lunes, 8 de octubre de 2012

Cáncer por exceso de colorantes


 


Guadalajara, (Notimex).- La experta Ruth De Celis Carrillo dijo que el cáncer, de manera particular de vejiga, es uno de los efectos adversos por el consumo excesivo de productos que contienen colorantes como cereales, dulces, refrescos, jugos y puré de tomate.
La especialista adscrita al Centro de Investigación Biomédica de Occidente (CIBO) del IMSS en Jalisco agregó que la mayoría de los colorantes que utilizan en productos para consumo humano, tienen entre sus componentes base, derivados de hidrocarburos.
Señaló que, como ocurre con el tabaco y el alcohol, el riesgo de desarrollar afecciones agudas o crónicas, depende del volumen y de qué tan prolongada sea la ingesta de productos con colorantes, "si es eventual el consumo, no va a surtir el mismo efecto que si lo consumes todo el tiempo".
Destacó que inclusive se reportan casos de hiperactividad y déficit de atención en los niños como una reacción inmediata al consumo de productos con colorantes, mientras que en los adultos una manifestación aguda tras la ingesta de alimentos con dicho contenido, es la dificultad de concentración, de análisis, de concretar ideas.
La investigadora manifestó que para evitar éste y otros riesgos, lo mejor es consumir alimentos frescos y naturales, "es decir, libres de colorantes y conservadores".
Puntualizó que al margen de reducir los riesgos aquí descritos, una dieta más natural disminuye también la posibilidad de sobrepeso y obesidad.
Recomendó disminuir consumo de cereales comerciales, "ya que por mercadotecnia vienen con muchos colores para hacerlos más atractivos a la vista, así como combinados con golosinas y/o frituras con alto valor calórico".

Las fumadoras tienen 47% menos sexo

Tendencias •

Un estudio efectuado en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias reveló que la adicción al tabaco disminuye la libido y causa anorgasmia.

México • Un estudio efectuado en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER)reveló que las mujeres jóvenes que no fuman tienen casi dos veces más sexo que las que consumen tabaco, lo que implica dicha adicción disminuye los encuentros sexuales, además de comprobar que sufren dolor y anorgasmia.
Raúl Sansores, neumólogo y director de la Clínica del Tabaquismo del INER, explicó que de acuerdo con el estudio realizado en dicho instituto sobre tabaquismo titulado “Mujeres entre colillas”, en el apartado de sexualidad se pudo detectar que en términos generales, las que no consumen tabaco tienen 3.2 relaciones sexuales a la semana, mientras que las fumadoras bajan ese promedio a 1.7, es decir, 47% menos.
La investigación, realizada de 2009 a 2011y en la que participaron más de 100 mujeres menores de 30 años, también revela otra diferencia, ya que las fumadoras manifestaron que en sus encuentros sexuales había disminución del deseo e incluso anorgasmia, que es la dificultad para llegar al orgasmo.
“En las mujeres hay lo que se llama disfunción sexual femenina y hay estudios que demuestran que las jóvenes menores de 30 años que empiezan a fumar sufren de dolor durante el coito, simplemente carecen de deseo sexual y otras ya tienen anorgasmia”,  lo que las coloca en un conflicto emocional, así como de pareja.
Para Sansores resulta aún inexplicable el motivo por el cual las mujeres fumadoras, al menos entre el grupo estudiado que en promedio empezó con ese vicio a los 15 años de edad, hay disminución de su vida sexual y esta resulta en la mayor parte de los casos, “prácticamente en 100 por ciento insatisfactoria, dolorosa y frustrante”.
En la última encuesta global de tabaquismo en adultos que llevó a cabo la Secretaría de Salud y el Consejo Nacional Contra las Adicciones, explicó Sansores, se reporta que en México los hombres consumen tres veces más cigarros que las mujeres, pero ellas son igual de compulsivas que sus pares varones.
En el país hay alrededor de 8 millones de hombres fumadores y casi 3 millones de mujeres; sin embargo, abundó el especialista, sus hábitos de consumo son muy parecidos: los hombres que fuman todos los días consumen 9.7 cigarrillos en promedio, mientras que las mujeres 8.4.
Un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud titulado “Emancipación de género y cocientes de prevalencia del tabaquismo entre hombres y mujeres el empoderamiento femenino”, se menciona que las naciones donde las mujeres ocupan altos puestos en el gobierno y cuentan con elevados índices de escolaridad son las que tienen mayores índices de adicción al cigarro.
Sansores refirió que aunque falta mucho por estudiar, se sabe que las mujeres jóvenes y fumadoras forman parte de alrededor de 80 por ciento que no logra tener un orgasmo vía penetración vaginal, por lo que requieren una mayor estimulación de su clítoris.

Pérdida de erección
La misma investigación se aplicó en hombres jóvenes sanos, es decir, sin ningún problema o complicación de salud, en la que se comprobó que 50 por ciento comienza a sufrir “infarto de pene” que se refleja a través de disminución de la erección poco a poco.
“El tabaquismo afecta a las arterias. La erección masculina es un proceso vascular, eso significa que las arterias del pene se llenan de sangre y si estas arterias están disminuidas y cada vez que fuma se cierra la arteria. Si ocurre en el corazón se produce un infarto, a nivel cerebral un derrame, pero si pasa en el pene, pues hay un infarto penial”, explicó Sansores.
El INER también detectó en un análisis que en México hay siete médicos fumadores cada seis adictos al tabaco de otra profesión. Estos resultados muestran que la adicción entre los galenos puede ser responsable de que sus conocimientos y actitudes sean similares a las de fumadores que no son médicos.
“Se requiere reducir el tabaquismo entre los médicos... como primer abordaje para reducir el tabaquismo en la población general”, señaló Sansores.

(Notimex/Guadalajara)

martes, 2 de octubre de 2012

Matanza de Tlatelolco: “Eran todo, menos unos incitadores”

Pepita, testigo presencial del inicio de la gresca entre la preparatoria Isaac Ochoterena y la vocacional 2, cuenta cómo vivió esos momentos

Arturo Páramo



Bastaba con ser estudiante para ser detenido. Fotos Archivo Excélsior y Luis Enrique Olivares


CIUDAD DE MÉXICO, 2 de octubre.-Pepita y Luisa se reencontraron hace unos diez años. Se abrazaron, cruzaron palabras, se preguntaron por sus familias, pero ninguna habló de aquellos días. Desde aquel verano de 1968 en que con su grupo de amigos vio como un hecho pueril y absurdo, escaló hasta la matanza en Tlatelolco, hicieron una especie de “voto de silencio”.
No era para menos, porque el movimiento estudiantil más grande de los años sesenta en México, surgió de una mañana en que una decena de chicos de la preparatoria privada Isaac Ochoterena se reunió para desayunar molletes.
Eran tiempos felices, como aquel Día del Niño de 1968, cuando Pepita con su grupo de amigos participó en un concurso de disfraces organizado por la preparatoria.
Uno de ellos obtuvo el segundo lugar con su vestido de bebé, con biberón, pañal y un seguro enorme. Otro iba disfrazado de oso. La misma Pepita recuerda que llevaba un vestido de papel.
El premio por haber ganado el certamen era salir en una especie de desfile por Versalles, llegar hasta Reforma y ahí saludar a los automovilistas y peatones. El regreso a la preparatoria lo hicieron en un auto Galaxy convertible rojo con vestiduras blancas.
Un camarógrafo de Telesistema Mexicano, hoy Televisa, captó ese momento que probablemente esté guardado en su videoteca. Ese día, los amigos terminaron tomando helado.
Pero tres meses después, todo se salió de proporción, dice Pepita, testigo del episodio, quien vive momentos difíciles durante la entrevista en que cuenta lo sucedido.
Aún tiene fresca en la memoria aquella mañana del 21 de julio, en que se reunió con sus amigos para desayunar molletes y café, como solían hacerlo con frecuencia en el Sanborns de Lafragua esquina Reforma.  “Éramos hijos de padres trabajadores. Nos costaba mucho juntar dinero para irnos a desayunar” a ese lugar, relata Pepita, quien entonces tenía unos 16 años, y era de las más chicas del grupo de diez amigos.
Pide guardar el anonimato y se le mencione con ese nombre que evoca la novela del español Juan Valera, porque a muchos de aquellos jóvenes no los volvió a ver, y de otros, sabe que nunca superaron los hechos que se desataron de esa mañana.
En el grupo de amigos, se encontraba Luisa. Tenía 18 años e iba acompañada de su novio.  “Tras comer y pagar la cuenta, al ir entre las mesas hacia la salida, pasamos por donde estaban unos chicos de la Voca 2”, recuerda Pepita.
“Eran los típicos chicos de prepa. Luisa gritó: ‘¡Ay!’ Nos sorprendió a todos y volteamos a ver qué pasaba. Vimos que uno de ellos le había dado una nalgada.” Su novio se regresó a reclamarle al tipo y comenzaron a discutir y a empujarse, a lanzarse los primeros golpes. Los amigos de cada bando se enredaron en el zafarrancho que salió a la calle.
Un hombre alto, que se boleaba los zapatos en la misma esquina de Lafragua y Reforma, hizo a un lado al bolero y con su cámara de cine de super 8 comenzó a filmar el altercado que duró varios minutos, recuerda Pepita.
Los chicos de la Isaac Ochoterena se retiraron, cruzaron Reforma hacia la calle Versalles y llegaron a Lucerna para resguardarse en la preparatoria, donde fueron reprendidos por haberse retrasado para llegar a clases.
El episodio pudo haber sido uno más en la vida de aquellos jóvenes cargados de adrenalina, pero no ocurrió así.
Al día siguiente, mientras tomaban clases, la preparatoria Ochoterena comenzó a retumbar. Los estudiantes de la Voca 2 que el día anterior se habían enredado en el pleito, habían reunido a más jóvenes y llegaron a apedrear la fachada del edificio de cantera, azotaban el portón y exigían que sus rivales salieran a la calle para seguir con el pleito.
Las mujeres fueron reunidas en un solo salón mientras los chicos subían al techo del edificio para tratar de contrarrestar la agresión. La directora del plantel salió a la calle tratando de calmar a los provocadores, pero fue golpeada. Los alumnos de la Ochoterana salieron a defender a su maestra y la pelea se generalizó, incluso un grupo de chicos de la preparatoria intentaba tirar uno de los copones de cantera de la cornisa del edificio para que cayera sobre los de la Voca.
En el altercado, el auto del gerente de un banco que tenía su sucursal en la esquina de Versalles fue dañado, por lo que éste llamó a la policía. El cuartel se encontraba en la calle Morelia, muy cerca de la preparatoria. Y tardó pocos minutos en llegar y arremeter contra los chicos que seguían liándose a golpes en la calle. La directora fue llevada a su oficina. Los policías ingresaron al plantel...
El remolino de recuerdos de Pepita la crispa. Se interrumpe. Se le entrecorta la voz. Intercala sollozos con fumadas a su cigarro, pues lo que ocurrió en los días posteriores fue una avalancha para la que ninguno de los chicos de aquel desayuno estaba preparado.
“Es de las cosas más absurdas que han ocurrido en la historia del país. Fue espantoso, porque hubo compañeros que no supimos dónde quedaron, siempre estábamos con miedo. Andábamos con la letra escarlata en la frente por ser de la Ochoterena”, explica Pepita.
Se lamenta de aquellos compañeros suyos que no volvieron a la escuela, de los que desaparecieron para siempre y de los que quedaron anímica y mentalmente afectados.
Para Pepita, los amigos con los que compartía aquellos desayunos eran todo menos incitadores en potencia, revolucionarios o chicos que buscaran meterse en problemas. “Estábamos asustados. Hicimos una especie de cofradía del silencio”, hace una pausa para pensar en cómo calificar a aquel gobierno y confiesa que no hay manera. “No existe aún la justificación para todo lo que hicieron”, y rememora que tuvo que ser cambiada de escuela y perdió la pista de la mayoría de aquellos amigos.
En las siguientes semanas crecieron las protestas por la actuación de la policía en ese episodio que se volvió un huracán que concluyó en la más grande matanza de estudiantes.
 
Tomado de http://excelsior.com.mx/

lunes, 1 de octubre de 2012

Longevidad: forjando el futuro

 Por Sylvia Teresa Manríquez


A media mañana venía de regreso. El médico le ordenó más análisis de todo para confirmar su buen estado de salud. En la parada, el ruletero tardaba mucho en pasar, por eso cuando el taxi se detuvo, él se asomó a preguntar la tarifa para regresar a su casa.
Esa mañana salió temprano pues tenía cita con el médico. Esperar el ruletero se había vuelto una acción cansada. Tenía 75 años y había observado que solo uno de cada tres choferes se detenían para llevarlo. Cuando por fin esto sucedía, entre empujones subía lentamente al camión, y apurado intentaba encontrar un asiento vacío para no caer cuando aceleraba el transporte.
Empuñando una navaja, el acompañante del chofer lo amenazó y le pidió la cartera, al ver que solo traía un billete de baja denominación el asaltante se contrarió y le pidió vaciar los bolsillos, obteniendo solamente el importe del viaje en ruletero, ante esto el mismo chofer le gritó que entregara el celular o lo “clavarían”, al ver que era un modelo viejo, decidieron dejárselo.
Después de amenzarlo diciendo que tuvo suerte pues pudieron subirlo al taxi y tirarlo en donde nadie lo encontraría, exigieron que no pidiera ayuda porque ellos ya sabian por donde anda.
Si bien ésta no es una historia nueva, se vuelve más frustante en la figura de un adulto mayor, que con los años idos no ha perdido su derecho a la  consideración y respeto. El vive en un país que no reconoce su derecho básico a andar en libertad y con seguridad.
Y es que en México, el propio concepto de vejez representa un amplio campo de estudio en el que se trabaja muy poco. El envejecimiento se asocia a la disminución en la eficiencia del funcionamiento físico que lleva al a muerte. Socialmente se plantea la vejez por grupos de edad. La 'Asamblea Mundial sobre Envejecimiento' que se realizó en Viena, Austria, en 1982, consideró anciana a toda persona mayor de 60 años.
De hecho, ni siquiera nos ponemos de acuerdo en la terminología, pues de personas ancianas pasó a llamárseles “de la tercera edad”, aunque la dinámica de crecimiento lleva a reconocer una “cuarta edad”. Actualmente se observa la tendencia a  designar a la población de sesenta años y más como “Personas adultas mayores”. Por su parte la ONU las considera, simplemente, “Personas de edad”.
El espíritu del “Día Internacional de las Personas de Edad”, considera a la longevidad como un logro de la salud pública más que una responsabilidad social o económica, según asienta Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, en su discurso relativo a la mencionada fecha.
Un día ella, de 74 años de edad, resbaló en la cocina de su hogar y se cayó. Pasó todo un día en el suelo sin poder levantarse, hasta que un nieto la encontró. Viuda de un trabajador agrícola que no le dejó pensión, sobrevive gracias a que sus hijos pagan los servicios básicos de su casa, aunque vive sola. No tiene un trabajo fuera del hogar porque en el campo donde vivía se le ocupó desde niña en las pesadas labores de atención a los jornaleros, así queno estudió más que el primer grado de primaria. Sin embargo, ella sigue dando gracias a Dios porque tiene techo, cobija y comida diaria.
La condición de las mujeres de edad avanzada se ve afectada negativamente por la discriminación sufrida a lo largo de su vida, con menor grado de escolaridad respecto a los hombres, además de que la limitada inserción al mercado laboral les impide en mayor medida que alos varones, generar un ahorro para la edad adulta y mucho menos acceder a una pensión.
Las y los adultos mayores de México viven de manera diferente al resto de la población, generalmente abandonados en la etapa de la vida en que más necesitan atención, y generalmente con secuelas de las enfermedades y lesiones que han padecido a lo largo de su vida. Lesiones que más que carga e impedimentos nos hablan del costo de un estilo de vida que cambia con los años, pero en los que existieron responsabilidades y actividades que las y los adultos mayores realizaron, en su momento, en beneficio de su comunidad.
Por todo esto, el mayor reto para los y las mexicanas es cómo hacer para que hombres y mujeres lleven una vida plena y productiva, con regulaciones y legislaciones que protejan su futuro, y así, sean un recurso para sus familias y comunidades, en vez de una carga. Que verdaderamente la longevidad no sea sinónimo de precariedad, enfermedad y abandono, sino de experiencia, prosperidad y trascendencia.
 

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 Poesía Palabras para descifrar el laberinto del silencio.  Sylvia Manríquez