jueves, 17 de noviembre de 2016

A mí no me importó

Por Sylvia Teresa Manríquez



A mí no me importó
Primero se llevaron a los comunistas
pero a mí no me importó
porque yo no era.
En seguida se llevaron a unos obreros
pero a mí no me importó
porque yo tampoco era.
Después detuvieron a los sindicalistas
pero a mí no me importó
porque yo no soy sindicalista.
Luego apresaron a unos curas
pero como yo no soy religioso
tampoco me importó.
Ahora me llevan a mí
pero ya es tarde.
Bertold Bretch (Ahora me llevan a mí)

Vi en televisión un reportaje sobre los migrantes haitianos y su largo camino por México para llegar a los Estados Unidos; 240 dólares al mes no les alcanzan para sobrevivir en su país; sin embargo, pagan 200 dólares a un “coyoto”, como le llaman ellos al “coyote”, la persona que ofrece pasarlos ilegalmente al país del norte, sin saber si llegarán o los dejará abandonados en medio de la nada. Me siento tan lejana a esa realidad, no es la mía, digo.
Oigo las declaraciones de algunos líderes calificando como ciudadanos de segunda o tercera clase a compatriotas que viven en los Estados Unidos y como me siento lejana, no hago caso solo oigo porque no soy yo, me digo.
Me despierto cada día con noticias que muestran a las mujeres tratadas como objetos de úsese y tírese, aunque me doy cuenta de esa terrible realidad, pienso que no es la mía, no es a mí a quien sucede, me digo.
Notas locales nos informan que Sonora ocupa el segundo lugar en incidencia de alcoholismo en adolescentes y seguimos viendo para otro lado porque es problema de ellos, no nuestro, decimos.
Seguimos haciendo como que no vemos, no oímos y somos tolerantes ante lo que requiere nuestra acción.
Pero la tolerancia sí es asunto nuestro, porque no se vale ejercer el  odio, desatar campañas que atentan contra la integridad de comunidades completas.
Hagamos un brevísimo ejercicio. Si le preguntan qué opina de la comunidad LGBTI (Lésbico, Gay, Bi, Trans e Intersexual) sin que usted forme parte de ésta ¿Qué responderá?
Y si le preguntan por una religión distinta a la suya, una etnia, o gente de distinto color ¿Hablará de tolerancia?
En el Diccionario de la Real Academia Española dice que la Tolerancia es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.
Pregunto dónde está este respeto si seguimos señalando, acusando, discriminando y violentando abiertamente a los “otros”, a quienes son distintos.
El 16 de noviembre se conmemora el Día Internacional para la Tolerancia, una fecha que a mí me preocupa porque la existencia de este día dedicado a resaltar la importancia de un valor constantemente en debate, indica que estamos fallando, que como seres humanos aun tenemos mucho que aprender para convivir en armonía con quienes no son, ni piensan, ni actúan como nosotros.
Somos intolerantes cuando nos desesperan las y los ancianos que caminan lento, las personas con algún tipo de discapacidad, quienes tienen que vivir en la calle y pedirnos ayuda, quienes vienen de otra ciudad o tiene color de piel distinto al nuestro.
Esto nos produce miedo, coraje y hasta prepotencia, porque se asume que Tolerancia es sinónimo de consentimiento, permiso o aprobación de algo que nos asusta e incomoda.
Creo que no hay tolerancia cuando ignoramos a quienes tuvieron que venirse de migrantes, o en las actitudes racistas que hemos normalizado en nuestra vida.
Y que decir de la tolerancia pasiva, esa que se da cuando decidimos que mientras no nos afecte todo puede seguir como está.
La Organización de las Naciones Unidas nos propone la “Tolerancia activa” la que nos invita a hacer un esfuerzo para comprender a los demás, hacer a un lado miedos, prejuicios y resentimientos.
Urge el cambio radical en la manera de pensar y sentir.
Cuando veo los resultados bárbaros de guerras que acaban con familias completas tengo la sensación de que aceptarnos y respetarnos es una utopía. Luchar contra la intolerancia es difícil pero no imposible.

Nos toca demostrar que la tolerancia activa es posible, esa tolerancia que nos invita ser solidarios y convivir con respeto y justicia, para que cuando vengan por nosotros no sea demasiado tarde. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Un muro y muchas cartas

Aquí el link para leer en la página del Diario https:// view.publitas.com/p222-4948/edicion-9-noviembre-2016-hermosillo/page/12-13




Columna “Voltear la hoja”
Por Sylvia Teresa Manríquez


Cada aniversario del derrumbe del muro de Berlín recuerdo a mi abuelo Agustín que nació en Colonia a orillas del río Rin, en Alemania.
Mi abuelo obtuvo la ciudadanía mexicana. Su padre fue un militar mexicano destacado en aquel país durante la primera guerra mundial, allí conoció a su esposa Dolores Loweree.
Debido a lo difícil y peligroso de los territorios en guerra el capitán Ochoa decidió traer a la familia a México. Mi abuelo Agustín no dejaría mi país nunca.
Mi madre me entregó el acta de nacimiento original de su padre, digna de un museo, una hoja amarilla y partida por el paso del tiempo, con palabras inentendibles para mí que no comprendo el idioma alemán.
         Ese documento me llena de emoción. Es como tener la certeza de mis raíces, la explicación del color blanco de nuestra piel, los ojos azules de mi madre, y tal vez, del carácter duro y difícil, por no decir testarudo, que a veces me aflora. Ese documento es el lazo entre mi presente y un pasado intenso, que solo conozco por historias y relatos.
         No sé cómo ni por qué Agustín vino a Sonora. Lo que sí sé es que se enamoró de mi abuela y tuvieron dos hijos. Un día mi abuelo los dejó solos, se fue al Distrito federal, hoy Ciudad de México y no regresó.
         En mi adolescencia decidí que quería conocerlo. Emocionada y con incertidumbre escribí una carta en la que le explicaba quien soy, le hablé de mi madre, mi padre y mis hermanos, mi deseo de conocerlo. Él me contó en su respuesta la impresión que  le causaron mis letras.
         Fue la primera de varias cartas que intercambiamos. Él me narraba episodios de su vida, su familia en el DF, su enfermedad llamada enfisema, me escribía poemas, y de su gusto por conocerme, aunque sea por carta.
Yo narraba mis días de secundaria, los acontecimientos familiares y mi deseo de darle un abrazo. Mi abuelo murió antes de que yo pudiera conocerlo.
Por eso el aniversario de la caída del muro de Berlín me recuerda a mi abuelo Agustín; nunca le pregunté qué pensaba sobre tal aberración.
¿Sentiría tristeza por su país dividido? ¿Guardaría acaso algún buen recuerdo de su natal Colonia? No lo sabré, pero adivino que celebraría conmigo la desaparición de tan ofensiva barrera, el muro de la vergüenza.
A él no le tocó que los habitantes de una misma ciudad, divididos por fuerza, tuvieran distintos pasaportes, dependiendo del lado del muro en que les había tocado seguir viviendo. Dos países, una nacionalidad.
Trato de imaginar a las familias reuniéndose, encontrando que después de 40 años las cosas habían cambiado. ¿Cuántos familiares no pudieron reencontrarse? ¿Cuántos niños y niñas habrán crecido sin entender la existencia del muro? O peor aún, haciéndolo parte cotidiana de su vida.
Amores perdidos, ilusiones truncadas. Sabores, olores, texturas y hasta colores que se fueron perdiendo.
Añoranzas también me asaltan cuando se habla del Día del Cartero próximo a celebrarse en nuestro país. Destaco y valoro el trabajo y la dedicación de los carteros que cumplen con su trabajo a pesar del tiempo, los perros, la inseguridad y lo que a usted se le ocurra.
Anhelo que las y los jóvenes conozcan el dulce saborcito de recibir una carta escrita especialmente por puño y letra de alguien que nos aprecia, nos recuerda y espera a su vez tener en sus manos nuestras palabras escritas en papel, no en una pantalla de computadora o celular.
Tengo en mi historia muchas cartas. Guardo especialmente las cartas sentidas y entrañables de mi abuelo Agustín.
Añadir leyenda
La primera la envié con temor de no recibir respuesta, la última con incertidumbre después de meses sin recibir sus misivas. Otra carta de un primo que no conozco informando el deceso del abuelo, que, escribió, siempre me recordó.
Por eso las cartas son encuentro, certeza de nuestras raíce,  algo que no he logrado sentir en las populares redes sociales; que además, hacen que el trabajo de los carteros se limite a entregar citatorios y estados de cuenta.
Las cartas, escritas en cualquier tipo de papel, a máquina o a mano, letra de imprenta o manuscrita; guardadas en sobres con estampillas que nos brindan imágenes representativas de nuestras costumbres, verdaderos cuadros de la vida y sentimientos de quienes escribimos y quienes las leemos.
Las cartas forman parte de ese bagaje palpable que representa el lenguaje escrito, en invaluables trozos de papel enviado por correo ordinario o aéreo, que triste e irremediablemente pierde presencia en este pequeño mundo “internetizado”.


Palabras mayores: Ups… Los feminicidios que pueden venir…


Ups… Los feminicidios que pueden venir…




No, no son prostitutas, son muchachitas instruidas pues, la mayoría terminaron una carrera profesional, dentro de una de las casi 20 Universidades que existen en Ciudad Obregón.
Ellas nacieron entre finales de los 80´s y hasta mediados de los 90´s, por tanto, tienen entre 22 y 27 años de edad.

Y me cuentan: Ellas, la mayoría, impulsadas por sus padres estudiaron una carrera profesional esperanzados, padres e hijas, en encontrar un mejor futuro en un horizonte no muy lejano.

Egresaron, buscaron trabajo y, las que acaso encontraron, se toparon con la ruda realidad que un título universitario, dos idiomas cuando menos, no eran la llave para encontrar un empleo que no existe más que en el imaginario de ambos, padres e hijas y los pocos bien remunerados que existen y los que están por existir, ya tienen dueño, entre las hijas y los hijos de los dueños, o entre pariente o conocidos.

Entonces pasa que existen dos opciones; una, contratarse por un sueldo bajo (y en ocasiones prestaciones escamoteadas como la seguridad social) o, convertirse en Ninis. Y como Ninis, pues, no hay obligaciones diarias, ¿verdad?

Casi todas ellas, como jóvenes que son, gustan de la fiesta, de la diversión, acudir a los llamados antros y también, cómo no, a los bailes y conciertos que esos sí, siguen funcionando en este lado de la geografía sonorense sin pausa.

Luego entonces se van enrolando en una vida nocturna que primero les permite un trago o dos por noche, pero luego, algunas, no todas, van encontrando la forma de que alguien las invite una copa más y luego otra y así hasta encontrarle cierto gusto al alcohol, droga iniciática y puerta de muchas otras más peligrosas y proscritas.

Y como al día siguiente no tienen nada que hacer, pues, siguen en esa cosa que ahora les llaman after, y en cualquier lugar, una calzada, la casa de alguien, la presa o el dique, sirven para esperar la madrugada escuchando música y divirtiéndose.

Pero resulta que los muchachitos de contra parte, también con las mismas credenciales de estudios y vida, no pueden proporcionarles la fiesta porque, para empezar, para las bebidas se ocupa dinero, y para trasladarse a los “after” carro.

Entonces entra aquí un grupo especial de jóvenes, que usted puede detectar fácilmente en la calle o en esos centros de diversión. Conducen trocas arregladas y refulgentes, se visten con ropa de marca (aunque no les quita lo naco); los estéreos de sus carros son estridentes y caminan por el mundo como si lo trajeran a flatulencias, buscando con la mirada a retadores o enemigos. Muchos de ellos, traen una mochilita terciada, que cuidan más que a sus ojos, porque quien sabe si dentro, traen la llave de la diversión o la seguridad personal.

¿De dónde salen estos chamacos? Del mismo barrio, de la misma clase, pero, algunos de ellos, al no encontrar empleo, buscan la manera de incorporarse a una banda delictiva y de ahí vivir en la fast line, aunque sea unos años, como sicarios, pushers, revendedores, menudistas o trasegadores.

Y luego en la pachanga y al alcance de la mano, salen el otro tipo de drogas, desde las tachas al crack, de la marihuana a la cocaína, drogas sociales, pues.

¿Recuerdas, lectora, lector, aquel video titulado “Pisteando Bichis” grabado en Navojoa y que tuvo millones de vistas en youtube? Hagan de cuenta.


Entonces esto parece regla: las niñas salen a la fiesta, se enganchan con estos chamacos y no llegan a su casa a dormir, por andar en la fiesta. Las redes sociales entonces hacen su trabajo: Se busca a fulana y zutana y bla bla bla… Horas después, la publicación desaparece, cuando ellas regresan a sus casas, sanas y salvas, aunque crudas.

Pero sucede también cada vez más seguido, que los muchachitos se “ondean” y deciden hasta cuando, donde y como termina la fiesta. Y entonces se las llevan a la fuerza, en una especie de secuestro que, en la mayoría de los casos de ahí no pasa, de retenerlas algunas horas más (aunque es igual de reprobable, ¿eh?)

Lo que sí pasa, es que drogas, alcohol, prepotencia, machismo y demás, hacen un mal coctel. Y entonces vemos que, los feminicidios, acechan detrás de la conciencia laxa y estúpida de estos hombrecitos, de que la mujer es un ser menor y sustituible. Y ahí está el verdadero y grave problema. Y ahí puede ser que, lamentablemente, este tipo de delitos aumenten entre nuestra sociedad.

Claro, no nos perdamos: todo este relato inició, con la falta de oportunidades en nuestra región, la que se convierte en campo fértil para vivir la vida loca, a cualquier precio ¿o no?

Saludos

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Cananea: ciudad de Dios

Sylvia T. Manriquez: Cananea: ciudad de Dios: Por Carlos Sánchez



El saludo de un agente de la Policía Federal es la aprobación para el libre tránsito. El chofer del autobús saluda y avanza hacia su próximo destino: Cananea. ...

miércoles, 8 de junio de 2016

Hoy se recuerda a Marguerite Yourcenar.

Retomo y comparto este valioso e interesante comentario de Félix Albo:

"Cómo se salvó Wang Fó"
escrito por Marguerite Yourcenar
ilustrado por George Lemoine
traducido por Emma Calatayud
editado por Gadir Editorial, en el 2006

comentado por Félix Albo

Para finalizar junio (¿ein?), qué mejor que continuar disfrutando el regusto oriental que nos dejó El grito de la Grulla de la semana pasada (bueno, de la anterior, o la otra, o... ay, el verano).

Cómo se salvó Wang-Fô es un cuento. Un cuento chino, que se desarrolla en la época de los Hang. Un cuento contado, magistralmente, uniendo dos artes como son la pintura y la palabra, de tal manera que en este caso, las palabras no solo pintan el imaginario de la persona que lee o escucha, sino que nos envuelven en la forma que tiene de mirar el mundo un gran pintor como es el protagonista Wang-Fô.

Nos cuenta, por ejemplo al principio, que los ladrones no entraban en las casas donde este pintor hubiera pintado perros guardianes, y que cualquier caballo que apareciera en sus pinturas estaba atado para que no escapara lienzo adentro. Narran y describen. Describen y pintan. Pintan y cuentan. 

La historia nos muestra distintas maneras de vivir cada momento, la relación de admiración de un discípulo a su maestro, la calma, la serenidad como filosofía... Y una manera de mirar el mundo... Sin didactismos ni aleccionamientos, con un ritmo asombroso y una solemnidad transmitida en cada frase, en cada coma. La historia de una vida inmensa, intensa y asombrosamente sencilla y humilde. Es impresionante como la lectura de este libro está llena de silencios que se leen. ¿Se me entiende? Quizá si no lees el libro, no.

Son tres los personajes que rondan en esta historia.

Wang-Fô es una persona de avanzada edad enamorado de la belleza que le rodea en su cotidiano. Hallando casi sin buscarlo el contraste de colores, la luz, las texturas, los planos, las profundidades... Humilde, sencillo y silente. Todo arte, percepción y expresión. A pesar de proyectar siempre su mirada de artista, no es ajeno a nada de lo que le rodea: escasez, violencia, dolor... pero incluso en lo más doloroso, como es el asesinato de su fiel discípulo Ling, a la par del dolor, admira la hermosura de la mancha escarlata que deja su sangre sobre el suelo. Un ser que gusta más regalar que vender. Regalar a quien sabe apreciar su arte. Un personaje que llena y hacia el que uno no puede más que sentir respeto y admiración.

Ling es un personaje asombroso también. Siempre atendiendo a su maestro a cambio de todo lo que aprende. Le sirve, le busca cuidado, reposo y alimento, le ayuda en su quehacer artístico desliendo los colores, disponiendo los pinceles... Servicial hasta la sumisión, con respeto. Tanto, que es incapaz de morir por no dejar solo a Wang.

El tercero es el Emperador, que posee una voz tan dulce que entran ganas de llorar. Un ser criado al margen de su pueblo, de la realidad; que ha crecido fascinado por las pinturas de Wang-Fô y que ha creído que el mundo poseía tanta belleza como la que queda plasmada en sus pinturas.

Quiere encerrar a Wang "en el único calabozo del que no podrás salir -le dice-, he decidido que te quemen los ojos ya que tus ojos son las dos puertas mágicas que abren tu reino. Y como tus manos son los dos caminos, con sus diez bifurcaciones, que conducen al corazón de tu imperio, he dispuesto que te corten las manos".

Vive cegado por la ira, la impotencia que le produce descubrir que el universo pintado por Wang-Fô es, a sus ojos, mucho más bello que el real. Descubrir que aún siendo la persona más poderosa, casi una deidad que lo posee todo a su antojo, es incapaz de apreciar y transmitir la belleza que el pintor percibe en el mundo que le rodea.

Pero antes del suplicio del maestro, le pide bajo una amenaza terrible, que acabe una de sus obras. Una que a Wang le transporta a su juventud. Un cuadro sin acabar que nos llevará a un final realmente sorprendente y bello que cierra el cuento dejando tras su lectura, un rastro de calma y satisfacción.

Las ilustraciones, suaves, lentas, silenciosas también, acompañan en el baile al delicado texto.

Un libro para lectores engatusados, para personas que acostumbran a sumergirse en los libros. Propongo como edad de comienzo los quince, quizá antes, quién sabe. Uno nunca puede predecir la reacción ante la belleza.

Un placer, elefantes, un verdadero placer de lectura.

Ideal para pasar una tarde de verano y dejarse desleír por un atardecer único. Como todos.

Si te animas... luego nos cuentas.

Feliz lectura. Feliz verano.

lunes, 30 de mayo de 2016

El síndrome menos conocido en el mundo

El síndrome menos conocido en el mundo

BY PALABRA DIGITAL

Por: Maayan Vainer
El Prader  Willi es congénito y la probabilidad es de uno en un  millón
Einat es una joven mexicana de 21 años que sólo concluyó la secundaria por problemas de salud. De adolescente comenzó con problemas del corazón, hipertensión pulmonar, conducta obsesiva compulsiva y otros padecimientos médicos respecto a su alimentación como obesidad.  Y a pesar de que su intención era seguir estudiando, su cuerpo no se lo permitía, así que su familia decidió que iniciara tratamientos médicos y terapias y dejara la escuela.
La etapa de caminar fue tardía y cada día ganaba peso, lo ideal hubiese sido que a Einat le diagnosticaran este síndrome lo antes posible, pero no fue así. Después de meses en buscar ayuda e ir a hospitales incluso hasta en Estados Unidos, los padres de Einat seguían sin saber y sin resolver el problema. Su conducta era descontrolada y subió de peso preocupantemente.
Los problemas de conducta se hicieron cada día más evidentes, casi siempre eran pequeños eventos de terquedad, que a veces acababan en peleas de 2 horas o ataques de ira con gritos enormes. Los padres de Einat no encontraban la salida, la joven estaba por cumplir los 20 años de edad. Un buen día escucharon hablar de un genetista que quizá los podía ayudar.
El médico miró sus manos, su cuerpo, los rasgos de su cara y ordenó que sacaran unas radiografías de sus pequeñas manos. El médico confirmo y dijo a sus padres “No es muy común, pero los síntomas y los tamaños de los meñiques coinciden con el síndrome de Prader Willi”.
En ese momento los padres habían encontrado una esperanza para diagnosticar y hacer un tratamiento para que Einat lograra tener mejor calidad de vida.
Los médicos explicaron a sus padres que con este tipo de síndromes o enfermedades, no se manifiestan síntomas físicos al nacer, aunque los bebés nacen muy débiles en su organismo. Normalmente no pueden succionar y deben ser alimentados con biberones especiales o sondas, el problema más grave de esta etapa es que sin darse cuenta el bebé va ganando peso, sin saber que esto va a llevar a un riesgo mayor. Es hasta los tres años cuando los padres pueden notar un cambio en su peso y cómo se acumula la grasa.
Humberto García, cardiólogo y pediatra del Centro Médico Siglo XX!, en la ciudad de México, ha estado en seguimiento continuo con el padecimiento congénito de Einat, señala que la ansiedad por la comida es un mal funcionamiento del hipotálamo y es necesario llevar una dieta equilibrada baja en calorías.
“Una de las habilidades más fuertes de las personas con este padecimiento es tener buena memoria, sobretodo son expertos en mantener sus ideas porque saben qué dijiste un día anterior. También son buenos en los juegos de destreza, aunque son intolerantes a la frustración” señala el médico.
Así que el tardío diagnostico hizo que su vida fuera complicada y llena de sufrimientos para ella y toda su familia.
“Es uno de los problemas más grandes al no saber con antelación el diagnostico, se podrían prevenir muchos problemas desde la obesidad hasta el desarrollo de sus músculos y órganos sexuales.  La probabilidad es de uno en un millón de personas que nacen con este síndrome”.
Hoy en día se hacen estudios al nacer y se descarta el padecimiento congénito, lo asombroso y preocupante es que es un síndrome que se descubrió hace más de cincuenta años.
En México existen dos asociaciones; una es Prader Willi México, que en su mayoría cubren todo el norte de México y están en contacto con los mejores médicos especializados en el síndrome. Cada año se hace la convención y la red ha crecido con ayuda del internet y los medios tradicionales. Más familias reciben información y son apoyados con donaciones para los excesivos gastos del tratamiento en general.
También la fundación Mariajosé que fue creada en el 2009 con la finalidad de dar a conocer el Síndrome de Prader Willi y proporcionar una mejor calidad de vida a la comunidad PWS (Prader Willi Syndrome).
La historia de esta fundación es admirable, la fundadora tenía una hija con Prader Willi, las enfermedades a causa del padecimiento como la hipertensión pulmonar, obesidad y problemas de circulación acabaron con su vida. “Esta asociación es de mamás que lucharon hasta el final y no permitirían que ningún niño se quedara sin atención médica en México y en el mundo”  Madre y fundadora de Fundación Mariajosé Prader Willi.
Hasta ahora se han registrado en México desde el año 1990 poco menos de 2 mil casos y otros sin confirmar, es un problema de salud sin resolver, padres de familia esperando respuesta de los especialistas y muchos estudiantes de medicina sin conocerlo.
El síndrome de Prader-Willi (SPW) fue descubierto en el año 1956, los casos son muy complejos, la mayoría de las manifestaciones que se dan en estas personas son secundarias en cuanto al mal funcionamiento del hipotálamo y los síntomas varían con la edad del paciente.
Según la Asosiación de Prader Willi en España, el Prader Willi se caracteriza por presentar en el período neonatal una falla en el cromosoma 15 lo que genera una hipotonía que dificulta la alimentación y succión, y el niño o la niña no presenta saciedad: lo que conduce a obesidad, conducta obsesiva-compulsiva, retraso mental de leve a moderado y hipogonadismo (descompensación en el hipotálamo).
El síndrome PWS es una enfermedad genética causada por diferentes mecanismos genéticos que resultan en la ausencia física o funcional de genes que se expresan sólo a partir del cromosoma quinceavo paterno y que no pueden ser complementados al estar estos genes silenciados en el cromosoma 15 materno, según datos de la Asosiación Española de Pediatría.
Para ayudar a estos pacientes debemos ser concientes de muchos pasos a seguir departe de asociaciones mundiales de Prader Willi, como la Asociación Prader Willi México, Asociación Prader Willi Mariajosé y Asociación española de Prader Willi entre otras, recomiendan:
-Mantener la comida inaccesible en todo momento.
-Mantener estructura en su vida.
-Informar a la comunidad que los rodean del padecimiento.
-Ser firme con lo que se dijo.
-La lógica no funciona, serán necios con la idea inicial.
En México es incierta la cifra de personas que nacieron con Prader Willi, incluso personas que no tienen definido su padecimiento. Ya que muchas veces el síndrome es evidente por sus rasgos, puede ser no tan evidente por sus genes. Se puede llegar a confundir con Síndrome de Down o similares.
Para los problemas de conducta la solución no existe, se puede medicar a la persona para toda la vida con antidepresivos conjunto a una terapia psiquiátrica.
El uso del buen humor, el respeto, la firmeza en las promesas o consecuencias, flexibilidad y confianza son lo principal para tratar a los pacientes con este padecimiento.
Fuente: 

Entrada destacada

 Poesía Palabras para descifrar el laberinto del silencio.  Sylvia Manríquez