viernes, 21 de septiembre de 2012

Un Fantasma en Radio Sonora: El conde García

Rossy Oviedo Castillo (Premio Estatal de Periodismo 2000, Categoría "Mejor Crónica")
Todavía hay quien lo recuerda con su singular caminar, moviendo su bastón al paso que daba, marcando al aire círculos invisibles como una muestra de que pasó por ahí, por la banqueta de la que fuera por mucho tiempo la Plaza Miguel Hidalgo, en la otrora ciudad de Hermosillo.
Empezaban entonces a pintar en Sonora los años 50 y su figura, que resaltaba por su escrupuloso vestir, con sus trajes de corte elegante, sin que pudiera faltar su fistol y sombrero, le dieron a Alfonso P. García el mote de “Conde”.
Parientes cercanos señalan que el sobrenombre se le asignó debido a su participación en el montaje de la obra “Don Juan Tenorio” (en el antiguo Teatro Noriega de Hermosillo). Su papel fue el de Conde y, dicen, su actuación fue tan buena que de ahí surgió el sobrenombre.
También hay quien, a pesar de no haberlo conocido en persona, sigue conviviendo –literalmente—con él, a pesar de tener casi tres décadas de haber pasado a mejor vida, pues continúa habitando dentro de las paredes de la casa que le vio morir: el actual edificio de Radio Sonora.

De obrero a Conde
No obstante a su riqueza, que se la dio su posición de próspero agricultor, el llamado Conde García no nació en pañales de seda. Este personaje que ha sido protagonista de innumerables anécdotas e historias de “miedo” en Radio Sonora, nació en Villa de Seris, donde vivió su infancia, adolescencia y juventud, con las carencias que aquella época traía a las familias no favorecidas económicamente.

En su juventud Alfonso P. García (La “P” es de apellido materno, Peralta, que según la costumbre de la época se colocaba a manera de inicial antes del apellido paterno), trabajó como obrero en el molino harinero situado justamente en Villa de Seris –actualmente considerado como un edificio histórico—sin saber lo que le deparaba el destino, porque al correr del tiempo se convirtió en socio del mismo, luego de contraer nupcias con las señorita Emilia Camou Olea, hija de don Alberto Camou, propietario del molino.
Luego de esa boda, Alfonso García, convertido en agricultor, trasladó su residencia a Hermosillo, (Villa de Seris era considerado todavía un pueblo) para vivir en la casa que hoy albergan las oficinas de Radio Sonora y el Colegio de Sonora, antaño una sola propiedad. El lugar se encuentra en la actual avenida Obregón, en el centro comercial de la ciudad.
Si bien el destino deparó al matrimonio García Camou una vida sin preocupaciones financieras, holgada económicamente y saturada de gustos materiales, les negó la posibilidad de ser padres de manera natural, por lo que ante el instinto humano que buscaba anidar en sus corazones una prolongación de sí mismos, decidieron tomar en adopción dos niñas.
Cuentas los historiadores que la vida de la familia García Camou transcurrió en santa paz y tranquilidad durante los primeros años de sus hijas. Después vendrían las penas, cuando una de ellas al llegar a la juventud huyó del hogar para dedicarse a una vida de promiscuidad. Esto afectó emocionalmente a la pareja, desde entonces las cosas no fueron las mismas.
A la par de las penas emocionales, llegaron las económicas. Poco a poco el Conde García fue perdiendo su fortuna, lo que mermó también en su salud. Aún cuando pasaba por esa crisis financiera, conservó su porte. Sus caminatas vespertinas frente a la acera de su residencia continuaron por largo tiempo.
La familia García Camou no pudo recuperase nunca de sus perdidas y en el invierno de 1976, tuvieron la mayor de ellas. En el patio interior de la residencia –sede actual de Radio Sonora-- tenían una alberca, que por temporadas permanecía vacía. En uno de sus paseos por el patio el Conde cayó a la alberca y se golpeó la cabeza. No murió al instante, ya que del lugar fue sacado con vida, sólo que a los dos meses, a consecuencia de los golpes, dejo de vivir. Para entonces, dicen, ya había dejado de poseer los recursos económicos de antaño.
La casa del famoso Conde ya no fue la misma, aunque doña Emilia y su hija Marcia García continuaron aún por un tiempo habitándola. La hija vendió años después la propiedad al entonces gobernador de Sonora, Samuel Ocaña García, y el inmueble se dividió para dar paso a la instalación de las oficinas del Colegio de Sonora y de Radio Sonora.

El Conde se niega a abandonar su casa
Podrán haber pasado más de dos décadas desde su desaparición física, podrá ya no ser esa “su” casa, pero el Conde es “terco” y se niega a dejar algo que por mucho tiempo le perteneció. Un espacio donde construyó sus sueños, trazó su destino y vivió quizás mil historias que hoy se cuelan por los rincones de la radio, una radio quepara él se ha convertido en una “pesadilla”.

Parece ser que no le gustó el cambio que se le dio al edificio, ni que se haya hecho una prolongación del mismo. A veces se piensa que tampoco le caen muy bien sus moradores, y de eso ha dejado pruebas. No ha desperdiciado tiempo, ni día, ni noche, para demostrar su descontento. Lo bueno de todo es que más que un anfitrión “maloso”, es travieso, pues le gusta hacer trinar a la gente y de vez en vez asustarla un poco.
Son muchas y variadas las anécdotas que cuentan los empleados de Radio Sonora. Como aquella del operador Rafael Salido, que, al tener la radio transmisión las 24 horas del día, le tocaba cubrir el turno de la madrugada.
Platica que en un a ocasión, al estar en cabina, sonó la extensión del teléfono. Sólo estaban en el lugar él y el velador. Al levantar el auricular le colgaban, esto se repitió varias veces, hasta que Salido se cansó y al revisar las luces que marcan en el aparato telefónico la extensión de donde se habla, se dio cuenta que la llamada provenía de la oficina de la dirección de noticias, ubicada entonces donde hoy es el departamento de producción. El operador abrió la puerta, cerrada con llave, encendió la luz y su sorpresa fue ver el lugar solitario, pero el auricular descolgado.

La anécdota más contada y recordada es aquella cuando le dio por cambiar las grabaciones que se giraban al aire. En los tiempos en que se utilizaban cintas de carrete abierto, cuando concluían los productores con su trabajo de edición, al probarlo, todo se escuchaba al revés.
A menudo, aún hoy, se pierden objetos, que aparecen a los días en el mismo lugar donde se habían colocado, se mueven cosas del lugar o se escuchan tecleos de las máquinas de escribir sin que haya personas laborando en las oficinas.
El Conde se divierte
El lugar preferido del Conde García es justamente el departamento de producción, que como dato curioso es la parte que se agregó al diseño original de la casa. Para quienes hacen el aseo, y abren el lugar a tempranas horas de la mañana, ya es natural percibir el olor de un elegante perfume de hombre. Un perfume que se asemeja a las colonias utilizadas hace ya varios años.
También se le ha visto bajar las escaleras del edificio y se escuchan sus pasos por los amplios corredores de la radio. Ha dejado gente encerrada en los sanitarios y ha tomado prestados escritos y notas, que cuando él lo decide las regresa a sus dueños.

 Parece ser que lo esencial para él es hacer notar que aún esta vivo, que él es el único dueño de ese espacio, sólo que ubicado en otro tiempo.
 Al Conde le ha costado adaptarse a su realidad, pero ya no inspira temor. Su “presencia” ya es parte de la vida cotidiana de quienes laboran en la estación del gobierno del Estado, con quienes comparte jornadas de música de todos los géneros, aunque cuando no le gusta algún disco prefiere esconderlo, o bien apagar de pronto el transmisor.
Juega con la paciencia de la gente, los hace vociferar hasta llevarlos a exclamar palabras altisonantes y como respuesta recibe uno que otro insulto. Blanca Olivia Vázquez, operadora y locutora de Radio Sonora también ha tenido varios encuentros con don Alfonso García.
El Conde sabe bien que difícilmente sacará a los empleados de su propiedad, por eso no desaprovecha la oportunidad de “cobrarles” su intromisión, busca pretextos, y en la primera oportunidad, cuando parece que ya los dejó en paz, reaparece. Es su constante, su diversión, es su manera de decirles: “Esto es mío, si van a estar aquí, respétenlo”.
Pero el Conde “es” Radio Sonora. Se ha aprendido a vivir con él, aceptándolo como un niño travieso y aguantándole sus irreverencias.
Si ustedes son de aquellos que gustan de experimentar este tipo de vivencias no deben desaprovechar la oportunidad de inmiscuirse en el hábitat de un fantasma, tan real, que se niega a dejar este mundo. Quizás en su próxima visita a Radio Sonora sea él quien los tome de la mano y los lleve a conocer las instalaciones.

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