viernes, 2 de agosto de 2013

“Yo también soy un producto de Televisa”

  • Fabrizio Mejía desnuda en su novela ‘Nación TV’ la historia de tres generaciones al frente de Televisa, la principal televisión mexicana

Mari Luz peinado. México 16 julio 2013.

Los domingos por la mañana, el pequeño Fabrizio Mejía (Ciudad de México, 1968) se sentaba en el salón de casa frente a la televisión y prácticamente no hacía otra cosa en todo el día. Primero veía En Familia con Chabelo, protagonizado por el famoso cómico mexicano. Después, Siempre en domingo, un espacio de variedades conducido por Raúl Velasco que estuvo 29 años en antena. Durante tres décadas, este programa fue la máquina de crear estrellas: cantantes, famosos e ídolos juveniles tocados por la varita mágica de Televisa. Todos esos personajes que veía Mejía en la pantalla ahora son los protagonistas de su nuevo libro, Nación TV (Grijalbo), una novela en la que Mejía desgrana la historia del gigante de la televisión mexicana, sus relaciones con los gobiernos del PRI y sus partes más oscuras.
“Yo también soy un producto de Televisa, como toda mi generación. No había otra cosa que ver y fue parte de nuestra educación”, explica Fabrizio Mejía sentado el sofá de su casa, el lugar desde el que escribe sus novelas. En la mesa frente a él, un tomo de Gabriel García Márquez, en este caso también un referente para su libro porque ¿qué escribe Fabrizio Mejía? ¿Realidad o ficción? “Lo que cuento en el libro es verdad. Es una novela, sí, pero responde a una fuerte tradición de narrar en América Latina: contar un hecho verídico de una manera artística o literaria. Como Ricardo Garibay, como Truman Capote o el mismo Javier Cercas”. Para construir esta historia, el escritor ha hecho un enorme trabajo de documentación que incluye entrevistas y la lectura de casi un centenar de libros y reportajes que aparecen desgranados en la bibilografía final. 
En 200 páginas de novela-realidad, Mejía hace un repaso a tres generaciones de la familia Azcárraga: Emilio Azcárraga Vidaurreta, aquel que concibió la televisión como un medio para vender productos a las amas de casa; Emilio El Tigre Azcárraga Milmo, bajo cuyo mandato Televisa se transformó en la mayor empresa de televisión de Latinoamérica y las actrices de telenovelas se convirtieron en un modelo para las mexicanas; y el actual presidente, Emilio Azcárraga Jean. Es una historia de familia, de poder, de influencias políticas, de drogas e incluso de pederastia. Con tramas ocultas dignas de cualquier novela mafiosa. No es casualidad que un tomo de El Padrino - que también es una de sus películas favoritas - descanse en el sofá desde el que Fabrizio Mejía responde a las preguntas.
Y como en las tramas mafiosas, en esta historia también hay amenazas. “Me llamaron por teléfono y me dijeron que tuviera cuidado. También se presentaron en la editorial unos tipos bastante oscuros que dijeron que venían de Televisa y querían revisar el texto”, explica Mejía. Dice que no tiene miedo, que pocas cosas pueden ser más peligrosas que ser periodista en México y que él ya pasó por eso. A pesar de que en su libro también hay “extraños accidentes” como el de noviembre de 1965, cuando Fernando Diez Barroso murió por un fallo de su avión. Estaba en el centro de una disputa por la línea sucesoria de Televisa. 
“El poder de Televisa llegaba a todos los puntos de la sociedad mexicana, no había ningún hecho político en el que no tuvieran algo que ver. Y aún se pueden reconocer algunos. El más claro es la llegada de Peña Nieto al poder. Él es una creación de Televisa casado con una actriz de telenovelas”, explica Fabrizio Mejía.
Sin embargo, está convencido de que esa influencia es más débil sobre los jóvenes mexicanos. De hecho, así nació este libro, cuando el autor vio cómo en plena campaña electoral, los jóvenes de #yosoy132 protestaban frente a la sede de la empresa por la cobertura informativa. “Pensé que esos chavos necesitaban que les contaran la historia de un gigante que está perdiendo su poder. Este libro es una especie de despedida de la televisión monopólica y todopoderosa”.
Al final, el relato de Fabrizio Mejía también se ha convertido en una explicación para su propia generación y para él mismo. “Nos enseñaron de qué nos teníamos que reír, al implantar ese humor blanco y sin ironía, como el de Chespirito y Chabelo. También influyó en nuestra educación sentimental al mostrarnos esa imagen de la mujer, la historia de la Cenicienta que se repetía en cada novela. Desempeñaron un papel en contra de la transición democrática al tomar partido y usar los noticieros como un arma de propaganda. ¡No nos dejaron ni el fútbol!". Mejía defiende que hasta el deporte estaba intoxicado por el poder de la televisión: "La construcción del Estadio Azteca no tiene nada que ver con el deporte sino con la retransmisión televisiva y la publicidad”.
El peligro de revisar a fondo aquello que siempre diste por bueno es que puedes descubrir que era mentira. Aquel Fabrizio niño se reía a carcajadas con la Pájara Peggy, una especie de gallina amarilla con falda, fanática del cantante mexicano César Costa. En el libro, Mejía cuenta cómo el personaje que daba vida a la Pájara Peggy era uno de los encargados de introducir la cocaína que en los setenta se consumía en los platós de Televisa. “Nunca habría podido imaginar que un personaje de la infancia tendría que ver con los grandes jefes del narcotráfico de la época. A mis 45 años ha sido como perder la inocencia”.



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