martes, 3 de febrero de 2009

EL DIVAN: ¿PARA QUE SE ES CANDIDATO?

EL DIVAN

Miguel Ángel Avilés
avilésdivan@hotmail.com

¿PARA QUE SE ES CANDIDATO?

…Cae más pronto un representante popular que un cojo.

El ajetreo que trae la clase política tanto de Sonora como del resto del país, que va de la desesperación a la hiperquinesia y de la voracidad a la gula electoral, incita a preguntarnos cual es hoy y en estos tiempos la razón principal que lleva a toda esta gente a querer ser, según ellos, un representante popular.
Es una pregunta ciertamente ingenua, pero al mismo tiempo sediciosa que busca enfrentarse, con toda provocación posible, a la esperada, predecible respuesta de estos actores que, de acuerdo a su retórica, vienen dispuestos a transformar al Estado y al país.
Pero, bueno, imagínese que tiene enfrente a Manlio Fabio Beltrones, a Gamboa Patrón, a Santiago Creel, o a Manuel Espino o a Chucho Ortega o a Jesús Zambrano o a Pablo Gómez o a Graco Ramírez o Manuel Camacho Solís o a Dante Delgado Beatriz Paredes, Germán Martínez, o Guadalupe Acosta Naranjo y viéndolo a los ojos, usted confronta a estas finísimas personas y le pregunta casi en secreto de confesión y dejándonos de chingaderas: ya en serio, en serio ¿Por qué y para que quieres ser candidato?
Si nos precipitamos y queremos anticiparnos a sus contestaciones, bien podemos concluir , por ejemplo, que lo que pretenden es, sea el caso estatal o nacional cada quien en su competencia, ayudar a los mas necesitados, proponer iniciativas de leyes vanguardistas, impedir que se sigan enriqueciendo unos cuantos, reducir la carga fiscal, reformar la constitución, mejorar las relaciones diplomáticas, blindar pemex ante un posible acaparamiento extranjero, concluir la reforma del Estado, legislar en materia de prevención delictiva, acabar de plano con la corrupción, hacer al país mas competitivo, erradicar la impunidad, ir a la caza de los delincuentes de cuello blanco, combatir la pobreza extrema, contribuir con sendas reformas o nuevas leyes al crecimiento del producto interno bruto, apoyar al campo o apuntalar la pesca.
Sí, nos adelantamos y respondimos por ellos. Pero palabras más, embustes menos, esas serían sus respuestas. Nadie dirá que ha utilizado y utilizará su sitio para fortalecer y acrecentar sus negocios propios, ni para abultar sus cuentas bancarias, ni para aumentar la adquisición de bienes, ni para vivir en la gloria el resto de sus días, ni para seguir perteneciendo a la oligarquía política, ni para beneficiar con puestos y con prebendas a su familia, ni para salir de la miseria en la que se encontraba antes de emprender su carrera política, ni para encubrir a distinguidas personalidades del crimen organizado.
Pero como usted ya se habrá dado cuenta ninguno de estos personajes vive en la honrada medianía. Ninguno. Lo admirable de todo esto es la gran capacidad que tienen para administrar sus arcas, pues sea en una precapampaña, en una campaña y luego instalado en su silla, despilfarran estratosféricas cantidades de dinero en propaganda excesiva propaganda, en imagen institucional, en dádivas, en viajes, gastan millones de pesos aparentemente irrecuperables, y a pesar de ello, sus caudales o sus peculios ni sufren ni se acongojan, a pesar de que mas de uno no labora en nada mientras está sin ocupar un encargo.
Sino me cree, haga memoria ahora en el Estado con unos cuantos: Ernesto de Lucas, Enrique Reyna, Jesús Bustamante, Petra Santos, Carlos Navarro, por mencionar a los vigentes ¿alguno de ellos?, Oscar Téllez, Monico Castillo ¿ninguno? Serrato Castell, Héctor Larios, Carlos Zataraín, Guillermo Hopkins ¿no? ¿Se rinde?.
Y no es que queramos que los señores tengan una vocación marginal o menesterosa, pero tampoco se puede concebir que su encargo únicamente les sirva, en los hechos, para ir de un lado a otro practicando la política de cañería que en la actualidad se ejerce y todavía cobrar, lícita o ilícitamente, por eso.
Eso sí: lo anterior admite, como paréntesis, un reconocimiento. Que en efecto, con vigor se han dado a la tarea de combatir la pobreza extrema: pero la de ellos.
Si nos quedamos ahí, nuestra pregunta inicial, ingenua, inocente, sin lugar a dudas candorosa estaría de mas. Pero en el terreno del deber ser, los propósitos enunciados al principio tendrían que ser, en un ideal legislativo, sus principales motivos para querer ocupar, con el ahínco que lo hacen, un espacio en el confortable mundo parlamentario, sobre todo hoy que la credibilidad de los partidos políticos y sus principales dirigentes está reducida a escala cero.
Aunque una cosa es lo que elucubre mi candidez o lo que digan la historia, el compromiso verdadero y las normas legislativas y otra muy distante, lo que en la vida real esta pasando con quienes les hemos endosado de buena fe nuestra democracia representativa los cuales han hecho de esta forma de gobierno su más cómoda forma de vivir.
Pero continuemos y para que les resulte familiar el tema, mencionemos ahora más aspirantes locales: Elías Serrano, Ernesto Gándara, Guillermo Padres, Dolores del Río, Sugich, Manuel Ignacio Acosta, Susana Saldaña, Carlos Daniel Fernández, Luís Fernando Rodríguez, Florencio Díaz y así hasta el infinito.
En el plano nacional, el peje se puedo cocer aparte, pero bastaría preguntar ¿es sólo su buen corazón para con los jodidos y la defensa del interés nacional el que lo mueve de Mérida hasta Ensenada y su economía personal como si nada? ¿Es correcto que se destinen recursos públicos para alguien que, a fuerza de ser sinceros, no tiene ninguna representación formal?
¿Quién de todos estos se podrá deslindar de sus muy particulares intereses partidistas para servir, como potencial legislador o jefe del ejecutivo, a las auténticas demandas que exige el Estado o el país? ¿Quien de todos, sin una objeción de demagogia sería un incansable luchador en defensa de las causas populares? ¿Quién de todos ellos podrá mirar de frente sin agachar la cara como tratando de esconder sus incongruencias? ¿Quién de ellos reñiría con su grupo con tal de combatir los privilegios de ciertas minorías económicas?
Los hechos demuestran que nadie. Sus velados actos de preprecampaña, su precampaña, y sus campañas, sin embargo, los ofertan como los paladines de las causas más nobles pero al tiempo nos damos cuenta, por enésima ocasión nos damos cuenta, que cae más pronto un legislador que un cojo.
Lo vimos en las pasadas elecciones, lo estamos viendo ya desde ahorita y nos los tendremos que merendar por varios meses, ahora que, oficialmente, se de el banderazo de salida. Son los mismos. Cuidado. Son los mismos.
Los candidatos a Gobernador de Sonora: ¿Quién le gusta? ¿Padrés? ¿Elías Serrano? ¿Alguno que improvise, como siempre, a última hora el PRD? ¿Díaz Armenta? ¿Dolores del Rio? ¿Gándara? Todos, cada uno por su lado, cada cual con su bandada, ofertarán bienestares populares y espejuelos con brillo, ofrendarán mejores calles y legalización de terrenos, inversiones y excelencia policíaca.
Lo propio dijeron hace tres años, hace seis, hace nueve. Su desvergüenza, nos obstante, carece de límites y basta que allá tras lomita se divise el próximo ciclo electoral para que, sin rubor alguno, comiencen a deslizar su figura en los medios a fin de posicionarse en la vitrina de lo salvadores de esta humanidad.
Y de nuevo vendrá el cuento del gato con los pies de trapo ¿quieres que te engañen otra vez?
El panorama se vuelve irremediable cuando uno voltea para todos lados y no hay opciones. Son estos con los que contamos. Y cuando uno todavía da señales de nuestra capacidad de asombro y mostramos indignación por su impudor, ellos, todos ellos, ya batidos en el mismo lodazal, anteponen su fácil argumento: es que así es la política.
Todavía más: se admiran, se lisonjean entre sí: a la pillería verbal de un candidato la llaman inteligencia, al cinismo le llaman astucia, al vaivén de un partido a otro le llaman derecho legítimo. A la complicidad le llaman oficio político. La decencia es hoy un pecado, una virtud en peligro de extinción.
El aspirante y convertido después en representante de sus votantes pues, no es en la actualidad un ciudadano dispuesto a dejarlo todo con tal de que, con el grano de su ejercicio público, coadyuve a transformar el estado de cosas y paulatinamente se vayan mejorando las condiciones de vida de la gente en todos sus rubros.
Por el contrario: con sus excepciones, gran parte de los actores políticos que hoy van de un curul a otro son aquellos que, al ser profundamente gris en sus logros personales o al no encontrar cabida en otras esferales laborales de la sociedad o para aumentar exponencialmente su riqueza y la de su familia, han descubierto en la vida partidista y sobre todo en los puestos de elección popular, la vía mas comodina y mas rentable para envejecer.

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