miércoles, 28 de agosto de 2019

Acariciados con los dedos


“Voltear la hoja”
Por Sylvia Teresa Manríquez

Acariciados con los dedos

Qué cuántos años tengo? -
¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido...
… Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.
…Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos
¿Qué cuántos años tengo?
¡Eso!... ¿A quién le importa?
… Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!
Fragmentos de “Poema sobre la Vejez” de José Saramago

Me gusta este poema de Saramago porque sin quererlo habla de mi padre, que también es abuelo. Habla de mi abuelo materno que sólo conocí gracias a través de cartas, esas misivas que se enviaban por correo aéreo, las mismas que parecen en peligro de extinción. Habla de mi abuelo paterno que aunque fuerte y serio, se dio la oportunidad de silbarme tonadas  y compartirme rebanadas de sandía.
También habla del abuelo que me adoptó como nieta, y sin ningún lazo biológico me quiso con tanto amor que todavía me duele su partida. Ese que cantaba mientras me observaba tocar cada cajita de la vieja botica en la que él manejaba sustancias, aromas y colores, que hoy colorean los recuerdos de la infancia.
Me gusta este poema de Saramago aunque no habla de las cinco abuelas que tuve, y que me hacen afortunada.
No habla de ellas aunque juntas tenían todos años del mundo. Las pienso valiosas porque eran fuertes, son el entramado en el que sobrevivimos las mujeres que les seguimos.
Me enseñaron a amar tanto como a mantenerme firme en la contracorriente. Cocinaban, limpiaban, cuidaban, en la misma medida que se apropiaban de su derecho a opinar, decidir y hacer.
Soy afortunada porque tuve tres abuelos y cinco abuelas. No puedo preguntarles que opinan de la violencia que hoy nos invade espacios, pero estoy segura que desde sus trincheras estarían luchando por liberarnos de ella.
No puedo preguntarles a mis abuelas sobre alertas de género, feminicidios, injusticia, desigualdad, inequidad, impunidad; sin embargo, estoy segura que me acompañarían en los reclamos, las preguntas y los señalamientos.
Caminan a mi lado en este gran contingente de mujeres que exigimos calles seguras, bocas sin hambre y manos sin tortura.
Con ellas, yo tengo los años que necesito para vivir libre y sin temores, aunque tengo miedo de que la violencia secuestre la tranquilidad en la que las recuerdo.
Ellas saben que por la experiencia de vivir aquí, los anhelos son más grandes cada día. Saben que no he perdido la esperanza porque pertenezco a esa parte de la sociedad que aún no olvida lo que es vivir sin sobresaltos.
Y sin importar los años que tenga, lucharé para lograr que mis sueños, los de ellas, los de mis hijas, mis nietas, sean fuertemente asegurados por todas las manos, y no sólo acariciados con los dedos.

@SylviaT    sylvia283@hotmail.com

martes, 16 de julio de 2019

Nos vemos en ESACartelera este miércoles con Carlos Padilla


Carlos René Padilla (1977) vio por primera vez la luz... de las patrullas en Agua Prieta, Sonora. Es autor de Amorcito corazón, Un día de estos, Fabiola No toda la sangre es roja. Ha ganado el concurso del Libro Sonorense en los géneros novela, crónica y ensayo en diferentes años. Yo soy el Araña fue galardonada con el Premio Nacional de Novela Negra "Una vuelta de tuerca". Es fundador de SoNoir, movimiento que busca difundir la literatura policial y negra en todo México. Actualmente se encuentra en arresto domiciliario en Ciudad Obregón, donde cocina para su esposa e hija, escribe y en las noches se escapa a un bar donde aseguran que nunca ha pagado nada.

martes, 25 de junio de 2019

Vuelo nocturno

Hoy se recuerda a Ingeborg Bachmann.





Poeta y novelista austriaca, perteneció al grupo literario Gruppe 47. Escribió poemas, cuentos, ensayo y también libretos de ópera.






Vuelo Nocturno 

Nuestro campo es el cielo,, 
arado con el sudor de los motores,
frente a la noche,
bajo la intervención del sueño.

Soñado sobre calvarios y piras,
bajo el tejado del mundo, cuyas tejas
se ha llevado el viento -y ahora, lluvia, lluvia, lluvia
en nuestra casa y en los molinos
los ciegos vuelos de los murciélagos.
¿Quién vivía allí? ¿Quién tenía límpidas las manos?
¿Quién resplandecía en la noche,
fantasma a los fantasmas?

Al abrigo del plumaje de acero, interrogan
instrumentos el espacio, relojes y escalas,
la maleza de nubes, y roza el amor
el lenguaje olvidado de nuestro corazón:
corto y largo largo... Durante una hora
bate granizo el tímpano del oído,
que, desafecto a nosotros, escucha y distorsiona.

No ha desaparecido el sol ni la tierra,
solo se han movido como astros, irreconocibles.

Nos hemos remontado de un puerto
en que no cuenta el retorno,
ni la carga ni la pesca.
Las especias de la India y las sedas del Japón
les pertenecen a los comerciantes,
como los peces a las redes.

Pero se percibe un olor
que se anticipa a los cometas,
y el tejido del aire
desgarrado por el cometa caído.
Llámalo estado de los solitarios
en que se lleva a cabo el asombro.
Nada más.

Nos hemos remontado, y los conventos están vacíos
desde que toleramos, una orden, que no salva ni enseña.
Actuar no es asunto de los pilotos. Tienen la vista fija
en las bases y extendido sobre las rodillas
el mapa de un mundo al que nada hay que añadir.

¿Quién vive ahí abajo? ¿Quién llora...?
¿Quién pierde la llave de la casa?
¿Quién no encuentra su cama, quién duerme
sobre los umbrales? ¿Quién, cuando llega la mañana,
se atreve a interpretar la estela de plata: mirad, por encima de mí...?
Cuando el agua impulsa de nuevo la rueda del molino,
¿quién se atreve a recordar la noche?


De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada 
 




lunes, 24 de junio de 2019

Las cubetas de la abuela


Sylvia Manriquez

Contaba la abuela que las niñas y los niños de su familia tenían que ir por agua al río porque no había agua entubada en su pueblo, recordaba que su papá le hizo unos baldes de madera pequeños para que ella pudiera cargarlos acomodados en los extremos de una vara que se colocaba en los hombros.
Con el tiempo, hubo que ir más lejos por el agua porque los ríos se iban secando o estaban contaminados. Lo recuerda cada vez que se le termina el agua de garrafón –así le dice- o le ofrecen agua en botellitas.
Como en la espalda de la abuela, a las mujeres se les carga la transmisión de las tradiciones, son educadoras de las generaciones nuevas, quienes transmiten el cuidado de la casa y del entorno. Desde la cocina ellas han educado para el cuidado del medio ambiente, enseñan a reciclar, reutilizar, cuidar el agua, las plantas, el entorno y a los demás miembros de la familia y la comunidad.
A decir de Inés Martínez de Castro, de GEMAS (Género Medio Ambiente y Salud), el ecofeminismo postula que esas responsabilidades son de dos: mujer y hombre. Junto con el cuidado de menores, personas enfermas y ancianas; de la misma forma en que las mujeres han estado saliendo a trabajar y a colaborar en el sostenimiento de casa y familia.
Cuando hay un desequilibrio en el medioambiente se afecta principalmente a las mujeres porque son las responsables de la salud de la familia. Cuando ocurren fenómenos como sequías, inundaciones, ciclones devastadores y otros que tienen que ver con el calentamiento global, las más afectadas son las mujeres, porque son las cuidadoras del bienestar y la salud de la familia. 
Dice Inés que si algo le pasa a los niñas y niños, al tío, a la abuela, pues las mujeres llevan la responsabilidad tanto del cuidado como de la enfermedad. Por eso hay una relación íntima entre dos esferas: la de la salud y la del medio ambiente.
Reflexiono en las muchas poblaciones del mundo sin agua, donde las mujeres aun recorren grandes distancias para abastecerse, muchas veces en zonas sin protección. La falta de condiciones sanitarias apropiadas y seguras expone a mujeres y niñas a situaciones de violencia. Además de que les toma el tiempo que pueden dedicar a estudiar o trabajar.
Coincido con Parker Liautaud, un explorador polar que lucha contra el cambio climático, quien en su artículo “La discriminación de género del calentamiento global” dice que los efectos del calentamiento global son severos con las personas pobres, la mayoría de las personas en pobreza son mujeres.
Los roles de género tradicionales no les permiten tomar decisiones, ni proponerlas, aunque son ellas quienes padecen la carencia de políticas públicas que las protejan o las que han sido mal implementadas.
A pesar de que este tema no es nuevo siguen sin aplicarse medidas efectivas para evitar esta desigualdad.
En 1995 durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Beijing, se observaron 12 esferas de especial preocupación, La mujer y el medio ambiente es una de ellas. En la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing se señalan tres objetivos estratégicos de los gobiernos en relación con el medio ambiente: participación activa de las mujeres en las decisiones sobre el medioambiente; integración de sus preocupaciones y perspectivas en políticas públicas; además, establecimiento de métodos de evaluación de la repercusión en la vida de las propias mujeres.
Es cierto que a más de 20 años se ha avanzado, pero falta mucho por hacer. No se puede hablar de progreso mientras muchas mujeres mexicanas y sonorenses sigan siendo las responsables de cuidar el ambiente sin poder intervenir en las políticas públicas más que como observadoras.
Hoy la abuela diría: las mujeres tenemos la espalda dolida de cargar además de  cubetas con agua, la responsabilidad del cuidado de la familia y el planeta, sin poder hacer algo para cambiar tan devastadora realidad.
@SylviaT    sylvia283@hotmail.com

viernes, 21 de junio de 2019

Más que hambre


Sylvia Teresa Manríquez.

Yo pido que la familia ayude a sus hijos porque son ellos quienes nos dicen “anda comete una galleta” y eso nos hace querer comerla, pero no es bueno para nosotros por la alimentación que debemos llevar.
Son palabras de Joel, un adolescente con quien tuve oportunidad de platicar en mi programa de radio. Hablamos del Síndrome de Prader Willi, una enfermedad con muchos síntomas que él padece desde su nacimiento y que lo hace tener hambre siempre.
Este síndrome pertenece a un grupo de padecimiento llamados “enfermedades raras”. Rebeca, madre de Joel, es una mujer que aprendió a transformar contratiempos en retos.
Cuando nació su hijo, se dio cuenta que no se desarrollaba como se espera normalmente. Parecía flácido y blando cuando lo cargaba, le faltaba tonicidad en los músculos; presentaba problemas para deglutir y succionar, además notó los ojos en forma de almendra y el llanto débil.
Después supo que estos niños no producen suficiente hormona del crecimiento, lo que les provoca baja estatura y obesidad. Su bebé siempre tenía hambre. Además, los genitales no se desarrollan bien.
En una parte de la entrevista Joel me dijo “Necesitamos que los médicos conozcan esta enfermedad porque a veces no saben que es y no saben cómo tratarnos”. Debemos admitir que falta capacitación y sensibilidad de los profesionales de la salud en cuanto a este tipo de padecimientos.
Cuando padres y madres de familia acuden con los especialistas se encuentran ante la falta de conocimiento sobre Prader Willi, por lo que  suelen ser enviados de vuelta a casa, con una dieta balanceada para que sus hijos no sigan subiendo de peso.
Rebeca no se detuvo. Buscó respuestas por su cuenta. Encontró en internet la descripción del Síndrome de Prader Willi que contenía todos los síntomas que presentaba su bebé. También encontró asesoría en asociaciones de Prader Willi en Sudamérica. Halló una en México que  particularmente ha sido su apoyo, la Fundación María José de Pachuca, Hidalgo.
Con la información en sus manos buscó la ayuda de genetistas y se pudo diagnosticar el síndrome que estaba afectando a toda su familia, no sólo a Joel, su hijo.
Más que destacar los síntomas de Prader Willi, quiero insistir en la urgente necesidad de informarnos y capacitarnos.
Es triste y angustiante ver a madres con menos recursos, desesperarse al no encontrar apoyo en quienes deberían brindárselos, tanto en instituciones públicas como privadas.
Aunque ya se sabe más sobre Prader Willi aún tenemos un lamentable déficit de sensibilidad en los especialistas y profesionales de la salud, aún hay quienes dejan el remedio en consejos sobre la disciplina a la hora de comer con la consiguiente frustración y desgaste de familias completas al no encontrar solución en un simple régimen alimenticio.
En una sociedad que se debate cada día en el sobrevivir a los problemas diarios, la solidaridad para con las familias afectadas por el Síndrome de Prader Willi desparece.
Discriminarlos por ser personas gordas sólo nos sumerge en el atraso. Caminar juntos es caminar hacia el progreso moral y humano.
No permitamos que nuestra moral colectiva se vea en serio proceso de deterioro.

@SylviaT correo: sylvia283@hotmail.com

jueves, 20 de junio de 2019

Humanos sin color


Sylvia Teresa Manríquez 


Señora, señora – me dijo un niño – tenga cuidado, esa niña la va a hechizar y señaló a una niña albina sentada junto a mí. 
Acostumbrada a observar discriminación y racismo hacia indígenas, gente pobre, con alguna enfermedad, gente de color, adultos mayores, sexo, y muchos otros motivos, no me había detenido a pensar en la gente albina hasta el momento en que aquel niño me hizo patente el prejuicio y los tabúes que existen alrededor de las personas con esta condición. 
Hace unos días la ONU nos invitó a tomar conciencia de que las personas con albinismo son víctimas de la ignorancia, incluso de los profesionales de la salud. Y es que su apariencia ha hecho que se tejan a su alrededor falsas creencias, supersticiones, que los marginan y excluyen socialmente. 
El asunto es serio, según ese mismo organismo internacional que concentra información de asociaciones de la sociedad civil, las personas con albinismo son víctimas de asaltos, mutilaciones y asesinatos por lo menos en 25 países del mundo, principalmente en el continente africano. 
Aunque en nuestro país no se tiene noticias de tal grado de violencia, no significa que no se les haga víctimas de discriminación  y marginación. 
En África se tiene la superstición de que algunas partes del cuerpo de las personas albinas otorgan poderes mágicos, lo que ha provocado que se les ataque y su vida esté en peligro constantemente. 
Es importante propagar la información de que el albinismo no tiene nada que ver con enfermedades o limitaciones. Consiste solamente en la ausencia de pigmentación en piel, cabello y ojos. No es contagioso pero si hereditario y congénito, se presenta cuando ambos padres son portadores del gen que lo transmite, aunque ellos no presenten los síntomas. 
Las personas albinas son propensas a padecer problemas en los ojos, como intolerancia a la luz y movimientos involuntarios, así como lesiones en la piel por la exposición a la luz del sol, algo que conocemos bien quienes vivimos en este soleado estado. 
Además de los  anteriores riesgos para su salud, las personas con albinismo se ven obligadas a sobrevivir a la falta de conocimiento de quienes les toca convivir con ellos. Si razonamos en que cualquiera puede ser portador del gen sin saberlo la perspectiva cambia, porque a nadie le gusta que alguno de sus hijos sea discriminado o violentado por carecer de color en la piel. 
Qué tal si combatimos la apatía, negligencia, intolerancia, prejuicios y violencia con información, solidaridad y amor al prójimo ¿Será muy difícil? 

Tomemos conciencia: las personas sin color en la piel son tan seres humanos como nosotros mismos. 

@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com  


martes, 18 de junio de 2019

The thrill is gone.. el hechizo terminó

No la conocía, hoy la escuché por primera vez y me encantó... el gran BB King: The thrill is gone...
Oh I'm free, free, free now, I'm free from your spell...

https://youtu.be/zEmi8dkD1BQ

lunes, 17 de junio de 2019

¿De quién son?



¿De quién son?
Sylvia Teresa Manríquez

Camino al trabajo me detengo por un café, desde la ventana de mi carro pude verla. Estiró las manos para recibir una crepa y un café negro grande. La observé.
Es morena, como de treinta años, la piel firme a pesar del descuido. Vestido corto y raido, pies descalzos. Se retiró seguida por al menos tres perras y dos perros con quienes iba compartiendo el alimento.
En una banca una pareja joven. Los cabellos sucios y la ropa rota. Guardan sus pocas pertenencias en dos o tres bolsas de plástico.
De otra banca se levanta un hombre, quizá 27 o 28 años de edad, luce cansado, su ropa está en mejores condiciones aunque en su calzado se ve que ha andado muchos caminos. Se acerca y pide dinero que complete el pasaje para regresar a su casa.
Es de Sinaloa, dice, que si no puedo darle dinero por favor envíe un mensaje por la radio diciendo que está atrapado en Hermosillo. Le diga a su familia que no pudo llegar al otro lado y que en esta ciudad unos cholos le quitaron todo menos la ropa.
No es toda la gente en situaciones difíciles que encuentro en la calle. Estoy segura que quien lee podría también hacer su propia lista con la preocupante sensación de que cada vez son más las personas en pobreza extrema que pronto serán indigentes, cada vez más.
¿De quién son las y los indigentes?
¿Quién cuida a la mujer de las crepas además de sus perros, desde cuándo no se hace un Papanicolaou?
¿Dónde toman agua limpia, que comen, dónde están cuando no los vemos?
De quién son me pregunto desde que conocí a este hombre que me pidió encarecidamente dé la dirección de la plaza para que su familia pueda encontrarlo.
Un sabor amargo me viene al recordar a seres como el “Manzanitas”, a quien conocí hace muchos años cuando me ofreció libros para enriquecer mi acervo. Decía que era físico, enseñó francés y tenía familia, acabó viviendo fuera de su casa, así terminaron sus días.
Es estremecedor saber que en este país todas y todos corremos el riesgo de caer en la pobreza extrema y después convertirnos en indigentes.
El Diccionario del Español Mexicano, del Colegio de México (Colmex) define Indigente como la persona que carece de lo necesario para vivir, que no tiene lo imprescindible para subsistir; y a la Pobreza como la situación de las personas en que carecen de lo necesario para vivir o lo tienen muy limitado; ejemplo: la pobreza de los seris, la pobreza de un maestro.
Hace poco tiempo la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), informó que la magnitud de la población mexicana que vive en pobreza e indigencia es mayor a la que, en promedio, registran América Latina y el Caribe.
Casi 40% de las y los mexicanos viven en pobreza y 13% en la indigencia. Eso significa que en este país tenemos casi 41 millones de pobres y 15 millones de indigentes (tomando como referencia 112 millones de habitantes en México según Inegi en el último censo de población).
Observando esos datos el escalofrío es inevitable. Si la economía no mejora todos y todas estamos expuestos a encontrarnos en las estadísticas como extremadamente pobres, o en el peor de los casos, indigentes; porque después de la pobreza extrema viene la indigencia, cuando solo se posee lo que se lleva puesto.
Entonces ¿De quién son los indigentes? Tenemos un censo que dice que hay 600 en la capital sonorense ¿Es la solución regresarlos a su lugar de origen donde seguramente hay más personas en situación de calle? ¿O por qué se regresan?
Asistirlos en un centro hábitat, con atención médica, sicológica, alimentación, baño y vestido es un buen paso. Pero no termina allí. Se necesitan programas que posibiliten la colaboración de autoridades y ciudadanía, a fin de proveer programas que los ayuden a prepararse para el autoempleo y poder salir de las calles, volver a sentirse personas dignas, eso como primer paso.
Porque los indigentes son de todos, todos debemos participar en la solución.

@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com

martes, 5 de marzo de 2019

Todo me ha sido arrebatado - Anna Ajmátova

Todo me ha sido arrebatado

Todo me ha sido arrebatado: el amor y la fuerza.
Mi cuerpo, precipitado dentro de una ciudad que detesto,
no se alegra ni con el sol. Siento que mi sangre
congelada está.

Burlada estoy por el ánimo de la Musa
que me observa y nada dice,
descansando su cabeza de oscuros rizos,
exhausta, sobre mi pecho.

Sólo la Conciencia, más terrible cada día,
enfurecida, exige cuantioso tributo.
Y para responder, me cubro el rostro con las manos,
porque he agotado mis lágrimas y mis excusas.

(Sebastopol, octubre de 1916)


Anna Andréyevna Ajmátova (rusoАнна Андреевна Ахматова), de soltera Górenko (Bolshói Fontán, cerca de Odesa,11 o 23 de junio de  1889 - Domodédovo, cerca de Moscú, 5 de marzo de 1966), fue una destacada poetisa rusa. Junto con Nikolai Gumiliov y Ósip Mandelshtam, fue una de las figuras más representativas de la poesía acmeísta de la Edad de Plata de la literatura rusa.
Ana Andreyevna Gorenko cambió su nombre de familia (Anna Andreievna Gorenko) cuando empezó a escribir y tomó de sus ancestros maternos el de Ajmátova, descendientes al parecer del Khan Ajmat, el último príncipe tártaro de la Horda de Oro. Esta fantasía genealógica coincide con el fondo indómito, áspero y apasionado de su temperamento. Pero su formación, como todo poeta ruso, la recibe de Pushkin: esa escuela de sobria alegría, elegancia y humanidad. Si a esta primera y doble vertiente de su sensibilidad añadimos la resonancia grave y melancólica de los versos de Blok y de Annensky, la huella dostoyevskiana de la prosa rusa del siglo XIX y la clásica claridad de los acmeístas, tendremos una imagen del linaje poético de `Ana de todas las Rusias`.
Su nombre es inseparable del de Osip Mandelstam, lo cual basta para saber que ella forma parte de las constelación mayor de la poesía de todas las épocas”.
Junto a Mandelstam encabezó el acmeísmo, movimiento artístico de principios del siglo XX que, en oposición al simbolismo, preconizaba el uso de un lenguaje poético que contuviera significados exactos. Las primeras composiciones líricas de Ajmátova, Atardecer (1912) y El rosario (1914) utilizan imágenes concretas para presentar detalles íntimos. Las obras posteriores, como Anno domini MXMXXI (1922 ), introdujeron temas patrióticos, pero no apaciguaron a los críticos soviéticos, que consideraban a los acmeístas demasiado personalistas. No volvió a publicar más poemas hasta 1940, fecha de publicación de Iva (Sauce). Su poema Requiem (1935-1940) no se publicó en la antigua URSS hasta 1987, ya que por su temática, una elegía por los prisioneros de Stalin, fue considerado demasiado polémico. Sin embargo, durante la última década de su vida escribió varios poemas caracterizados por la gran belleza de su imaginería visual. Entre ellos está su autobiográfico Poema sin héroe (1962).
Fuente: María Fernanda Palacios: Prólogo a Ana Ajmátova. Poemas, Caracas, 2002 y http://architecthum.edu.mx
http://malostratos.org/portfolio-item/ana-ajmatova/

lunes, 4 de marzo de 2019

Aminata Sow Fall: “Sólo la educación y la cultura pueden salvar al mundo”, escritora senegalesa.

https://elpais.com/cultura/2019/02/28/actualidad/1551355789_511550.html


Aminata Sow Fall: “Sólo la educación y la cultura pueden salvar al mundo”
La escritora senegalesa insiste en su última novela, 'El imperio de la mentira', en el respeto a los pobres, un eje que ha marcado su obra.

JOSE NARANJO

Asomada a una de las arterias de Dakar por donde circula el trasiego diario de la gran ciudad resiste una discreta vivienda poblada por antiguos muebles de madera tallados a mano. Entre sus luminosas estancias habita una de las grandes de la literatura africana que, da tanto serlo, no lo parece. No es el único engaño consciente de Aminata Sow Fall (Saint Louis, 1941). Su apariencia de fragilidad contrasta con la robustez de su pensamiento, su manera casi tímida de hablar, su tropiezo casual con la literatura, con la solidez de su escritura. Echándole un pulso a los años, sigue empeñada en el arte de crear.
Nacida en los estertores de la época colonial en el seno de una familia acomodada en pleno centro de Saint Louis, vuelve una y otra vez a sus primeros años, a la huella que le dejaron. “Con mi ciudad tengo un vínculo mágico y familiar, es allí donde me siento en casa. Tuve una infancia feliz, el mundo se me abrió a partir después”, asegura. El carácter mestizo, la mezcla de culturas y condiciones sociales de la isla, le marcó de por vida. “Había un profundo respeto a todas las personas, fuera cual fuera su estatus”, añade.
En medio de la conversación, Aminata Fall se levanta y va a buscar una vieja foto de sus padres. Él, procedente de la realeza de Baol, hacía el servicio militar en Saint Louis cuando conoció a su madre, Khoudia Diaw. Se casaron al poco tiempo y aunque su padre luego desposó a otras dos mujeres, la madre de Aminata mantuvo siempre su posición de primera esposa incluso cuando su marido falleció poco después. “Tenía una posición especial en la casa. Era abierta y generosa, la madre de todos. Venían los primos de Diourbel y allí no había distinción, siempre había comida y cama para todos”, recuerda la escritora.

Entre los libros de la biblioteca familiar, los juegos y esa felicidad hoy sentida con nostalgia creció la pequeña Aminata. Tras estudiar en Saint Louis y Dakar, la joven marcha a la Sorbona, en Francia, para estudiar Letras Modernas. Por aquel entonces, la idea de ser novelista no le pasaba por la cabeza. “Me apetecía escribir teatro o crítica literaria, pero no ficción”, dice. A su regreso a Senegal, se instala con su marido en Dakar y se dedica a la enseñanza. Este fue el momento clave. Corría el año 1969 y las nuevas élites surgidas de la descolonización construían un país ya independiente.
En el Saint Louis de mi infancia compartíamos lo que teníamos, pero cuando volví en los 70 la gente exhibía su dinero, este era el nuevo centro del universo
“Me encontré un Senegal diferente en el que lo material ocupaba una plaza fundamental. En el Saint Louis de mi infancia compartíamos lo que teníamos, pero ahora la gente exhibía su dinero, este era el nuevo centro del universo”, dice con amargura. En 1973, durante un permiso de maternidad, escribió su primer libro, Le Revenant. “La reflexión es sencilla. Un hombre que no tiene recursos, pero sí grandes cualidades como la caridad o el respeto, ¿vale menos que alguien que sí tiene dinero?”. Así nació Bacar, el protagonista de su novela, un pobre cuya hermana se casa con un rico y, sorprendido del despilfarro de ella, decide fingir su propia muerte.

“Tenía necesidad de sacar la angustia que sentía por lo que estaba viendo a mi alrededor. Lo escribí en muy poco tiempo y se lo di a mi primo para que lo mecanografiara. Entonces le entregó el manuscrito a mi marido y este se lo leyó. Luego me convenció para que se lo dejáramos a un profesor de francés que vivía al lado de casa, un intelectual. Yo no quería, pensaba que no valía nada, no sé, quizás por inseguridad, pero lo cierto es que acabó en la mesa del director de edición de Nouevelles Editions Africaines”, rememora Fall.
Sin embargo, no fue coser y cantar. Le dijeron que “era muy local” para ser publicado. “Claro que es local”, respondió ella, “porque yo soy local, pero todos conectamos con lo universal a través de nuestras inquietudes, de nuestros interrogantes existenciales, nuestras angustias, deseo, incertidumbre ante el destino”. Durante tres años el manuscrito permaneció arrinconado en un cajón hasta que en 1976, cuando Aminata Fall acudió a recuperarlo, el director de la editorial decidió darle una oportunidad. El éxito fue inmediato. “Meses después escuchaba la radio y hablaban de mí de manera elogiosa. No me lo podía creer”, cuenta.
Su segunda novela y la que la dio a conocer en todo el mundo, hoy traducida a más de veinte lenguas e incluida como lectura en varios sistemas educativos, fue La Grève de bàttu. Su génesis, explica, también parte de un razonamiento simple. “Un día escuché a alguien llamar desechos humanos a los mendigos que piden por la calle. Entonces yo me hice una pregunta. ¿Qué ocurriría si estos rechazaran la limosna?”. En los países de mayoría musulmana estas personas juegan un rol clave en la sociedad porque dar a los pobres es uno de los pilares de su religión. El éxito de esta novela fue inmediato.
Aunque sus personajes femeninos son poderosos, Aminata Fall no se considera feminista. “Fui educada en un ambiente en el que las mujeres no se consideraban inferiores, en casa fuimos a la escuela por ejemplo. Es cierto que no todas hemos tenido las mismas oportunidades, porque hay otras capas sociales. Sólo una vez vi que golpeaban a una mujer y era una pareja alcohólica que vivía cerca de casa, en mi entorno lo normal era el respeto. Creo que eso es lo que define mi obra, es como una especie de apología del respeto a todos sea cual sea su género y condición social”, apunta.

Luego vendrían L’Appel des arènes, ExPère de la Nation, Le Jujubier du patriarche, Douceurs de bercail o Un grain de vie et d’esperance, una sólida producción literaria que la convierte, en palabras de Alain Mabanckou, en “la más grande de las escritoras africanas”. Aminata Fall, ella, fue siempre a lo suyo, haciendo un poco oídos sordos de tanto elogio. El pasado año 2018 publicaba su última novela, L’Empire du mensonge (El imperio de la mentira), “he lanzado al mar otra botella” dice con una sonrisa tímida, en la que narra la historia de tres familias humildes que sufren a causa de la inundación de sus casas.
Una vez más, vuelve sobre ese sentimiento que le acompaña desde finales de los años sesenta, esa suerte de resquemor, de angustia, como ella misma lo define. Las clases desfavorecidas en el centro de su atención. “Lo único que puede salvar al mundo es la educación y la cultura, el respeto por los demás. Creo que las cosas están yendo a peor. En 1987 ya dije que en este país sólo hablamos de la comida que llega al estómago pero nos olvidamos con frecuencia de la alimentación del espíritu y del alma. El dinero sigue dirigiendo nuestro destino. Es terrible”, remata Aminata Fall.

Cerré mi puerta al mundo - Emilio Prados

Cerré mi puerta al mundo
Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño…
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.
Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.
Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.
EMILIO PRADOS
(1899-1962)
Emilio Prados Such nació el 4 de marzo de 1899 en Málaga (España) hijo de un empresario de muebles.Influenciado por su abuelo, Miguel Such y Such, comenzó a aficionarse a la literatura desde su niñez.
Prados se trasladó con su familia a Madrid con quince años de edad y acudió a la Residencia de Estudiantes, en donde cultivó la amistad de su paisano andaluz Federico García Lorca, escritor que al igual que Prados se encontraba influenciado por Juan Ramón Jiménez.
Otros autores inspiradores de la poesía de Prados, quien también recogió influencias de sus compañeros de generación Lorca o Rafael Alberti y de vanguardias europeas como el surrealismo, no en vano también era amigo de Luis Buñuel y Salvador Dalí, son Luis de Góngora y Pedro Soto de Rojas.
A comienzos de los años 20 se marchó a Suiza para residir durante una larga temporada en el sanatorio de Davosplatz, en donde intentó mitigar una seria enfermedad pulmonar.
Poco después amplió su instrucción en las universidades alemanas de Friburgo y Berlín, en donde acudió a cursos de Filosofía.
Tras este periplo germano, Emilio regresó a Málaga y debutó como escritor poético con “Tiempo” (1925). El mismo año impulsó la editorial Imprenta Sur y un año después dirigió “Litoral”, revista que fundó con el también escritor Manuel Altolaguirre, y publicó “Canciones Del Farero” (1926). Posteriormente aparecieron libros como “Vuelta” (1927), “Andando, Andando Por El Mundo” (1932), “El Llanto Subterráneo” (1936), “Llanto En La Sangre” (1937) o “Cancionero Menor Para Los Combatientes” (1938).
Con su recopilatorio de poética bélica “Destino Fiel” logró el Premio Nacional de Literatura.
Simpatizante republicano, de carácter altruista e introvertido y miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, tras la victoria franquista en la Guerra Civil, Prados decidió abandonar España para exiliarse en México, en donde escribió “Memoria Del Olvido” (1940), “Mínima Muerte” “Jardín Cerrado” (1946), “Dormido En La Yerba” (1953), “Río Natural” (1957), “Circuncisión Del Sueño” (1957), “La Piedra Escrita” (1961), “Signos Del Ser” (1962) y “Transparencias” (1962).
Miembro de la Generación del 27, Emilio Prados ligó el surrealismo con la lírica tradicional andaluza para evolucionar hacia posturas sociopolíticas y, tras su salida de España, existencialistas y metafísicas significadas por posiciones de lamento y pérdida.
Murió en Ciudad de México (México) el 24 de abril de 1962. Tenía 63 años. De manera póstuma apareció el libro “Últimos Poemas” (1965).
 FUENTE: https://www.alohacriticon.com/literatura/escritores/emilio-prados/


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