miércoles, 27 de mayo de 2009
martes, 26 de mayo de 2009
A Sylvia, con cariño.

Gab Martinez
Presagios

Braulio Peralta
El libro es el músculo con el que se mide la inteligencia. En las crisis que ha vivido la humanidad el libro ha sido el espacio para el encuentro con la ciencia social o exacta, para aceptar la realidad aunque parezca de ficción, para entender nuestro mundo interior. Los libros no desaparecerán de nuestra vida porque los seres humanos estamos atados a la cultura. Un libro es una toma de conciencia.
Hoy es un buen día para presagios en medio de la política cero: el libro no desaparecerá porque es la voz viva, el grito que nos llama a la libertad. El libro es el lugar donde el mundo encuentra su propia vergüenza. Pensemos cómo lentamente pero con fuerza las nuevas tecnologías están desapareciendo a la televisión convencional; en cambio el libro, digital, electrónico o en papel sigue latente, pese a vaticinios. El editor convencional podrá desaparecer; el autor, nunca.
Un proverbio hindú dice: “un libro abierto es un cerebro que habla. Un libro cerrado es un amigo que espera. Un libro olvidado es un alma que perdona. Un libro destruido es un corazón que llora”. La lección es simple: un libro, sabio, nos arroja a la esperanza, a la aceptación de la alegría y la tristeza de vivir.
El que atiende las palabras escritas en un libro inicia el proceso de transformación que agiliza la mente, aquieta el espíritu y despierta la curiosidad. Los libros son aventuras permanentes, rebeldes. Los libros nos conservan jóvenes y maduros; la mente no envejece.
Hay que admitir que por todas las razones anteriores existen los enemigos de los libros: los que los censuran, los que los queman, los que los esconden, los que los usan de ornato, los que son incapaces de reconocer que el hombre nació para entenderse a sí mismo, porque sólo así podrá comprender a sus semejantes. Un libro sirve para aprender, como Juárez, que “el respeto al derecho ajeno es la paz.”
Dime qué libros lees y te diré quién eres. Cada quien su libro según su cultura. Un libro es una elección personal. Y cuando un libro se hace colectivo todos debemos estar felices de que crezcan los lectores en un país. Un libro no se juzga, se acepta. Con un libro se discrepa como la única forma de crecer socialmente.
Lo único que podemos desear es que México se convierta en una nación donde proliferen los libros populares que nos lleven al reconocimiento de nosotros mismos como entidad.
braulio.peralta@milenio.com
miércoles, 20 de mayo de 2009
Orquídeas para Juan Rulfo
Juan Rulfo nació en Sayula, Jalisco, el 16 de mayo de 1918 y falleció en la Ciudad de México, el 7 de enero de 1986, escritor, guionista y fotógrafo mexicano, perteneciente a la generación del 52. La reputación de Rulfo se asienta en dos pequeños libros: El llano en llamas, compuesto diecisiete pequeños relatos y publicado en 1953, y la novela Pedro Páramo, publicada en 1955. Se trata de uno de los escritores de mayor prestigio del siglo XX, pese a ser poco prolífico. Ha sido considerado uno de los mas destacados escritores en lengua española de este periodo, junto a Jorge Luis Borges, por una encuesta realizada por la editorial Alfaguara. Nacido en Apulco, pero registrado en Sayula, en el estado de Jalisco, quedó huérfano de padre a los seis años. Cuatro años después, falleció su madre. Vivió con sus abuelos y posteriormente en un orfanato en la ciudad de Guadalajara.
(Reseña biografica tomada de Wikipedia)
Para recordarlo, aquí una entrevista completa (dura 46'23), que realizó Joaquín Soler Serrano en 1977 para TVE.
martes, 19 de mayo de 2009
Ansiedad

1. La ansiedad es una sensación humana que crea nerviosismo y desvelo. La mente se inquieta. Por ansiedad se bebe, se pierde en el juego o el amor; es una de las enfermedades mentales, del simple nerviosismo a la esquizofrenia. Por una ansiedad simple pierde, por ejemplo, un político: si alguien es un cartucho quemado es el que empuja a otro a desdecirse de sus declaraciones. O el que usa un libro para decir que sí fue complot pero no dice que fue cierto lo otro, la corrupción de su gobierno. Peor: el de la isla que se cree líder mundial y es decadencia senil. Rasgos de personas incapaces de respetar nada. Habría que aplicarles la frase de Platón: “Ningún negocio humano merece mucha ansiedad”.
Lección uno: atiende cualquier brote de ansiedad si no quieres terminar en un psiquiátrico.
2. Un creador puede perderse por ansiedad aun cuando sea un genio en su trabajo. Algunos hasta se suicidan o terminan en el manicomio. Otros, con sus temores, realizan mucha obra, tanta, que terminan por ser lo que no son: mercaderes. Se destruyen pensando que están a punto de consagrarse. Abundan ejemplos: los creadores son almas sensibles cuyo ego puede destruir todo lo que esté a su alrededor.
Lección dos: el ejercicio de autocrítica es mejor que cualquier crítica. El ansia es una náusea que aniquila. Dijo García Lorca: “No creo que ningún artista trabajé en estado de fiebre”.
3. Para los terrenales, los comunes como usted y un servidor solo nos queda matar la ansiedad hablando de nosotros ante los demás, desnudarse con este texto y aceptando que no somos más que perseverancia y el recordatorio de aquel cuento del Mahabharata: un príncipe mandó a asesinar a 10 mil personas, al sur de India. Murieron 100 mil. ¿Por qué?, le preguntaron. “El resto murió de miedo”, respondió.
Lección tres: hay que enfrentar al mundo y la creación sin temor. Olvídese de la ansiedad.
braulio.peralta@milenio.com
domingo, 17 de mayo de 2009
REPORTAJE: Una vida que no tiene repuestos
"La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos". Eso dicen unos versos de Máquina, un poema incluido en Testigo de uno mismo, el último libro de Mario Benedetti, publicado pocos días antes de su muerte y lleno, no ya de versos finales sino, como decía él mismo, gran futbolero, de "versos semifinales".En 1945 publicó su primer libro, La víspera indeleble, un poemario que nunca quisó reeditar. Contaba Benedetti que su visión de la lírica cambió al descubrír en Buenos Aires la poesía "sencilla y clara" de Baldomero Fernández Moreno. Hasta entonces, la poesía que se escribía en el Río de la Plata estaba tejida con un léxico de importación: "Los poemas estaban llenos de corzos y gacelas. Animales que aquí no hay", recordaba el autor de Poemas de la oficina (1956).
Puede que éste sea el libro en el que aparece ya madura la voz del Benedetti más conocido: sencilla, irónica, sentimental, como dicha en medio de una conversación. En un tiempo en el que la poesía parecía hecha para ser declamada engolando las esdrújulas en un campo de fútbol, el escritor uruguayo se unía al tono cercano de Nicanor Parra y Ernesto Cardenal. De esa pasta están hechos títulos como Noción de patria (1963), Poemas de otros (1974), Cotidianas (1979) y El olvido está lleno de memoria (1995). Esos libros le valieron en 1999 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género, pero, sobre todo, le valieron el fervor de un público que se identificaba con poemas amorosos como Corazón coraza, Hagamos un trato o Táctica y estrategia. Las canciones de Daniel Viglietti o Joan Manuel Serrat y un filme como El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, no hicieron más que multiplicar la fama del poeta más popular de América Latina después de Neruda.
Además de poesía, Mario Benedetti escribió de todo: artículos de periódico, ensayos, teatro y narrativa. En 1960 publicó La tregua, una novela adaptada para el cine por Sergio Renán que en 1977 optó al Oscar que terminaría llevándose Amarcord.
Su compromiso con la izquierda uruguaya le costó, tras el golpe de Estado de 1973, un exilio que le llevó a Cuba y de allí a España, después de ser expulsado de Perú por un policía que se quedó dormido mientras él hacía las maletas y, de paso, se deshacía de documentos comprometedores. Al despertar sólo acertó a decir: "Por favor, no se lo diga a mis jefes". Mario Benedetti tardó 10 años en volver a Uruguay. Hacía ya tiempo que había escrito que su noción de patria era "la urgencia de decir nosotros".
BENEDETTI: El gran cronista de los sentimientos
Por José Saramago 18/05/2009 La obra de Mario Benedetti, amigo, hermano, es sorprendente en todos los aspectos, ya sea por la extensión en la variedad de géneros que toca, ya sea por la densidad de su expresión poética como por la extrema libertad conceptual que usa. El léxico de Benedetti ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras "poéticas" y de otras que no lo son. Para Benedetti, la lengua, toda ella, es poética. Leída desde esta perspectiva, la obra del gran poeta uruguayo se nos presenta, no sólo como suma de una experiencia vital, sino, sobre todo, como la búsqueda persistente y lograda de un sentido, el del ser humano en el planeta, en el país, en la ciudad o en la aldea, en su casa simplemente o en la acción colectiva. Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Benedetti. Tal vez la principal sea ésa, precisamente: que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.
Fallece el escritor Mario Benedetti a los 88 años
El escritor uruguayo, que arrastraba un delicado estado de salud, ha muerto en su casa, según fuentes próximas a su familia.

El escritor uruguayo Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920) ha muerto este domingo en Montevideo a la edad de 88 años, informaron fuentes próximas a su familia.
Benedetti, que arrastraba un delicado estado de salud, estaba en su domicilio de la capital uruguaya en el momento de morir. El escritor había sido ingresado cuatro veces en el último año. La última vez fue el pasado día 6: Benedetti recibió el alta tras 12 días ingresado por una dolencia intestinal.
Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista, el escritor uruguayo deja tras de sí más de 80 obras. Novelas ('La tregua', 'Gracias por el fuego', 'El cumpleaños de Juan Angel'), poemarios ('Sólo mientras tanto', 'Poemas de la oficina', 'Viento del exilio') y cuentos ('Montevideanos', 'Recuerdos olvidados', 'Despistes y franquezas'), marcados por el amor, la solidaridad y, a medida que pasaba el tiempo, por la muerte.
Su última obra publicada, el poemario 'Testigo de uno mismo', fue presentada en agosto del año pasado. En esta obra presentía ya el final de sus días, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz (su esposa, fallecida en 2006 tras 60 años de matrimonio). "Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo", decía Benedetti.
Antes de su último ingreso, Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional era 'Biografía para encontrarme'.
Aunque para él su galardón más importante era tener lectores, en España su trabajo fue reconocido con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1999. También recibió en 2001, tras superar una dolencia cardiaca, el premio iberoamericano José Martí y el Premio Internacional Menéndez Pelayo en 2005.
En su última aparición pública, en diciembre de 2007, Benedetti fue condecorado con la Orden Francisco Miranda por el presidente venezolano, Hugo Chávez, en la Universidad de la República del Uruguay, aclamado por los cientos de estudiantes que reconocían en el poeta a su bardo nacional.
viernes, 15 de mayo de 2009
miércoles, 13 de mayo de 2009
El Cuaderno de Saramago
Mayo 14, 2009 by José Saramago
A la pregunta angustiada, aunque cargada de fácil retórica, que el Papa lanzó en Auschwitz para sorpresa y escándalo del mundo creyente: “¿Dónde estaba Dios?”, sigue esta gran exposición de Sofía Gandarias que responde con sencillez: “Dios no está aquí”. Es evidente que Dios no ha leído a Kafka y, por lo visto, Ratzinger tampoco. Ni siquiera han leído a Primo Levi, que está más cerca de nuestro tiempo y nunca se ha servido de alegorías para describir el horror. Si se me permite la osadía, le aconsejaría al Papa que visitase, con tiempo y ojos de ver, esta exposición de Sofía, que escuchase con atención las explicaciones que le fuera ofreciendo una pintora que, sabiendo mucho del arte que cultiva, mucho sabe también del mundo y de la vida que en él hemos hecho los que creen y los que no creen, los que esperan y los que desesperan, y los otros, los que hicieron Auschwitz y los que preguntan dónde estaba Dios. Más nos valdría que nos preguntásemos dónde estamos nosotros, que enfermedad incurable es ésta que no nos deja inventar una vida diferente, con dioses, si así lo quieren, aunque sin ninguna obligación de creer en ellos. La única y auténtica libertad del ser humano es la del espíritu, un espíritu no contaminado por creencias irracionales y por supersticiones tal vez poéticas en algún caso, pero que deforman la percepción de la realidad y deberían ofender la razón más elemental.
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EL ESPEJO - Eloy Sánchez Rosillo
Me instalo frente a ti, miro tus ojos
y vigilo el espacio donde tu voz me busca.
Me estremece el dolor del encuentro imprevisto,
la sed con que te acercas al borde de mi sombra,
el hueco que descubres en la luz de mi espejo.
La soledad me arropa. Sólo en la noche existo.
Y nunca me detengo sobre el mismo minuto
en el que tú te apoyas para seguir llamándome.
Suéñame de otro modo. Sacude el saco triste
del idioma heredado. Cuéntale a las palabras
las historias oscuras que sólo tú conoces;
diles cómo te asusta mi presencia y mi odio,
cuánta muerte te cuesta acariciar mi huida.
A veces, en el centro mismo de tu pregunta,
me reconozco y corro hacia otra oscuridad:
es amargo encontrar al final de un abrazo
mi propio grito erguido y mi propio deseo.
Por eso me divido, me desdoblo y me hundo
en heridas distintas: me da miedo encontrarte.
Tu sonido es el mío. Tu tristeza, tus ropas
saben a mí, y me escuece el recuerdo adherido
al tiempo conciliado, al tiempo único
en que la conjunción habitó nuestras sangres.
De "Maneras de estar solo" de ELOY SÁNCHEZ ROSILLO
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