
Quienes gusten acompañarme me toca leer el miércoles 01 de junio, a las 18 hrs en el Instituto Sonorense de Cultura.

La afirmación de que no hay anorgásmicas, sino hombres incompetentes, es una forma pobre de tratar el problema, exponen especialistas
De acuerdo con una investigación del Instituto Mexicano de Sexología (Imesex) en la que se entrevistó a alrededor de mil mujeres la mitad de las encuestadas dijo que nunca o rara vez alcanza un orgasmo en sus encuentros sexuales, informa Juan Luis Álvarez-Gayou, terapeuta fundador de esa institución.
El estudio se realizó en el Distrito Federal, Morelos, Oaxaca, Guanajuato, Guerreo, Yucatán, Chiapas y Aguascalientes.
El orgasmo, esa liberación energética que dura sólo unos segundos, es mucho más que una sensación corporal y puede abordarse desde las aristas biológica, sicológica y social, según especialistas entrevistados por este diario.
La anorgasmia –antes conocida como frigidez, término en desuso por los expertos, quienes lo consideran un concepto vago, cuando no peyorativo– es la incapacidad de llegar al clímax en una relación sexual.
Desde el punto de vista biológico, cambios endócrinos del cuerpo pueden hacer que disminuya el nivel de andrógenos y con ello el deseo sexual, explica Matilde Matuk, miembro de la Sociedad Sicoanalítica de México.
Otros factores biológicos que intervienen en el funcionamiento de la respuesta sexual pueden ser las infecciones vaginales, la menopausia o el efecto de algún medicamento.
No obstante, no hay un solo caso registrado de anorgasmia primaria, ni siquiera en mujeres que han sufrido mutilación genital (cliterodectomía), asegura Noemí Ehrenfeld, investigadora adscrita al departamento de Biología de la Reproducción de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Problemas sicológicos
La falta de placer sexual también puede ser ocasionada por factores sicológicos, sobre todo en aquellas personas que sufrieron un abuso sexual.
Por ejemplo, cuando la persona tiene miedo de enfrentar la sexualidad por alguna experiencia anterior o por ideas equivocadas en torno al acto sexual, lo que ocasiona tensar involuntariamente los músculos de la vagina y que el coito sea doloroso. En ocasiones, ni siquiera se permite la penetración, mucho menos el orgasmo
, expone Yolanda Falcón, sicoterapeuta corporal.
Los sicológico también interviene en cómo se experimenta el orgasmo, lo que constituye la diferencia entre tener una vivencia estándar
y una experiencia única.
La respuesta fisiológica del orgasmo es idéntica siempre. El cuerpo responde con toda la batería neurológica siempre igual. ¿Por qué un día se percibe como altamente satisfactorio y otro día no? Por factores de la vida cotidiana que a todos nos afectan
, dice Ehrenfeld.
El estrés y la depresión son enemigos acérrimos del placer sexual, así como los problemas en la relación de pareja.
La vida sexual es un reflejo objetivo de cómo es la vida en pareja. Si ahí uno miente, lo hace en otros aspectos de la relación
, comenta Matuk.
En opinión de los expertos, es común que las mujeres finjan un orgasmo. Muchas lo hacen para que el hombre no se sienta defraudado
, cuando de lo que se trata es de encontrar la manera de que ambos disfruten, dice Falcón.
Señalan que el orgasmo está, hasta cierto punto, sobrevalorado. Es una descarga que dura segundos, y el que no esté no habla de una relación sexual fallida. Es lo de menos cuando una persona disfruta todo el encuentro
, comenta Falcón.
Para Ehrenfeld hay muchos elementos en un encuentro sexual. El orgasmo no es obligatorio, no es una carrera
.
La especialista refiere que hace unas décadas, cuando se publicitó ampliamente la capacidad multiorgásmica de la mujer, “el primer motivo de consulta en los consultorios de los llamados sexólogos era ‘¿por qué yo no soy multiorgásmica?’ No todo mundo tiene que serlo”.
Matuk opina que el orgasmo se puede alcanzar de muchas maneras, “no sólo por el coito; puede ser por medio de tocamientos, caricias; nos metemos en una serie de ‘tengo que’ y ya no es divertido, en vez de hacer del encuentro algo disfrutable”.
Juan Luis Álvarez-Gayou explica que muchas mujeres se sienten mal por no alcanzar el orgasmo tras la penetración, cuando los seres humanos estamos mal diseñados para que el pene, durante el coito, pueda generarle un orgasmo a una mujer. Muchas lo viven, lo que no significa que quien no lo tenga esté mal
.
Ehrenfeld señala que la idea de que el varón es el responsable del placer sexual de una mujer no es válida.
Ella deposita en él la responsabilidad de su propio bienestar y sentir. La afirmación de que no hay mujeres anorgásmicas, sino hombres incompetentes, es una forma pobre de tratar el problema. Los varones se hacen cargo de sus cuerpos y nosotras nos tenemos que hacer cargo de los nuestros
, afirma.
Mitos
Para los especialistas, los factores socioculturales son los que más afectan a las mujeres para experimentar el orgasmo.
Ideas erróneas en torno a la sexualidad, como que ejercerla es malo o pecado, derivan en culpas y prejuicios que inhiben el placer sexual. La sociedad sigue penalizando tener un cuerpo sensitivo, erótico
, explica Ehrenfeld.
Los terapeutas coinciden en que el mejor aliado contra la anorgasmia es la autoexploración.
La palabra masturbación causa alboroto en mucha gente, pero es parte de la terapia sicocorporal
, explica Falcón, quien lamenta que haya personas que se quedan toda la vida con una sexualidad mediocre.
Álvarez-Gayou recomienda reconocer el propio cuerpo con tocamientos, caricias. De esa manera la mujer va recuperando su cuerpo y, por ende, sus sensaciones
.
Ehrenfeld considera que la autoexploración es fundamental porque permite conocer cómo reacciona el cuerpo.
Sobre la rutina sexual, la académica puntualiza que somos animales con mucha imaginación; hay que ejercerla
.
rita, me dijo, hace cuarenta años que espero una ocasión como ésta. Cuarenta años que me la paso escondido detrás de esta pila de naranjas con la esperanza de que alguien me arrebate una fruta. Y le digo por qué: necesito hablar, necesito contar mi historia. Si usted no me escucha, la entregaré a la policía.” “Le escucho”, dije yo.
Me tomó del brazo y me llevó al interior de su tienda entre frutas y legumbres. Pasamos por una puerta, al fondo, y llegamos a un cuarto. Había allí un lecho en el que hacía una mujer inmóvil y probablemente muerta. Me pareció que debía estar allí desde hacía mucho tiempo pues el lecho estaba todo cubierto de hierbas crecidas. “Lo riego todos lo días”, dijo el frutero con aire pensativo.
“En cuarenta años nunca he llegado a saber si estaba muerta o no. Nunca se ha movido, ni hablado, ni comido durante ese lapso; pero lo curioso es que sigue estando caliente. Si usted no me cree, mire”. Y entonces levantó un ángulo de la cobija, lo que me permitió ver muchos huevos y algunos polluelos recién nacidos. “Usted ve, es el modo que utilizo para incubar los huevos (también vendo huevos frescos)”.
Nos sentamos a cada lado del lecho y el frutero comenzó a hablar: “La quiero tanto, créame. La he querido siempre. Era tan dulce. Tenía unos piesecitos ágiles y blancos. ¿Quiere usted verlos?” “No”, dije yo.
“En fin”, continuó diciendo con un profundo suspiro, “era tan hermosa. Yo tenía cabellos rubios, ella hermosos cabellos negros (ahora, los dos tenemos cabellos blancos). Su padre era un hombre extraordinario. Tenía una gran casa en el campo. Se dedicaba a coleccionar costillas de cordero. Por ese motivo llegamos a conocernos. Yo tengo una especialidad: sé desecar la carne con la mirada. El señor Pushfoot (ése era su nombre) oyó hablar de mí. Me invitó a su casa para desecar sus costillas a fin de que no se pudrieran. Agnes era su hija. Fue un amor a primera vista. Partimos juntos en barco por el Sena. Yo remaba. Agnes me hablaba así: “Te quiero tanto que vivo sólo para ti”. Y yo le decía lo mismo. Creo que es mi amor lo que la mantiene cálida; quizás está muerta, pero el calor persiste”. – “El año próximo”, prosiguió con la mirada perdida, “sembraré algunos tomates; no me asombraría que se desarrollaran bien allí dentro.” – “Caía la noche y no se me ocurría dónde pasar nuestra primera noche de bodas; Agnes se había vuelto pálida, muy pálida por la fatiga. Finalmente, apenas salimos de París, vi una cantina que daba sobre la orilla. Aseguré el barco y penetramos por la galería negra y siniestra. Había allí dos lobos y un zorro que se paseaban a nuestro alrededor. No había nadie más”.
“Llamé, llamé a la puerta que encerraba un terrible silencio. “Agnes está muy fatigada, Agnes está muy fatigada”, gritaba yo lo más fuerte que podía. Finalmente una vieja cabeza se asomó por la ventana y dijo: “No sé nada. Aquí el patrón es el zorro. Déjeme dormir: usted me fastidia.” Agnes se puso a llorar. No quedaba otro remedio: tenía que dirigirme al zorro. “¿Tiene usted camas?” le pregunté varias veces. No respondió nada: no sabía hablar. Y de nuevo la cabeza, más vieja que antes, que desciende suavemente desde la ventana, atada a un cordoncito: “Diríjase a los lobos; yo no soy el patrón aquí. Déjeme dormir, por favor”. Acabé por comprender que esa cabeza estaba loca y que no tenía sentido continuar. Agnes seguía llorando. Di varias vueltas alrededor de la casa y al fin pude abrir una ventana por la que entramos. Nos encontramos entonces en una cocina alta; sobre un gran horno enrojecido por el fuego había unas legumbres que se cocían solas y saltaban por sí mismas en el agua hirviendo; ese juego las divertía mucho. Comimos bien y después nos acostamos sobre el piso. Yo tenía a Agnes en mis brazos. No pudimos dormir ni un minuto. Esa terrible cocina contenía toda clase de cosas. Una enorme cantidad de ratas se había asomado al borde exterior de sus agujeros, y cantaban con vocecitas aflautadas y desagradables. Había olores inmundos que se inflaban y desinflaban uno tras otro, y corrientes de aire. Creo que fueron las corrientes de aire las que acabaron con mi pobre Agnes. Ya nunca más se recobró. Desde ese día habló cada vez menos”.
Y el frutero estaba tan cegado por las lágrimas que no tuve dificultad en escaparme con mi melón.
Tomado de “Antología de la poesía surrealista”. Aldo Pellegrini (Editorial Argonauta), Barcelona-Buenos Aires, 1981
Traducción de Aldo Pellegrini del libro de Leonora Carrington “La Dame Ovale” (1939, París)
Ciudad de México.- La escultora y escritora Leonora Carrington, falleció ayer a las 22:30 a de la noche, confirmó a través de su cuenta de Twitter (@CSaizar) [2] Consuelo Saizar, presidenta del Conaculta.
Su promotor Issac Maisric, desde hace 25 años, informó que el cuerpo de la artista es velado en San Jerónimo, en la Ciudad de México.
Sus hijos, Pablo y Gabriel acompañan a la escultora.
En su cuenta, la directora del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes escribió.
"Así vivimos toda la vida: en mundos que Leonora incendiaba", me dice Gaby Weisz al abrazarlo.
Nacida el 6 de abril de 1917 en una familia acaudalada de Inglaterra, Carrington pasó la última parte de su vida en una sencilla casa de la Ciudad de México.
Algunas de sus esculturas adornan actualmente la avenida Paseo de la Reforma, además trabajos inéditos de Carrington, se exhiben en el Museo Estación Indianilla.
Hace un mes la escritora mexicana Elena Poniatowska lanzó en Madrid una versión novelada sobre la vida de Carrington.
Carrington convivió con figuras del movimiento surrealista como Salvador Dalí, Marcel Duchamp, Joan Miró, Pablo Picasso o Luis Buñuel.
A la edad de 20 años se fue a vivir a París donde vivió una intensa relación amorosa con el pintor surrealista Max Ernst, 26 años mayor que ella, interrumpida cuando él, de origen alemán, fue arrestado y enviado a campos de concentración.
Leonora cayó entonces en una profunda depresión e inició una campaña para denunciar a Hitler, pero terminó por ser internada en una clínica psiquiátrica en España, donde fue tratada como una demente.
Carrington logró huir del psiquiátrico y pidió ayuda en la embajada de México en Lisboa al periodista y escritor Renato Leduc, quien la apoyó para viajar primero a Nueva York y luego a México, donde se estableció definitivamente en 1942 y pasó la mayor parte de su vida.
"Ella no estaba para nada enloquecida, ella se enfrentó a la guerra y los locos fueron los que no entendieron el peligro de la guerra que vislumbró. Ella vislumbró a Hitler mucho más que cualquiera", dijo Poniatowska a la agencia AFP en una reciente entrevista con motivo de la presentación del libro biográfico.
Carlos Rojas
—Ahora que lo rebelde es un producto de telenovela y la vestimenta punk se compra en tiendas departamentales, ¿Dónde está la contracultura?
—Pues no entre los que van a comprar a Liverpool obviamente. Todo mundo necesita tener un contrapeso dentro de sí mismo. Se ha vuelto muy convencional y muy cuadradote en la vida tener rasgos contraculturales. Quizá cuando alguien se baña canta sin saber qué significa I can get no satisfaction… (ríe con sorna). Pero sí existe la contracultura, como demonios no. Se manifiesta a través de una enormidad de fanzines que se distribuyen casi de mano a mano o por correo electrónico a lo largo de toda la República Mexicana. Hay una enorme cantidad de pequeñas células contraculturales. Hasta en los pueblos más pequeños, de repente comienzan a llegar todo tipo de aires. Y si llega Televisa, también es probable que lleguen ahí mismo cosas muchísimo mejores, como buen rock.
— ¿Los medios masivos se empeñan en comercializar los rasgos característicos de la contracultura?
—Claro. Los medios tratan siempre de neutralizar el fenómeno. Primero, si no les gusta, tratan de detenerlo y lo combaten. Si ven que se resiste y no lo pueden exterminar, tratan de neutralizarlo y desnaturalizarlo, vestirlo a su conveniencia para tratar de montarse en él y llevarlo hacia sus fines. A veces funciona, pero las más de las veces no. Los medios en ese sentido han jugado un papel muy importante, pero la contracultura se sigue desarrollando al margen de todo eso.
— ¿Ves en la música mexicana contemporánea un movimiento contracultural de vanguardia, que no repita las fórmulas europeas o estadounidenses?
—Ciertamente hay una tendencia a incorporar elementos muy mexicanos a un leguaje universal como es el rock. Eso comienza en los años 70 con El Tri. Luego Rockdrigo y Los Rupestres lo logran sensacionalmente, y son tan rocanroleros como el que más. Hay mucha efervescencia por debajo, en lo underground, hay una cantidad tremenda de demos que circulan por ahí. Y ese rock sigue siendo contestatario, verdaderamente expresivo y que no se alinea con las tendencias comerciales. Me gustan ahora cosas que está haciendo gente de Tijuana, como esa fusión de música electrónica con sones norteños o ambientes sonideros. Me gustaría ver algo mas encaminado por ahí por donde iba el Personal, que se metían en las cosas más locas del mundo, como reggae con aires de mariachi y de son veracruzano.
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nero de 1995 y junio de 2009, en Méxicose han cometido 705 crímenes de odio por homofobia, reveló la más reciente edición del Informe de Crímenes de Odio por Homofobia, elaborado por la organización civil Letra S y presentada en la conmemoración del Día Internacional de Lucha contra la Homofobia.
J. M. - Barcelona - 10/05/2011
El 52% de los dueños de una tableta encuentra que es más fácil leer en pantalla que en papel, aunque un 42% no aprecia diferencias. No ocurre lo mismo con los propietarios de un portátil, ya que la mayoría (47%) prefiere el papel y a un 33% le da igual. Son algunas de las conclusiones de un estudio realizado por Gartner sobre el comportamiento de los lectores de seis países.
"Hay una preocupación de que los medios digitales canibalizan los impresos, basados en el crecimiento de unos y la caída de ventas de otros, pero la evidencia de nuestra investigación es que los consumidores no ven lo digital como un sustituto del texto impreso", explica Nick Ingelbrecht, director de investigación de Gartner. "Algo más complicado que la simple sustitución de un tecnología por otra está ocurriendo".
"Tratar de vender el mismo contenido básico al mismo consumidor en diferentes formatos corre el riesgo de alienar al consumidor, que no pagará dos veces por lo mismo," dice Ingelbrecht. "Los resultados del estudio confirman que la distribución multicanal de contenidos es esencial para conseguir audiencias que están consumiendo casi de forma igualitaria textos en pantallas que textos en papel". Ingelbrecht apuesta por las sinergia de los productos multicanal, pero no por la venta separada del mismo producto en distintos formatos.
Según Gartner, el consumo de textos impresos y en pantalla está igualado actualmente. Los menos de 40 años prefieren la pantalla y los mayores lo impreso. El hombre es más proclive que la mujer hacia el texto digitalizado, aunque se reconoce, sin distinción de sexos, que cansa más leer en la pantalla que enpapel.
Pero cada tipo de lectura tiene su canal preferido. No hay problema para leer en la pantalla del móvil un mensaje o los mapas, pero para textos largos el papel mantiene la ventaja. Garner advierte que para seguir ganando adeptos, los aparatos digitales deberán mejorar ergonomía, peso, diseño, resolución de la pantalla, resistencia a los golpes y a los líquidos, y así poder ser utilizados al aire libre y en las situaciones de ocio donde se acostumbra a leer más.
Laura Guerrero no existe. Es el nombre de la guapa protagonista de Miss Bala, una película mexicana que estos días se presenta en el festival de Cannes. Marisol Valles sí existe. Es el nombre de una muchacha de 20 años que a finales de octubre de 2010 nos conquistó al aceptar un cargo para el que ningún hombre de su pueblo había tenido suficientes arrestos: jefa de policía de Práxedis G. Guerrero, un municipio de 3.400 habitantes situado junto a Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, sin duda uno de los lugares más peligrosos del mundo. Ambas tenían pequeños sueños. La ficticia Laura Guerrero quería ser la mujer más guapa de Baja California, apenas unos minutos de gloria local y unos cuantos pesos para comprarse ropa en San Diego. La real Marisol Valles solo quería ser jefa de policía de su pueblo, patrullar sin armas por la mañana, cuidar a su bebé por la tarde, terminar sus estudios de Criminología y, si acaso, lanzar el mensaje de que, en México, aún existe un rincón para la gente valiente. Miss Bala y Miss Valentía. No pudo ser. El martes por la tarde, el productor Pablo Cruz y el director Gerardo Naranjo –a punto de abordar un avión hacia Francia-- me invitaron a ver Miss Bala. No estaría bien que les desvelara aquí la película, tampoco que les dijera si me pareció buena o mala, que doctores tiene la iglesia. Sí les puedo decir que, durante casi dos horas, reviví a través de las peripecias de Laura Guerrero lo que, desde hace ya casi tres años, llevo observando cada vez que viajo a Ciudad Juárez o a Tijuana o a cualquier otro lugar de los 3.000 kilómetros de frontera con Estados Unidos: ciudadanos que se esfuerzan en vivir su vida en medio de un cóctel muy explosivo elaborado a base de sanguinarios cárteles de la droga en pugna por el territorio, cuerpos de Policía infiltrados hasta la médula, nerviosos soldados que primero disparan y luego preguntan, jueces ineficaces –más del 90% de impunidad--, políticos corruptos, desesperación y silencio ante el discurso inapelable de las armas de alto poder. Aún andaba digiriendo el triste destino de Miss Bala cuando, el miércoles por la tarde, me enteré de que Marisol Valles había reaparecido.
No sé si se acordaran de que, a finales de octubre de 2010, este periódico publicó una crónica en la que saludaba el arrojo de Marisol Valles, la mujer más valiente de México. Y que, a principios de marzo de 2011, no tuvimos más remedio que contarles que la jefa de Policía había desaperecido y que todo apuntaba a que, agobiada por las amenazas, había solicitado refugio en Estados Unidos. Pues bien, el miércoles esa sospecha se confirmó. La cadena de televisión estadounidense ABC localizó en El Paso, la ciudad fronteriza con Ciudad Juárez, a Marisol Valles, le hizo una entrevista y logró que la muchacha confesara que sí, que recibió mensajes del crimen organizado, que la amenazaron con asesinarla --a ella, a su bebé, a su familia--. Que no podía vivir pensando en cuándo aparecerían los sicarios, que tuvo miedo, que huyó…
En la película Miss Bala y en el reportaje de la cadena ABC sobre Mis Valentía aparecen los dos lados de la frontera. Tijuana y Ciudad Juárez, del lado mexicano, y San Diego y El Paso, del lado estadounidense. La guerra y la paz separadas por unos cuantos metros de alambrada. En la zona de paz se venden pacíficamente las armas que en la zona de guerra ya han causado la muerte de 40.000 personas desde 2007. En la zona de paz se consume tranquilamente la droga por la que, en la zona de guerra, los cárteles luchan encarnizadamente. En la zona de paz, todo sueño es posible --de hecho, es la marca de la casa--. En la zona de guerra, los sueños más modestos --reina local de la belleza, jefa local de policía— se convierten en cuestión de vida o muerte.
El martes por la tarde, salí del cine contento de que Laura Guerrero solo fuera un personaje de ficción. El miércoles, me alegré de que Marisol Valles siguiera viva, en el exilio y con lágrimas en los ojos, pero viva al fin y al cabo. Miss Bala y Miss Valentía. El sueño mexicano. No pudo ser.
“Le limpié el vidrio... ahi lo que guste darme...”
Acostumbrada a que esta frase provenga de algún niño que en los semáforos saltan sobre los cofres de los carros para limpiar el parabrisas, me llamó la atención que la voz fuese femenina.
Era una adolescente de tez morena, ojos pequeños, nariz afilada, estatura corta, el cabello largo recogido en una trenza. Su apariencia acusaba a una indígena de Oaxaca o Michoacán. Pude notar la ropa limpia, y lo que más me impresionó: el brillo de su mirada a pesar de su aspecto cansado.
Con la mano extendida aguardó mis monedas, pero yo le respondí con una lluvia de preguntas que ella no esperaba.
¿Cuántos años tienes? - 18
¿Vas a la escuela? - No
¿Estás casada? - Si
¿Y tu esposo? - (No hubo respuesta)
¿Tienes hijos? - (Con impaciencia respondió) – Sí
¿Cuantos? - Dos
¿Dónde están? (Con desconfianza señaló un árbol cercano, bajo su sombra dos niños probablemente de dos y tres años de edad)
¿Vas a la escuela? - Con otro gesto negó
Y seguí preguntando:
¿Cómo te va con los otros limpiavidrios? - Molesta, retiró la mano.
Eit, perdona, aquí tienes, ¿Para que quieres el dinero? - Pañales y una soda pa' mis hijos.
La imagen de la adolescente-madre y además indígena, permanece en mi mente.
En entregas anteriores comentaba que en México hay casi 30 millones de niños de 5 a 17 años, de los cuales 3,5 millones trabajan por necesidad. Además, son las principales víctimas de la violencia en todas sus manifestaciones. Y encima, las niñas y los niños indígenas son los más discriminados. Esa es la situación de esta joven que seguramente se sintió invadida con mis preguntas.
¿Sabría ella desde cuando se celebra el Día de las Madres, o por qué? Lo que estoy segura si sabe es lo difícil de sobrevivir en una ciudad extraña y hostil, ajena a su realidad.
Origen…
En la Grecia antigua se realizaban festividades en honor a la diosa Rhea, madre de Júpiter, Neptuno y Plutón. Después, en el siglo XVII, en Inglaterra se celebraba el “Domingo de servir a la madre”, los empleados no trabajaban y tenían permiso de visitar a sus madres, a quienes regalaban un pastel horneado por ellos mismos. Los colonos ingleses en América conservaron esta tradición, y fue en Estados Unidos dónde se realizó la primera celebración pública en 1872, con poco éxito. En 1907 una mujer promovió que un día en especifico se dedicara a las madre, y en 1914 se proclamó el “Día de las Madres” como fiesta nacional en ese país.
Las culturas mesoamericanas anteriores a la Conquista de México honraban a la maternidad. Los aztecas rendían culto a Huitzilopochtli, la diosa Coyolxauhqui o Maztli, representada por la luna. Eran festejos sagrados, se hacían peregrinaciones para honrar a la madre de los dioses.
En 1922, el periodista Rafael Alducín, fundador del periódico “Excelsior” promovió el festejo a la madres e invitó a la gente a enviar propuestas sobre la fecha en que se celebraría, quedando establecido el 10 de mayo. Este es el origen en nuestro país, de una celebración que hoy en día tiene más de comercial que histórico reconocimi
Poesía Palabras para descifrar el laberinto del silencio. Sylvia Manríquez