lunes, 11 de abril de 2011

Javier Sicilia

“El dolor no sirve para odiar, sino para recuperar el amor y la justicia que ya perdimos”.

ONU: “En México hay 3 mil desapariciones forzadas desde 2006”

La cifra fue aportada por organizaciones civiles al Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas. Contrasta con el informe de la Comisión de los Derechos Humanos de México, que registró sólo 77 desapariciones en 2010.

El Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas destacó que no hay información pública disponible sobre desaparición de mujeres.

Los representantes de la ONU estimaron que la impunidad es un patrón crónico y presente en los casos documentados en México.

Además, sentenciaron que no se han realizado los esfuerzos suficientes para determinar el paradero de las personas desaparecidas o para sancionar a los responsables. Indicaron que tampoco se avanzó en brindar reparaciones a los afectados.

Sobre este punto, se señaló que en el Estado de Chihuahua, al norte de México, muchas de las desapariciones previas a asesinatos de niñas y mujeres se reportaron a las autoridades gubernamentales. Si embargo, no se adoptaron medidas efectivas para localizarlas.

Ante tal escenario, el Grupo de Trabajo recomendó al Estado méxicano el retiro de las fuerzas militares de las operaciones de seguridad pública para combatir la desparicion forzada.

El grupo estimó que es necesario garantizar que este delito sea incluido en los Códigos Penales de todas las entidades federativas.

Por su parte, la CNDH informó al organismo que, entre abril y septiembre de 2010, al menos 11 mil 333 migrantes fueron secuestrados principalmente por lo que llamaron organizaciones criminales.

La entidad defensora de México reveló que 12 periodistas han desaparecido desde el 2000. 4 de estos periodistas han desaparecido el año pasado.(PÚLSAR)

Alejandro Pacheco (Red de Corresponsales / México)
06/04/2011

Fuente:



La marcha

La letra desobediente

Braulio Peralta

2011-04-11

Las redes sociales sirvieron para convocar a una marcha nacional de última hora. Una marcha fuera de lo común: no fue laboral, estudiantil, partidista o “por la paz”. Fue una de indignación y dolor por la muerte de los jóvenes asfixiados por manos oscuras en Cuernavaca, uno de ellos, hijo de Socorro Ortega y del poeta Javier Sicilia.

Una marcha rápida, de urgencia, que en menos de una semana se organizó y dio fruto. No hubo tiempo de ingeniar nuevas consignas ni inventar formas de lucha novedosas. Pero se logró algo: por simple convicción la gente salió a la calle. Y en vez de discursos se leyó poesía.

Aminorar la trascendencia de las marchas del miércoles 6 de abril en tantas ciudades de la República Mexicana —y otras en el mundo—, es subajar e infamar la fuerza que tiene una actitud civil de personas que creen en el valor de la palabra por encima de cualquier tipo de guerra, sea la de los criminales que actúan en la ilegalidad, o la de las fuerzas de seguridad del gobierno que, hasta el día de hoy, ha fallado en su estrategia.

Poner en duda la utilidad de las marchas es impedir a la gente caminar libremente por el terreno pacífico, en busca de mayorías que alerten al Estado de los peligros que corre la democracia si no cambian sus tácticas, con pleno respeto a las normas internacionales, sin violación de los derechos humanos. De los daños colaterales de esa guerra, el único responsable es el gobierno porque es imposible pedir cuentas a los asesinos sin rostro.

A la marcha fueron cientos de miles de jóvenes, el corazón de una patria que quiere futuro y paz. Son ellos los que transformarán a este país. Son ellos los que tomarán el mando de los que ayer fueron fundamentales al cambio hacia el proceso democrático.

Hay que luchar por nuestro México que vive atenazado por un negocio redondo y criminalmente perfecto: la industria ilegal de las drogas. No al Norte de las armas ni al Sur de las drogas. Legalizar las drogas e inutilizar las armas es la única posibilidad para regresar a una concordia entre los mexicanos.

Javier Sicilia decidió callar con su poesía. Y el silencio estalló y levantó la conciencia de un pueblo, de aquellos que fueron a marchar. Hoy nadie lo vemos, pero esa marcha, deshilvanada pero con alma, cambiará la política de nuestro país. Una desgracia a veces es una bendición hacia la memoria colectiva.

braulio.peralta@milenio.com
Tomado de milenio.com

Aquí está la violencia, ¿y los intelectuales?

Héctor de Mauleón

Uno esperaría que en los momentos de crisis, cuando la violencia arrasa el país y crece la desconfianza ante el gobierno, los políticos e incluso el trabajo de los medios, los intelectuales se echaran a cuestas la tarea de alumbrar, honestamente, las cosas del mundo. El problema es que gran parte de los intelectuales están hoy para ponerse a llorar. Como carecen de ideas, adoptan posturas. Como sólo unos cuantos se toman la molestia de mantenerse informados —la mayoría no pierde el tiempo mirando las miserias de la realidad asfixiante, y otra parte admite sólo las versiones que provienen de la prensa “independiente” y la voz de sus santones—, lo que queda es un vulgar masticado de frases y lugares comunes que no hacen sino propalar la confusión.

El 5 de abril, en medio de la indignación causada por el asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia y seis personas más (escribir “seis personas más” es una forma de demostrar que no sólo contamos, sino también categorizamos a los muertos), recibí un par de correos firmados por intelectuales, escritores y poetas que invitaban a marchar “en memoria de los 40 mil caídos”, según uno, y en protesta, según otro, “por los 40 mil muertos de Calderón”. En honor a la verdad, no me sentí con ánimo de marchar en memoria de Beltrán Leyva, Tony Tormenta, Nacho Coronel y los miembros de La Familia, los Zetas, y los cárteles de Tijuana, Juárez, Sinaloa y el Golfo, que han sido asesinados “en esta guerra estúpida en la que nos metieron sin preguntarnos”. Tampoco me sentí inclinado a creer que los 40 mil muertos fueran propiedad exclusiva de Calderón, como si gatilleros y sicarios hubieran esperado una orden suya para lanzarse contra la gente.

Lo repito: uno esperaría que los intelectuales alumbraran, separaran, ordenaran el mundo. Como no se tomaron el trabajo de hacerlo (lo urgente era salir en la foto), la marcha del miércoles, que alguien ha calificado ya como “un hito”, se convirtió, no en un movimiento que expresara el repudio total de la sociedad a los criminales y a los narcotraficantes; no en un movimiento en contra de El Chapo y El Mayo, y del terror que desatan sus huestes en las zonas que controlan; no en un movimiento a favor de la paz y en solidaridad con las familias de los jóvenes asesinados en Temixco; tampoco en un movimiento que demandara al gobierno una estrategia efectiva para detener la violencia, quitar el poder a los criminales y devolver al Estado el uso de las potestades que el crimen le ha arrebatado. Según lo describe, con honestidad y valentía en su columna de Milenio el escritor José de la Colina, la marcha se volvió sólo una oportunidad para que las lacras que viven de los mendrugos de la política, para que “los profesionales del resentimiento” y los borregos de las iglesias más fanáticas y corruptas, salieran a la calle a lucrar con la tragedia del poeta Sicilia. “Calderón, genocida”, se leía en una manta. “Los verdaderos asesinos están en Los Pinos”, afirmaba otra. Entre “los aullidos, ladridos y rugidos” del SME, Antorcha Campesina y los Atencos, no apareció una manta que dijera: “Chapo, nos tienes hasta la madre”. Lo que sí hubo fueron las felicitaciones que estos intelectuales cambiaron en sus blogs al día siguiente, satisfechos por el día “en que caminamos juntos” mientras “los cartelones que luchaban contra el viento” rezaban: “Calderón, ya párale a tu guerra, asesino!!!”.

Desde una revista de derecha que —en el sexenio más sangriento que ha vivido México en los años recientes— no ha tocado el tema de la inseguridad más que cuatro o cinco veces, un crítico literario compra con ingenuidad los argumentos de un libro que, sin presentar pruebas, fuentes, documentos, asegura que a Mouriño lo mataron los narcos por haber incumplido un pacto y afirma que Felipe Calderón es socio de El Chapo. Desde un periódico de izquierda, un intelectual obnubilado por la ideología se vomita en la tragedia de Isabel Miranda, Nelson Vargas y Alejandro Martí, porque, dice, ahora “se dedican a recibir premios y a respaldar la totalitaria Iniciativa México”. Ni aquí ni allá se exhiben razones, se presentan pruebas, se dan argumentos. Sólo se repite aquello que hará feliz a la masa. Y después, se dan discursos, se mastican frases y se recitan poemas.

No hay para dónde hacerse. Si los intelectuales no hacen su trabajo, entonces sí estaremos hundidos.


Tomado de eluniversal.com

Sobre Calderón, las consecuencias de esta guerra...

José Gil Olmos
Revista Proceso # 1797, 10 de abril de 2011;
El asesinato de su hijo Juan Francisco puso al poeta Javier Sicilia al frente de un movimiento nacional contra la violencia que hizo fructificar su dolor de padre y multiplicó su voz al sumarse a la de miles de personas en todo el país, en las marchas del miércoles 6. Antes de gritar él mismo: “¡Basta! ¡Ni un muerto más!”, Sicilia se reunió con el presidente Felipe Calderón, le demandó que escuchara ese clamor y aceptara replantearse la estrategia contra el narco. En entrevista, el poeta narra que el mandatario admitió errores… pero finalmente anunció que continúa la guerra a cualquier costo.
Javier Sicilia es un luchador social formado desde los ochenta en las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), que pretendían influir en la transformación social y democrática de México y Latinoamérica en aquellos años. Hoy, el poeta está al frente de un movimiento nacional de protesta que el miércoles 6 se expresó con marchas simultáneas en 38 ciudades.
Su causa: acabar con la violencia desatada por la guerra contra el narcotráfico y que ha cobrado ya más de 35 mil vidas, una de ellas la de Juan Francisco Sicilia, su hijo.

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viernes, 8 de abril de 2011

¿Qué sucede con una manifestación?

Andrés Lajous

http: //andreslajous.blogs.com http://twitter.com/andreslajous

Caminando en el Distrito Federal, en la marcha convocada por Javier Sicilia y un gran número de organizaciones civiles, una amiga originaria de Ciudad Juárez, me dijo “invité a unos amigos de Juárez para que vinieran, pero no quisieron, ya saben que esto no sirve para nada”.

Entiendo el desencanto de quien ha participado en manifestaciones a favor o en contra de distintas causas y la sensación de impotencia que a veces deriva de ellas. Sin embargo, las manifestaciones que tuvieron lugar antier en distintas ciudades del país, emotivas como fueron, probablemente logren mucho más de lo que parece a simple vista. No sólo me refiero a las consecuencias concretas, como la esperanza de que las autoridades de Morelos y federales, resuelvan el caso y procuren justicia, sino a la capacidad para cambiar los términos de la discusión pública que existe sobre la así declarada guerra contra el narco. Las manifestaciones son al menos dos cosas, procesos de distribución de información, y argumentos en sí mismos. En el primer caso, lo que logra una convocatoria a una manifestación es que las personas por lo menos se planteen y discutan la posibilidad de ir.

¿Marcho o no marcho? La pregunta suele derivar en distintas respuestas que hacen uso de la información disponible sobre el tema o causa: “Marcho porque la convocatoria la hace X, que le pasó Y”, “Marcho porque no creo que así se solucione Q y se podría solucionar con P”, “No marcho porque no estoy de acuerdo con que T diga que F es responsable de Q” y un largo etcétera de justificaciones que nos hacemos a nosotros mismos, pero que más importante aún, le hacemos a los demás. Es decir, la presencia de la propuesta a manifestarse, incluso antes del evento mismo, es una forma de expresión y difusión de ideas. Es la construcción al nivel más pequeño de múltiples espacios de deliberación que incitan a las personas a reflexionar y tomar una posición sobre el tema o causa para la que se convoca la manifestación. Así, casi inevitablemente, nos expresamos e informamos sobre el fondo del asunto al discutir la forma de expresarlo públicamente.

Una vez que la convocatoria difunde información, las marchas son en última instancia argumentos apoyados en poder y recursos. Quienes nos manifestamos, al hacerlo, desviamos recursos propios para agregarlos en una expresión colectiva. En un ejemplo —tal vez injusto— es equivalente a hacer una caja de ahorro: sumamos nuestros recursos (tiempo/dinero), para que otros los “gasten” o inviertan en algo distinto a nuestras vidas cotidianas. Pero lo que hace que una marcha no sea igual que la simple compra de un desplegado o spot de televisión, es que en la marcha se manda una señal de poder real que va más allá del dinero: el (los) cuerpo(s).

La dolorosa carta de Sicilia publicada el fin de semana pasado, nos llamó a “hablar con nuestros cuerpos, con nuestro caminar”. Los cuerpos que se manifiestan, no sólo son la expresión pública y física de un o unos argumentos, sino una amenaza real de poder. Suficientes cuerpos “hablando” y caminando, que al hacerlo convencen a más cuerpos que “hablan” y caminan, tienen la capacidad de obligar a que los gobiernos —por vergüenza o al menos sentido de oportunidad— cambien la forma en la que actúan y justifican su acción pública.

Pero los cuerpos que “hablan”, no sólo le están hablando a sus gobernantes, le están hablando también a la sociedad. Una manifestación es la forma de levantar la mano, de decir que aquí existimos algunos que pensamos así, que sentimos esto, que queremos lo otro, que no soportamos aquello. Por eso caminé la marcha del miércoles, porque creo que muchos ayudamos a expresar, que en este país existimos algunos que no creemos que se pueda hablar de una política de seguridad exitosa cuando sigue creciendo el número de muertos, que no queremos que los gobiernos definan su política pública basados en el odio y el miedo, que no creemos que la estrategia de seguridad del gobierno federal haya sido justificada de forma transparente y democrática, que no creemos que se esté haciendo el mejor esfuerzo por atender las causas del problema de seguridad que vivimos, ni que se esté actuando considerando que las personas, criminales o no, en México, tienen derechos.

Abren convocatoria para Concurso Infantil de Acuarela

Buscan crear un despertar artístico y sensible en la mente de los infantes

El Financiero en línea

México,6 Abril .- El Museo Nacional de la Acuarela 'Alfredo Guati Rojo' y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) invitan a niñas y niños, entre 5 y 12 años, a participar en el XII Concurso Infantil de Acuarela 'Pintores Mexicanos'.

Por iniciativa del maestro Alfredo Guati Rojo (1918-2003), fundador del museo dedicado a la acuarela, el concurso que se realiza desde 1999, busca crear un despertar artístico y sensible en la mente de los infantes por medio de la pintura.

El año pasado se recibieron más de 600 obras y las mejores creaciones fueron expuestas en el museo, incentivado por regalos para los niños.

Los trabajos deberán ser enviados del 6 al 12 de junio, sobre papel o cartulina, usando la técnica de acuarela.

El Museo Nacional de la Acuarela nombrará un jurado calificador integrado por reconocidos profesionales de diferentes áreas, el cual seleccionará los siete finalistas y los tres primeros lugares.

La premiación se llevará a cabo durante el acto inaugural de la muestra, en la Galería de Exposiciones Temporales 'Berta Pietrasanta', del Museo Nacional de la Acuarela, el domingo 26 de junio.
(Con información de agencias/JOT)

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Saramago, “bloggero” y hombre de su tiempo

05 de Abril de 2011
  • El último cuaderno del escritor será presentado a casi un año de su muerte
El Financiero en línea


México, 5 de abril .- Como un apasionado de las nuevas tecnologías, un defensor de los derechos humanos, un buen compañero y sobre todo un extraordinario amigo y ser humano, así recordó la editora Pilar del Río a su esposo, el escritor José Saramago (1922-2010).

Entrevistada a propósito de la presentación del libro El último cuaderno, mañana en la capital del país, la viuda del Nobel de Literatura 1998 afirmó que Saramago continúa omnipresente a casi un año de su muerte.

Con prólogo de Del Río y del italiano Umberto Eco, el libro recoge los textos que Saramago escribió de forma asidua en su blog personal, entre el 23 de marzo de 2009 y el 2 de junio de 2010, 16 días antes de morir en Lanzarote.

Reflexiones íntimas, comentarios sobre política, pensamientos o simples opiniones de los temas más diversos conforman este libro, donde la voz del portugués puede volver a escucharse nítidamente.

Sobre la obra, Del Río calificó a Saramago como un hombre de su tiempo que a sus 86 años se hizo “bloggero”. “Escribía sobre los asuntos de actualidad, los que le satisfacían y los que le irritaban”.

Del Río recordó que El último cuaderno, no es un libro triste ni tronante, es, simplemente, una despedida. “Por eso, Saramago, pese a estar atento a la anécdota del día o al suceso terrible, pese a usar el humor y la ironía y emplearse a fondo en la compasión, rescata textos dormidos que son actuales y nos los deja como regalos inesperados, no como un testamento, simplemente ofrendas íntimas que desvelan pasiones y sueños”.

En cerca de 300 páginas, Saramago acerca al lector al mundo de Kafka, o a la inevitable tristeza de Charlot, o bien, describe la soberbia aventura de coronar la cima de la Montaña Blanca, en Lanzarote. “Este es un libro de vida, un tesoro, un Saramago que nos habla al oído”. (Con información de agencias/JOT)


jueves, 7 de abril de 2011

"Ustedes los llaman daños colaterales, nosotros los llamábamos amigos", Manta de la marcha de Cuernavaca, 6 / abril / 2011

NUESTRA APARENTE RENDICIÓN

ANTE LA INSEGURIDAD EN MÉXICO, LOS ARTISTAS, PENSADORES, LECTORES, ESCRITORES, PROFESORES, ESTUDIANTES, CRÍTICOS Y DEMÁS CIUDADANOS INTERESADOS, MEXICANOS DE NACIMIENTO O DE CORAZÓN, DEBEMOS COMENZAR A CRITICAR, PROTESTAR, IMAGINAR Y PROPONER, DE UNA MANERA ACTIVA Y SISTEMÁTICA. CREEMOS QUE NOS URGE INVENTAR RECURSOS PARA SER QUIENES SOMOS Y NO QUIENES NOS ESTÁN ACORRALANDO A SER. TRATANDO DE SUPERAR, NOSOTROS TAMBIÉN, NUESTRA APARENTE RENDICIÓN ANTE LO QUE NOS SUCEDE.

VISITALO EN: http://nuestraaparenterendicion.blogspot.com/

jueves 7 de abril de 2011

Arturo Mendoza nos manda un recuento de las marchas y de lo que dijo Javier Sicilia

Yace sobre la explanada de la Plaza de la Reforma una ofrenda que es tanto demanda como plegaria. Son las 6.35 de la tarde en Cancún y arden unas veladoras y reclaman un par de cartelones que luchan contra el viento:
Calderón ya párale a tu guerra, asesino!!! Mejor llégale!!!
Basta de un México con olor a sangre, descuartizado, asfixiado, torturado.
Todos con Sicilia. No queremos ni un mexicano más asesinado, secuestrado, vejado.
Vanessa González Rizzo, una de las organizadoras de la manifestación a través de facebook, no puede ocultar su enfado porque ya muchos se han ido, porque hubo descoordinación y algunos participantes tardaron en llegar a este sitio que está siendo transformada por cien trabajadores para la toma de posesión de Julián Ricalde como alcalde de Benito Juárez.
Frente a frente, entre manifestantes y trabajadores, se levanta un muro de indiferencia tan alto como los templetes que se colocan uno tras otros, sin detenerse en ningún momento, por curiosidad, por solidaridad, para saber que el poeta católico demanda al Gobierno federal y al Gobierno de Morelos esclarezcan el asesinato de su hijo Juan Francisco, cuyo cuerpo fue encontrado ajusticiado al lado de seis personas más en un coche varado en Temixco, Morelos, el 28 de marzo.

Al lado de Francisco Prieto, Gabriel Zaid, Ignacio Solares, Javier Sicilia (Ciudad de México, 1956) es uno de los escritores católicos de mayor relevancia de México. Dirigió hasta su cierre, en julio de 2007, la revista Ixtus, que en griego significa pez, y que era el santo y seña entre los cristianos primitivos. Ixtus es saludo, bendición alabanza, sintetiza al “Jesús Cristo Hijo de Dios Salvador”.
El bautista, El reflejo de lo oscuro, La piedad y la culpa son novelas suyas que ahondan en el misterio de la fe y la luz que proyecta sobre la experiencia humana. Su prosa reflexiva, al igual que la de Gabriel Zaid, se trasmuta en la prosa sin perder hondura y fuerza y deriva, abrevando en la realidad, en los artículos que publica semana tras semana en la revista Proceso.
Aunque quizás la seña de mayor identidad es la de ser poeta. Uno de sus poemas, que ha sido leído por cientos en estos días, es El sobreviviente y resume la pena que lo embarga:
Toda ausencia es atroz/ y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos,/ de las blancas raíces del pasado./ ¿Hacia dónde volverse?;/ ¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?; /¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo?/ ¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,/ el vacío insondable de la ausencia?/ Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria/ y saben que no estamos contentos en un mundo interpretado
Su final es metafísico:
Estar vivo es penoso,/ y nosotros, nosotros, que los necesitamos con sus graves secretos,/ nosotros, que sabemos que no podrán volver a un mundo interpretado,/ a veces escuchamos, como un ligero viento, ascender de las sombras/ la música primera/ que forzando la nada trajo a Eurídice al mundo;/ una nota tan tenue, tan pura como el cirio/ que promete su vuelta en medio de las sobras/ y nos trae el consuelo.
Tras la muerte de su hijo, el poeta dijo adiós a su amada, la poesía, y dejará de frecuentarla y describirla. Por eso, su último poema está dedicado a Juan Francisco.
El mundo ya no es mundo de la palabra
Nos la ahogaron adentro
Como te asfixiaron, como te desgarraron a ti los pulmones
Y el dolor no se me aparta, sólo tengo al mundo
Por el silencio de los justos
Sólo por tu silencio y por silencio, Juanelo.


Desde el miércoles, el escritor mantiene un plantón en el zócalo de la capital morelense para exigir la presentación de los asesinos de su hijo. Hasta el próximo lunes 11 de abril vence el plazo que estableció a las autoridades. Si ello no ocurre, advirtió, el próximo miércoles 13 de abril dijo que habrá una marcha nacional exigiendo la renuncia del Gobernador Marco Adame Castillo y el alto impostergable a la guerra que ya provocado 35 mil muertes.
20 mil almas respaldan su demanda. 20 mil personas marcharon a su lado allá en Cuernavaca y miles más lo hicieron en 25 ciudades en todo el país y tres en el extranjero, al filo de las cinco de la tarde.
En Cuernavaca, Morelos, reportaron los diarios Reforma y El Universal, la protesta partió de la glorieta de la Paloma de la Paz hasta la Plaza de Armas frente al Palacio de Gobierno.
En las escalinatas del palacio estatal de Monterrey, Nuevo León, decenas de jóvenes colocaron flores para invocar la paz y con consignas le reclamaron y exigieron a las autoridades que si, no pueden, renuncien.
500 ciudadanos marcharon en Puebla.
En el Puerto de Veracruz, quienes apoyaron a Sicilia, se congregaron en la Plaza de la Soberanía y marcharon hasta la Plaza Acuario para tener un “México sin violencia”.
En Sonora, en el caluroso Hermosillo, se congregaron los manifestantes en la Plaza Emiliana de Zubeldía y marcharon hasta Palacio de Gobierno.
Dos mil personas protestaron en Xalapa, Veracruz. Se recostaron en la Plaza Lerdo y guardaron un minuto de silencio.
A lo largo del Paseo Montejo, en Mérida, Yucatán, cien personas se manifestaron.
En Pachuca Hidalgo, los codolientes portaban cruces negras y pancartas con la leyenda “No más sangre”.
Unas cien personas, en su mayoría vestidas de blanco, se sumaron a la protesta nacional en la capital queretana con veladoras como símbolo de reclamo.
En zócalo de Ciudad de México se reunieron tres mil personas. A las 17:48 se leyó la carta abierta a políticos y criminales que escribió Sicilia. Allí resonaron los poemas, hablaron las pancartas.
Todos los hijos son poesía
Las lágrimas de todos los asesinados fragmentan a la historia en un gemido largo
No más sangre
Estamos hasta la madre
Codo con codo, Sicilia somos todos
Más allá de México, en Europa, cerca de 200 mexicanos se manifestaron en la Plaza de Sant Jaume, Barcelona, España. Se manifestaron a favor de la justicia. Una pancarta unificó su reclamo: “Emergencia nacional, México, 40 mil muertos”.
Los mexicanos residentes en Par[is, Francia, se reunieron en el Trocadero, frente a la torre Eiffel, y pidieron la paz.
Una docena de jóvenes se manifestaron con pancartas que decían “¡Ni uno más!” y “Paz y justicia en México” frente a las oficinas del consulado mexicano en Manhattan, Nueva York.
A la par en las redes sociales se desató el bombardeo de graznidos en twitter. “Quiero vivir tranquilo, quiero poder salir a la calle sin miedo, quiero saber que mi familia no correrá peligro”, fue el primero al que siguieron miles más que todavía resuenan.

En la marcha de Sicilia, en Cuernavaca, se sumaron familias de los niños muertos en la Guardería ABC, en Sonora, integrantes de la familia Reyes Salazar, de Ciudad Juárez, y familiares de los jóvenes asesinados en Villas de Salvárcar.
Son miles los pasos que resuenan en todo México. En el norte, en el sur, en el Caribe. Marchan exigiendo paz, portando playeras con la foto del hijo del poeta. Van vestidos de blando, llevan flores.
Antes de llegar a la Procuraduría General de Justicia de Morelos, el escritor le pidió a los soldados de la 24 Zona Militar, parado en el toldo de una combi, que no llamaran “bajas colaterales” a los jóvenes asesinados en la lucha contra el narcotráfico.
Luego le exigió al procurador Pedro Luis Benítez esclarecer el multihomicidio.
Es un día clave en la historia de México. Es el día donde esa paz demandada es rafagueada por otra noticia terrible: el Gobierno de Tamaulipas confirma el hallazgo de 59 cuerpos en ocho fosas clandestinas en el Municipio de San Fernando, el miso sitio donde el año pasado fueron ajusticiados más de setenta migrantes centro y sudamericanos, mientras en Cancún, en una cumbre internacional donde están reunidos todos los organismo gubernamentales, militares y policiales que combaten al narcotráfico se escucha la vaga promesa que dentro de siete años se acabará el flagelo que azota México.

A Marta, madre de Joaquín, quien luce feliz, con sus lentes negros, sus veintipocos años con fondo del azul turquesa del Caribe, no la reanimará tal augurio. Ella lleva la foto de su hijo muerto hace ocho meses, en la colonia Nápoles, Ciudad de México. Quiere paz. Quiere sosiego. Por eso reparte pequeños volantes que se imantan con la luminosidad que hay todavía en sus verdes ojos:

¡YA BASTA!
¡NI UNO MÁS!
¡Ni uno más
de nuestros hijos!
¡Ni uno más
de nuestros jóvenes!
¡Ni uno más
asesinado, secuestrado por el crimen!
¡Ni uno más
criminalizado por las autoridades!
¡Ni uno más
cruzado de brazos y en silencio!

En esta ciudad de un millón de habitantes, donde un juego de béisbol convoca a tantos, un centenar de ciudadanos se unió a la causa de Sicilia por convocatoria de Vanessa González Rizzo y otros más. Se reunieron los que pudieron, en el Ceviche, en la Plaza de la Reforma, teniendo a Benito Juárez como testigo.
El vértigo de los camiones de pasajeros que surcan la Tulum con centenares de trabajadores de hotelería no cesaba esa tarde. El martilleo, el crujir de la madera, las brochas deslizándose por el templete que marcará la asunción de Ricalde, jamás conocieron calma ni silencio, aún así el saxofonista Alejandro Folgarolas, la académica Celina Izquierdo, el activista Maximiliano Vega, se negaron a cruzarse de brazos y aseguraron que volverán a marchar y a manifestarse, y que aunque se hayan reunido apenas 160 personas, la solidaridad con Sicilia representa un éxito para la sociedad civil dada la inmensa apatía social de Cancún donde se volvió a escuchar aquel poema de Miguel Hernández, ese poeta de la guerra civil asesinado por los fascistas y su política de sangre, pero a quien no le arrebataron la voz de rabia que aún se escucha setenta años después: Acércate a mi clamor, pueblo de mi misma leche…que aquí estoy yo para amarte y estoy para defenderte con la sangre y con la boca como dos fusiles fieles…

Estamos hasta la madre... El Zancudo, no mata pero hace roncha

Arturo Soto Munguía

07/Abril/2011

En las baldosas de la plaza hay carteles que una niña pega con cinta adhesiva para que no se los lleve el viento de la tarde. Nublada tarde en Hermosillo, como nublados están los ánimos de los que se juntan para gritar lo mismo que dicen las cartulinas en las baldosas de la plaza: ¡No más sangre! ¡Estamos hasta la madre!

La convocatoria para replicar la marcha que en todo el país sacó a la gente de sus casas para manifestar su indignación, su miedo, su rabia, su azoro, su impotencia frente a la muerte de miles de mexicanos inocentes caídos con etiqueta de ‘daño colateral’ en el caos de la guerra contra el narcotráfico.

Juan Francisco Sicilia era un joven de 24 años, uno más que estuvo en el lugar y el momento equivocados; fue encontrado atado de pies y manos, torturado, muerto, encajuelado junto a otros seis cadáveres. Era hijo del laureado poeta Javier Sicilia, que tras la noticia dirigió una filosa carta abierta a los políticos y a los criminales, cuyo título lo dice todo: “Estamos hasta la madre”.

Y esa misma rabia se desbordó la tarde de ayer por las principales plazas y avenidas de las ciudades de México. En Hermosillo comenzaron a juntarse desde las cinco de la tarde en la Plaza Emiliana de Zubeldía, frente a la Universidad de Sonora, cuyas puertas permanecen cerradas con banderas rojinegras por la huelga de maestros.

No son muchos, pero tienen muchas ganas de ser escuchados, de protestar, de tomar la calle para pedir un alto a la violencia en el país, ni un muerto más, no más sangre. Que si no pueden, que renuncien, piden al presidente de la República y a sus funcionarios, como lo pidió Alejandro Martí hace tiempo; como lo pidió también Javier Sicilia. Como lo pedirían todos los padres de los casi diez mil muertos civiles que ha dejado la guerra contra el crimen organizado en los últimos cuatro años.

Esto es un infierno”, reza un cartel en el pecho de un activista universitario. “Te apoyamos, Javier Sicilia”, dice otro.

A la plaza llegan también algunos de los padres de los niños muertos en y tras el incendio del 5 de junio de 2009 en la Guardería ABC, que han mantenido en esa misma plaza, desde entonces, 49 cruces blancas con los nombres de sus hijos.

Una mujer reparte rosas blancas y Natalia Vidales, editora y activista social distribuye calcas del Movimiento por la Paz y forma un coro que ensaya la canción-tema de ese movimiento: “Todos somos iguales/Sonora también eres tú/Si alzamos la voz cantando/podremos un día encender la luz…

El contingente comienza a formar filas y toma el bulevar Rosales rumbo al sur, a Palacio de Gobierno. No son muchos, pero su voz se escucha fuerte en las consignas “El pueblo callado también será acribillado”, “Calderón no pudiste, renuncia”, “Sicilia vive, la lucha sigue”.

En Palacio, la marcha es recibida por las bocinas que ya se volvieron una referencia obligada de todas las manifestaciones políticas en ese lugar. Todos los postes de los faroles tienen un par de ellas y todo el día dejan escuchar canciones que ambientan la plaza pública. Pero cuando hay una manifestación, alguien sube el volumen para acallar los gritos, y los gritos también suben sus decibeles y aquello se convierte en una competencia desigual entre gargantas y bocinas.

Los manifestantes enfurecen. Gritan más fuerte y, convencidos del sinsentido de esa competencia, terminan por rodear el palacio y colocarse frente a la puerta lateral, donde María de los Ángeles y Alejandro Cabral Porchas dan lectura a la carta del padre herido:

Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla, de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida…

De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido. Antiguamente ustedes tenían códigos de honor. No eran tan crueles en sus ajustes de cuentas y no tocaban ni a los ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya no distinguen. Su violencia ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. Han perdido incluso la dignidad para matar. Se han vuelto cobardes como los miserables Sonderkommandos nazis que asesinaban sin ningún sentido de lo humano a niños, muchachos, muchachas, mujeres, hombres y ancianos, es decir, inocentes…

Caen unas pequeñas gotas de lluvia en la tarde gris hermosillense, y los manifestantes vuelven por donde llegaron, en marcha, con las mismas consignas y con el sentimiento de que algo han aportado en la lucha por la paz, en el México violento de estos días.

miércoles, 6 de abril de 2011

¿Y la poesía?

La letra desobediente

Braulio Peralta

2011-04-04

No sé si usted ya lo pensó don Felipe, pero a los poetas les sirvieron cadáveres exquisitos para meditar la muerte de esos jóvenes en Cuernavaca, donde perdió la vida Juan Francisco, hijo del poeta Javier Sicilia. Muchos creadores por fin se reúnen a discutir formas de organización para demandarle a usted, don Felipe, un alto a la violencia.

Una compañera me sorprendió con que no existe la palabra, el término lingüístico para nombrar lo que significa la pérdida de un hijo. Viuda y huérfano los conocemos, pero la desaparición física de un hijo, ¿cuál podría ser, don Felipe? ¿Cómo se deletrea la muerte de los jóvenes en Cuernavaca que abandonaron esta vida y dejaron a familiares y amigos, para siempre?

A Socorro Ortega, la madre de Juan Francisco —donde quiera que esté— le mando un abrazo con la fuerza de la naturaleza. Todo se ha dirigido hacia su padre, premio de poesía Aguascalientes 2009, Javier Sicilia, el mismo que decidió escribir, dijo, su último poema: “como te/ desgarraron los pulmones/ y el dolor no se me aparta/ sólo queda un mundo/ Por el silencio de los justos…”

¿Cómo ve eso de acallar a un poeta, don Felipe? No sé qué piense usted, pero otra poeta, Esther Seligson, afirma que el silencio, cuando calla, estalla... ¿Será posible, en esta tierra de 8 mil 898 muertos, SIN IDENTIFICAR LAS CAUSAS, desde 2006? Honestamente, dudo de la sociedad civil, esa que ha estado imperturbable con la danza de los números: más de 34 mil muertos en el sexenio que va, y nada, ni pisca de movimiento.

¿Tendremos miedo, don Felipe? ¿Tendremos el alma carcomida como para inmovilizarnos al grado de dejar pasar el río de muertos como si nada sucediera en donde todo acontece? ¿Tendrá razón Javier Sicilia al decirnos que “el mundo ya no es digno de la palabra”? ¿Queda entonces la respuesta de la fuerza bruta? ¿Usted qué opina, don Felipe? Nos gustaría una respuesta, al menos.

No estoy seguro del silencio para patentizar el grito de los inocentes. No, en sociedades canallas, mezquinas que no saben que ellos bien pueden ser los siguientes. Creo en el silencio del poeta pero no en la muerte de la poesía. A los poetas corresponderá deletrear el mundo que vivimos; hacer que las letras, libres, tengan un signo de vitalidad y esperanza.

¡Nos vemos el miércoles, don Felipe! Si no va, igual lo recordaremos.

braulio.peralta@milenio.com

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