pulmones/ y el dolor no se me aparta/ sólo queda un mundo/ Por el silencio de los justos…”

¿Cómo ve eso de acallar a un poeta, don Felipe? No sé qué piense usted, pero otra poeta, Esther Seligson, afirma que el silencio, cuando calla, estalla... ¿Será posible, en esta tierra de 8 mil 898 muertos, SIN IDENTIFICAR LAS CAUSAS, desde 2006? Honestamente, dudo de la sociedad civil, esa que ha estado imperturbable con la danza de los números: más de 34 mil muertos en el sexenio que va, y nada, ni pisca de movimiento.

¿Tendremos miedo, don Felipe? ¿Tendremos el alma carcomida como para inmovilizarnos al grado de dejar pasar el río de muertos como si nada sucediera en donde todo acontece? ¿Tendrá razón Javier Sicilia al decirnos que “el mundo ya no es digno de la palabra”? ¿Queda entonces la respuesta de la fuerza bruta? ¿Usted qué opina, don Felipe? Nos gustaría una respuesta, al menos.

No estoy seguro del silencio para patentizar el grito de los inocentes. No, en sociedades canallas, mezquinas que no saben que ellos bien pueden ser los siguientes. Creo en el silencio del poeta pero no en la muerte de la poesía. A los poetas corresponderá deletrear el mundo que vivimos; hacer que las letras, libres, tengan un signo de vitalidad y esperanza.

¡Nos vemos el miércoles, don Felipe! Si no va, igual lo recordaremos.

braulio.peralta@milenio.com

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