martes, 7 de julio de 2009
¿Ya se enteraron?
PGR emite ficha roja contra implicados en guardería
A partir de este momento, los 178 países miembros de la Interpol cuentan con la posibilidad legal de localizar y entregar a esos individuos a la autoridad judicial que los reclama.
La Procuraduría General de la República (PGR) solicitó a Interpol México una "ficha roja" para capturar a las personas implicadas en el incendio de la guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, instrumento que ya fue emitido.
En un comunicado, la dependencia precisó que a partir de este momento los 187 países miembros de la Organización Internacional de la Policía Criminal (Interpol) cuentan con la posibilidad legal de localizar y entregar a esos individuos a la autoridad judicial que los reclama.
La petición para liberar la ficha roja se sustenta en la orden de aprehensión emitida por un juez de Distrito en Sonora, por lo que los nombres de los fugitivos quedaron registrados en las bases de datos policiales y migratorias de las naciones que integran esta organización.
Las personas que son buscadas y de quienes la PGR no proporcionó sus nombres, están acusadas de su probable responsabilidad en los delitos de homicidio y lesiones culposas, así como ejercicio indebido del servicio público por el incendio ocurrido en la guardería ABC en donde murieron 48 niños y 53 personas están lesionadas.
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Si, ya sé...
...que muy poco me encuentran en mi propio blog, pero a cambio les dejo opiniones de mis amigos, lo cual es dejarles parte importante de mis preferencias.Quién es el autor... y los asesinos

Braulio Peralta
La novela negra o de enigma nació en el siglo XIX con el norteamericano Edgar Allan Poe, género que desarrollaron después los ingleses, entre ellos Wilkie Collins, Connan Doyle, Chesterton, Dorothy Sayers y Ágata Christie. Las tramas siempre son parecidas; la manera en que se cometió un crimen y quién y por qué lo hizo. El detective, el policía, el especialista en buscar al asesino o ladrón es el leit motiv de la novela.
La novela negra norteamericana la inició Dashiell Hammet a principios del siglo XX: Cosecha roja, El halcón maltés, sus más conocidas. Siguió Raymond Chandler con Un largo adiós, en 1953. Los móviles del asesinato son fundamentales para entender o entrar en la trama. El asesino o ladrón tiene un persecutor: el que encuentra en los detalles al que deja huellas.
En México la novela negra llega tarde, aun cuando ya María Elvira Bermúdez hubiera escrito Muerte a la zaga y Diferentes razones tiene la muerte. Fue en 1969 con El complot mongol, de Rafael Bernal, cuando llegó el primer clásico del género al país. Un libro vigente: cumple ahora 40 de publicado.
En Latinoamérica hay pocos ejemplos, los más famosos, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares con sus Nuevos cuentos de H. Bustos Domecq, y Seis problemas para don Isidro Parodi. Ellos inventan a Bustos Domecq, pero Borges y Bioy no quisieron “degradarse” ante el género, comparado con el sentir de la gran novela, por eso firmaron con pseudónimo. Domecq.
No comparo a ninguno de los mencionados con Emmanuel Matta, autor de Los misterios de la ópera, pero sí decir que el libro tiene referencias a lo que señalé. Ejemplos: la novela de Bernal inicia en la cantina de La ópera; o, en Seis problemas para don Isidro Parodi, un preso, un detective que tiene que recurrir a su inteligencia para descubrir a los delincuentes.
Matta, un hombre que de la ópera convertido en un brillante detective que, apenas con la ayuda de dos secretarios particulares, Fortunato y Jacinto, va descubriendo a los asesinos o ladrones.
lunes, 6 de julio de 2009
Preludio del día después

(No mata, pero hace roncha)
Otra vez aparecieron los niños de Hermosillo.
Frente a la guardería ABC, acordonada con plástico amarillo. Con sus boquetes abiertos y ennegrecidos, sus escombros chamuscados, sus recuerdos terribles, aparecieron.
“El pueblo pide justicia”, reza el cartel que un anciano ha pegado en el carrito de paletas. Flaco y empobrecido, luchón y solidario, el señor parece decir que no está ahí sólo para vender paletas.
Otra vez aparecen, Los Niños de Hermosillo.
Con sus sonrisas luminosas, invencibles y poderosas; capaces de convocar a miles y miles a tomar la calle y estremecerla con la silenciosa multitud de sus pasos cansados. Porque la tristeza pesa mucho.
La marcha sale con el murmullo de un arroyuelo. Y va creciendo. A cada cuadra, va creciendo, creciendo, creciendo, creciendo hasta terminar como mar embravecido.
II
Otra vez los tambores que le dan un aire aún más fúnebre a la marcha, como si no bastara el llanto que se multiplica en las calles, las banquetas, las ventanas, los portales y los porches de las casas.
Otra vez los pequeños viajan en globos, rosas, blancos y azules. Viajan por la calle, risueños, felices, como eran.
Hubo 48 campanadas en la iglesia de San José. Una por cada uno de los niños muertos que ahora marchan, con sus miradas tiernas poniendo de rodillas la democracia cuentachiles del gobierno.
No se cansan estos niños. Estuvieron por la mañana en el Distrito Federal, donde aprendieron nuevas consignas: “Señora Hinojosa, por qué parió esa cosa”. “Son los asesinos, Bours y Los Pinos”.
Y ahora van bajando al corazón, al centro histórico de Hermosillo.
Marchan, pero ahora son más. Se suma la niña que en su frente morena tiene escrita la palabra “Justicia” en letras blancas.
III
Los Niños de Hermosillo son poderosos. Convocan a todos.
Estremecen el corazón y el asfalto con sus pasos. Los de 48 niños que murieron “para ayudarnos a encontrarle sentido a la vida”, como dijo una madre.
“Se terminó el futuro de Sonora”, reza una cartulina sostenida por una joven señora que porta, como otros miles que se van sumando, un moño negro en su ropa.
En la gasolinera El Gallo está a punto de suceder un altercado. Unos jóvenes comienzan a desdoblar una gran lona con la imagen del gobernador y la leyenda: “Que gobierne la justicia. Fuera Bours”.
Discuten con los organizadores y terminan incorporándose al final de la marcha.
“Yeyé, estás en el cielo, ¿Y la justicia dónde está?”, reza otra pancarta.
Otra vez va Ximena en el tatuaje de su padre, Julián el superhéroe; Xiunelth en las manos de su padre, acompañado de una leyenda: “Mi niño, cada día duele más tu ausencia. Malditos corruptos”.
A la cabeza de la marcha, Don Francisco López maneja la camioneta con la que su hijo abrió un par de boquetes en la guardería salvando la vida de docenas de pequeños. El Pick Up luce modificado, carroceado, equipado y decorado con un ángel que lo abraza con sus alas.
Cosecha miles de aplausos. Todo el camino está lleno de gente. Todos le aplauden cuando pasa. Le aplauden, y luego, en silencio, se van incorporando a la marcha.
IV
La marcha avanza y va sumando, va creciendo. Como nunca crece. Se ensancha el ánimo y la marcha; la solidaridad levanta las cabezas, arranca algunas sonrisas en medio de tanto llanto. Y la marcha crece más con los que la esperan y se incorporan.
Esto es un fenómeno social, coincide la maestra Catalina Soto, recién llegada de la ciudad de México, donde acompañada de algunos padres, encabezaron una marcha desde el IMSS a la representación del gobierno de Sonora en el DF.
Con ella estuvo Ofelia Medina, y miles de personas que también son padres y madres o quieren serlo. Los Niños de Hermosillo ya están tatuados en la memoria social hermosillense, y más allá.
“Gobiernos insensibles. Qué horror vivir con ustedes”, reza otra pancarta, en manos de una señora que también se suma, como se van sumando miles.
V
Axel Abraham también está de nuevo, marchando en las manos de su padre. Su imagen tiene una leyenda que sintetiza el sentido de esta marcha: “Justicia, por el amor de Dios”.
Y en medio de tanto pesar, un espacio para el humor negro: “Cárcel al cooler”, dice una cartulina que así resume su confianza en la procuración de justicia mexicana.
Va otra vez Juanito y sus truncados sueños de futbolista.
En el restaurante La Hacienda, una señora no puede más. Se desploma. Su marido la abraza y la sienta en la banqueta. Ella agacha la cara, solloza, llora. No está cansada. Está abatida de tanta muerte.
En la Plaza de los Tres Pueblos hay cientos de personas esperando. También en la Casa de la Cultura se amontonan. Y desde el Vado del Río hasta la plaza Emiliana de Zubeldía, la marcha es una congregación de voluntades impresionante.
A la altura de Palacio de Gobierno, el contingente ha rebasado las expectativas de los más optimistas. 20 mil, es el cálculo más modesto.
Pero ni siquiera pasan por el edificio de gobierno, como lo hicieron en las anteriores cuatro marchas.
Lo ignoran. Lo desdeñan. Siguen de largo hacia la plaza, sin siquiera voltear a verlo.
7:49 de la tarde del cuatro de julio de 2002. Hora exacta en que la sociedad hermosillense, diversa, plural, hermanada por el dolor anticipa lo que es capaz de hacer cuando la lastiman de ese modo.
“Señor gobernador. ¿Verdad que si a Jesucristo lo hubieran matado en Sonora, aún no se conocería al asesino?”, pregunta una muchacha en una cartulina.
VI
A las ocho de la noche, dos horas después de salir desde la guardería, la vanguardia llega a la plaza. Un río de gente inunda la parte frontal del Museo universitario. Llenan la amplia avenida del bulevar Rodríguez. Llenan la plaza.
Ha caído la noche y saberse unidos reconforta. Pero saberse mayoría agiganta el ánimo, deshace los nudos en miles de gargantas que se abren para gritar ¡No están solos! ¡No están solos!
Pancho Jaime canta, como canta él sin ese nudo, y recibe a la marcha con Mercedes Sosa: “Sólo le pido a Dios/que el dolor no me sea indiferente/que si un traidor puede más que unos cuantos/esos cuantos no lo olviden fácilmente…”.
“Dentro del dolor hay alegría. La alegría de estar juntos”, dice la maestra de ceremonias, impresionada ante la multitud reunida con un solo fin: “Aquí estamos para exigir, no para pedir que esto no quede impune”, subraya.
Desde aquí le estamos diciendo al mundo que no nos vamos a quedar callados. Que no nos vamos a cansar, agrega.
VII
La plaza se estremece cuando la poesía la toma por asalto y convoca a más poesía, para retar a la escatología política, a lo más podrido de un Estado que deja morir a los niños si eso le sale menos caro.
La poesía nace de una madre que extraña a su hijo y lo grita con el llanto en la voz.
“Tengo mi corazón lleno de amor/tengo mi cerebro lleno de recuerdos de mi hijo/ Pero tengo mis brazos vacíos”…
La plaza tiembla. El edificio del museo y biblioteca pudo haber caído derrumbado con la voz de esa madre que grita con la rabia estallando a borbotones: “Era mi único hijo. ¿Quién me lo quitó?”, se pregunta.
Y se responde: “La impunidad y la corrupción que campean en este maldito país”.
Es Patricia Duarte, madre de Andrés Alonso. También estuvo en la marcha de la ciudad de México, donde aprendió que la lucha por la justicia apenas comienza, porque el gobierno le apuesta siempre al olvido.
Y para que no se olvide, día a día, semana tras semana, mes tras mes, habremos de recordárselo: No nos dejen solos, por favor, pide con su voz entrecortada.
Hay un estrépito de aplausos y gritos que estremecen: ¡No están solos-No están solos!
Anuncia que sus reclamos llegarán a organismos internacionales, porque presume que en México no hay justicia.
VIII
Fabiola Domínguez pide “un aplauso para ustedes, por estar aquí”. Y la multitud le responde con sus palmas. También pide un aplauso para el médico legista que le dijo que su hija, sobreviviente del incendio, estaba sana, “nada más porque no la vio quemada”.
Pero la niña se ahoga en las noches; tose. Y la madre no sabe lo que aspiró aquel día de horror y fuego.
Ella exige atención médica especializada, a cargo de instituciones no estatales, pues les ha perdido la confianza.
IX
En el mitin se lee el manifiesto a la nación, del Movimiento Ciudadano 5 de junio, que nació ese día en Hermosillo, Sonora y que hoy se conoce internacionalmente, por el repudio que despierta cualquier gobierno que provoque, en una larga red de complicidades, la muerte de 48 niños.
Se lee también una carta de la senadora Rosario Ibarra, que algo sabe de perder a un hijo.
Canta Elisa Morales y a capela, eriza los vellos con una canción de amor y de esperanza.
También Luis Rey Moreno pide, con un poema, castigo a los culpables. Su voz es un trueno que termina en llanto.
La marcha la despide José Francisco, sobreviviente del incendio. Un pedazo de cielo que su padre carga orgulloso entre sus brazos.
El padre le alza la mano como se le levanta a un campeón, y el pequeño abre mucho sus ojos claros. No le caben en la mirada tantos hombres y mujeres juntos; niños, ancianos, jóvenes.
Todos los que estuvieron ahí, anticipando de lo que es capaz una sociedad cuando le lastiman a sus hijos.
sábado, 4 de julio de 2009
Hoy se recuerda a José Rubén Romero
Así empieza "La vida inútil de Pito Pèrez":
El Premio Príncipe de Asturias de las Letras fue otorgado al escritor albanés Ismail Kadaré

Ismail Kadaré
El general del ejército muerto (fragmento)
"Cuando entraron en la habitación grande, acompañados por el dueño de la casa, todos se removieron, murmuraron, alargaron las cabezas como un seto lleno de arbustos y flores de colores que se reanima inesperadamente con un golpe de viento. (...)Durante largo rato había observado desde la ventanilla del avión la imagen amenazadora de las montañas. Se diría que sus agudas cumbres fueran a rasgar en cualquier momento el vientre del aparato. Por doquier tierras abruptas. Sombrías laderas que se precipitaban bruscamente bajo la niebla. En aquellos abismos y barrancos, por toda aquella vastedad invernal se pudría bajo la lluvia el ejército que él venia a exhumar. Ahora que contemplaba por primera vez la tierra extranjera, experimentaba con mucha más claridad el turbio miedo que le ocasionaba desde hacía muchos meses la sensación de irrealidad a la que estaba unida su misión. Su ejército estaba allá abajo, fuera del tiempo, inmóvil, calcificado, cubierto por la tierra, y él habia asumido la tarea de alzarlo del barro. La sola idea le causaba temor. La suya era una misión antinatural, en la que la ceguera, la mudez y la absurdidad estarían siempre presentes."
El Poder de la Palabra
www.epdlp.com
Voto por Michael

Braulio Peralta
No soy fan del cantante pero dediqué una mañana a escuchar su música: sonidos renovadores impecables, letras esperanzadoras, denuncias del mundo que vivimos. Un artista posee la fe y el escepticismo como formas creativas. Es inentendible que Felipe Calderón confunda “fama y dinero” con dotes de un artista que nada tiene que ver con el resultado en su cuenta bancaria. Michael era prestigiado por su música. ¿No oye Calderón a sus asesores? ¿Usar de esa manera una muerte para su lucha contra las drogas? Felipe omite el rumor sobre su abuso por la bebida. Y nadie lo ha condenado. Una vida vale por lo que dejas; no por lo que vives.
No defiendo las drogas ni condeno las razones por las que mucha gente llega a ellas. Es una generalidad que los psiquiatras tienen permiso para diagnosticar pastillas para dormir, tranquilizar, suavizar la vida de gente con problemas nerviosos. De uno depende el uso de estupefacientes. Todos somos vulnerables, incluidos aquellos que en la vida social se echan sus copas y atropellan a alguien por exceso de alcohol—o abusan de su poder político.
La doble moral es una característica de políticos que hacen lógico el desinterés de la ciudadanía por las votaciones. Las declaraciones de Felipe me confirman la necesidad de ir a votar contra el PAN, sin anular mi voto. Y por la descomposición social: 48 niños muertos en Hermosillo en espera de justicia, una televisora contra una especie de pequeña David (Carmen Aristegui), contra el Goliath trasnacional que la acusa de “mentir”, pero no dice ni pío sobre sus candidatos del Partido Verde. ¡A las urnas!
viernes, 3 de julio de 2009
4 de Julio, por un solo Grito Nacional
La sociedad civil hermosillense realizará la quinta marcha por la justicia, el 04 de Julio. En Hermosillo, el punto de partida serán las instalaciones de la guardería ABC, en la colonia Y Griega a las 18 hrs, hasta la plaza Emiliana de Zubeldía, en la Universidad de Sonora.Ver más información en la página de cada ciudad
Puerto Peñasco
EL DIA VIERNES 3 DE JULIO A LAS 6 P.M.PARTIENDO DEL ESTADIO Y TERMINANDO EN EL MALECON.
Distrito Federal
EL DIA SABADO 4 DE JULIO A LAS 10 A.M.SALDRA DEL IMSS DE REFORMA HASTA LA REPRESENTACION DEL ESTADO DE SONORA (Goldsmith 228, Entre Edgard Alan Poe e Ibsen, a tres cuadras del Parque Lincoln Polanco).
Tlaxcala
EL DIA SABADO 4 DE JULIO A LAS 11 A.M.SALIDA DESDE EL KIOSKO DEL CENTRO DE LA CIUDAD
Guadalajara
EL DIA SABADO 4 DE JULIO A LAS 5 P.M. SALIENDO DE LAS AVENIDAS CHAPULTEPEC Y VALLARTA,PROSIGUIENDO HASTA LA AVENIDA 16 DE SEPTIEMBRE
Cd. Obregón
EL DIA SABADO 4 DE JULIO A LAS 6 P.M.SALIDA DEL PARQUE DE LOS PIONEROS, YAQUI Y DURANGO
Guaymas
EL DIA SABADO 4 DE JULIO A LAS 6 P.M.DESDE EL OBELISCO HASTA LA PLAZA 3 PRESIDENTES
Hermosillo
EL DIA SABADO 4 DE JULIO A LAS 6 P.M.DESDE LA GUARDERIA ABC A LA PLAZA ZUBELDIA
Tijuana
EL DIA SABADO 4 DE JULIO A LAS 6 P.M.DESDE EL CENTRO CULTURAL TIJUANA Y LLEGARÁ A LA CLINICA 7 DEL IMSS.
jueves, 2 de julio de 2009
Un cuento, un deslinde y una convocatoria
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía
chaposoto67@hotmail.com
Cuenta la leyenda que en un pueblito escondido, allá en lo alto de la sierra -que dirían Los Invasores-, había un comisario cuya vida transcurría en un bucólico coser y cantar, pues nada trastocaba la tranquilidad del paisaje.
Hasta que un día, llegaron unos hombres buscando al susodicho representante de la ley. Una ley, habría que decirlo, por encima de la cual no había nada ni nadie, excepción hecha de los amigos, cómplices, compadres y socios.
El señor autoridad, dicho sea de paso, nunca tuvo fama de valiente y diríase sin faltar a la verdad, que aunque era un sonorense bien nacido (cualquier cosa que eso signifique), y le gustaban los coricos y las coyotas, su perfil se acercaba más al del tipo que por acá coloquialmente se le conoce como culón.
Habrán de perdonar el término, pero los sonorenses hablamos así, golpeado y de frente (excepción hecha de aquellas ocasiones en que no tenemos ni fuero ni dinero para pagar un desplegado de apoyo).
Pues ahí tienen que aquellos hombres tocaron a la puerta de la comisaría, para informarle que a cerca de ahí se había perpetrado un asesinato, y requerían de su presencia para iniciar las investigaciones y deslindar responsabilidades, así como para dar con el paradero del o los asesinos, llevando el caso hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, faltaba más.
El comisario, aunque más sonorense que Héctor Aguilar Camín, no brillaba precisamente por su valor y arrojo, así que trató de excusarse:
-“La verdad sí me gustaría mucho ir, pero fíjense que mi caballo enfermó, y no tengo en qué hacer el viaje…”, se excusó, titubeante.
-“No se preocupe, comisario, sabíamos que su caballo andaba malito, así que le trajimos este, pa’que vaya pa’llá”, le respondieron los hombres, que como todo sonorense bien nacido, eran valientes, echados pa’delante y de hablar golpeado, excepción hecha de aquellas ocasiones en que había un muertito de por medio.
-“Ah, muchas gracias… pero fíjense que no han liberado los recursos de la partida 34 del Programa de Subsidio a la Seguridad en los Municipios, y no tengo pistola… Así no sirve de nada que vaya hasta allá”, intentó de nuevo el señor autoridad.
-“No se preocupe, comisario, vaya, yo le presto la mía”, le dijo uno de los hombres, que como todo sonorense franco, solidario y que le gustan las semitas y el café de talega, no vaciló en proporcionarle su arma con tal de que se cumpliera la ley caiga quien caiga y sin inventar culpables.
Pero el representante de la ley, que ya tenía conocimiento de que por aquellos parajes merodeaba una gavilla de facinerosos muy mal encachados y culeros, seguramente guachos, porque no les gustaba el béisbol ni las botas picudas, preguntó:
-¿Y cómo dicen que mataron a ese hombre?
-“Con un hacha… le partieron la cabeza con un hacha”.
-¡Ahhhhh, pues ahí está!, contestó el comisario en un largo suspiro de alivio. ¡Eso no es competencia mía!…
-“Pero si usted es el comisario”, alcanzaron a refunfuñar los informantes.
-Pues sí -dijo la autoridad-, pero a ver, ¿con qué dicen que lo mataron?
-“Con un hacha”.
-¿Ya ven?, ¡Ahí está la chingadera! Eso no está en el ámbito de mi competencia, ¡eso le corresponde a la Forestal!, dijo, y se metió en chinga a su oficina.
Hasta ahí el cuento; ahora sigue el deslinde.
Chistoretes aparte, el federalismo mexicano sólo ha servido para que cada nivel de gobierno asuma a medias, o de plano evada las responsabilidades que le corresponden.
El abordaje que se le dio a la tragedia en la guardería ABC, de Hermosillo es un ejemplo típico, con el agregado de que el discurso oficial estatal está infestado de una xenofobia bananera que el gorila Micheletti ya quisiera para partirle su madre a todos los países de la OEA juntos, un domingo en Honduras.
Si los globalifílicos de rancho suponen que la aldea global se acaba en el casco viejo de su hacienda, y que de Villa de Seris (o Estación Don) hacia el sur todos son ‘guachos come-ranas’, pues es muy su modo de interpretar la realidad.
Lamentable, sin embargo, viniendo de quienes tienen la responsabilidad de gobernar en estos tiempos de integración, tolerancia, diversidad, inclusión y no sé cuantas cosas tan difundidas como ‘valores’.
Pero convertir ese regionalismo ramplón en el eje que cruza todo el ejercicio de gobierno, puede resultar muy peligroso.
El gobernador Eduardo Bours y su grupo compacto se han pintado la cara de guerra en una ridícula cruzada contra los ‘guachos’, para fundamentar la defensa de las fronteras, y salvaguardar el imaginario Castillo de la Pureza habitado por puros sonorenses ‘bien nacidos, honestos, valientes, trabajadores, echados pa’delante’ y demás sandeces.
Si así piensan, muy su modo y muy su tono.
Pero utilizar los medios de Estado, particularmente la radio y la televisión para adoctrinar a la población con su xenofobia bizarra, puede inocular el virus de una nueva tragedia.
Una cosa es que alguien siga creyendo en la superioridad de raza y otra, muy otra, es que ese alguien tenga a la mano el dinero público y el poder de los medios de comunicación, para arengar a la gente del modo en que se está haciendo.
No quisiera estar aquí el día en que un niño, ‘sonorense bien nacido él’, le machaque la cabeza a un compañerito de escuela -como ya sucedió alguna vez-, tan sólo porque tiene un tono diferente al hablar.
Yo paso.
Sobre todo porque entre quienes han hecho suya la xenofobia boursista, varios hay que deberían limpiarse bien la boca cuando hablan de ‘valores’.
Hasta aquí el deslinde. Sigue la convocatoria.
Mañana, la sociedad civil hermosillense realizará la quinta marcha por la justicia. En Hermosillo, el punto de partida serán las instalaciones de la guardería ABC, en la colonia Y Griega, hasta la plaza Emiliana de Zubeldía, en la Universidad de Sonora.
En algunos municipios del estado también habrá movilizaciones, así como en el Distrito Federal.
Para que la impunidad no campee; para que la justicia no se haga sólo en los bueyes de mi compadre; para que no se vuelvan a repetir tragedias como la muerte de todos esos niños de la guardería ABC, hay que estar ahí, puntuales.
lunes, 29 de junio de 2009
Fiesta y luto
Crece. La rabia crece.
La ira crece. La impotencia se desborda en la plaza Emiliana de Zubeldía, como se desborda el llanto de los que en silencio van andando, marchando, sollozando, rezando.
En Hermosillo, los únicos que siguen riendo son los candidatos a lo que sea, del partido que sea. Ríen desde los postes, desde los espectaculares, en las pantallas electrónicas, en los desplegados de prensa.
Son los únicos que ríen, porque la ciudad está llorando.
El sábado anterior preguntamos de qué se ríen. Hoy lo sabemos. Festejan el Top Ten del insulto: ignorante, arrogante, pandilla de atracadores…
Los motivos de su risa no tienen nada qué ver con los motivos de la marcha del Movimiento 5 de junio.
Su risa es ajena al dolor de los que marchan y por eso, cuando se pregunten -como alguna vez se preguntó el genocida George Bush- ¿Por qué nos odian?, pueden acudir por la respuesta a la Plaza Emiliana de Zubeldía, donde la memoria social hermosillense se está escribiendo. Ahora mismo.
II
Tamm… …Tammm… …Tamm… El Güero del Acordeón, como lo conocimos en los tiempos de la crónica urbana aderezada con percusiones, golpea el tambor.
El Colas marca el ritmo con las batacas, lento, espaciado. Fúnebres suenan los redobles. Sonoros en medio del silencio. Tristes como los ojos de los que marchan y suman miles.
El Colas quisiera hacer bailar a la gente, porque eso le sale muy bien. Pero hoy la hace llorar desde el repiqueteo con que marca el ritmo fúnebre de los tambores que marchan. Avanzan. Caminan. Suenan y se meten en los oídos como algo que no se quiere oír.
Al frente va Ximena y su sonrisa inolvidable, imperecedera. Sus ojos luminosos abren el camino y están ahí para que no se olviden, como van en la espalda de su padre, indelebles en el tatuaje aún hinchado y casi sangrante.
Va también Xiuan, montado en una tortuga feliz, como era.
Va Yeyé: “Por ti hasta la vida, te lo juro”, sentencia la madre en la pancarta que dice su nombre.
Va Andrés en el llanto contenido de su madre y de su padre, que se abrazan en la primera fila de la marcha.
Va Julián, superhéroe, ‘flaquito precioso TQM’.
Va Juan Israel, que quiere estar con sus papitos.
Van todos. Casi todos los que murieron en el incendio de la guardería ABC.
Van en imágenes. Viajan en globos rosas y azules con sus nombres que flotan sobre la camioneta que también marcha.
48 nombres que jamás debieron ser escritos con el pulso tembloroso de quien los extraña tanto.
Ni con la voz de la abuela que se quiebra con sólo articular un monosílabo. La que acompaña a los pequeños que llegaron desde Phoenix para pasar lista de presente en esa generación que aprende sus primeros pasos y sus primeras letras marchando por la justicia.
En Sonora, la corrupción mata a los niños. En Sonora, la corrupción y la impunidad matan a los niños, y por los niños que pueden ser los nuestros, por eso es que marchamos.
Marchan también las figuras colosales de los muchachos y muchachas que desde lo alto atisban con la mirada dura. Ni por asomo una sonrisa. Las quijadas van trabadas. Los ojos de acero. El corazón estrujado desde lo alto de sus zancos, desde sus alas angelicales y los rostros maquillados y callados y su boca amordazada.
‘Justicia. Asesinos a la cárcel’, dice una pancarta.
También marcha Santiaguito, que está en el cielo y está en la tierra.
En la tierra marcha al frente y en las calles de Hermosillo dice “No te olvidaremos”.
En el cielo, está mirando hacia abajo, viendo a su padre que sí lo conoce bien y por eso dice que en estos momentos Santiaguito se está asomando entre las nubes y diciéndole a sus amiguitos: “Aquel que está allá abajo es mi papá… ¡Y no se va a dejar de ningún pendejo!”.
III
Puntuales, salen a las seis y poco. Es sábado y el cielo está encapotado. Triste. Por eso en la calle, los hombres se quitan el sombrero y bajan la mirada. Por eso las mujeres abrazan a sus novios y esposos. Por eso las madres estrujan a sus pequeños contra su pecho con la compulsión de la madre que no quiere que le quiten a su retoño.
Por eso hay mucha gente en las banquetas del bulevar Luis Encinas, saludando la marcha, resistiendo el llanto, aguantando las ganas de gritar y mentar madres y decir ‘estamos con ustedes porque mañana podemos ser nosotros’.
La marcha va, como diría Víctor Jara, con el alma llena de banderas.
También de lonas, mantas y pancartas que desde un silencio que aturde dicen: “Yo soy culpable por confiar mi hijo a corruptos”. “IMSS: No protejas impunes”. “No olvidemos”. “Cómo vivir sin ti, preciosa”. “Nada ni nadie por encima de la ley”, dicen, como doloroso sarcasmo; como un llanto que se ríe.
Como una mentada de madre que se agolpa en el pecho y amenaza con romper el aire.
Tummmm… …Tummmm… Tummmm…. … Suenan los tambores, fúnebremente acompasados.
Truena el cielo cuando llegan a la calle Matamoros para entrar al centro de la ciudad. Son miles y miles que en silencio marchan.
Pero el silencio pesa. Inflama. Se agiganta y parece que algo va a estallar en cualquier momento.
Mucha gente deja la banqueta y se suma a la marcha. No están solos, dicen, y se suman.
Y avanzan. En silencio avanzan. Con el corazón encogido, con los ojos de agua, con la boca seca, con el grito que se les hace un nudo en la garganta, avanzan.
Con su silencio dicen: ‘Justicia’.
Dicen ‘Amor’. Dicen, con su silencio de miles: ‘No están solos’.
IV
6:30. Sábado.
Tarde gris del Hermosillo lastimado.
Matamoros y Colosio, esquina donde esperan cientos de personas que al incorporarse a la marcha son una sola, recuperando para las calles el carácter de espacio púbico. El único donde se escribe la historia.
Algo tiene esta marcha que la vuelve poderosa. No son los diez, once, doce o no sé cuántos miles que caminan. No es eso.
Quizás sea la implacable, la devastadora ternura de Joselin Valentina, que está sentada en los peldaños de una escalera, con el cabello recogido en dos colitas que nacen como diminutas palmeras tropicales.
Quizá sea la mirada feliz e inocente que doblega al más macho o la sonrisa que jamás se volverá a ver, a menos que sea la que sus familiares sostienen en una lona donde también se lee: Nació 08-05-07 – Murió 05-06-09.
Con esa imagen, se incorporan, también, y con el rostro divertido y tierno de Joselin vuelven más poderosa la marcha, que en silencio avanza y en silencio suma y en silencio le mienta la madre a los asesinos.
Porque, ¿se han fijado? Los padres, cuando aluden a sus hijos no dicen ‘se murió’. Dicen: “me lo mataron”.
Otros que marchan son los periodistas. Van ahí también, en silencio con sus cámaras, micrófonos, libretas, teléfonos, con todo lo que les permita documentar y ser parte de esta jornada que hace historia en Hermosillo.
Es el despertar de una sociedad civil que llenó la plaza y tomó la calle por su cuenta. Los periodistas van, también, estremecidos en el redoble fúnebre de los tambores y el silencio angustiante de los miles que caminan con los ojos llenos de agua y las mandíbulas apretadas.
Por cuarta vez, Radio Bemba transmite en vivo, urbi et orbi. Desde la calle para todo el mundo reproduce el ruido de los pasos, la voz del silencio que en ocasiones, como es el caso, nos dice a todos: ‘No están solos’.
La calle Serdán es un río ruidoso y por lo tanto, algo lleva.
Ahí, otro muerto memorable se aparece. Mario Benedetti dice, desde una manta: “Hay odios que ennoblecen”. Y con ello les responde a los que desde la impunidad refrigerada de su oficina, se les hace fácil decretar que el dolor no se convierta en odio.
Hay odios que ennoblecen, canta, recita, musita, llora Benedetti desde el horror de la dictadura que le tocó vivir para que otros no lo viviéramos.
Y ennoblecidos, los padres y familiares de los niños muertos y de los que viviendo mueren en los hospitales para quemados, van, avanzan, con el alma adolorida y valiente para decir como dijo Roberto Zavala, “no nos vamos a dejar de ningún pendejo”.
V
Son Horas de Junio y la poesía aparece en yaqui y en todos los idiomas y dialectos. Hay un encuentro de escritores en Hermosillo y algunos dejaron el auditorio para sumarse al silencio que ensordece.
Caminan también, abajo y arriba de la tierra, dejando que sus musas caigan de rodillas al paso de tanta gente tan silenciosa y tan poderosa.
Hay 48 flechas aztecas clavadas en el corazón de los poderosos.
Al tomar el bulevar Encinas, para ir a Palacio de Gobierno, Laura Fernanda no aguantó. Se durmió con sus tan poquitos dos años de vida. Su papá tiene una cola en el cabello y la abanica en la carreola, mientras camina, con otros miles detrás de ellos, que como ellos, no saben que hay miles delante de ellos.
VI
La marcha avanza silenciosa y poderosa. Va acumulando el sentimiento. Los sentimientos que se mezclan sobre la calle, al lado del frío edificio de gobierno sin gobernante, porque dicen, cada vez que hay una marcha por los niños muertos, se va a Obregón, su ciudad natal.
“Ya son 48, ¿vas a esperar por más, hijo de la chingada?”, dice una pancarta, cuando pasa por las puertas de Palacio.
En Palacio hay dolientes de otros niños muertos. Víctor Abdiel es uno de ellos, víctima de la negligencia médica en el Hospital Chávez. “Es necesario hacer un alto. El gobierno no hace caso a las marchas silenciosas”, gritan sus padres.
La marcha se detiene. El silencio se rompe. “¡Justicia! ¡Justicia!, comienzan a corear todos. ¡Que renuncie! ¡Que renuncie!, vuelve a sonar la proclama en la sede del gobierno del estado de Sonora.
“Aquí está uno más del sexenio de Bours”, grita otro padre, que exhibe las crudas fotografías de su hijo descuartizado en un hospital.
“Son chingaderas”, grita. Y se queja de que algunos conductores de Telemax, la televisora gubernamental, los ha llamado ‘buitres’ por denunciar las negligencias médicas que les arrebataron a sus hijos.
Hay un momento de confusión. Un instante en que el silencio se rompe en Palacio de Gobierno y miles de voces se estremecen en un grito: “¡Que renuncie-que renuncie!”.
VII
A las 7:26, la marcha toma de nuevo el Luis Encinas rumbo a la Plaza Emiliana de Zubeldía.
Ahí va don Miguel Acedo, con un lazo negro en el brazo, sobre el bíceps flaco bajo su camisa blanca y sus 74 años. Es de los organizadores de la marcha y ha mantenido el paso como el mejor.
-Tiene buena condición, le digo.
-Qué madre, ya me he aventado cuatro, me responde. Y las que faltan, agrega con una sonrisa.
El río de gente se desborda rumbo a la plaza. Los carriles en un solo sentido son insuficientes, así que se abren y la gente toma toda la calle. Y avanza.
Nunca, antes, los hermosillenses tomaron los ocho carriles que unos toman como parámetros de progreso, y otros toman como el espacio público para decir que el progreso no debe ser a costa de la vida de sus hijos.
VIII
Laura Fernanda ya despertó. Se bajó de la carreola y camina de la mano de su padre.
Si a las seis de la tarde la Emiliana de Zubeldía era pequeña, a las ocho de la noche estaba reventando de gente. Ahí se rompe el silencio.
Cristina García es su nombre, pero es igual al nombre de muchos más que ahora lloran a sus hijos.
Ella es madre de una bebé que no murió en el incendio, pero la niña carga con las complicaciones de quien estuvo a punto de morir entre los gases tóxicos del material prohibido que se quemó en la guardería.
Estamos escribiendo la historia, para que si se repite, no sea porque nosotros nos hicimos a un lado, le digo a la muchacha que se acerca a preguntarme que si qué hago.
Le digo que no me mire a mí. Que mire allá, donde una madre carga con el peso de explicarle a su niña cada día, que debe separarse de ella, porque tiene que irse a trabajar.
IX
La plaza está oscura. Huele a cera quemada. Huele a lo que no quiero oler pero estoy ahí, junto a miles que aquí están, para decir algo. Para romper el silencio.
Las palabras de la madre calan hondo, porque le habla a miles de personas como si le hablara a su pequeña, sobreviviente del incendio, pero que difícilmente sobrevivirá el olvido:
“Perdón, mi amor, porque yo te prometí que nadie te lastimaría y te fallé. Perdóname mi amor”.
“Si ustedes nos dejan solos, ¿con qué voz vamos a pedir justicia?”, pregunta desde el templete Cristina García, la madre de la niña que aún se ahoga, quién sabe si recordando el humo.
Y la plaza tiembla con un grito: “¡No están solos! ¡No están solos!”.
La plaza está oscura, porque el alumbrado público se cortó esa noche, pero no hace falta. Más oscuros están los corazones de otros.
¿De cuáles otros?, surge la pregunta. Y una pancarta responde: “Niños ABC, en el corazón de unos, en la conciencia de otros”.
X
“Ustedes conocían a Ximena”, dice Raúl Álvarez, su padre, “porque durante todo este tiempo estuvimos pidiendo un milagro. Ella duró dos semanas con muerte cerebral y luchó contra la muerte. Ella nos enseñó sobre la lucha”.
Ximena fue la muerte 48 del incendio en la guardería ABC. Para la estadística oficial ella es una muerta más. Para su padre es el amor que llevará tatuado en la espalda, toda la vida.
Roberto Zavala está tranquilo. Su voz serena. Habla de Santiaguito, su hijo. De sus encantos y sus travesuras y la luminosidad que inundaba su casa cuando manejaba en reversa el Tonka corriendo de un lado a otro.
Porque le gustaba correr, al Santiaguito, de un lado a otro de la casa.
Se los presento, dice: a los policías que impidieron el rescate de más niños. A los bomberos que llegaron tarde. A los que firmaron permisos para que operara la guardería. A los dueños de la guardería, que recibían dos mil quinientos pesos al mes. Se los presento al gobernador y a la PGR; al juez que liberó a los detenidos con una fianza pagada con el fondo creado por el gobierno estatal para las víctimas.
Se los presento. Y ya que lo conocen les pregunto: ¿Ustedes creen que somos unos pendejos? Si esto queda impune, entonces sí seremos unos pendejos, gritó, en medio de la plaza.
Y aprovechando que Benedetti andaba por ahí, casi lo cita cuando dijo que entre el gobernador y él hay algo personal. Le recordó a Bours que en una entrevista al diario Milenio, el gobernador declaró que algunas personas se le habían acercado para manipularlo.
No señor. Las únicas personas que se han acercado para eso, son las que usted mandó. Las que le dijeron que en el cielo, Santiago estaba triste porque yo estaba enojado.
Pero ustedes no conocen a Santiago. Yo sí. Y yo sé que en el cielo, Santiago está viendo para abajo y diciéndole a sus amigos: “Aquel pinche loco que está allá es mi papá. Y no se va a dejar de ningún pendejo”.
Los testimonios siguen. El silencio de la marcha se acabó. La voz de los padres inunda la plaza con un reclamo de justicia y muchas ganas de documentar la historia de una tragedia que se pudo evitar, pero la mezquindad y la ambición de los gobiernos no quisieron, porque pudo más la ambición de los gobernantes.
Alí Primera resucita desde algún lugar bajo la tierra venezolana, y canta, como siempre ha cantado, como seguirá cantando mientras sigan muriendo niños inocentes, víctimas de la mezquindad, la ambición y el blindaje que dan las cuentas bancarias millonarias.
Alí Primera canta, pre moderno y arcaico. Desfasado. No cabe en el Hermosillo, en el Sonora de progreso, desarrollo, modernidad y marketing.
Pero canta en el corazón de una sociedad herida que no sabe mucho de eso. Que no discute ideologías ni partidos.
Canta en el corazón de los padres a los que les han matado a sus hijos y eso, no conoce linderos.
En la plaza, en la voz de un poeta colombiano que vino a las horas de junio en Hermosillo, Alí Primera canta: ‘no basta rezar/hacen falta muchas cosas para conseguir la paz...’.
Canta Pancho Jaime, también, pero dice que no se puede cantar con un nudo en la garganta.
Cae la noche en la plaza. Jornada intensa y dolorosa. Convocatoria a volver a estar, como estaremos, el próximo sábado, sin falta.
Por los niños que murieron. Por los que no han muerto. Por los que merecen vivir, ahí estaremos.
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