La Constitución de Cádiz marcó el primer paso para declarar este derecho cuya defensa se mantiene vigente.
Miércoles 02 de mayo de 2012
Abida Ventura | El Universal
abida.ventura@eluniversal.com.mx
La libertad de imprenta en México dio sus primeros pasos hace 200 años
con la promulgación de la Constitución de Cádiz, el 19 de marzo de 1812.
En su artículo 371, La Pepa, como popularmente se le conoce, suprimió
toda clase de censura hacia la libertad de imprenta, que por casi tres
siglos había permanecido bajo las disposiciones de la Iglesia y la
monarquía. A pesar de que su efectividad se logró hasta 1820, ya que
Fernando VII la derogó en mayo de 1814, con la Constitución de Cádiz se
abrió paso a un largo camino hacia la libertad de prensa.
En la Nueva España, respetar las disposiciones de este documento no fue
nada fácil para unas autoridades que veían amenazados sus intereses. En
este territorio, la Carta Magna estuvo en vigor del 30 de septiembre de
1812 al 17 de septiembre de 1814, pero en ese lapso fue suspendida por
el virrey Francisco Javier Venegas.
Ya desde 1810, las Cortes Generales y Extraordinarias de España e
Indias, que se reunieron en la ciudad de Cádiz, aprobaron decretos como
el de la libertad de imprenta, que permitía la libre expresión de
opiniones políticas a través de publicaciones. Aunque estos decretos
eran válidos para todo el territorio español, incluyendo los
virreinatos, en la Nueva España, el virrey Francisco Javier Venegas hizo
caso omiso de las disposiciones porque temía que la libertad de
expresión favoreciera a los insurgentes.
Sería hasta 1812 que la libertad de prensa se comienza a hacer evidente
en Nueva España. Periodistas como Fernández de Lizardi y Carlos María de
Bustamante comenzaron a valerse de esta norma para divulgar sus ideas
políticas e impulsar la participación en los procesos electorales que se
avecinaban. La influencia de sus textos fue tal que el virrey suprimió
la libertad de prensa y emprendió una persecución en contra de Lizardi y
Bustamante.
“Aunque exista libertad de imprenta en Cádiz y sea ordenada por el
gobierno peninsular, aquí en la Nueva España no se va llevar a la
práctica. El virrey argumenta que no es posible dada la existencia de la
insurgencia y que no hay condiciones para decretar la libertad de
expresión”, explica la historiadora y profesora de la Facultad de
Filosofías y Letras, de la UNAM Cristina Gómez Álvarez.
Los beneficios de “La Pepa”
Una de las aportaciones de esta Carta Magna española es que puso fin a
casi 300 años de torturas y censuras aplicadas por el Tribunal del Santo
Oficio, que tenía entre sus funciones controlar la producción y
circulación de libros y toda clase de escritos.
Desde el siglo XVI y hasta el XIX cientos de escritos fueron vetados por
rígidas medidas de control. Los lectores y autores de las obras
prohibidas eran amenazados con el castigo de la ex comunión y penas
monetarias.
Gómez Álvarez explica que en los tres siglos en que predominó el
Tribunal del Santo Oficio la censura hacia las publicaciones se dio de
dos formas: la censura previa, es decir que para publicar un impreso se
necesitaba la licencia de la autoridad correspondiente, y la censura
represiva, la prohibición de libros y textos considerados por la
Inquisición como peligrosos por su contenido o temáticas opuestas a los
ideales monárquicos y religiosos.
El historiador José Abel Ramos Soriano, autor de Los delincuentes de
papel. Inquisición y libros en la Nueva España (1571-1820) (FCE/ INAH),
en el que documenta el control que la Inquisición ejerció en la
producción y circulación de los impresos, coincide con Gómez Álvarez al
asegurar que la censura, que ya había tenido una época enérgica en la
Contrarreforma en el siglo XVI, se incrementó más durante la Revolución
francesa en el siglo XVIII, época de la Ilustración.
“A partir del siglo XVIII, los edictos promulgados por el Santo Oficio
se convierten en largas listas de obras que no deben ser leídas. Es la
época de la Ilustración, los filósofos franceses están produciendo a
grandes cantidades. La actividad de la Inquisición por reprimir la
lectura de libros aumenta de manera muy notoria. Aumentan también las
denuncias de que libros de este tipo andan circulando en la Nueva
España”, asegura el investigador de la Dirección de Estudios Históricos
del INAH, cuya investigación se basa en los documentos inquisitoriales
que resguarda el Archivo General de la Nación (AGN).
Gómez Álvarez, autora de Navegar con libros. El comercio de libros entre
España y Nueva España (1750-1820) (Trama/UNAM), donde indica que a
pesar de las medidas de censura, España encontró en Nueva España un buen
mercado para la venta de libros, comenta: “En los 300 años va cambiando
el tipo de censura que ejerce la Inquisición. Van modificándose las
lecturas que se consideran peligrosas para los intereses de la
monarquía. En el siglo XVIII Lutero ya no tiene importancia, son otros
los libros prohibidos; se comienza a prohibir todo aquello que genera la
Revolución Francesa, que exige luchar por una sociedad con privilegios,
igualdades y libertades”.
Por su parte, Camilo Ayala Ochoa, investigador del Instituto de
Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, comenta que aunque en los
libros había un control muy fuerte, poco a poco fue cediendo. “Tan es
así que la figura de Carlos de Sigüenza y Góngora, en el siglo XVI, no
la podríamos entender sin cierta tolerancia”, dice. En el periodismo,
añade, hubo mayor libertad: “Había hojas sueltas desde principios del
siglo XVI donde hay poemas, picaresca e incluso, en el siglo XVIII,
crítica social, como es el caso de El Negrito Poeta”.
Un nuevo panorama
La influencia de La Pepa fue tal que influyó en las propuestas de los
insurgentes como José María Morelos y Pavón, y los diputados del
Congreso de Anáhuac, que retomaron algunas de las ideas plasmadas en sus
páginas al redactar los Sentimientos de la Nación y la Constitución de
Apatzingán, entre otras la libertad de expresión. Para 1821 el panorama
había cambiado, las imprentas de Puebla, Veracruz, Oaxaca, Mérida,
Guadalajara ya comenzaban a publicar opiniones políticas.
“Con la Independencia muchas cosas cambian y una de las banderas de los
movimientos independentistas es precisamente la libertad de expresión”,
comenta Ramos Soriano.
Poco a poco, los intelectuales comienzan a defender sus derechos de
libertad de expresión. Uno de ellos, destaca la investigadora del
Instituto de Investigaciones Bibliográficas, María Teresa Camarillo
Carbajal, es Pablo de Villavicencio González, mejor conocido como El
Payo del Rosario, que en 1923 se enfrentó al gobernante de la época
porque prohibió el voceo de periódicos. “Se inconforma contra la medida
gubernamental, dice que eso es un atropello a los papeleros y a la
‘libertad de palabra’, y hace una defensa lúcida, oportuna y hasta
picaresca: argumenta que si en la ciudad de México el amanecer es un
concierto de gritos, por el que vende tamales, el que vende pájaros, por
qué los periódicos no se venderían de igual manera”, comenta.
Poco a poco, la libertad de imprenta promulgada por la Constitución de
Cádiz se abría paso entre una avalancha de medidas restrictivas, algunas
más severas que otras. Primero con la Constitución Federal de 1824, que
protegió la libertad política de imprenta; luego la consignación en su
artículo 6to de la Constitución de 1857 de la libertad de expresión,
hasta que en la Ley de Imprenta de 1917 de Venustiano Carranza, se
sientan las bases jurídicas de la libertad de imprenta.
Pese a que las bases jurídicas de la libertad de imprenta están
plasmadas en la Constitución vigente, su aplicación sigue siendo
arbitraria, comentan los historiadores:
“Ahora se supone que hay libertad de expresión y que la gozamos
completamente, pero vemos que la censura se sigue ejerciendo de una
manera u otra. Una característica fundamental es que durante la Colonia
la limitante para escribir, para trasmitir las ideas, está establecida,
hay una institución, un tribunal dedicado a eso, con reglas claras.
Después se habla de libertad de expresión, pero sigue la censura, sigue
ahora y viene desde tiempos antiguos, por parte de gobiernos
autoritarios”, opina Ramos Soriano.
“Aunque la ley establece que hay libertad de expresión, hay muchas
maneras de acallar. En este último sexenio vemos cómo han sido
silenciado y cómo han sido asesinados diversos periodistas, rebasan los
20, son ya casi 30. Y esa es otra manera de reprimir”, advierte
Camarillo Carbajal.
jueves, 3 de mayo de 2012
jueves 12 de abril de 2012 México, segundo país con más violaciones a los Derechos Humanos en América Latina
CIMAC
El
informe anual 2011 que la CIDH presentó ante la Organización de los
Estados Americanos (OEA) el pasado lunes, revela que Chihuahua,
Guerrero, Tamaulipas y Chiapas -entidades donde se otorgaron las medidas
de protección- se mantienen como focos rojos para las y los defensores
de Derechos Humanos (DDHH).
Los
datos proporcionados por la CIDH indican que por tercer año consecutivo
México es el segundo país de América Latina con más denuncias por
violaciones a los DDHH sólo detrás de Colombia, toda vez que en 2009 se
presentaron 232 casos, 267 en 2010, y en 2011 la cifra llegó a 273
demandas contra el Estado mexicano.
El
19 de mayo de 2011 la CIDH otorgó medidas cautelares a favor de las y
los activistas Patricia Galarza Gándara, Francisca Galván, Oscar
Enríquez y Javier Ávila, todos de Chihuahua y quienes son representantes
legales de la familia de Rocío Irene Alvarado Reyes, Nitza Paola
Alvarado Espinoza y José Ángel Alvarado Herrera, desaparecidos desde
diciembre de 2009.
Varios
familiares y uno de sus representantes ya eran beneficiarios de medidas
provisionales dictadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos
(CoIDH), sin embargo ante los constantes actos intimidatorios las y los
luchadores sociales decidieron solicitar medidas cautelares a la CIDH.
A
su vez, el organismo internacional pidió al Estado mexicano adoptar las
medidas necesarias para garantizar la vida y la integridad de los
cuatro activistas y acordar las medidas que se adoptarán con los
beneficiarios y sus representantes.
El
19 de mayo de 2011 la CIDH también otorgó medidas cautelares a Rosa
Díaz Gómez y otros 18 integrantes del ejido Jotolá, en Chiapas, quienes
han sido agredidos y amenazados por defender su derecho a la propiedad
de la tierra.
En el
caso de Guerrero, la CIDH brindó medidas cautelares para Javier Torres
Cruz, asesinado el 18 de abril de 2011 cerca de la comunidad La Morena,
en el municipio de Petatlán, presuntamente por defender el medio
ambiente.
Con estas medidas se tiene como objetivo
proteger a la familia de Torres Cruz que, de acuerdo con información
recibida por el organismo, continúa en una situación de riesgo pues se
han percatado que vehículos desconocidos vigilan su casa.
También
se ordenaron acciones cautelares para el activista Víctor Ayala Tapia,
quien desapareció el 14 de septiembre de 2010 en Tecpan de Galeana,
Guerrero.
En el
estado de Tamaulipas, la CIDH pidió a las autoridades mexicanas
garantizar la vida y la integridad de los miembros de la Casa del
Migrante Nazareth y del Centro de Derechos Humanos de Nuevo Laredo.
Además otorgó medidas cautelares a 10 personas desparecidas en la
entidad, con el fin de que las autoridades hagan todo lo posible por
localizarlas.
En el
reporte también se precisa que durante 2011 la CIDH admitió a nivel
regional 67 informes, 11 los declaró inadmisibles, aprobó ocho de
solución amistosa, archivó 54, publicó 25 informes de fondo y cinco
sobre el fondo, además envió 23 casos a la CoIDH.
Cabe
mencionar que el año pasado la CIDH admitió tres casos contra México
que tienen que ver con la falta de protección judicial, de éstos destaca
el de tortura sexual de 11 mujeres detenidas en los operativos
policiacos de 2006 en San Salvador Atenco y Texcoco, Estado de México.
Ese
caso actualmente es revisado por la Comisión, y eventualmente decidirá
si pasa a la CoIDH para que determine las responsabilidades del Estado
mexicano.
Ernesto Cardenal, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana
El poeta nicaragüense, enfrentado desde hace años con la cúpula sandinista, es una de las figuras clave de la lírica hispánica
manuel de la fuentemanolhito / madrid
Día 03/05/2012
Si el descomunal Walt Whitman hubiera sido granadino, de la Granada nicaragüense, se habría llamado Ernesto Cardenal.
Pocos poetas como este sacerdote de la liberación y en tiempos ministro
y convencido sandinista han puesto en verso las peripecias del hombre y
sus circunstancias en las últimas décadas.
Cardenal ha sido galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana,
una de las más altas distinciones de las letras hispánicas. Además, con
este fallo, el jurado ha roto una tradición no oficial pero tácita,
según la cual el premio va cada año a una orilla distinta del Atlántico.
El galardón está dotado con 42.100 euros y reconoce «el conjunto de la
obra poética de un autor vivo».
El
jurado que ha fallado el premio, que se ha dado a conocer en el Palacio
Real, estuvo formado, entre otros, por José Manuel Blecua, Antonio Lobo
Antunes, Soledad Puértolas, José Manuel Caballero Bonald, Luis Antonio
de Villena, Jaime Siles y Luis Alberto de Cuenca.
En la pasada edición la triunfadora fue la cubana Fina García Marruz, por lo que en principio debería «tocar» un poeta español. Pero no ha sido así.
Sin
embargo, solo cabe felicitarse ante esta distinción obtenida por el
poeta nicaragüense, que durante casi seis décadas nunca ha dejado de
sorprender al planeta literario con su poesía siempre arriesgada,
sobrecogedoramente humana, atenta a los problemas sociales, a los
pobres, a los desposeídos, a los desarraigados. Poeta a pie de calle, a
pie de obra. Poeta siempre de guardia.
Pero
poesía con gran altura de miras filosófica, que sitúa al hombre en el
centro de su discurso pero que no deja de mirar a las estrellas, a los
planetas, a las fuerzas de la Naturaleza, como recogió en ese nerudiano y
whitmaniano libro que fue «Canto cósmico», una de las obras trascendentales de la poesía hispánica contemporánea, en la línea del «Canto general» del Nobel chileno y el «Canto a mí mismo» del autor de «Hojas de hierba».
Hombre
capaz de escribir poemas a bordo un avión, de retirarse a un monasterio
norteamericano para resarcirse de algunas derrotas políticas, de crear
una comunidad católica ascética y de estrictísimas y austeras normas de
convivencia como la que levantó en la isla de Solentiname, en el lago de
Lago Cocibolca, episodio que luego plasmaría en el hermosísimo libro
«El Evangelio de Solentiname», nadie puede olvidar la reprimenda que le
infligió el Papa Juan Pablo II en el aeropuerto de Managua, ni nadie
puede olvidar tampoco que fue de los primeros prohombres de la cúpula
sandinista en discrepar con los hermanos Ortega,
y abandonar finalmente el partido. Experiencia ideológicamente
traumática que reflejó en uno de sus libros de memorias, «La revolución
perdida».
Ernesto
Cardenal, amurallado tras sus barbas y sus canas whitmanianas, cubierto
por su boina a lo Che Guevara, granadino de la Granada nicaragüense,
bien podría ser homenajeado con aquellos versos de otro poeta por él
admirado, Octavio Paz en su memorable «Piedra de Sol»,
porque también como el mexicano ha sabido con sus palabras poner los
signos en rotación, los signos del hombre y los signos del Universo. «Amar es combatir, es abrir puertas, dejar de ser fantasma con un número...».
FUENTE: ABC.ES
miércoles, 2 de mayo de 2012
El Quinto Premio Nacional de Librería espera proyectos
Guadalajara, Jalisco, a 2 de mayo de 2012
El
Quinto Premio Nacional de Librería espera proyectos
Con
un estímulo de 120 mil pesos, el certamen es impulsado por el
Instituto de Desarrollo Profesional para Libreros, con la
colaboración de la FIL Guadalajara. La convocatoria 2012 cerrará el
24 de septiembre
Dotado
con 120 mil pesos y dirigido a librerías con menos de cinco
sucursales que deseen realizar una remodelación para optimizar sus
espacios y mejorar la exposición y venta de libros, el Premio
Nacional de Librería abre su convocatoria 2012 en espera de
propuestas. El concurso es impulsado por el Instituto de Desarrollo
Profesional para
Libreros (Indeli), con la colaboración de la Feria Internacional del
Libro de Guadalajara (FIL), y fue creado en 2008 como un estímulo
para la modernización de las librerías del país.
La
convocatoria del Quinto Premio Nacional de Librería cerrará el 24
de septiembre y el fallo se dará a conocer, mediante un comunicado
de prensa, el 15 de octubre de este año. Los interesados en
participar deberán enviar la justificación del proyecto, así como
el diseño del desarrollo arquitectónico del edificio o zona
específica de la librería a remodelar, la distribución de usos y
espacios, la manera de utilizar materiales y tecnologías y el
conjunto de planos. El ganador del certamen recibirá 120 mil pesos y
una dotación de libros de Vergara y Ribas Editoras,
con valor de 40 mil pesos.
Los
proyectos deberán remitirse a: Instituto de Desarrollo Profesional
para Libreros,
SC. Calle Chimalcoyotl No. 53. Colonia Toriello Guerra. CP 14050.
Delegación Tlalpan, México, Distrito Federal. Teléfono: 0155
5665-0220. Sólo se aceptará una propuesta por librería y no se
tomarán en cuenta aquellas cuyo matasellos exceda la fecha límite
del certamen. El jurado calificador, cuyo fallo será inapelable,
estará constituido por representantes del Indeli, la FIL
Guadalajara, la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana,
Editorial Trillas y Vergara y Riba Editoras.
El
objetivo del Premio Nacional de Librería es estimular el desarrollo
y la actualización de estas empresas en México. En su convocatoria
2012 podrán participar todas las librerías con menos de cinco
sucursales en la república, y que cuenten con una antigüedad mínima
de dos años, que deseen realizar una remodelación para optimizar
sus espacios, brindar un mejor servicio al usuario o mejorar su
imagen. El premio será entregado al proyecto ganador en el marco de
la 26 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 27 de
noviembre de 2012.
En su primera edición el
premio fue obtenido por la librería Sor Juana, con sede en Tijuana.
En 2009 fue declarado desierto y en 2010 fue para la librería El
Tercer Milenio, gracias a su proyecto para una zona dedicada al
público infantil. La Librería Española, ubicada en San Luis Potosí
y con 104 años de existencia, resultó ganadora con su proyecto de
creación de una tienda virtual.
Las
bases completas del Quinto Premio Nacional del Librería pueden
consultarse en la página web de la FIL Guadalajara, en el siguiente
enlace: http://www.fil.com.mx/reco/premio_ext_fil.asp
Más de una razón para leer autores mexicanos
México se puso de moda en París. ¿Por qué eligieron a este país como
invitado de honor en el Salón del Libro?, ¿qué encuentran los franceses
en la literatura mexicana? Más allá del folclor, nuevas generaciones de
lectores explican aquí qué les atrae de los escritores mexicanos.
Por Diana Martínez Portillo
En 1936, Antonin Artaud desembarcó en Veracruz buscando desarrollar un teatro verdadero, que no estuviera separado de la vida, que tuviera cierta espiritualidad primitiva. El escritor y actor francés exploró la sierra y encontró a los tarahumaras. En el otoño de 1967, Jean-Marie Gustave Le Clézio llegó a México casi por accidente. Se dice que Viaje al país de los tarahumaras, de Artaud, lo alentó a leer códices y crónicas prehispánicos. Fascinado con las civilizaciones antiguas, el premio Nobel de literatura escribió libros como El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, Tres ciudades santas y La conquista de Michoacán. Le Clézio veía en la civilización purépecha, una de las más bellas y misteriosas de América, un pueblo “virtuoso y místico”.
Ese viernes 20 de marzo, afuera del centro para exposiciones Puerta de Versalles, en París, pensé en lo exótico que puede resultar México para los franceses y si sería sólo curiosidad lo que hacía que la gente formara largas filas para entrar al Salón del Libro, que tuvo a México como invitado de honor.
Radio France anunciaba que ésta sería la ocasión para descubrir la “literatura lúcida, violenta y corrosiva de la nueva generación”. Mareada de navegar entre comentarios como “México queda en América del Sur”, o que debido a la guerra contra las mafias del narcotráfico, éste “es uno de los países más peligrosos del mundo” (es común toparse con imágenes de los decapitados por el narco en los puestos de periódicos europeos), imaginaba los lugares comunes que poblarían las expectativas de los asistentes a la fiesta literaria. Ese desconocimiento que construye un territorio mágico y sanguinolento que no existe más que en su imaginación.
“Dulce y violento”
Durante seis días de primavera, el Salón del Libro se convierte en la librería más grande de Francia: 50 mil metros cuadrados, alrededor de 1,200 editoriales. En mesas redondas, coloquios y conferencias, 35 escritores mexicanos traducidos y publicados en Francia intentaban explicar algo tan incomprensible como México. Muchos Méxicos. El del norte, el del sur. El del campo, el de la capital. El de los pobres, el de los ricos.
PARA SEGUIR LEYENDO DA CLICK AQUI
Por Diana Martínez Portillo
En 1936, Antonin Artaud desembarcó en Veracruz buscando desarrollar un teatro verdadero, que no estuviera separado de la vida, que tuviera cierta espiritualidad primitiva. El escritor y actor francés exploró la sierra y encontró a los tarahumaras. En el otoño de 1967, Jean-Marie Gustave Le Clézio llegó a México casi por accidente. Se dice que Viaje al país de los tarahumaras, de Artaud, lo alentó a leer códices y crónicas prehispánicos. Fascinado con las civilizaciones antiguas, el premio Nobel de literatura escribió libros como El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, Tres ciudades santas y La conquista de Michoacán. Le Clézio veía en la civilización purépecha, una de las más bellas y misteriosas de América, un pueblo “virtuoso y místico”.
Ese viernes 20 de marzo, afuera del centro para exposiciones Puerta de Versalles, en París, pensé en lo exótico que puede resultar México para los franceses y si sería sólo curiosidad lo que hacía que la gente formara largas filas para entrar al Salón del Libro, que tuvo a México como invitado de honor.
Radio France anunciaba que ésta sería la ocasión para descubrir la “literatura lúcida, violenta y corrosiva de la nueva generación”. Mareada de navegar entre comentarios como “México queda en América del Sur”, o que debido a la guerra contra las mafias del narcotráfico, éste “es uno de los países más peligrosos del mundo” (es común toparse con imágenes de los decapitados por el narco en los puestos de periódicos europeos), imaginaba los lugares comunes que poblarían las expectativas de los asistentes a la fiesta literaria. Ese desconocimiento que construye un territorio mágico y sanguinolento que no existe más que en su imaginación.
“Dulce y violento”
Durante seis días de primavera, el Salón del Libro se convierte en la librería más grande de Francia: 50 mil metros cuadrados, alrededor de 1,200 editoriales. En mesas redondas, coloquios y conferencias, 35 escritores mexicanos traducidos y publicados en Francia intentaban explicar algo tan incomprensible como México. Muchos Méxicos. El del norte, el del sur. El del campo, el de la capital. El de los pobres, el de los ricos.
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Infancia en espera...
Por Sylvia Teresa Manriquez
(*Fotografía de Fano Campoy)
Mañana de fiesta, juegos, regalos y comida. Un hogar temporal festejaba el día del niño. En el sonido local se
alternaba la música con cápsulas alusivas a la celebración.
- ¿Oiste? La locutora está hablando de nosotros, los niños de la calle.
- ¡No! ¡No somos niños de la calle!
- Sí, la locutora dijo “niños de la calle”
- Pues yo no soy niño de la calle, ¡Tú sí, pero yo no! ¿Verdad que no somos?
Cifras
No
lo son. Sin embargo, sin los programas sociales de atención a estos
infantes en situación difícil, que les den seguimiento una vez que son
entregados de nuevo a sus familias, muchos intentarán refugiarse en la
calle.
Según
cifras del INEGI, en el periodo que va de 1995 a 2007 el número de
denuncias recibidas por maltrato infantil pasó de 15 mil 391 a 43 mil
986. Lo que nos habla del fallo de programas y políticas que buscan el
bienestar y seguridad de los menores.
Niños y niñas que trabajan
Anibal
y Omar juegan en la calle de tierra donde está su casa, tienen edad
para ir a la escuela pero no van, a pesar de que en México todos los
niños y niñas de 5 a 14 años deben asistir a algún nivel de educación
básica. Y la historia se repite en todo el país, por ejemplo, en el
Distrito Federal, Sinaloa y Coahuila de cada 100 niños de 5 a 14 años
dos no asisten a la escuela; mientras que en Chiapas de cada 100 niños,
10 no van a la escuela.
En
México, la mayoría de los infantes ingresan a la primaria cuando
cumplen 6 años de edad, y a los 8 se considera que ya adquirieron
habilidades de lectura y escritura. Sin embargo, según el INEGI, 3 de
cada 100 niños no pueden escribir ni leer. En las localidades rurales,
(menos de 2 mil 500 habitantes), de las que tenemos muchas en Sonora,
la situación empeora pues la proporción aumenta a prácticamente 4 de
cada 100 que no saben leer y escribir.
Sofía
es otra niña sonorense, tiene 10 años y asistió a la escuela hasta los
9, aprendió a leer, escribir y sacar cuentas. Hace un año el padre se
fue y no ha vuelto. Ella ha tenido que trabajar para ayudar a su
madre. Ya no va a la escuela, aunque quisiera ir pues, dice, quiere ser
abogada y defender a su familia de la gente abusadora. En cambio,
realiza dos jornadas distintas de trabajo. Una, por las mañanas
cuidando a sus hermanitos de 8 y 6 años que tampoco van a la escuela.
Además; limpia la casa y realiza otras labores domésticas. Su segunda
jornada es de empacadora en un supermercado.
Sofía es una de los casi 30 millones de niños de 5 a 17 años que trabajan en este país.
Niños y niñas indígenas
La
situación de los niños y niñas indígenas es peor, pues la marginación
los mantiene en situaciones por demás precarias, con menos
oportunidades o nulas de asistir a la escuela, o tener los servicios
básicos en su comunidad, como agua potable y alumbrado público. Según
datos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, (Conapred),
son las víctimas más frecuentes de discriminación.
Las
niñas y los niños mexicanos son las principales víctimas de la
violencia en todas sus manifestaciones. Según el reporte de la
institución, Discriminación en la infancia, más de la tercera parte de
los infantes entre 6 y 9 años, sufren violencia tanto de parte de su
familia, como en la escuela. Forman parte de una generación violenta,
que ve a través de los medios de comunicación la violencia como parte
normal de su vida, y no como el serio fenómeno que amenaza su
existencia.
Niños y niñas que esperan
“La
infancia es la acción en espera” dijo el filósofo suizo Jean Jacques
Rosseau. Y en México, en Sonora, la infancia espera. Esperan estos niños
en hogares temporales y esperan los que están en condición de calle,
los que no tienen oportunidad de ir a la escuela y los que no han podido
vivir una existencia sin violencia. Esperan las condiciones políticas,
económicas y sociales que les ofrezcan hogares aptos para mantenerse
en ellos.
Eso
significa madres y padres con trabajo y no cansados, que puedan
brindarles las herramientas necesarias para llevar una vida sana, sin
violencia. Significa escuelas suficientes e integradoras, calles
seguras e instituciones aptas para escucharlos, atender sus reclamos y
defender sus derechos.
Beatriz Juvera: espíritu de amor y lucha
Por Carlos Sánchez / Dossier Politico
2012-05-01
Su mirada es la analogía de una pintura de
Picasso, la miro y siento que me sumerjo en el Guernica. En sus palabras
se comprime la actitud de un José Revueltas. En su energía se
manifiesta un poema de Lorca.
Beatriz
Juvera es la expresión inherente, la mirada directa y a los ojos,
síntoma de compromiso en los días, los que fueron en su historia de
construir la danza, los que siguen siendo para darse a la vida, la cual,
cita: “Trae de todo”.
Un café en la sala y las
palabras concretas, frases como un poema que se hilvana de apoco y se
construye en el viento. Una leyenda como consigna tatuada sobre el
lienzo de una gamuza diminuta: “El dolor que se calla es más doloroso”.
Así charlamos y es un privilegio inscrito ya en la memoria, porque de
manera constante desde su voz un recuento de lo que es y ha sido. No hay
desperdicio en su oratoria, de pronto la compuerta de los ojos claudica
y me empapa de su emoción.
No sabe ser de
otra manera, tampoco pretende, la persecución de la honestidad la
manifiesta al hablar. Inherencia de sólo ser y hacer lo que se ama como
oficio y vocación: la danza.
Sobre danza
conversamos porque, como lo dijo antes de despedirme, al advertirle que
al regresar hablaríamos de otras cosas: “Si vuelves hablaremos de otras
cosas, pero el tema de la danza saldrá en algún momento”. La danza, la
danza, la danza.
En el recuento intrínseco del
oficio, de los años de fundar la compañía de danza Truzca, de formar a
los alumnos, o incluso de formarse ella como bailarina, la construcción
de la historia es un ir y venir, un antes y después, sin guión, tomando
de la memoria los asuntos más trascendentes, las obsesiones que están
allí como dardos venenosos, besos dulces.
La
cita estuvo fraguada para una entrevista, sobre Un desierto para la
danza, y sus veinte años. Creo qué Un desierto es consecuencia de tu
trabajo, le comento a Beatriz Juvera, la maestra. Y entonces otra vez la
anti pretensión y su comentario:
“Lo sé, estoy
consciente, yo siempre estuve formando gente, siento que Un desierto
para la danza es mío. Y cuando voy al desierto, todo lo que veo, me
siento feliz, y siento que la institución fue armada con tal forma y con
tal espíritu de amor y lucha que no ha habido sexenio que lo pueda
quitar, porque hizo historia. Si yo he recibido reconocimientos de eso, y
no aquí en Hermosillo tantos, afuera, en otros festivales, por lo que
se ha logrado, y claro que lo siento mío, esa es la emoción. Por ejemplo
anoche (en la inauguración) que grité el Truzca, lo hice porque a todos
los que fueron nombrando de los que siguieron después, estuvieron en
Truzca, después vino no sé quién, ¿pero de dónde vino? Claro que siento
que Un desierto para la danza es mío, y me enorgullece”.
El reto del periodista: Impedir la parálisis del pensamiento
Por Carlos Sánchez / Dossier Politico
Dia de publicación: 2012-05-02
Guadalajara.- Cincuentaisiete años de
periodismo se congregan en la humanidad de Javier Darío Restrepo.
Oriundo de Colombia, investigador, docente, Maestro integrante de la
Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), asiste a Guadalajara
para ofrecer una charla (convertida en taller ante reporteros), sobre
tratamiento ético de la información en situación de violencia. Organizan
UNESCO y Universidad de Guadalajara.
Dia de publicación: 2012-05-02
Guadalajara.- Cincuentaisiete años de
periodismo se congregan en la humanidad de Javier Darío Restrepo.
Oriundo de Colombia, investigador, docente, Maestro integrante de la
Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), asiste a Guadalajara
para ofrecer una charla (convertida en taller ante reporteros), sobre
tratamiento ético de la información en situación de violencia. Organizan
UNESCO y Universidad de Guadalajara.
En la
Casa Cortázar, Javier Darío Restrepo destapa su memoria como se
descorcha una botella, emerge la energía convertida en información y es
entonces que los asistentes al taller se empapan de conocimiento.
El periodista construye con agilidad el contenido de su exposición:
“Hablar
de violencia es habar de silencio. Hay una expresión de Hanna Arend,
que dice, ‘La violencia es muda, la guerra es muda, la fuerza tiende a
enmudecer’, y desde luego el silencio no es únicamente la ausencia de
las palabras, es la ausencia de actitudes, de actividades, es la
pasividad total y la guerra tiende a imponer la pasividad por la fuerza.
“En
una situación así el periodismo se encuentra interpelado, gravemente,
porque lo nuestro es lo contrario del silencio, es la palabra, y
trabajamos con la palabra, lo cual nos está indicando que si somos
trabajadores de la palabra somos trabajadores del espíritu, porque la
palabra es un producto del espíritu, por tanto ya comienza a aparecer
una sugerencia, una sugestión en el enunciado mismo del tema, si lo
nuestro es un producto del espíritu, la respuesta que se le puede dar a
la violencia, es potenciar las calidades y cualidades del espíritu que
hay en el ser humano.
“Cuando nosotros damos
una información estamos estimulando el espíritu de las personas, porque
las estamos invitando a conocer, y a hacer un conocimiento que de por sí
es un conocimiento complejo, los hechos, la historia, puesto que son el
punto de convergencia de muchos factores, los hechos tienen qué ser
conocidos a partir del espíritu del ser humano. Cuando hay ese para
conocimiento, conocimiento incompleto que es el resultado de la simple
curiosidad, o el morbo, allí el espíritu está actuando con los
preámbulos de la actividad del conocimiento que es esa curiosidad que
se satisface con el solo ejercicio de los sentidos que es el drama que
tenemos cuando trabajamos en televisión. La televisión nos condena a
hacer un producto que es visto y oído, cuando se trabaja en televisión
la forma de redactar son las imágenes, estímulo de la vista, y eso se
adorna o hace más profundo con sonidos, o utilizas el sonido ambiente, o
la voz humana, o la música, que son los agregados para la imagen de
televisión, pero uno ocupado en eso, de buscar las imágenes, voces y
sonidos, de pronto se olvida de que la tarea del periodista no solamente
se detiene en el estímulo de los sentidos, sino que tiene que ir más
allá: a estimular la inteligencia.
“La mayoría
de los productos de televisión y de cine, tienen esa gran limitación:
sólo están respondiendo a la vista y el oído, pero parecen
despreocuparse completamente de lo principal del ser humano, que es, la
inteligencia, y no son estímulos de la inteligencia. Traigo a cuenta eso
porque vuelve la pregunta: ¿En tiempo de violencia yo soy periodista
únicamente para alimentar la vista y el oído de la gente, o tengo además
la capacidad e inquietud de estimular la inteligencia de la gente
frente al fenómeno violento? Por su propia naturaleza del fenómeno
violento, excita los sentidos, y tiende a paralizar el entendimiento,
aparece el asombro, aparece el miedo, aparecen esas reacciones primarias
que son reacciones donde los sentidos son los que mandan y se paraliza
el entendimiento, y ahí aparece el gran reto para uno como periodista:
impedir la parálisis del pensamiento, y más bien excitar el pensamiento
puesto que se sabe que frente a la violencia es el pensamiento quien da
los factores de humanización cuando todo tiende a deshumanizarse”.
Después
la continuación de la memoria como un libro que se escribe de manera
oral, al aire, a la libertad. Después las consignas del ejercicio del
periodismo y su ética. El aprendizaje de los reporteros en poco más de
dos hora de oratoria y conversación con Javier Darío Restrepo.
Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina1
Julieta Campos
|
Y
en el paisaje, confundido y esfumado en la luz, vendrían a
sucederse, como las imágenes de una linterna mágica, otros
paisajes que también son voces y que coincidirían en el milagro
de la escenografía, por obra de un artificio literario que sería
relativamente fácil. Al mirar el promontorio, el personaje
obedece a una exigencia profunda (palabras que tomo prestadas sin
saber a quién, o que me son dictadas, lo que viene a ser lo
mismo). Su presencia en el parapeto, que es un mirador, que es una
terraza se debe a una inspiración súbita que la empuja a salir
por última vez antes de irse, a salir para tomar una fotografía
que no tomará porque ese movimiento inspirado que la sitúa
frente al promontorio tiene otros fines y pronto sustituirá el
deseo de la fotografía por la anticipación de una novela. Ese
movimiento inspirado, como me atrevo a llamarlo sin temor de caer
en un exceso de fantasía, niega la opacidad del escenario, que
para cualquier otra mirada permanecería mudo en ese instante,
para trasladarlo a la claridad de un discurso ficticio donde la
luz, eminentemente irreal, procede exclusivamente de la
formulación de muchas palabras que han estado esperando ser
enunciadas. En la claridad deslumbrante de esas cuatro de la tarde
ideales, perfectas, como sólo podrían serlo de haber sido
imaginadas, inventadas y puestas en palabras, su mirada es,
paradójicamente, una mirada nocturna. ¿Una mirada que prescinde
de lastres inútiles, que vuelve las espaldas a lo cotidiano? Sí
pero, sobre todo, una mirada que en un golpe de vista abarca sólo
lo rescatable y para la cual se vuelve elocuente el silencio de la
escenografía. El personaje ha ido a ponerse, por un movimiento
inspirado, en el lugar que le estaba adjudicado desde que el
promontorio prefiguró la imagen de una escenografía genial. El
personaje no tiene nombre porque no tiene identidad o, si quieres,
porque en él, en ella se intercambian ;y coinciden muchas
identidades latentes o posibles. La mirada y la anticipación de
una novela futura no se distinguen: son, en todo momento, una y la
misma cosa. Para que la novela se configure es indispensable el
lapso de suspenso abierto por una mirada. El ruido del mar se
aquieta hasta enmudecer a las cuatro de la tarde. Y sin embargo en
ese lapso de suspenso que abre la mirada sobre la escenografía en
el interior del ámbito creado para la novela por una sucesión de
palabras angustiosamente atrapadas, el ruido del mar es el único
fondo sonoro que sustenta las palabras. Las palabras pretenden
sustituir el ruido del mar. Las palabras son el ruido del mar. La
duración artificiosamente henchida que abre la mirada del
personaje sobre una escenografía involuntaria pero predestinada y
perfecta, se inscribe dentro de otra duración idealmente
distraída al tiempo y suspendida en un vacío ideal: la duración
de unas vacaciones que rompen la molesta insignificancia de lo
cotidiano. Se trata de un artificio. Se trata de una novela hecha
exclusivamente de palabras. ¿Podrás prescindir de la insistencia
con que ellos te llaman? Ellos representan un papel y yo
represento un papel: se trata únicamente de que cada cual cumpla
su función dentro de la novela. Lo demás no importa. Importa
determinar, eso sí, cuál es el papel de ellos y cuál es el mío.
¿Qué exigen de mí y qué me impide abandonar la terraza, el
mar, la escenografía, el hotel? Un hotel es un lugar de paso. ¿A
qué se debe, pues, esa obsesión de no dejarlo, esa fantasía de
prolongar sin término una estancia que debe ser pasajera; que
sólo vale, además, por esa necesidad de ponerle un límite, un
principio y un fin? El personaje se distrae. Deja de mirar la
escenografía para mirar a su alrededor. Entre todas las historias
posibles hay también una historia de muchachas en flor. El hotel
se ha llenado de jovencitas rubias (hay cuatro en cada cuarto),
ruidosas, descalzas que de día se tienden al sol en sus
respectivas terrazas, conservando únicamente el pequeño calzón
de un diminuto bikini y dejando expuesta la espalda desnuda.
Relumbrosa de aceite. Cuando las puertas de sus cuartos se quedan
abiertas es posible ver desde afuera las botellas de ron tiradas
entre los huaraches, las blusas y los shorts, en un desorden que
el cuidado aspecto de las niñas desmentiría. Tratamos de hacer
reservaciones en el hotel y nos comunican, en un tono cortés e
impersonal que ha cundido una epidemia de cólera. Pensamos que el
cólera es una enfermedad estomacal que produce vómito incesante,
hasta la muerte. Hacemos, sin embargo, las reservaciones. Al
llegar al hotel, observamos con curiosidad a los huéspedes para
sorprender cualquier evidencia, en el semblante, en el
comportamiento, en el aire exterior, de la enfermedad que nos han
anunciado. Pero todos parecen sanos y despreocupados y dan vueltas
en pequeños grupos, alrededor de una alberca cubierta, rodeada de
arcos romanos, llena de agua que hierve a borbotones. Unos
altavoces difunden los acordes frívolos, exquisitamente fin de
siglo, del vals de los Bosques de Viena. Los paseantes dan la
impresión de moverse al ritmo del vals, aunque no están bailando
sino únicamente caminando. Es entonces cuando percibimos que el
vals se interrumpe regularmente, para dejar escuchar una voz que
pronuncia, distante y ajena, un nombre: de alguno de los grupos se
adelanta una persona hacia la piscina y salta, todo al alegre son
de Johann Strauss. El agua que, como ya se ha dicho, hierve a
borbotones, se lo traga de inmediato. ¿Un sueño que se inmiscuye
en el contexto de la novela igual que esa pantalla rota de seda
azul que pusiste en la sala como un detalle surrealista? Quizá,
pero es fácil descartarlo. Lo importante es la obsesión por la
luz. Yo he visto esa misma estela brillante en otras playas, a
otras horas, a veces cuando ya se acerca el crepúsculo. La estela
va ascendiendo entonces al cielo que se vuelve, en el horizonte,
platinado y frío, iluminado detrás de una nube por el último
brillo, lunar, de un sol avergonzado de su esplendor diurno. El
cielo liso, platino, de esas transiciones hacia la noche puede ser
tan fascinante como la estela de mar, reflejo deslumbrante del sol
de las cuatro, que seduce a tu personaje. Luego, el resol acerado
se va transformando en plomizo y por fin las nubes se emparejan y
el cielo, en el horizonte, se pinta de azul añil traspasado por
una luz intensa que confunde durante un fragmento de segundo
impresionante el cielo y el mar. He visto ese crepúsculo en una
isla del Caribe protegida de los vientos y las agitaciones de alta
mar por otras islas cercanas, de modo que las playas se recogían
tranquilas, al borde de un estanque inmóvil. El Caribe no es uno
sólo. Crees reconocer un matiz, una ondulación del agua y algo,
de repente, lo singulariza y lo vuelve único. El Caribe es un
mito: es Utopía, es la Isla de Robinson. Pero me gustaría que me
explicaras ahora, antes de seguir adelante, quién dice esas
palabras: “No estoy aquí. Estoy en otra playa, hace veintidós
años”. ¿Es el narrador o, en este caso, la narradora, o es el
personaje que uno de los narradores, el que acaba por escribir un
texto que se empeña en llamar novela, inventa en el momento mismo
en que empieza ese discurso imaginario? La narradora y su
personaje estarán ligadas como dos hermanas siamesas. Sus
corazones latirán con la misma cadencia y una podrá adivinar lo
que piensa o siente la otra, porque una y otra serán las dos
caras de una misma, casi incestuosa, identidad. ¿Y esa alusión a
Hamlet que luego se pierde? Dijiste que la novela habría de ser
un continuo ininterrumpido, que podría empezar en cualquier
momento y terminar en cualquier momento, acaso como la vida. Mi
novela no pretendería reproducir la vida sino, más bien,
describir un instante en el que un personaje inventaría negar que
el ciclo no se interrumpe nunca: aspiraría a negar, con su
presencia imaginaria en un mirador colocado frente a un
promontorio espectacular, que la secuencia del tiempo es
inalterable. Tampoco allí había mariposas. En la noche cerrada
sólo se distinguían los tubos largos de luz morada,
cuidadosamente distribuidos para garantizar la salubridad del
hotel, un remanso de comodidades modernas en medio de la
virginidad de la isla. Nunca vi que los tubos morados atrajeran
estos moscones gruesos que se te cuelan por el cuello de la camisa
en algunos lugares del trópico. Había, eso sí, muchísimas
mariposas, sobre todo pequeños cadáveres achicharrados de
mariposas amarillas. El ruido de la descarga no dejaba de
estremecer un poco mientras uno se dirigía, con pantalones Daks y
camisa Pucci sabiéndose protegido, a sorber vasos helados de rum
punch en el bar de la Pequeña Sirena o en la Caverna de Neptuno.
Ese barco, encerrado en una botella, lo he buscado inútilmente en
Curazao, sintiendo quizá que era como buscarlo en Amsterdam. Lo
he buscado inútilmente. Anótalo. ¿No traes tu libreta de
apuntes? Lo has buscado entre pulseras y arracadas hindúes,
anillos de jade que traen la buena suerte, pomitos de ungüento
chinos, bálsamos mágicos para aliviar dolores y para estimular
las facultades eróticas, telas de Java, caftanes y estatuillas
balinesas. Pero tu búsqueda ha sido inútil y has acabado por
comprarte una reproducción de la Santa María que era igual a la
Pinta que era igual a la Niña en una farmacia de Montego Bay.
Creo que empiezo a entender el porqué de Hamlet, esa premonición
del personaje. En una versión cinematográfica, si no me falla la
memoria, Hamlet formula frente al mar su célebre duda metafísica:
To be or not to be y abajo el mar embravecido de Dinamarca, que
tiene algo que ver con Islandia, si no me equivoco. ¿La vocación?
La vocación de ser únicamente su propio espejo, de contemplarse
como conciencia, en perpetua, monótona, insistente y maniática
reflexión sobre la propia vida y la propia muerte. Hamlet entre
la tentación de la inmovilidad, de la contemplación pura, y la
obligación de realizar un acto que no es sino un acto de
venganza, de celos incestuosos y, en última instancia, de
identificación póstuma con la figura paterna. Quiero decir que,
de una manera oscura ella, al imaginarse como personaje que
enuncia mentalmente ciertas palabras que evocan, tal vez para
volverlo presente, un momento vivido veintidós años antes tiene
una fantasía un poco grandiosa y cree percibir la figura de
Hamlet ascendiendo lentamente los escalones del promontorio y ve,
al mismo tiempo, que la escenografía es en realidad el original
de un grabado donde todo movimiento se hubiera detenido y al pie
del cual hubieran escrito con letras mayúsculas HAMLET
y, con letras minúsculas, By William Shakespeare. Mi
absurda necesidad de justificar la necesidad de lo innecesario, de
racionalizar las intuiciones, de convertir en discurso literario
los presentimientos más incipientes, los que hubieran podido
quedarse tranquilamente sin ser formulados y sin que a nadie le
importara un comino. Tu absurdo afán de dejarte deslizar hacia el
irracionalismo, de creer en los presagios, en los augurios y en
las sigilosas señales del otro mundo. Cuídate del ocio: es un
terreno resbaladizo que resbala precisamente hacia el abismo.
Abisal es una hermosa palabra que entra muy bien en mi
vocabulario. Abisal, malva, ámbar. Déjame asociar libremente.
Deslizarme suavemente. Creo que ha llegado el momento de poner
algo en claro. ¿Cuál es el tiempo de esa novela que estás
escribiendo? ¿El tiempo de ella, la que mira desde el mirador, o
el tiempo de ella, la que escribe con tinta verde sobre las hojas
anchas de un cuaderno rayado colocado encima de la tabla abierta
de un escritorio de maple? ¿Cuál es el tiempo de la novela que
podrías o más bien deberías estar escribiendo, que me pregunto
si estás efectivamente escribiendo aunque indudablemente tiene ya
alguna, aunque sea mínima, consistencia real puesto que puedes
referirte en concreto a ciertas palabras enunciadas, pienso que no
en alta voz, por un personaje indudablemente femenino, al que has
situado en una terraza cuya vista sobre un peñasco que emerge del
mar es excepcional y hasta podría decirse privilegiada? El dilema
entre un tiempo y otro tiempo es algo que no se decide todavía.
Pero hay esto de cierto: la posición de ella, el personaje del
mirador, resulta cada vez más incómoda. No se puede reflexionar
acerca de la propia vida y la propia muerte (aquí se abren y se
cierran comillas) cuando la temperatura al sol es de 38 grados
centígrados y no corre la brisa. Sólo consigno un hecho. Y ese
hecho es el siguiente: a las cuatro de la tarde del domingo ocho
de mayo de 1971, una mujer mira desde la terraza de un cuarto
llamado El mirador en un hotel de Acapulco, hacia un punto situado
precisamente frente a ella, unos treinta metros más abajo, un
punto donde se encuentra un islote escarpado, un promontorio
alisado, un peñasco erosionado por el oleaje y hacia la ancha
estela que se extiende desde allí hasta el horizonte, una estela
dibujada por la reverberación solar sobre la superficie
indiferente del mar. El promontorio es amarillo de bordes
irregulares, afilándose en su extremo superior. Quince escalones
tallados en su base permiten el acceso, desde una plataforma
mojada constantemente por el mar, que enlaza ese islote flotante
con el macizo de acantilados donde ha sido construido el hotel;
plataforma que rodea una poza o piscina marina donde el agua, que
penetra por los intersticios de los arrecifes que sostienen la
plataforma, se estanca y toma un color esmeralda transparente que
deja ver, en el fondo, la arena gruesa y ocre. Este es un hecho
real. El único hecho real. Todo lo demás que pueda decirse en
torno, acerca o sobre esa mujer y su manera de mirar el mar
depende únicamente de la voluntad de un narrador situado en otra
terraza, la del cuarto llamado El laberinto, que la convertirá o
no en el personaje marginal de un relato al estilo de A sangre
fría, y de la fantasía de una narradora sentada, a la vez, en
uno de los escalones del promontorio y frente a un escritorio de
maple americano, donde escribe con una pluma verde en tinta verde,
a lo ancho de un cuaderno rayado que la convertirá, si se decide
a hacerlo, en un personaje de reminiscencias shakesperianas,
ligeramente anacrónico, desmesurado y ridículo. La mujer que
mira el mar el ocho de mayo de 1971 intenta ser por su parte,
patéticamente y sin muchos resultados, por un instante, quizás
el único de toda su vida, su propio personaje. ¿Recuerda, sueña,
anticipa? Recuerda que preferiría olvidar; sueña, Rilke; que
mira hacia afuera mientras que es por dentro donde el árbol
crece, quiero decir, en este caso, donde se ondula y murmura el
mar; anticipa una despedida, oscilando peligrosamente entre esa
despedida y un obstinado deseo de petrificar el gesto de adiós
que esbozar ingenuamente con la mano izquierda, posada sobre el
muro de la terraza como un pájaro tembloroso, indeciso entre el
nido y el vuelo. Las palabras la abandonan. ¿Será que la mirada,
esa manera de mirar, excluye las palabras? imagina haber tenido
una visión e imagina, también, que la visión se ha desvanecido.
Imagina la libertad, la apertura, el vuelo. Se imagina a sí misma
como objeto obsesivamente acariciado por su mirada. Se imagina
mirada por el mar. Se imagina ceñida por el mar. Se imagina el
mar. Me imagino, a mí misma, el mar.
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RECORDANDO A JULIETA CAMPOS, A 80 AÑOS DE SU NATALICIO
México, D.F., a 30 de abril de 2012
Bol. Núm. 402
RECORDANDO A JULIETA CAMPOS, A 80 AÑOS DE SU NATALICIO
· Esto lo dice la autora, en Reunión de familia, por su “ficcionar fronterizo”, de transición entre géneros
· Domingo 6 de mayo a las 12:00 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes
Con una sesión literaria titulada Recordando a Julieta Campos, a 80 años de su nacimiento, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) hará
un remembranza, en la voz de amigos y colegas, de la vida y obra la
narradora y ensayista cubana-mexicana ganadora del Premio Xavier
Villaurrutia 1974. El acto tendrá lugar el domingo 6 de mayo a las 12:00 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Aline Pettersson,
una de las participantes de la sesión, en una entrevista reciente con
motivo de esta actividad, comentó que tiene una gran impresión acerca de
los libros de Julieta Campos: “En sus primeros títulos --Muerte por agua, Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina, y El miedo de perder a Eurídice-- está de alguna manera apoyada en las letras francesas, alrededor de lo que se llamó la nouveau roman o nueva novela francesa, que ponía mucho énfasis en la textura del lenguaje”.
“Los libros de Julieta Campos
–señaló la escritora-- son una exploración tanto de la forma de narrar
para colocar de la mejor y más bella manera las palabras, cuanto un
recorrido por la historia cultural de la humanidad en muchos sentidos,
por lo menos del mundo occidental. Sus conocimientos van desde los
griegos clásicos a la historia y a la cultura contemporánea, en música,
en pintura, en literatura. En realidad leer sus libros es echarse un
clavado dentro de una gama muy, muy grande de temas tratados de la mejor
manera”.
La entrevistada añadió que “en
un momento dado, como ella viene de una generación en la que las
utopías están muy presentes, se le hizo importante ocuparse del asunto y
escribe un libro llamado¿Qué hacemos con los pobres?, donde trata la problemática.”
Por último, Aline Pettersson
sostuvo que “Julieta Campos fue un mujer extraordinariamente refinada en
sus gustos, en los objetos que la rodeaban y en todo su mundo, pero
tuvo la capacidad de asomarse a otros mundos menos privilegiados para
tratar de hacer algo en ese sentido, y no es muy frecuente que las
personas dedicadas a explorar de la manera tan refinada como ella
exploró la literatura y la cultura en general, tengan el tiempo o el
interés de voltear la mirada en otras direcciones y ella lo hizo, lo
cual a mí me parece admirable.”
Julieta Campos (La
Habana, Cuba, 8 de mayo de 1932-Ciudad de México, 5 de septiembre de
2007) fue narradora, ensayista y dramaturga. Vivió en México desde 1955.
Por matrimonio, adquirió la nacionalidad mexicana. Obtuvo el doctorado
en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y estudió
Literatura Francesa contemporánea en La Sorbona.
Fue maestra en la UNAM; directora de la Revista Universidad de México; miembro del consejo de redacción de Vuelta;
presidenta del Pen Club de México (1978–1982) y colaboradora de
numerosas revistas y suplementos culturales. Premio Xavier Villaurrutia
1974 por Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina. Parte de su obra ha sido traducida al inglés.
Su obra publicada comprende diversos géneros, cuyos títulos se presentan a continuación. Crónica: Cuadernos de viajes (2008). Ensayos: La imagen en el espejo (1965), Oficio de leer (1971),Función de la novela (1973), La herencia obstinada (1982), Un heroísmo secreto (1988), Bajo el signo de Ix Bolon (1988), El lujo del sol (1988), ¿Qué hacemos con los pobres? La reiterada querella por la nación (1995), Tabasco: un jaguar despertado. Alternativas para la pobreza (1996).
Novelas: Muerte por agua (1965), Celina o los gatos (1968), Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina (1974), El miedo de perder a Eurídice (1979), La Forza del Destino (2004), Reunión de familia(Muerte por agua, Celina o los gatos, Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina, El miedo de perder a Eurídice y Jardín de invierno), (1997). Teatro: Jardín de invierno (1988). Literatura para niños: Historia de un niñito que era dueño de una islita que era dueña de un niñito (1988).
***
Coordinación Nacional de Literatura
Casa Leona Vicario
Casa Leona Vicario
Letras Violeta
Regina Martínez, periodista
Soledad JARQUIN EDGAR
El pasado fin de semana volvió a pasar lo que no queremos que pase en este país ni en ninguna otra parte del mundo. El asesinato de la periodista Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso en la ciudad de Xalapa, Veracruz, es otro intento por amordazar la libertad de expresión y por callar la verdad que trastoca casi siempre intereses económicos y políticos relacionados o no con la delincuencia.
En un estado de guerra como el que vivimos en México, ejercer la profesión del periodismo se ha convertido en una de las actividades más peligrosas y el asesinato de Regina Martínez nos ha vuelto a recordar ese terreno nada seguro sobre el que se está parado y nos recuerda también lo que se advirtió desde hace casi cinco años cuando Felipe Calderón decidió iniciar una guerra que se advertía peligrosa para la ciudadanía y en especial para aquellas y aquellos periodistas que investigan y descubren verdades incómodas para los grupos o mafias en el poder.
En julio de 2011, en Veracruz también fue asesinada Yolanda Ordaz Cruz; en septiembre de ese mismo año otras dos periodistas fueron asesinadas en el Distrito Federal, Marcela Yarce Viveros y Rocío González Trapaga y este fin de abril, la corresponsal de la revista política más importante del país también fue muerta tras sufrir una penosa tortura, según reportan los medios de comunicación.
La Comisión Nacional de Derechos humanos hace su propia cuenta, con este último artero y cobarde crimen suman ya 77 los asesinatos cometidos contra periodistas en México desde el año 2000 y no sólo eso, también hay una lista de reporteros desaparecidos, otra más grande y ominosa lista de periodistas agredidos físicamente y otra más de periodistas amenazados por personas sin rostros ni nombres.
Sin duda, cada una y cada uno de los periodistas asesinados representa una pérdida profunda para el país porque con su muerte se deja sin oportunidad a la sociedad mexicana de conocer la verdad sobre un hecho.
Entonces no sólo se pierde una valiosa vida, sino también se pierde uno de los valores y derechos fundamentales de los seres humanos la libertad de expresión y se atenta contra la libertad de prensa.
Regina Martínez fue hallada en su casa, golpeada y estrangulada y como en otros casos, la falta de cientificidad en las investigaciones lleva a las autoridades a salir por la vía menos difícil, al pretender sugerir que se trataba de un crimen común, porque habrían sido sustraídos algunos objetos de la casa de la periodista.
Sin embargo, quienes conocieron a Regina Martínez y quienes la llegamos a leer a través de Proceso sabemos que se trataba de una periodista “entera”, comprometida con su trabajo y siempre dispuesta a investigar hasta las últimas consecuencias.
Yo, a diferencia de lo que se ha dicho en otros espacios no me atrevería a llamar “valiente” a Regina porque pienso que estaba realmente comprometida con mostrarle a sus lectores la verdad, una condición indispensable dentro del trabajo periodístico. Diría entonces que Regina Martínez fue una periodista honesta e inteligente, que usó siempre la razón para mostrar la verdad y no la fuerza de sus palabras o creencias personales.
Sin duda, esta muerte “intolerable” nos debe recordar que ser periodista en México es escribir cada línea, decir cada palabra, grabar cada instante o capturar cada fotografía periodística bajo riesgo total, por la falta de garantías para el ejercicio de una profesión fundamental para la democracia de un país, indispensable para el desarrollo pleno de los derechos humanos y sobre todo para la libertad de la sociedad y necesaria contra el autoritarismo de todos los poderes.
Por tanto, el asesinato, siempre cobarde y artero, siempre innecesario de Regina Martínez, es una afrenta para todo el país que cree y tiene esperanzas de que algo puede cambiar para el futuro.
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