lunes, 22 de agosto de 2011

Ratas


La letra desobediente

Braulio Peralta

a relectura de La peste, de Albert Camus, me dejó perplejo. Es de una actualidad asombrosa. Asómese a las imágenes de hambre en los niños que se deshacen en Somalia, si tuviera alguna duda. Vaya a Europa por televisión en los medios y vea el desastre de la economía. Mire al otro lado de nuestra frontera, a Estados Unidos, y observará la mentira del progreso.

Como escribe Stéphane Hessel en ¡Indígnate!: “el conjunto de la sociedad no puede claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia”. Malas noticias: la miseria es más fuerte que el miedo. Nada para las guerras que vivimos. La peste, sin bacilo de por medio, sin metáforas, se instaló en nuestras vidas inertes.

Camus advierte en su obra que la peste se instala como una forma de vida. No es que explotemos con los bubones bajo los sobacos. Es que algo en nuestra mente se corrompe, evadiendo la realidad. No veo, no oigo, no siento: no existo. Como si la desgracia fuera incapaz de acercarnos a la verdad, al silencio contemplativo y a la acción. Como si la indiferencia fuera el motor frecuente en los actos de los seres racionales. Como si dejar al azar las circunstancias que nos rodean impidiera el desastre. Negamos la peste humana que se atiene más a la fe que a la ciencia —social o exacta—, justo uno de los planteamientos del libro de Camus. Nosotros o las ratas.

El incendio ya está aquí y un falso optimismo nos impide verlo. El mundo nos informa que México es un país inseguro y aquí juramos que todo va bien, que no hay catarros financieros, ni asesinatos ni vejaciones; que la peste está bajo control. Olvidamos que el hombre no es una idea. Omitimos que uno vive y muere por lo que ama. Nos traicionamos en busca de un progreso inexistente.

Creí que me iba a deprimir con la lectura de La peste. Y no. Es sano saber que somos una interminable derrota. Que la condena es un principio, no un fin. Que el placer llega con el conocimiento de la vida, no con la omisión de la muerte. Escribe Camus: “Sin valorar ese resplandor excelso de eternidad que existe en el fondo de todo sufrimiento” es imposible aprender a vivir, a entender nuestra fragilidad.

No hubiera releído La peste sin el taller de lectura mensual. Gracias. Porque desperté de un periodo de embrutecimiento. Duro. Sí. Pero siempre es mejor saberlo.



jueves, 11 de agosto de 2011

¿De verdad estamos tan solos?

(Publicado en Milenio.com)

Texto íntegro de Efraín Bartolomé

Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.

Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa ubicada en Conkal 266 (esq. Becal), Col. Torres de Padierna, 14200, México, DF.

Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.

Prendí la luz.

Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.

Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo: hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?) acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.

Mi mujer me gritó que me metiera.

Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.

Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.

“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.

Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.

Mi mujer está llamando a la policía.

Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.

Yo sigo soplando el silbato con desesperación.

En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.

¿Tres, cuatro, cinco?

Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.

Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.

“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada...!” gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.

Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.

Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.

“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”

Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.

Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.

Me quita el silbato.

−¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.

−¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.

Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.

Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.

Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.

Aquí...

Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto, con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.

Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.

Dos más permanecen en la puerta.

− ¡Las armas! ¡Dónde están las armas!

− Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.

− ¡A qué se dedica!”

−Soy psicoterapeuta y escribo libros.

−¿Desde cuándo vive aquí?

− Desde hace treinta años...

−Cómo se llama.

−Efraín Bartolomé.

−Cuántos años tiene.

−60.

−A qué se dedica.

−Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.

−Usted cómo se llama... –se dirige a mi mujer.

−Guadalupe Belmontes de Bartolomé.

−A qué se dedica.

−Soy arqueóloga y ama de casa.

−Cuántos años tiene.

−54.

−Tranquilos. Respiren profundo... Voy a verificar los datos.

El hombre sale.

Oigo ruidos en toda la casa.

Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.

Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.

Nos cambiamos de posición.

Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.

Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.

Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.

Respondemos a todo brevemente.

Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.

El tiempo pasa.

Oímos que abren nuestro carro en el garage.

Voces ininteligibles en el patio del norte.

Más tiempo.

Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.

Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.

Comenzamos a movernos.

Sólo silencio.

Nos incorporamos con cierto temor.

Salimos del baño hacia la recámara iluminada.

Desorden.

Cajones abiertos.

Cosas volcadas en el buró.

La chapa de la puerta en el suelo.

Restos de la tranca destrozada.

La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.

Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.

Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.

Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.

La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara: la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.

Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.

Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.

Nada.

Mi mujer llama por segunda vez a la policía.

Es en vano: piden los datos una vez más.

Dicen que ya enviaron una unidad.

Llego a la barda y me asomo: no hay carros.

El portón del garage está intacto.

Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.

El estudio de abajo está con las luces prendidas.

De por sí desordenado, ahora lo está más.

Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo, cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.

Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.

Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.

En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.

Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.

“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.

También se la llevaron

Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional que me acompañó por casi cuarenta años.

Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.

Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.

Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.

Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.

Indefensión.

Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.

Se asoma y regresa.

Lo saludo y responde.

Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.

Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.

Magaña, responde el joven.

¡Es Paty!, dice mi mujer.

Salimos a la calle y voy hacia allá.

Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.

Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.
Patricia y su hija estaban solas.

Sus padres octogenarios también estaban solos.

Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.

Atranco la destruida puerta de la calle.

Con todo, mantenemos una sorprendente calma.

“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.

Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.
¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?

¿Lo sabe Marcelo Ebrard?

¿Lo sabe el procurador Mancera?

¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?

¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?

Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.

Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa, quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad, nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos...

Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.
Subo al estudio a escribir esto.

Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.

Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.

Son ya las 6:35 de la mañana.

La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.

La policía nunca llegó.

¿De verdad estamos tan solos?




lunes, 8 de agosto de 2011

Mujeres y Política. Acoso sexual


Con reconocimiento a

Olga Rosario Avendaño y a Roselia Orozco Martínez,

ganadoras del Premio Nacional Los Rostros de la Discriminación

Soledad JARQUIN EDGAR

En las leyes se establece como un delito el acoso sexual u hostigamiento sexual, es de suponerse, por tanto que las mujeres están protegidas legalmente contra este tipo de violencia que es una clara forma de discriminación, porque es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) da cifras sobre este grave problema que se presenta con mayor frecuencia hacia las mujeres en la escuela o el trabajo y sostiene que una de cada cuatro mujeres ha sido acosada sexualmente. También se conoce que cuatro de cada diez mujeres que pierden su empleo, son obligadas a renunciar por no acceder a las pretensiones de su superior.

Colectiva Feminista, organización social binacional, señala que el acoso sexual es una forma de discriminación de género, al que las mujeres están más expuestas a ser víctimas directas e indirectas, debido a que carecen de poder, se encuentran en posiciones vulnerables e inseguras. Este se vuelve aún más agresivo cuando se compite por un cargo o puesto.

El acoso sexual u hostigamiento, añade la misma organización, es una conducta sexual no controlada de tipo sexual, es una forma de violencia laboral basada en el sexo, que resulta ofensiva y puede afectar la salud de las personas agredidas, así como su bienestar y desarrollo económico y social.

Las miradas lascivas, las palabras ofensivas que disparan los hombres en ese mal habito de piropear, las invitaciones a sitios diferentes al centro educativo o laboral y proposiciones de tipo sexual, ahora se agravan con el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación mediante mensajes de correo electrónico, las redes y hasta por la telefonía celular.

Hay muchos ejemplos, uno de ellos es la denuncia que presentó Miriam Velásquez, trabajadora del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, al acusar al director de Proyectos Educativos, Timoteo Agustín Chávez Aquino, de acosarla sexualmente desde hace cinco meses. Y, es curioso, en Quintana Roo, en estos días surgieron varias denuncias públicas contra elementos de seguridad hacia de mujeres policías y también en una institución educativa. Y si revisamos el país, seguramente encontraremos infinidad de casos reportados en los últimos días. Este delito es cotidiano y a veces se hace invisible a los ojos de la mayoría de las personas, peor aún surge la duda y el cuestionamiento social hacia las víctimas.

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miércoles, 3 de agosto de 2011

Sicilia: una traición, minuta sobre Ley de Seguridad

Los legisladores que la aprobaron traicionaron su palabra y se traicionaron como hombres con esta acción; fue un acto vergonzoso, dijo el dirigente del Movimiento por la Paz.

Alma Muñoz
Publicado: 03/08/2011 11:30


México, DF. Javier Sicilia expresó que el Movimiento por l
a Paz con Justicia y dignidad se siente traicionado por la aprobación de la minuta de Ley de Seguridad Nacional. Aseguró en conferencia de prensa, que los legisladores federales traicionaron su palabra y se traicionaron como hombres con esta acción.
Manifestó que fue un acto verdaderamente vergonzoso y exigió en nombre del movimiento que se eche para atrás esa ley. Indicó que la norma “abona a la militarización y la guerra, si no paramos la guerra, la victimización va a seguir aumentando”, afirmó.
Adelantó que mañana en la continuación de las mesas que sostienen con el gobierno, “vamos a expresar nuestro repudio, sorpresa e indignación por esta violación de la palabra y vamos a hacer una acción”, la cual dijo que hoy por la noche decidirán.
Manifestó que los traidores son los legisladores aunque el presidente de la república Felipe Calderón sigue necio en su posición pero “la traición es de parte de los legisladores”, remarcó
Sicilia expresó que a ellos hay que preguntarles si fue fingido el perdón que pidieron a las victimas de la guerra, durante el encuentro en el castillo de Chapultepec.
En cuanto al beneplácito de la Secretaría de Gobernación por la aprobación de la minutas de la Ley de Seguridad Nacional manifestó que como esto es posición del ejecutivo y por lo tanto del presidente, “nos preocupa, nos indigna muchísimo”.
El poeta afirmó que las víctimas “nos sentimos verdaderamente ofendidos por la intransigencia, por la estupidez (demostrada con esta aprobación)…. Están jugando con nuestro dolor, con el sufrimiento y con los muertos”.

I Premio Nacional de Poesía José Emilio Pacheco

El H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz a través del Instituto Municipal de la Cultura y Casas del Poeta, A.C. CONVOCAN A TODOS LOS POETAS DEL PAÍS

I Premio Nacional de Poesía José Emilio

Pacheco

B A S E S

1. Podrán participar todos los poetas mexicanos mayores de 18 años o extranjeros residentes en la República Mexicana. Los participantes extranjeros deberán tener mínimo cinco años de residencia comprobable en México.


2. Los concursantes deberán enviar un libro inédito de poemas, escrito en español, por triplicado, con tema y formas libres. Los trabajos, con un mínimo de 42 y un máximo de 60 cuartillas, deberán estar engargolados, enumerados, escritos en computadora o máquina a doble espacio, en papel tamaño carta blanco y por una sola cara. Deberán ir acompañados de un archivo electrónico en disco compacto, con terminación .doc en tipografía Arial, tamaño 12 en Microsoft Word.


3. Los trabajos deberán enviarse o entregarse en cualquiera de las dos siguientes direcciones:

  • Casa del Poeta José Emilio Pacheco

Av. Sor Juana Inés de la Cruz No. 2

Esq. Vallarta, planta alta

Tlalnepantla Centro, Estado de México, C.P. 54000

Tels. 4326-7582 y 01 (55) 5565-8293



  • Casa del Poeta Sor Juana Inés de la Cruz

Av. Vicente Villada # 413, col. Francisco Munguía,

Toluca, Estado de México, C.P. 50000

Tel. 01 (722) 2135546, 47 o 63


La fecha límite de recepción es el 19 de agosto de 2011 a las 17:00 horas.


  1. Los concursantes deberán participar con seudónimo. Adjunto a los trabajos, en un sobre cerrado e identificado con el mismo seudónimo, enviarán su nombre, domicilio, número telefónico, correo electrónico y currículo editorial. Cualquier tipo de referencia, leyenda o dedicatoria que pueda sugerir la identidad del autor causará la descalificación del trabajo.


5. El certamen queda abierto desde la publicación de la presente convocatoria hasta el 19 de agosto de 2011, día del cierre, a las 17:00 horas. Después de esta fecha sólo se recibirán aquellos trabajos, cuyo matasellos de la oficina postal de origen o empresa de mensajería, no exceda el límite de la convocatoria.


6. No podrán participar:

a) Colaboradores de la asociación convocante, ni trabajadores del H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz.

b) Autores que hayan recibido con anterioridad premios organizados por la asociación, sólo hasta después de dos años podrán participar.

c) Obras que se encuentren participando en otros concursos nacionales e internacionales en espera de dictamen.

d) Obras que hayan sido premiadas con anterioridad en premios nacionales e internacionales.

e) Trabajos que se encuentren en proceso de contratación o de producción editorial.


7. El jurado calificador estará integrado por poetas y críticos de reconocido prestigio. El fallo del jurado es inapelable.


8. Una vez emitido el fallo, se procederá a la apertura de la plica de identificación y a la notificación del ganador. El resultado se divulgará en el portal web del H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz (www.tlalnepantla.gob.mx) y en la página de Facebook de la Casa del Poeta "José Emilio Pacheco" y al ganador se le notificará por vía telefónica o correo electrónico.


9. Será facultad del jurado descalificar cualquier trabajo que no presente las características exigidas por la convocatoria, así como resolver cualquier caso no referido en la misma. El premio puede ser declarado desierto, en cuyo caso las instituciones convocantes se reservan la decisión de emplear el recurso económico correspondiente para apoyar actividades de fomento a la literatura.


10. No se devolverán los trabajos no premiados, los cuales se destruirán una vez que se conozca el fallo del jurado. Las plicas de identificación de los mismos, también serán destruidas.


11. En cuanto a la obra ganadora, los concursantes aceptan que, en caso de controversia, el manuscrito podrá ser consultado por las autoridades competentes.

lunes, 1 de agosto de 2011

VERSIONES

Eliseo Alberto

La muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en
todas las casas y que uno jamás se detiene a ver.
La muerte es ese pequeño animal que ha cruzado en el patio, y del que nos consuela la ilusión, sentida como un soplo, de que es sólo e
l gato de la casa,
el gato de costumbre, el gato que ha cruzado y al que ya no volveremos a
ver.
La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia,
discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer.
La muerte, en fin, es esa mancha en el muro que una tarde hemos mirado,
sin saberlo, con un poco de terror.

Eliseo Alberto: periodista, novelista, poeta y guionista

Lichi, como cariñosamente lo llamaban sus amigos, nació en Cuba en 1951, pero desde 1990 adoptó a México como su segunda patria. Con su obra Caracol Beach, ganó la primera edición del Premio Internacional Alfaguara de Novela en 1998.

Ciudad de México • Amante del ajedrez y de la cocina; cubano de nacimiento y mexicano por adopción, Eliseo Alberto era un escritor versátil, lo mismo hizo guiones para radio y televisión, que poemas y novelas con las que ganó el reconocimiento internacional.

Eliseo Alberto de Diego García Marruz, nombre completo del escritor, nació el 10 de septiembre de 1951 en Arroyo Naranjo, un pueblito de Cuba.

Se licenció en Periodismo en la Universidad de la Habana y fue jefe de redacción de la gaceta literaria El Caimán Barbudo y subdirector de la revista Cine Cubano.

En la isla dio clases y talleres de cine en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, labor que continuó en México, donde compartió sus conocimientos en el Centro de Capacitación Cinematográfica de México. Además colaboró en el Sundace Institute de Estados Unidos y en Chile.

Lichi, como cariñosamente lo llamaban sus amigos, se mudó a la Ciudad de México en 1990 y en 2000 adoptó la ciudadanía.

Era hijo del poeta cubano Eliseo Diego, de quien hablaba con frecuencia en sus colaboraciones y entrevistas.

Eliseo Alberto admitía que una de sus pasiones más grandes era el ajedrez, además se sabía un gran cocinero.

En su página de Facebook, Eliseo Alberto sumaba, hasta hoy, mil 234 amigos, quienes colocaron en su muro decenas de frases de despedida dedicadas al escritor.

En Facebook, Lichi escribió que de religión era cristiano-católico, en ideología política, demócrata, mientras que en situación sentimental, definió: “es complicado”

Su novela Caracol Beach le hizo ganar la primera edición del Premio Internacional Alfaguara de Novela en 1998.

Otras de sus obras fueron las novelas La fogata roja, (Premio Nacional de la Crítica, 1983) y La eternidad por fin comienza un lunes.

Con su libro de memorias Informe contra mí mismo (Alfaguara, 1997) ganó el Premio Gabino Palma.

Como guionista de cine y televisión colaboró con diversos directores, entre los que figura Tomás Gutiérrez Alea, con quien colaboró en la cinta Guantanamera.

Se casó con la bailarina cubana Rosario Suárez, Charín; pero se divorciaron. Luego se unió con María del Carmen Álvaro Díaz, madre de su hija María José, quien nació el 1 de junio de 1984.

Su obras…

Poemarios

- Importará el trueno (1975, La Habana, UNEAC)
- Las cosas que yo amo (1977, La Habana, Ediciones Unión)
- Un instante en cada cosa (1979, La Habana, Ediciones Unión)

Novelas

- La fogata roja. La Habana, Gente Nueva, 1985.
- La eternidad por fin comienza un lunes. México, Ediciones del Equilibrista, 1992.
- Caracol Beach. Madrid, Alfaguara, 1998.
- La fábula de José. México, Alfaguara, 2000.
- Esther en alguna parte (2005), Espasa. Finalista Premio Primavera de Novela.
- El retablo del conde Eros (2008), ed Planeta Mexicana, El Aleph.

Otros

- Informe contra mí mismo, escrito en 1978 y publicado más tarde en el extranjero. Narra cómo la seguridad del Estado cubano le pidió que hiciera un informe contra su propia familia; Editorial Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara.

- Dos cubalibres: nadie quiere más a Cuba (2004, Península). Artículos y entrevistas

- Una noche dentro de una noche (2006, Cal y Arena), recopilación de 75 entregas de su columna periodística Rueca dentada en el diario mexicano La Crónica de Hoy

- Breve historia del mundo (Santillana México, Literatura Infantil)

- Del otro lado de los sueños (Santillana México, Literatura Infantil)

- En el jardín del mundo (Santillana México, Literatura Infantil)

Fuente: http://www.telediario.mx/node/94627

miércoles, 27 de julio de 2011

Alí Soto Macías, primer luchador mexicano en el top ten mundial


Con su triunfo ante Ukrania, el atleta sonorense queda séptimo en el Campeonato Mundial Juvenil de Luchas Asociadas que se lleva a cabo en Rumania






Arturo Soto Munguía







El gladiador sonorense Alí Soto Macías se convirtió en el primer mexicano que se mete al top ten mundial, tras ganar su primera pelea en el Campeonato Mundial Juvenil de Luchas Asociadas, que se lleva a cabo en Bucarest, Rumania.







Soto Macías forma parte del representativo nacional que compite en ese torneo en el que participan los seleccionados de más de 50 países de todo el mundo, en los estilos grecorromana, femenil y libre.




El luchador sonorense, campeón nacional y campeón panamericano en los 50 kilos, estilo grecorromano, ganó sobradamente su primera pelea contra el luchador ukraniano Oleksandr Starovoyt, a quien venció en dos tiempos con marcador de 4-0 y 2-0, para un global de 6-0.




Con este triunfo, el sonorense queda rankeado en el lugar número 7 del mundo, lo que le abre las puertas para posteriores justas internacionales y lo consolida como el mejor luchador de grecorromana en los 50 kilos, después de conquistar el oro en la Olimpiada Nacional 2011, y repetir en lo más alto del podio en el Campeonato Juvenil Panamericano realizado en Sao Paulo, Brasil.


Cabe precisar que los resultados en el primer día de competencia en el mundial de Bucarest no le fueron del todo favorables al seleccionado nacional, pues Alí Soto Macías fue el único luchador mexicano que logró pasar a la siguiente fase, en la que perdió en una apretada pelea con Batyrbek Kurmakaziev, representante de la república de Kirgisztán; el marcador fue de 2-0 y 1-0 en dos tiempos reñidísimos.




Otros luchadores mexicanos que compitieron en este mundial son Vicente Gómez Daniel (74 kilos), quien quedó rankeado en el sitio 27, y Víctor Méndez Hidalgo, en los 60 kilos, quien tampoco pudo pasar la primera ronda.



Este miércoles habrán de llevarse a cabo las peleas en estilo femenil, donde Sonora cuenta con una excelente representante: Celia Karina Olea, quien compite en los 51 kilogramos.




En este campeonato participan más de 500 gladiadores en los tres estilos, provenientes de más de 50 países.








Sin las palabras no habría mundo

Sylvia Teresa Manríquez







"La palabra es la casa del ser.
En su morada habita el hombre.
los pensantes y los poetas son
los vigilantes de esa morada"

Martin Heidegger

“Las palabras son mi herramienta, para entender el mundo, a mí mismo, para entender y acercarme a los otros; para entender a Dios o por lo meno acercarme a él”.

Es Javier Sicilia: poeta, narrador y ensayista de tradición religiosa, para quien la palabra es herencia, que viene de su padre, también poeta.

“Lo que hace la palabra es sacar a las cosas a su existencia activa. Por eso en la Biblia en el principio era la oscuridad. Cuando Dios empieza a nombrar es cuando el mundo se ordena; allí está pero sólo la palabra es la que hace que el orden sea. Por eso las palabras son las herramientas de mi oficio y también de mi ser”.

Es el Javier que hoy ha renunciado a la poesía, y se ha comprometido con la paz y la justicia, junto a cientos de mexicanos que exigimos freno a las pérdidas de seres queridos, en medio de una guerra arbitraria e injusta.

El Javier de poco antes de que le arrebataran la vida de su hijo, que en entrevista afectuosa declaraba que “somos seres de palabra. Sin la palabra y su base fundamental que es la lengua, no habría mundo humano, no habría ni siquiera mundo”.

Un mundo que ya no gozará de la creación poética de este pacifista. El mismo que anunció dolorosamente que “el mundo ya no es digno de la palabra”.

Días antes, en entrevista exclusiva, Sicilia, nos hablaba de esa misma palabra, como punto de encuentro de religión, espiritualidad y mística.

“Palabra y espiritualidad van juntas, Soy católico y la fe está en la encarnación. El misterio de esa encarnación es la palabra, el verbo que se hace carne. La palabra es la casa del ser, diría Heidegger, y en ese sentido palabra y espiritualidad van juntas. Santo Tomás decía: Nada de lo que sabemos existe en sí, existe porque pasa a través de nuestra carne y nuestra palabra. Lo que no tiene nombre no existe. Sólo existe lo que nombramos. Sólo lo que nombramos es lo que tiene presencia, cuerpo, relacionalidad, vínculo. A través de nuestros vínculos aquí nos relacionamos con nuestros vínculos allá, con el Dios”.

¿Hay alguna diferencia entre religión y espiritualidad?

“No debería, religión viene de religare-unir y la espiritualidad es el principio de la unión. En otras ocasiones he hablado de la 'conspiratio', este beso en los labios de la primera liturgia cristiana donde se hace la comunión, el 'religare'. La verdad es que la religión está teñida de interpretación del misterio espiritual, y la religión es ideológica, por eso es parcial, excluyente; niega a veces la presencia de lo espiritual de Dios. Dios no es excluyente, Dios es la comunión el 'religare', el fundamento de esto es el amor. En la tradición griega, Platón decía ‘Cuidado con la palabra porque la palabra mal empleada hace mal a las almas’. El libro de los proverbios dice ‘la muerte están en poder de la lengua, del uso que de ella hagas tal será el fruto’. Y es que la palabra puede matar, si no físicamente, si puede destruir la existencia de un ser, su estima, su presencia. O puede ser tremendamente liberadora; una hermosa palabra de amor, una palabra de cariño, de afecto, de alegría, ante el encuentro del otro, produce comunión. Y luego sucede que la lingüística moderna y social dice que la palabra es arbitraria y no, la palabra es el ser de las cosas, nos vincula, nos hace permitirnos tocar el amor”.

En este marco, estamos formando el vínculo con quienes están leyendo para hablar de poesía y mística.

“Ese es mi tema, y mi comprensión del universo poético”.

Y esto nos lleva a hablar de los santos-poetas o poetas- santos.

“Sí, son una rara mezcla que pocas veces se da. Cómo San Juan de la Cruz, uno de los grandes poetas de la lengua española y uno de los más altos místicos, o la gran Santa Teresa. En tradiciones orientales hay una mística muy inquietante, como la que estuvo muy de moda con el Siddha Yoga, la poeta hindú Gurumayi que tiene poemas realmente hermosos, su libro “Cenizas a los pies de mi gurú” donde el gurú es de alguna forma la presencia del Dios, contiene una eroticidad muy fina, y espero no equivocarme al decir que ella es una presencia como la de San Juan, de santidad en la tradición de la India. Hay varios místicos-poetas, aunque no todo poeta es místico ni todo místico es poeta, pero cuando se da esa simbiosis es realmente encantador, porque no sólo es presencia del Dios en los actos de un hombre sino presencia del Dios y la palabra y de su poesía”.

Bueno, nos damos cuenta que una de sus pasiones es esta poesía y lo estamos compartiendo con nuestros lectores, varios de ellos tal vez estén cayendo en cuenta que ya han leído a algún poeta-místico. Hacía ya algunos años que no visitaba Hermosillo, ¿Cómo encuentra hoy la ciudad?

“Hermosísima, como siempre, venía viendo esos atardeceres que tienen ustedes, que son una belleza. Recuerdo que la primera vez que visité Hermosillo llegué cuando estaba amaneciendo y me sorprendió mucho ese amanecer del desierto que no logramos ver en el sur, donde también son hermosos, pero los de acá tienen una particularidad: como que vibra el misterio de Dios a través de la belleza de sus horizontes”.

Yo diría que es un de los privilegios de vivir en una zona tan seca...

“Curiosamente los místicos florecen en el desierto, allí es la cuna de la mística”.

Y bueno, no puedo desaprovechar esta oportunidad para preguntarle su opinión sobre literatura y periodismo, y esa línea endeble que hay entre ambos, de hecho en muchos casos se cruza.

“Yo pienso que sí se cruza y de hecho hay grandes escritores-periodistas y grandes periodistas-escritores. Tenemos el caso concreto, que se mueve claramente entre esas dos líneas y que ha hecho y vinculado puentes, de Vicente Leñero, un gran literato en el periodismo, un gran narrador en el periodismo y un gran periodista en la producción literaria. Y bueno, hay casos, como la entrevista, que es un género literario absolutamente. Una buena crónica es un género literario, tenemos a Monsiváis, que hizo de la crónica periodística un gran género literario. Hay puentes profundos entre uno y otro, por ejemplo, la novela de folletón del siglo XIX era periodismo, o “Balzac” de Víctor Hugo escrita en los periódicos por entregas; yo mismo hago periodismo. Y quizá el estilo periodístico sea la literatura que más se lee, el que más llega a la gente”.

-Probablemente se está volviendo un lugar común preguntarle sobre el riesgo que hay para escribir en el periodismo sobre ciertos temas, como seguridad y distintas situaciones arriesgadas que nos toca vivir en esta época; ¿En la poesía también se viven riesgos?

“Pues los tuvo en los espacios totalitarios, lo que pasa es que nadie lee poesía, entonces deja de ser riesgo ¿no? (Javier deja escapar unas risitas) La poesía, porque trata de realidades de la sustancia de las cosas y del ser del hombre, es muy riesgosa, por eso Stalin mató poetas como moscas, y el hitlerismo también. El poeta es un riesgo, desordena porque habla de los trascendentales, desordena los mundos totalitarios, los mundos tremendamente normados, porque habla del ser de las cosas, de la trascendencia del ser de las cosas que nunca puede ser aprisionado por ningún sistema, ni filosófico, ni político, ni científico. En ese sentido (los poetas) son peligrosos para la vida de los totalitarismos”.

-¿Escribir es un riesgo en México?

“Pues no es un riesgo, es un problema, porque nadie te pela (Javier vuelve a reír), es decir, no hay lectores. No es un riesgo,

miércoles, 13 de julio de 2011

El cristal: detonador de drama social

Carlos Sánchez

13/Julio/2011

1.- Testimonio de una dama envuelta en el consumo de la droga en boga.

Encender el fragmento de un foco es un ritual. La llama se convierte en calor indispensable para avivar el humo que ha de instalarse en el cerebro. Abrir más los ojos es el efecto, también agilizar la dinámica física.

Ana fuma de tres a seis globos diarios. Lleva veintidós calendarios sobre la vida y un par de ellos consagrándose al químico en cuerpo y mente.

Tiene su espacio predilecto, hacerlo en cualquier parte no sería lo mismo, por eso a ciertas horas del día el cerrojo de la puerta del baño corre hacia la derecha, y da privacidad.

No es humo artificial, quizá similitud de adrenalina en un concierto con cámara de gases. La boca acaricia solamente el químico gris, lo engulle con levedad para de inmediato dispararlo hacia el espacio. Ana sabe que si el jalón llega hasta los pulmones de manera directa, pudiera ocurrirle lo que a su camarada, el que por no regular la dosis, ahora tiene vista en un solo ojo: el izquierdo se apagó para siempre.

Ana sabe, siente, que el placer tiene su precio, y si con el consumo del cristal la adrenalina asciende, de igual manera crece el riesgo de bajar la guardia en las defensas del cuerpo.

“Si ya he tenido broncas; hay veces que como que me cae infección de tanto humo en los pulmones, porque me duele la espalda, acá en la parte de arriba, pero tomo pastillas para la infección y se me quita, pero sí me queda como algo pegajoso, como cuando andas resfriado, y tiras baba, pero la baba que me sale es blanca .

“La neta no me da miedo, al contrario, cuando fumo me da pa’rriba. Esta madre siempre me trae bien alivianada, me pone pa’ allá y pa’ acá, muy activa. Para andar así me tengo que fumar diario unos trescientos pesos de loquera, que vienen siendo seis globitos, o a veces compro un dieciséis, en dos cincuenta, que ya ese es por mayoreo, un buen bultito”.

Ana es desempleada, voluntaria, por que al parecer el trabajo no le seduce.

El placer del consumo, ante cualquier vicisitud económica, lo resuelve a como de lugar.

“Ya picados y en la barra, uno saca dinero hasta por debajo de las piedras, porque si no le pongo me desespero, me desespero, me desespero, ando buscando por donde sea algo.

“Po’s la neta sí, hasta ahorita siempre lo he resolvido (sic), porque si alguien conocido llega a tener en venta, me hace valer, no me deja morir ‘ai te va’, o fiado, o consigo dinero pa’ pagarlo. ¿Quieres que te diga la neta? Simón, sí he llegado a aventármela, sí he robado con tal de tener feria, y he agarrado lo que sea, nomás que valga de cien pa’ arriba, que te alcance pa’ una cura, donde esté prestado, y que te den de perdida cincuenta o cien, pero que alcance para una cura de perdida, un globo, algo que te cure la malilla que traes, con eso”.

Ana estuvo hace dos años y medio tirando tiempo tras las rejas, el móvil: robo con violencia. Se vino de la prisión al año y meses de estar por allá. Su jefa le hizo el favor de comprar un buen abogado, y la condena de tres años se convirtió en la mitad del tiempo.

Antes de entrar a prisión había “probado” el cristal, pero no se había prendido como ahora.

“Yo fumaba mota, antes de caer, pero ya cuando recuperé la libre, en un cotorreo que tuve unos compas sacaron el foco, pos lo agarré y ya el engranaje no me soltó, ahora ni mota, ni coca, puro foquito, cristal y cristal.

“Sí botaneo bien, me alimento bien. Y el sueño, pos cómo te diré, antes, cuando recién le ponía no me daba nada de sueño, no dormía noche ni día, pero como ya tengo bastante tiempo, ya si fumo en el día me puedo dormir en la noche, pero ya de tanto uso como que sí se te va quitando un poco el apetito, pero siempre le hago la lucha”.

Ana acaricia a su perro “El Moquin”. La lengua de su mascota lame los dedos de su dueña mientras ésta le espulga los corucos que le heredó un gato, otra mascota que hace unos días le quitó la vida la llanta de un carro. Por la manera de acariciar el pelo del “Moquin”, parecería que Ana tiene entre sus brazos al hijo que no tiene. Y mientas el reventar de corucos entre sus uñas, por el amor a su perro, Ana fluye en su conversa.

“Con el consumo de cristal puede llegar a que te duela la cabeza, a sentir calentura y que te duelan los huesos cuando se te está bajando el efecto, cuando te pega la malilla, o a sentirte desesperada y buscar dónde robar, por dónde sacar algo para curarte.

“Sí he tratado de tumbarme el rollo, pero es una adicción fuerte, y pues tienes que tener mucho huevos para dejarla. Sí he dejado algunos tipos de loquera, yo antes me inyectaba cocaína, duré dos años y la dejé, también dejé las pingas, dejé la mota”.

Cuando ya la ansiedad ruge y el cristal se dispone de nuevo a recibir el calor de la lumbre, Ana platica sobre el tránsito de los preparativos del próximo ritual. Al romper un pedazo de plástico que protege la dosis, Ana observa con mirada de “amor” la textura del globo. Sabe ella de qué está hecho, o cuando menos de lo que le han dicho que es.

“Sé de algunos tóxicos que trae: un contenido de veneno para animales, ácido de baterías; muchos le meten corte de caballo, ese es un producto que usan para sacarle más ganancia a la mercancía”.

Cuando la lumbre sentencia el momento preciso para el ritual, Ana dispone sus sentidos todos para optimizar la inhalación. Perder la menor cantidad de humo es un reto inminente. En cuatro o cinco minutos su vida se transforma. La voz de Ana se torna entre cortada, pausada, difícil es articular las palabras, el cristal activa su efecto, se sumerge al interior del cerebro, del cuerpo.

“Esto es como cuando amaneces muy aflojerado, pero al irle poniendo vas sintiendo unas ganas inmensas de platicar, y el rollo te sale hasta por los codos; ya después te pones a alzar, a barrer o lavar, en eso de trabajar te pones activo, y no sientes que la droga te llega, uno nomás se pone a tirar un salivero, o igual muchas veces cuando le pones en exceso, la sangre como que sí se te pone una madre caliente, o cuando le pones de más hasta alucinas”.

El sabor que le deja el humo en la boca, es amargo, y es éste mismo le que le mutila el deseo de fumar tabaco, y le hace acrecentar el deseo de beber agua.

Ana cuenta ahora el cuento que vivió en esos días de exceder.

“Yo una vez juraba que había visto a alguien arriba del techo de la casa, y anduve dando vueltas como loca, o muchas veces he oído ruido y me he viajado con que me andan persiguiendo lo policías, y sí, sí da un chingo de miedo, y sí se llega al pánico”.

Algunos de sus camaradas, bajo la loquera del cristal, han llegado a delinquir, dice Ana, “desde robo con violencia hasta asaltos”.

Si bien el cristal le permite ese experimento del placer mental y físico, en ocasiones censura el deseo por el placer sexual.

“Cuando no le pongo en exceso sí me dan ganas, pero cuando le pongo de más puedo estar con mi pareja pero no llegar al orgasmo; sí hay excitación, y se siente que la sangre hierve, pero hasta allí porque por más que uno desee, no se toca el orgasmo”.

Esta y otras consecuencias físicas, emocionales o sociales, son el costo de la adicción. Ana dice que por saber que la sociedad -la familia que sufre-, la rechaza, constantemente se trepa en depresiones, y fuertes, y aunque ha tratado de separase del los globos, del humo, del fuego, del cristal, no ha podido tumbarse el rollo:

“Porque no se puede”.

2.- Testimonio de Rosa: tirar cristal es su modo de ganarse la vida

Y hasta que me truene

La miseria es el móvil del delito. El delito es la venta de enervante. El enervante es cristal.

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lunes, 11 de julio de 2011

En el suplemento cultural del Diario del Yaqui.

Don Ramón Iñiguez, quien coordina el suplemento cultural del Diario del Yaqui, me hizo la deferencia de publicar el texto, que a continuación les comparto. A mis amigos de Obregón les recomiendo que si tienen a la mano el Diario del Yaqui de ayer, lo busquen.

Voltear la hoja, voltear la vida.

Por Sylvia Teresa Manriquez



Fue en Tres Cruces, entre Torin y Bácum.

Lo miró llegar, entre sus custodios.

En un llanito lo pararon para matarlo.

Cajeme presenciaba los preparativos, como si no fueran los de su ejecución. Como a quien no le importa ni vivir, ni morir.

Tenía apenas 12 años cuando, con un nudo en la garganta, y antes de dar vuelta a la última página de la novela “Cajeme, Novela de Indios” de Armando Chávez Camacho, aprendí cómo murió tan valiente guerrero sonorense. Un libro con hojas amarillas, quebradizas, edición original de 1948, impreso en los talleres Jus. Un preciado regalo de mi abuelo paterno que aún conservo.

Carpe Diem: Aprovecha el día presente” Una locución latina que saltó a mi vista al voltear una página del pequeño Larousse, obsequio que mi abuelo materno tuvo a bien enviarme desde la entonces lejana ciudad de México, que con el pretexto de ayudarme en mis tareas de secundaria, intentaba aminorar su culpa por haberse mantenido ausente de nuestras vidas. Otro preciado regalo de un abuelo que nunca conocí.

He llorado, reído y sentido esperanza, me han brindado compañía sin poner reparos en mi mal genio. Mis libros. Trato siempre de brindarles un lugar cómodo cerca de mí, aunque si pudieran reclamarían por el polvo que amenaza su recuerdo y otros darían testimonio de mi amor desmedido.

Cuando volteé la hoja Tomás estaba sorprendido de haberse despertado al lado de Teresa, y de cómo ella le cogía con fuerza la mano. La miraba y no podía entender qué había pasado. Así conocí a Milan Kundera y su “Insoportable levedad del ser”.

Di vuelta a otra página y Camargo, adormecido escuchaba el cuarteto en re mayor de César Franck, cuando la mujer entró en el departamento de enfrente. Ella parecía ansiosa, desorientada sin saber que hacer con su alma. De esta manera me adentré en “El vuelo de la reina”, de Tomás Eloy Martinez.

En mi vida he dado vuelta a infinidad de páginas con la seguridad de que leo bien. No soy del sector de mexicanos que lee poco y mal, como expresó Consuelo Sáizar, presidenta del CONACULTA, en la conferencia magistral con la que dio inicio el VII Encuentro de Promotores de Lectura.

No, yo pertenezco al 6% de mexicanos que siente necesidad de leer, que se regocija en y con las letras. Un gusto que viene de la infancia, de los libros de mi abuela, allá en Navojoa, en cuya casa encontré siempre, además de su desinteresado amor, libros que podía tocar y leer. Viene de mi madre, que leía conmigo y que a falta de recursos económicos para viajar, nos enseñó a llegar a lugares remotos y maravillosos, volteando las páginas de los libros. Y viene de la escuela primaria, en la que afortunadamente encontré maestros que me enseñaron a leer por placer y no por obligación.

-Mátenme si quieren pero yo no me voy a la gran China, no salgo de esta casa aunque me maten, háganme pedacitos y entonces si me sacan de esta casa.

La discriminación y desarraigo en nuestro propio estado me la mostró Armida de la Vara en la página 20 de la novela “La creciente”.

La encuesta nacional de Lectura, de 2006, muestra que la mayoría de los mexicanos la ve como un acto obligado. Y es que se ha intentado hacernos leer por obligación, cuando en realidad es un acto amoroso que fluye del tocar, oler, mirar y probar las letras. La lectura florece día a día cuando vamos haciendo la historia compartida a cada instante con los seres queridos. Cuando traemos al presente viejos recuerdos contenidos en fotografías, o al evocar el momento feliz que debió ser nuestro nacimiento para quienes eligieron nuestro nombre. Allí se gesta el gusto por leer. No en comprar y tener muchos libros o peor aún, en intentar que por ley cada integrante de una familia lea obligatoriamente un número determinado de volúmenes al año. El crecimiento académico de un pueblo definitivamente no puede medirse por el número de libros impresos o en computadora que leen sus habitantes.

Al voltear la página 8 de “Un cuarto propio” escrito por Virginia Woolf encuentro: …agobiada por el peso del tema que ustedes han cargado sobre mis hombros, lo repensé y entreveré con mi vida diaria…

Así se entrevera la lectura en la vida de cada uno. Está presente en cada detalle. Todo se lee. ¿Quién no ha leído en el viento de la mañana el augurio de un buen día? O el dolor triste en el rostro de un amigo que ha dejado ir una esperanza. Se leen las emociones y se leen los periódicos. Se lee el destino del ruletero y las instrucciones para hacer un platillo. Se leen los manuales de trabajo, los libros de texto. Leemos novelas, cuentos, ensayos y poesía. Leemos la vida, pero por gusto.

Asumiendo sin pensar la inherente presencia del acto de leer en cada evento de nuestra vida. Así se desarrolla y se fomenta el gusto por la lectura. Volteando las hojas del libro de la vida, para ratificar el derecho al habito de lectura libre y espontáneo.

Entrada destacada

 Poesía Palabras para descifrar el laberinto del silencio.  Sylvia Manríquez